viernes, 20 de julio de 2018

320. Padre Pedro Arrupe SJ, un hombre de Dios, sobreviviente de la bomba atómica de Hiroshima y socorrista de sus víctimas, propósito general de la Compañía de Jesús, cuyo proceso de beatificación ha sido iniciado




El Padre Pedro Arrupe y Gondra SJ (Bilbao 1906 - Roma 1991), cuya vida de opción por los pobres influyó en la segunda mitad del siglo XX y persiste en ser vigente a través del tiempo, cuando ahora por fin su santidad de vida será investigada para que pueda ser venerada en los altares de la Iglesia Católica.

La noticia de la beatificación del padre Arrupe la han lanzado al mundo todas las agencias internacionales de noticias y es que está entre los más grandes e importantes sacerdotes que ha tenido la catolicidad, que fue padre conciliar de Vaticano II, con una prédica que el amor a Cristo nos hace iguales entre todos con los mismos derechos.

Y es que el anuncio ha sido realizado el 11 de julio del 2018, el padre general de los jesuitas, Arturo Sosa, al final de un encuentro con trescientos laicos y jesuitas en Bilbao, puntualizando que “Estamos todavía en el inicio del proceso, pero el cardenal vicario de Roma, Angelo de Donatis, ha dado el visto bueno a que la diócesis de Roma abra el proceso”. Roma la diócesis del Papa, es la que tendrá a cargo la beatificaciòn.

El padre Arrupe, testigo presencial o el hombre a quien Dios escogió para que le caiga la bomba atómica y sea su testigo ante el mundo entero en vida enseñó a enfrentar a todas las injusticias que agobian a la humanidad para acabarlas, siempre con el Evangelio en la mano.

El padre Arrupe enseñó a los jesuitas: "Nuestra Compañía no puede responder a las graves urgencias del apostolado de nuestro tiempo si no modifica su práctica de la pobreza. Los compañeros de Jesús no podrán oír “el clamor de los pobres”, si no adquieren una experiencia personal más directa de las miserias y estrecheces de los pobres."

La innata bondad, religiosidad, inspiración e inteligencia le permitieron desarrollar su apostolado en Japón, primero en la parroquia de la prefectura de Yokohama a partir de 1938 y fue detenido y encarcelado, en el inicio de la segunda guerra mundial, el 8 de diciembre de 1941, celebración de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y sus captores comprenden que es un hombre de bien y lo ponen en libertad. Su superior lo designó maestro de novicios en el convento de los jesuitas construido en la colina Natgasuka de Hiroshima y allí le cayó la Bomba Atómica al padre Arrupe en el momento que celebraba la Eucaristía. La explosión lo arrojó al suelo y será el hombre de Dios que dirá para admiración de todos quienes lo hemos conocido: "Yo viví la bomba atómica". El noviciado jesuita lo convirtió de inmediato en un hospital, a un grupo de los novicios los mando a buscar ayuda humana y material entre alimentos, medicinas, sábanas, entre otros, con los demás fue a ayudar a todo aquel pudo sobrevivir el fuego de la radiación atómica.

El padre Arrupe fue el 28º Propósito General de la Compañía de Jesús, elegido el 22 de mayo de 1965, inclinando para siempre a la mayor congregación religiosa de la Iglesia Católica, la Compañía de Jesús al servicio de los pobres.

En Hiroshima.


Entrevista con el Padre Arrupe en Lima

El padre Arrupe hizo una visita de carácter privado a Lima en el segundo semestre de 1986, que hizo que la agencia UPI transmitiera un muy buen despacho noticioso, que está publicado por La Industria de Trujillo, en cambio la Agence France Presse en la que trabajaba no publicó nada, porque le había pedido a monseñor Augusto Vargas Alzamora SJ, entonces secretario general de la Conferencia Episcopal Peruana y encargado de la prensa de la Iglesia, que me permitiera conversar con el padre Arrupe, conocía su historia desde niño y quería conocerlo, prometiéndole que nunca iba a contar a nadie sobre nuestra conversación si esta se producía.

Monseñor Vargas Alzamora siempre decía que la mejor entrevista es la que no se publica, tal vez por eso me consiguió una reunión de saludo en el Colegio Inmaculada después de la Misa de las ocho de la mañana.

Me presentaron al padre Arrupe después que ofició la Misa, monseñor Ricardo Durand Flórez SJ, obispo del Callao, monseñor Fernando Vargas, arzobispo de Arequipa y el padre Felipe Mc Gregor SJ ex rector de la Universidad Católica, rector del Colegio La Inmaculada.

Estaba frente a un hombre que había superado un derrame cerebral y que treinta años antes le había caído encima la bomba atómica, me encontraba entre admirado y emocionado, cuando monseñor Durand se retiró, también hice lo mismo, me era absolutamente suficiente el saludo, escucharlo, resolver muy rápido sus dos o tres preguntas y cuando estaba para salir del colegio, el padre Mc Gregor me llamó para que regresara.

Conversé horas con el padre Arrupe, desayuné, almorcé y tomé lonche, delante suyo, la comida en las personas jóvenes, me enseñaba es fundamental para la vida, puntualizando la escasez absoluta de todo en tiempos de guerra frente a la abundancia y desperdicio de todo durante la paz.

Conversamos siempre en presencia del padre Mc Gregor, salvo cuando decidió entrar a la confianza amical entre ambos, teniendo como único testigo a Cristo, a modo de ejercicio ignaciano, hablándole de lo que hacía en la vida diaria, me enseñó que tenía que aprender a dejarme llevar por Dios, la vida en comunidad no es para todos.

Siempre que recuerdo al Padre Arrupe siento alrededor mío como que una briza refrescante me envuelve y me da enorme alegría haberlo conocido con la oportunidad de conversar permitiéndome pensar como ya lo había hecho unas semanas antes con el cardenal Joseph Ratzinger, quien unos 20 años después fue el elegido Papa Benedicto XVI.

Esta es la primera vez que escribo sobre la conversación que tuve con el padre Arrupe, aunque siempre la recuerdo, sin entrar en detalles. En un artículo sin firma publicado por la revista Visión Peruana, inmediatamente después de la visita a Lima del padre Arrupe, sobre la sucesión del cardenal Juan Landázuri, hice referencia a la visita del "papa negro" para reflexionar entre los candidatos jesuitas: Bambarén, Vargas Ruiz de Somocurcio y Vargas Alzamora.

Ese era un tema del que no hablamos, para que no existieran malos entendidos, lo mandé al anonimato, no lo firmé, aunque los religiosos con los que trataba en esa época, siempre lo supieron y nunca hablamos del tema pero lo he incluido en mi libro Crónicas Religiosas, Lima 2009.

La visita a Lima del Padre Arrupe fue parte de un viaje a la América del Sur, que no tuvo mayor publicidad, de este hombre sonriente que le cayó la bomba atómica solamente pensó en ayudar a su prójimo con todas sus fuerzas, sin descanso alguno para la absoluta admiración de quienes nos acercamos un poquito a su vida.



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