jueves, 25 de enero de 2018

279. Amador García Yanque, periodista héroe y mártir de Uchuraccay


Amador García, ayacuchano nacido en una comunidad campesina, tenía 33 años de edad, un futuro promisor y toda la vida por delante, con su esposa y su hijo recién nacido, cuando lo mataron en Uchuraccay por ser periodista junto a siete hombres de prensa y a su guía.

Él es un amigo que llevo siempre en el corazón, que extraño y hace falta, fue testigo de mi matrimonio civil con Dalmacia Mikulicic García, puede ser que siempre siento que me está mirando, era muy observador, le gustaba saber qué lo rodeaba.

Le decía Amadeo al "Chato" García, porque eso de estarle diciendo Amador, en el Bar Superba o en el Juanito de Barranco o donde fuera no resultaba agradable, además Eduardo de la Piniella, cuando quería fregar preguntaba: "¿Tú, Amador de quién eres?" y comenzaba la desunión. Entonces ya todos le decían Amadeo.

En alguna nota sobre Uchuraccay, de todas las que escribí para El Observador, que son todas, en vez de Amador, salió publicado Amadeo. Un mundo de años después, me di cuenta revisando lo escrito en el pasado porque mi libro Crónicas Religiosas trata de mis amigos asesinados en la Introducción, Epílogo y varios pasajes. Sí que me arrancó las lágrimas encontrarme con Amadeo en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, gue magnífico ver mi error que no corrigió el corrector.

En estas vísperas de un nuevo aniversario de Uchuraccay, tengo presente a Amadeo, chiquito, vivo, un ser humano perfecto para caminar en Lima y en la sierra, porque yo soy lento, él se daba de inmediato cuenta de todo, era muy valiente, mechador, demasiado buena persona, lo fue en exceso.

En el primaba la desconfianza, no creía en nadie, en su relación otras personas era muy tímido pero era festivo le gustaba que la gente fuera cariñosa con él, que le demostraran su amistad, se le veía muy feliz cuando consideraba que estaba entre amigos.

La vida había sido muy dura con él, nació en una comunidad campesina, su papá lo recogió cuando tenía siete años, siguiendo los derechos que le otorgaban las leyes vigentes de su tiempo y se lo llevó a Ica donde vivía, casi fue un niño de la calle. Su viejo era muy buena persona, un hombre correcto y decente, entonces pudo formarlo para ser un hombre de bien.

Sin embargo, Amadeo tuvo otro padre, el fotógrafo Pedro Sánchez Gavidia, mártir de Uchuraccay, quien era unos años mayor y no solamente lo formó para que sea fotógrafo, como oficio que le permitía ganar su sustento diario, sino que se desempeñaba como uno de los mejores del medio.

Pedro y Amadeo trabajaban juntos la noticia periodística. Si me preguntaran como es que pude ser tan amigo de los dos, no tengo respuesta, solamente puedo decir que la amistad surge y es que en el verano de 1977 trabajaba el Margesi de Bienes de la Beneficencia de Lima, es decir la titulación de todas sus propiedades, tenía el cargo de asistente de abogado y de pronto comencé a ver sentado en el salón de espera que es enorme y de madera, a un chiquillo, con su cámara para tomar fotos.

Así pasó una mañana, una tarde y a la siguiente mañana me acerqué a preguntarle las razones por las que no lo atendían. Me contó que trabajaba para la revista Oiga, que habían hecho un reportaje y tenía que tomar fotos.

Lo ayudé presentándole a las secretarias de presidencia y lo acompañé a que tomara sus fotos. En la tarde del día siguiente Amadeo me buscó para que lo ayudara a escribir una síntesis de cada foto. Hasta que fue asesinado en Uchuraccay, en enero de 1983, lo ayudé a hacer esta redacción.
De inmediato nos hicimos amigos y él de mis amigos, entre ellos Eduardo de la Piniella, quien definía quien caminaba con nosotros, él era de izquierda y era como todos los izquierdistas de la época "un perseguido" creía que la dictadura militar los estaba investigando. En el caso de Eduardo era verdad, me daba risa que se creyera tan importante, seguramente lo fue.

Entre Amadeo y Eduardo existió algo en común en sus respectivas vidas, la mañana del sábado estaba dedicada a jugar futbol o fulbito, daba lo mismo.

Entonces ellos se hicieron patas en una cancha. La vida es increíble, Amadeo introdujo a Eduardo en los campeonatos de fútbol y/o fulbito del periodismo nacional, que en la época se sucedían uno tras otro, antes que pensara en ser periodista. Siempre me parece increíble que Eduardo ya era conocido en nuestro medio antes que saliera de comisión a la calle, él había querido ser futbolista profesional, fue su sueño y entrenó en la segunda división en Lince.


Así de pronto como Eduardo jugaba en equipos de los fotógrafos tal vez enfrentando a redactores, empezó a trabajar como periodista, primero en el órgano oficial de su partido Clase Obrera y de allí pasó al Diario de Marka cuando fue fundado en 1980 y como periodista de este medio de comunicación fue asesinado en Uchuraccay.

En ese mismo verano de 1977, en la oficina de la Beneficencia en que trabajaba y que era una asesoría externa, se había decidido contratar a un fotógrafo, y bueno pues le dije a Amadeo que ya tenía trabajo, pero trajo a Pedro Sánchez, su maestro y así fue como me hice amigo de Pedro, quien a diferencia de Amadeo que era cercano y un ser querible, él era distante, frío y trataba de no socializar. Sucedió que la dictadura militar que nos gobernaba lanzó su primer paquetazo para afrontar la crisis económica y la oficina en la que trabajaba fue disuelta, pasé a la Oficina Legal con el Margesí de Bienes.

El problema fue que a Pedro Sánchez no querían pagarle y tuve que hacer gestiones de tipo amical, pero cuando le pagaron, lo que pidió que le pagaran quedó sorprendido conmigo, según Pedro mi forma de ser no parecía que fuera solidario con nadie y a partir de ese momento tuvo interés en conservar mi amistad a pesar que para él, siempre me lo dijo era un fanático religioso. Él era subsecretario de prensa de la CGTP, un hombre de izquierda, comprometido con la clase obrera, un fuera de serie.

En cambio Amadeo era muchacho encantador, demasiado sencillo, así como su origen era el más humilde, los sufrimientos de su vida habían sido terribles, a veces me contaba los sufrimientos que tenía guardados, le decía que ya pasó, que los tiempos eran ya otros. No podía comprenderlo, nada que le pasó era parte de mi vida, no sabía lo que era tener hambre.

Por suerte en el desarrollo de nuestra amistad cuando conoció a Dalma, a ella le cayó bien Amadeo, se hizo más amigo de ella y como todos mis amigos paraba metido en el departamento. Cuando murió Dalma en un accidente nadie sabía dónde estaba, solamente mi amigo el fotógrafo, es que Amadeo sabía acompañar, no fastidiaba, no preguntaba tonterías, salíamos a comer juntos, íbamos al cine, cuando creía que debía hacerlo me conseguía un montón de gente para conversar. Solamente le permitía que trajera a Germán Doig y salíamos los tres a caminar, hasta que todo pasó a ser normal en la vida.

Se hizo costumbre que en todo lo que hacía estaban Pedro y Amador García, que conformaron una dupla de fotógrafos que era imposible vencer, Pedro que era un maestro que dominaba la noticia fotográfica, el definía que era lo que iba a cubrir y le indicaba a su discípulo el ángulo que debía cuidar.

Unos cinco años caminé con Pedro Sánchez, fue una experiencia extraordinaria, su calidad humana, su profesionalismo, en realidad nunca trabajamos en el mismo medio, no fue posible que él fuera mi fotógrafo y yo su redactor, pero Pedro me llevó a sus comisiones periodísticas muchas veces, con Amadeo y con Eduardo, anduvimos juntos.

En el principio en El Observador, presenté a Pedro y a Amadeo, con el director Luis Jaime Cisneros, ellos además hablaron con miembros del Consejo de Editorial a quienes conocían y estuvieron de fotógrafos al principio, pero el senador Carlos Malpica les dijo que no iba a tener futuro y no se quedaron. Pedro siguió en el Diario de Marka y Amadeo en Oiga, revista en la que tenía su vida hecha, le tenían aprecio y consideración. Lo he acompañado a hacer fotos de farándula en las noches, buena experiencia.

Amadeo se quedó como miembro del equipo de fulbito de El Observador, tenía un entusiasmo insuperable, aparecía corriendo los sábados, se sentaba al lado mío y se iba corriendo con las mismas a jugar.

Y es que el mundo resulta siempre demasiado pequeño y es que Amador García tenía como su pata del alma al fotógrafo Willy Retto, todos los sábados jugaban fulbito o fútbol a como se presentara la cancha y fue a Willy a quien le dejó su sitio, cuando decidió que no se iba a quedar en el periódico. Nos presentó y yo lo presenté con el director Luis Jaime Cisneros, como es normal buscó a las personas que conocía, creo que a todo el periódico, entonces como que todos llevamos a Willy.

En mayo de 1982, El Observador se convirtió en una cooperativa y pasé a la redacción y tenía que salir a la calle y de esta forma, como algo nuevo, vamos a coincidir casi todos los días con Amador García, porque lo llamaba a Oiga y le decía dónde estaba, era posible que me tocara la comisión con Willy, podía estar Pedro Sánchez con Eduardo, avisado por Amadeo.

Me tocó muchas veces, en esos meses, los mismos sitios con el gran fotógrafo, Jorge Sedano, mártir de Uchuraccay, de quien me había hecho amigo en La Crónica, el año en que fue dirigida por Guillermo Thorndike, era amigo de Pedro y se hizo usual que los sábados después de jugar fulbito o futbol, almorzaran en algún huarique, que Jorge definía y el grupo era bastante grande, dominado por fotógrafos. No es una casualidad que Eduardo de la Piniella muriera asesinado en Uchuraccay con fotógrafos.

Pedro Sánchez había regresado a El Observador, como un cachuelo, para colaborar con el suplemento Internacional que editó Jorge Luis Mendívil con la colaboración de la periodista Susana Bedoya. El diario no estaba en buena situación económica y con el inicio de 1983 todos los suplementos fueron suprimidos. Pedro se fue a Ayacucho, enviado por su periódico para que sus ingresos no se afectaran por el cierre del suplemento de Mendívil, con los viáticos, podía afrontar la situación.

A Pedro le hice su despedida en el Ovni, el restaurante frente al Residencial San Felipe, fue bastante gente, se llenó, estaba sorprendido. A Eduardo lo despedimos un miércoles en Los Huérfanos, no se a quien se le ocurrió ese bar, restaurante, panadería que todavía existe. Todos menos yo y Walter Pérez, secretario de la redacción de El Observador, eran fotógrafos.

A última hora se definió que Willy Retto y Jorge Luis Mendívil iban a Ayacucho y Amadeo nunca me contó que se iba a Ayacucho. Amador me llamó en la mañana a mi casa a despedirse desde el aeropuerto, hablé con todos, se fueron juntos cinco de los mártires, Pedro se unió a ellos en Huamanga.

En estas vísperas de un nuevo aniversario de Uchuraccay pienso en mi amigo Amador García quien fue mi testigo de matrimonio civil con Dalma, era amigo de ambos, fue de esas personas que acompaña, que se preocupaba por quien tenía a su lado, era puro corazón, nunca había tenido un grupo de amigos y paraba metido en nuestro departamento, como un amigo más de todos mis amigos. Él sabía que monseñor Ricardo Durand Flórez, me casó con Dalma y también quiso que lo bendijese, porque Germán Doig se había encargado de ayudarle en todo lo que fue su matrimonio religioso, que resultó precioso, y fue la primera experiencia del sacerdote que los casó.

Monseñor pidió que nos confesáramos quienes íbamos a estar en su oficinas del Obispado, en esa época en la Iglesia Matriz del Callao, para la conversación que tuvo con los novios y esta es una historia muy hermosa porque en grupo, mis amigos que ya eran amigos de Amadeo después de almorzar con él lo acompañamos a San Pedro a que se confesara. La bendición de monseñor Durand fue muy bonita y el matrimonio un jaranón.

Sobre Uchuraccay, yo tengo una opinión que es la misma de siempre, nada implica que la cambie, nada nuevo sale bajo el sol, ni va a salir tampoco, por eso solamente escucho sin opinar y me parece bien y apoyo que se persista en seguir escribiendo sobre el tema para que no quede en el olvido, que de todas maneras va a ocurrir tarde o temprano.

Solamente acepto sin discusión y acato sobre Uchuraccay, el criterio y la opinión del gran fotógrafo Oscar Retto, padre de mi amigo y compañero de trabajo en El Observador, Willy Retto, uno de los ocho periodistas asesinados en Uchuraccay, Ayacucho, quien conoce el tema y ha recorrido Ayacucho, conocido y hablado con todos con quienes se tuvo que hablar en su momento.
Oscar tiene orgullo por su hijo, lo adora y eso lo único que importa.

A los 36 años después de Uchuraccay recuerdo que este hecho convirtió a nuestro periódico El Observador en el lugar más triste que podía existir en esta vida. Todos los periódicos publicaron fotos como sus cuerpos habían sido destrozados, de pronto mis compañeras de trabajo, abrían un periódico y no podían parar de llorar y todavía sus cuerpos no los habían traído a Lima.

Nunca se pone pero los cuerpos de los mártires de Ucharaccay fueron destrozados post mortem. No los mataron a hachazos. De todo lo que escribí de Uchuraccay para El Observador, lo más difícil fue darle una redacción periodística a la necropsia de los cadáveres, me parece que lo que hice está bien presentado, entregue mi trabajo a don Jaime Marroquín nuestro jefe de redacción y me fui a caminar a la playa horas de horas.

En lo personal me ayudó tolerar todo lo que pasaba por haber colaborado en la Comisión Episcopal sobre Uchuraccay que presidió por monseñor Luciano Metzinger y que conformó el cardenal Juan Landázuri a mi petición, no se podía confiar en nada, ni en nadie, solamente en nuestra Iglesia. A nadie nunca le ha interesado que fue lo que concluyeron los monseñores Metzinger, José Dammert, Augusto Vargas Alzamora, Ricardo Durand Flórez y Germán Schmidt quienes con el cardenal Landázuri eran en ese momento el nucleo dirigente de la Iglesia Católica en el Perú.

Y como me dijo monseñor Metzinger, cuando culminó el trabajo: "Lo logramos, sale la procesión". Y es que el cardenal aceptó la salida extemporánea de la Procesión del Señor de los Milagros, el domingo 1 de mayo de 1983 por los males que afectaban al Perú, pero la Iglesia señalaba como sus hijos a los mártires de Uchuraccay. En el atrio de la catedral los familiares y amigos de los héroes del periodismo peruano, tuvieron un lugar especial al lado de las andas de la imagen del Señor.

Los periodistas fueron asesinados por ir en la búsqueda de la verdad, que significa establecer la veracidad de la información de que la comunidad campesina Uchuraccay, cuidaba fosas comunes, que habían sido descubiertas por el periodista Félix Gavilán, corresponsal en Huanta del Diario de Marka y quien fue traído a Lima por el periodista ayacuchano Luis Morales para hablar ante quien quisiera escucharlos de este hecho y del que Gavilán afirmaba ser testigo.

Camino a Uchuraccay con Jorge Sedano y José Luis Mendívil.

278. Papa Francisco en la Misa de Lima habló del grave pecado de la corrupción y dijo: "Conviértanse"



Ante un millón 700 Mil Personas dijo: "CONVIÉRTANSE" identificando al "GRAVE PECADO DE LA CORRUPCION".

El Papa no entró en el detalle, pero unas horas antes en su reunión con la Conferencia Episcopal Peruana, reunión que se hizo pública, no tengamos dudas que todos los corruptos conocidos y desconocidos por la opinión pública, lo han escuchado mil veces. A los obispos les habló de la corrupción, de Odebercht, de los paraísos fiscales existentes en América Latina y en eso preguntó a los miembros de la Conferencia Episcopal: ¿Qué le pasa a Perú?...... dejan de ser Presidentes y los meten presos, mencionó por sus apellidos a Humala y Toledo, de Fujimori dijo que estuvo preso y de pronto dijo que "Alan Garcia está que entro, que no entro", varios de los obispos rieron con ganas de reírse. Entonces no tengamos dudas que a los corruptos les dijo que se conviertan. Es el Papa es un hombre bueno, de los m{as bueno que pueda existir, ya dependerá de cada uno de nosotros, si creemos o no, que se van a arrepentir.

El Santo Padre pues este domingo frente a una multitud estimada en un millón 700 mil seres humanos, habló del grave pecado de la corrupción, ante la la sagrada y amada imagen procesional del Señor de los Milagros, el culto religioso de la peruanidad por excelencia: El Papa ha reflexionado su sermón, teniéndolo presente al Señor, según se ha informado.



En la Misa también estaba Nuestra Señora de la Evangelización, la representación más antigua en Lima de Santa María, de la Madre como diría el Papa y que está en nuestra ciudad desde sus tiempos primigenios, los de la evangelización, que vivieron y desarrollaron los arzobispos Jerónimo Loayza y santo Toribio de Mogrovejo Madre de Dios.

El Papa en la Misa dijo: "Podríamos comenzar a constatar que existen, ciudadanos que consiguen los medios adecuados para el desarrollo de la vida personal y familiar, y eso nos alegra, el problema está en que son muchísimos los no ciudadanos, los ciudadanos a medias o los sobrantes urbanos, que están al borde de nuestros caminos, que van a vivir a los márgenes de nuestras ciudades sin condiciones necesarias para llevar una vida digna, y duele constatar que muchas veces entre estos sobrantes humanos, se encuentran rostros de tantos niños y adolescentes. Se encuentra el rostro del futuro”.

Hemos estado estos días frente al Vicario de Cristo y este domingo por la tarde, lo escuchamos en Las Palmas, y en estas palabras tan fuertes que pronunció nos presenta la realidad y que todos lo saben, que se hace como una costumbre convencernos de que no pasa nada

El Papa Francisco citó a su antecesor, el Papa Benedicto, quien señaló que una sociedad que no logra aceptar a los que sufren, no es capaz de contribuir mediante la compasión, a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana.

A continuación, el Santo Padre habló de Cristo que al ser arrestado el Bautista, encaminó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios para enseñar que ante un acontecimiento doloroso e injusto como fue el arresto de Juan, Jesús comienza a sembrar lo que sería el inicio de la mayor esperanza de que: el Reino de Dios está cerca y que Dios está entre nosotros”.



El Papa cree que Cristo "llega hasta nosotros para comprometerse nuevamente como un renovado antídoto contra la globalización de la indiferencia. Porque ante ese Amor, no se puede permanecer indiferentes”.

El Vicario de Cristo dijo en Las Palmas que Jesús invita a sus discípulos a vivir el amor de Dios y al prójimo, “Jesús camina la ciudad con sus discípulos y comienza a ver, a escuchar, a prestar atención a aquellos que habían sucumbido bajo el manto de la indiferencia, lapidados por el grave pecado de la corrupción” y que “Llama a sus discípulos y los invita a ir con Él, los invita a caminar la ciudad, pero les cambia el ritmo, les enseña a mirar lo que hasta ahora pasaban por alto, les señala nuevas urgencias”.

También hoy, igual que ayer, dijo que Jesús “sigue caminando por nuestras calles, sigue golpeando puertas y corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos: que la degradación sea superada por la fraternidad, la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada con las armas de la paz”.

“Hoy el Señor te invita a caminar con Él la ciudad, tu ciudad. Te invita a que seas su discípulo misionero, y así te vuelvas parte de ese gran susurro que quiere seguir resonando en los distintos rincones de nuestra vida: ¡Alégrate, el Señor está contigo!”.


La Misa de Lima 



El Papa Francisco, el Señor de los Milagros, patrono del Perú y Nuestra Señora de la Evangelización, imagen ante la cual el Papa San Juan Pablo II consagró el Perú a la Virgen María, en la Misa del Domingo 21 de enero de 2018 en Lima, a la que asistieron Un Millón 700 mil personas a la Base Aérea de Las Palmas, Surco.

La multitud le cantaba al Papa: "Como no te voy a querer, como no te voy a querer, si eres el Papa Francisco, el Vicario de Cristo, que nos vino a ver".





Vatican News y ABC News Estiman en Un Millón Trescientas Mil el Número de Personas en la Misa de Lima,, en tanto el monopolio El Comercio del encarcelado Graña Miro Quesada, socio de Odebrecht, como que hace un favor a la historia con un millón de personas y el monopolio RPP a través de los gritos histéricos de su estrella Milagros Leyva, anuncia no sabe nada, con el argumento que tiene que ser menor porque los organizadores estimaban mucho menos gente, en tanto las caviarcitas y caviarcitos, encabezados por el diario enemigo de la Iglesia Católica, La República, el satélite caviar de El Comercio y una tal señora Cisneros, muestran el corazón que les duele y las ganas de vomitar las entrañas, hay que dejarlos que insulten, no pueden hacer nada más. Ahorita están como loquitos, hablando a la pared.



ABC News estima en un millón trescientas mil personas los asistentes a la Misa del Papa en nuestra ciudad, que no vengan las caviarcitas y los caviarcitos aparte de persistir en insultar a nuestra Iglesia y a nuestros obispos, pongan los estimados que les dan la gana, absolutamente arbitrarios. Los organizadores señalan en un millón 700 mil los seres humanos, es cifra de parte, no vale dicen los caviares, entonces está ABC empresa americana, de enorme trayectoria que es absolutamente independiente y su estimado es de un millón trescientos mil, un verdadero mundo de gente, me parece bien, excelentemente bien.

277. Papa Francisco Misa de Trujillo, en playa de Pescadores" en sus caballitos de totora


El Papa Francisco en la playa Huanchaco ante una multitud afirmó este sábado que: "Los peruanos en este momento de su historia no tienen derecho a dejarse robar la esperanza", trató después el sicariato y la violencia, una horas después en la Plaza de Armas de Trujillo habló del feminicidio, ayer en Palacio de Gobierno trató la corrupción y en Madre de Dios planteó la defensa de la naturaleza o madre tierra.

El Vicario de Cristo nos está señalando la agenda que puede permitir a los peruanos no robarse la esperanza, él nos trae la palabra de Cristo y su Evangelio, nos ha planteado que allí está el camino y agregaré que no hay mayor ciego que el que no quiera ver, ni mayor sordo quien no quiera oír.


Un momento antes, cuando había iniciado su homilía, explicó por qué no podemos dejarnos robar la esperanza o sermón describiendo así el escenario en el que estaba oficiando Misa y en el que se encontraba hablando. "Estas tierras tienen sabor a Evangelio. Todo el entorno que nos rodea, con este inmenso mar de fondo, nos ayuda a comprender mejor la vivencia que los apóstoles tuvieron con Jesús; y hoy, también nosotros, estamos invitados a viviría. Me alegra saber que han venido desde distintos lugares del norte peruano para celebrar esta alegría del Evangelio. Los discípulos de ayer, como tantos de ustedes hoy, se ganaban la vida con la pesca.

El Papa estaba en Huanchaco, playa de pescadores, rodeado por una multitud, centenas de centenas de miles de seres humanos, de ambos sexos, de toda edad y condición social y agregó: "Salían en barcas, como algunos de ustedes siguen saliendo en los «caballitos de totora», y tanto ellos como ustedes con el mismo fin: ganarse el pan de cada día".

El tema laboral para los pobres, lo abordó con el siguiente detalle que marca la esperanza de una familia "En eso se juegan muchos de nuestros cansancios cotidianos: poder sacar adelante a nuestras familias y darles lo que las ayudará a construir un futuro mejor.

En Huanchaco, el Arzobispo de Trujillo, monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, logró otorgarle a la Misa papal la vistosidad de la religiosidad popular que caracteriza a nuestro país en su forma de desarrollar su catolicismo.

El avión del Papa y la multitud.
Cuarenta santos patrones del norte peruano con sus hermandades y sus fieles devotos fueron traídos en procesión desde sus santuarios a Trujillo.

En la Misa estuvieron cultos religiosos muy importantes, tal vez nunca habían estado juntos antes, la Virgen de las Mercedes de Paita, es la patrona de Tumbes y de Piura, la Virgen Dolorosa es la patrona de Cajamarca, en tanto el Señor Cautivo de Ayabaca, Piura, el Divino Niño del Milagro de Eten, Lambayeque y la Cruz de Motupe de Lambayeque, son cultos nacionales centralizados en su región,

El Santo Padre ofició una Misa desbordada por el fervor popular por la presencia, que había implicado el traslado de los santos patrones, la llegada y veneración en Trujillo y la vigilia de preparación a la Eucaristía, pero es cierto que ha sido el Sumo Pontífice quien convoca masas e imágenes.




El avión del Papa y la multitud.
El Papa dedicó la Misa a Santa María de la Puerta del Cielo, que en la Misa estuvo representada en la imagen de la Virgen Inmaculada de la Puerta de Otuzco, que coronó en la Plaza de Armas.

El Papa Francisco deseó que Santa María nos lleve a su Hijo Jesús, que quiere estar cerca de nosotros y en medio del dolor nos entrega su mano, aun ante el duro golpe del «Niño costero» y los «huaicos» causados por la violencia organizada y otras faltas que impiden una vida digna.

«Ustedes, al igual que los apóstoles, conocen la bravura de la naturaleza y han experimentado sus golpes. Así como ellos enfrentaron la tempestad sobre el mar, a ustedes les tocó enfrentar el duro golpe del «Niño costero», cuyas consecuencias dolorosas todavía están presentes en tantas familias, especialmente aquellas que todavía no pudieron reconstruir sus hogares", y que SICARIATO

“También por esto quise estar y rezar aquí con ustedes”.

El sostuvo que "Otras tormentas pueden estar azotando estas costas y, en la vida de los hijos de estas tierras, tienen efectos devastadores. Tormentas que también nos cuestionan como comunidad y ponen en juego el valor de nuestro espíritu. Se llaman violencia organizada como el sicariato y la inseguridad que esto genera; se llama la falta de oportunidades educativas y laborales, especialmente en los más jóvenes, que les impide construir un futuro con dignidad; o la falta de techo seguro para tantas familias forzadas a vivir en zonas de alta inestabilidad y sin accesos seguros; así como tantas otras situaciones que ustedes conocen y sufren, que como los peores huaicos destruyen la confianza mutua tan necesaria para construir una red de contención y esperanza. Huaicos que afectan el alma y nos preguntan por el aceite que tenemos para hacerles frente".

El Papa jesuita enseñó que: "No hay camino mejor que Jesucristo, Muchas veces nos interrogamos sobre cómo enfrentar estas tormentas, o cómo ayudar a nuestros hijos a salir adelante frente a estas situaciones, quiero decirles: no hay otra salida mejor que la del Evangelio: se llama Jesucristo. Llenen siempre sus vidas de Evangelio".


276. Papa Francisco en Las Nazarenas: "Las tentaciones de la mentira y el chisme desunen y destruyen a los seres humanos"

El Papa con la Madre Soledad, priora de Las Nazarenas.

El Papa Francisco conquistó a demasiada gente en el Perú y a mí el discurso que me encantó fue el de Las Nazarenas que siguió el canto del rezo de las horas ya que de pronto me hizo reír, como no lo esperaba, dejó de leer e improvisó, explicó que ya lo había dicho antes: "Saben lo que es la monja chismosa, es terrorista,, peor que los de Ayacucho hace años, peor, porque el chisme es como una bomba, entonces va y (imitó un sonido como si fuera una bomba que va a estallar) y de inmediato dijo es "como el demonio, tira la bomba, destruye y se va tranquila, monjas terroristas no, sin chisme, ya saben que el mejor remedio para no chismear es morderse la lengua".

Entonces pensé, escuchar al Santo Padre es para pensar y el chisme es la mentira, antes había señalado: "El demonio es mentiroso, además es chismoso, le encanta ir llevando de un lado a otro, quiere que en la comunidad hablen mal unos de otros".

Pero la realidad nacional es que existen dos monopolios mediáticos que en mi concepto son peor que el demonio, uno es el radial, Radio Programas del Perú, con su canal de cable de noticias y el otros es El Comercio, el monopolio de diarios protegidos por el Canal 4, que es la más importante televisora con su canal N, de cable de noticias.

Pensando con insistencia en la homilía del Papa Francisco en Las Nazarenas, me parece que El Comercio y Radio Programas del Perú son encarnación del demonio, satanás, belcebú, luzbel, lucifer, belial. Y es que los monopolios mediáticos son peor que chismes de convento, perjudican a todo el Perú.

Es imposible que surja en el medio nacional una noticia que no cuente con el visto bueno de los dueños de estos monopolios, que están vinculados a Odebrecht, por sociedad y avisaje.

Es fácil ver como domina la mentira en nuestro país, no existe prensa independiente, salvo nuestros facebook y blogs. Frente a los monopolios todo lo demás es nada.

Cuando una persona es calumniada por estos medios, no tiene defensa, no puede salir de su casa de vergüenza, quiere morirse, de a verdad y se presentan cuadros de vida muy tristes para sus familias.
La gente odia a los periodistas, si les hacen daño es comprensible, pero lo extraño es que, los dueños son los que la pasan bien, gastan la plata a manos llenas y muy pocos nos acordamos de ellos, hay demasiado miedo.

El encuentro papal en Las Nazarenas congregó 500 religiosas de clausura.

Para mi ese es el demonio que señaló el Vicario de Cristo en Las Nazarenas, mentiroso, chismoso, que quiere dividir a los peruanos, en tanto la corrupción se roba al país. Los monopolios mediáticos no han atrapado a ningún corrupto, son parte de la corrupción.

En Las Nazarenas el Papa habló de las tentaciones de la mentira y del chisme, agreguémosle su resultado que es la calumnia que destruye vidas.

Vatican News publicó que en Las Nazarenas, el Santo Padre rezó junto a 500 religiosas de clausura, ante la mirada del Señor de los Milagros, Patrono del Perú y les dijo: "Sean faros que indiquen a Aquel que es el camino que es camino, verdad y vida, al único Señor que ofrece plenitud a nuestra existencia y da vida en abundancia”.

Francisco retomando las palabras de santa Teresita del Niño Jesús, les pidió: "Ser el amor, explica, “es saber estar al lado del sufrimiento de tantos hermanos”, y así les señaló: "vuestra vida en clausura logra tener un alcance misionero y universal y un papel fundamental en la vida de la Iglesia”.

El Pontífice les señaló que. Son muchos hermanos y hermanas presos, emigrantes, refugiados y perseguidos; las familias heridas, las personas en paro (sin trabajo), los pobres, los enfermos, las víctimas de dependencias" y que ellas, las religiosas de clausura son el centro de la oración. "Ustedes son como los amigos que llevaron al paralítico ante el Señor, para que lo sanara”, les dice el Papa, porque acercan al Señor la vida de aquellos que no pueden alcanzarlo para experimentar su “misericordia sanadora”.

Y así les pidió finalmente rezar por la Iglesia y sus pastores, por los consagrados y las familias, por los que sufren, por los que hacen daño, por quienes explotan a sus hermanos. Y también por él, con su clásico y no se olviden de rezar por mí.

275. El Papa Francisco: "Quienes se creen demasiado importantes dejándose llevar por el Incienso de Vanidad perdieron la mirada del Dios de la Vida".

El Papa con Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, Arzobispo de Piura y Tumbes.

El Papa Francisco, pidió a los consagrados en su encuentro con sacerdotes, religiosas y seminaristas, en el Seminario San Carlos y San Marcelo de Trujillo a no perder la mirada del Señor que es, lo más valioso, y enseño que vayan al Sagrario y que vean al Señor, pero también tienen que dejarse ver por el Señor y señaló que no pueden dejarse engañar por el incienso de la vanidad.

Para el Papa la tentación de creerse demasiado importante se combate con la risa, les aconsejó reírse de sí mismos

Todos rieron cuando les planteó que: "Las monjas no envejecen porque son eternas". Los tomó de sorpresa como cuando lo escucharon que los jóvenes van rápido, tienen que ir rápido, pero son los viejos los que conocen el camino.

Insistió que para combatir las vanidades, el creerse superior, hay "reírnos de nosotros mismo, reírnos de los demás es fácil, no hay que creerse superior, de los demás es fácil reirse, de nosotros no, cuidémonos de esa gente tan importante que en la vida se han olvidado de reír. "Mírate al espejo, ese soy yo, jajajaja no es narcisismo, es lo contrario, el espejo sirve como cura.

El Santo Padre planteó "la alegre conciencia de si mismo", que se debe tener.

Tocados por su mirada.

Previamente monseñor José Antonio Eguren Anselmi, SVC Arzobispo de Piura y Tumbes agradeció la presencia del Papa y la enseñanza que les dejó para el desarrollo de sus respectivas vidas consagradas.

El Papa en su reflexión presento a Santo Toribio de Mogrovejo, santo patrono del santo patrono del episcopado latinoamericano.

El Papa dijo: "da mucha pena ver algún obispo, cura o monja marchito", pero "mucha más pena da cuando veo seminaristas marchitos. Esto es muy serio: la Iglesia es buena, es Madre, y si ven que no pueden, por favor, hablen antes de tiempo, antes de que sea tarde. Antes que se den cuenta que ya no tienen raíces y que se están marchitando. Aún hay tiempo para salvar, porque Jesús vino a eso, y si llamó es para salvar".

El Papa tuvo muy buena conexión con los presente, lo aplaudieron, lo vivaron, la enseñanza es válida para todos.

jueves, 18 de enero de 2018

274. Consagración del Perú a la Virgen María del Papa San Juan Pablo II realizada en la noche del sábado 14 de mayo en la Plaza de Armas de Lima, crónica que me publicó la Agence France Presse.



El Papa Juan Pablo II consagró esta noche el Perú a la Virgen María en la más imponente ceremonia religiosa celebrada en Lima, desde su fundación en 1535, abogando por la construcción de un nuevo país.

El Pontífice, en la Plaza de Armas de Lima, ofrendó a Santa María “a todo el pueblo de Dios que peregrina en Perú”.

La oración de consagración conmovió a los peruanos cuando el Santo Padre la inició: “Esta tierra gloriosa, cuna de santos, se ve afligida por la violencia y la muerte, por la pobreza y la injusticia, por una honda crisis familiar fruto del olvido de la Ley del Señor”.

“Madre y señora nuestra, acoge con amor esta ofrenda de tus hijos y bendice esta amada tierra con los dones de la reconciliación y la paz”, añadió.

El Perú, un país con el 95% de su población que afirma seguir la religión católica, está convulsionado desde el 17 de mayo de 1980, por una ola de violencia desatada por la guerrilla maoísta Sendero Luminoso, que ha cobrado más de 12,000 víctimas hasta ahora.

El Papa comparó a las víctimas de la injusticia y de la violencia en el país como seres que llevan la cruz de la pasión de Cristo e invocó para que ellos reciban la ayuda solidaria y fraterna de todos sus hermanos.

Juan Pablo II en su primera visita, en febrero de 1985, coronó a una venerada y artística imagen tallada en madera de la Virgen María que se conserva en la catedral de Lima desde 1535, y que fue donada para la fundación de la capital peruana por el emperador Carlos V de Alemania, y I de España.

En esa oportunidad el Papa denominó a la imagen, “Nuestra Señora de la Evangelización”, al considerar que desde Lima salieron las distintas misiones sacerdotales que llevaron la religión católica por América del Sur.

El Sumo Pontífice en su plegaria de esta noche pidió por el clero peruano para que siga siendo defensor de la dignidad de sus hermanos y constructores de la unidad.

Luego se refirió a los responsables del gobierno y a los que rigen la sociedad, invocando la rectitud y la entrega para que conduzcan al pueblo peruano por los caminos de la justicia y la libertad en convivencia pacífica.

En 1922, un movimiento eclesiástico intentó consagrar a Perú al “Corazón de Jesús” pero las juventudes y los anarco sindicalistas, crearon un movimiento político de oposición que impidió este hecho.

Desde un Balcón del Palacio de Gobierno, el Presidente Alan García participó de la ceremonia al igual que decenas de miles de personas que se dieron cita en la Plaza de Armas.

El Papa, antes de la consagración, entre sonrisas respondió un lema que coreaba insistentemente la muchedumbre “Juan Pablo amigo, el Perú está contigo”.

“Yo sé que el Perú está conmigo, pero también camina conmigo”, respondió el Papa con expresión risueña.

Previamente, el Papa dirigió desde el mismo escenario un mensaje a los integrantes de la Misión de Lima, organismo del Arzobispado de la capital que integra a laicos en el trabajo de la Iglesia.

Juan Pablo II advirtió sobre la secularización de la sociedad y la necesidad de seguir la realidad social y los problemas humanos desde la perspectiva del Evangelio, la Eucaristía y la Filiación Mariana.

Culminó su discurso impartiendo la bendición apostólica a la muchedumbre que se dio cita en la Plaza de Armas y a los peruanos que siguieron el acto por la televisión.


273. La Misa en Villa El Salvador, el hito histórico de la visita papal del martes 5 de febrero de 1985, crónica que me publicó el diario Hoy



Salud, trabajo y hambre fueron las tres palabras que resumen el diálogo sostenido entre Juan Pablo II y todos los habitantes de los pueblos jóvenes de Lima, en Villa El Salvador.

Los pobres de Lima expusieron sus condiciones de vida y el Vicario de Cristo, conmovido y conmoviendo a quienes lo escuchaban hizo suya la palpitante realidad de los desposeídos y les dijo en la hermosa mañana de ayer, que tenían un lugar preferente en su corazón.

El Papa en Villa El Salvador dijo: “Por el bien del Perú, no puede faltar el pan de cada día. Por el bien del Perú no debe faltar. Se debe hacer lo posible para que no falte, es un derecho expresado en nuestra oración el Padre Nuestro. Entonces a vosotros todos los pueblos jóvenes, yo deseo que el hambre de Dios permanezca, que el hambre del pan se haga resolver y se encuentren los medios para dar ese pan, deseo que no seáis hambrientos del pan de cada día, que lo sean de Dios, pero no del pan”.

Estas palabras, improvisadas, cargadas de emoción, provenían de su propio corazón al ver y escuchar a una multitud, como tal vez nunca se haya reunido en el Perú. Juan Pablo II las dijo cara a cara al pueblo, sin llevar en la mano un papel escrito. Unos minutos antes había leído su homilía, también cargada de un hondo contenido social, en ese instante quiso ser el Vicario de Cristo, que habla a su feligresía todo lo que tiene que decir.

Durante las dos horas y quince minutos que el Papa estuvo con los habitantes de los pueblos jóvenes, fue vitoreado, vivado y ovacionado en todo momento a pesar que no se dirigió desde el estrado las consignas de saludo y aún así, Juan Pablo II tenía que esperar varios segundos para reiniciar su mensaje e incluso repetir nuevamente sus frases, para que no se perdiera la continuidad de la idea.

El Sumo Pontífice, también se refirió del papel que deben cumplir las autoridades políticas y las personas con recursos abundantes para que contribuyan “a mejorar las condiciones de vida de los desheredados” y les reclamó que den un trato digno a los que no tienen nada y se corrijan los desequilibrios y desproporciones que existen en los bienes materiales.

“Ha de resonar en sus oídos”, dijo, sabiendo que en ese momento lo estaban escuchando las personas a quienes reclamaba un trato digno para los pobres, mientras que en el Parque Industrial de Villa El Salvador, se escuchaba un solo grito: “Viva el Papa”.

El guía espiritual de la gran mayoría del pueblo peruano les dijo también: “Dios no quiere que permanezcan en forma de pobreza que humilla y degrada. No es permitido a nadie reducirse a la miseria. Es necesario hacer todo lo lícito para asegurarse y asegurar a los suyos para la vida y la mantención de la familia”.

EL PUEBLO.- En un acto sin precedentes, los sectores de la población considerados como los más necesitados y sobre los que cae directamente la crisis económica que afronta el Perú, abarrotaron totalmente el Parque Industrial de Villa El Salvador al extremo que unos minutos antes de la llegada del Papa, se prohibió el ingreso de más personas.

Los corresponsales extranjeros venidos al Perú especialmente por la visita papal, reiteraban impresionados que para este acto se había movilizado el mayor número de personas para ver y oír al sucesor de Pedro, tanto en Perú como en los dos países latinoamericanos (Venezuela y Ecuador), que estuvieron incluidos en esta su 25ta. gira desde que Karol Wojtyla asumió el papado.

Posiblemente hubo más de dos millones de personas y como acostumbra en estas ocasiones el pueblo, acudió con sus mejores ropas y quienes no las tuvieron se ataviaron lo mejor posible, para hacer de su diálogo con el Pontífice un día de fiesta, porque en él iban a escuchar la palabra de la Iglesia ante sus problemas y sufrimientos, junto a los sacerdotes que viven con ellos.

Los arenales de Villa El Salvador, permanecían quietos. Todos guardaban celosamente el lugar que ocupaban y por ello durante la ceremonia, el ambiente permaneció limpio y sin que se levantara la más mínima polvareda en ningún sitio. El mar humano que se había amanecido en sus puestos, que había soportado el frío amanecer sin tomar nada caliente, tuvo fuerzas para aclamar en todo momento a Juan Pablo II.

La multitud no tenía rostro ni edad, su color era enteramente cobrizo. Sus vestimentas sencillas y multicolores, desde lo alto de los cerros semejaba una inmensa alfombra que se extendía hasta el pie del estrado de esteras, sin lujos, sin boatos, simbolizando los famosos barrios de esteras de Villa El Salvador, en donde el hombre ha ido transformado lo más agreste y duro de la tierra limeña para habitar en ella.



LLEGA EL PAPA.- A las 8 y 38 de la mañana llegó el Papa acompañado del cardenal Landázuri. Cuatro minutos después estaba en el estrado y los obispos auxiliares de Lima, junto con los de Chimbote, Luis Bambarén, y el de Cajamarca, José Dammert, lo saludaron afectuosamente, en medio de exclamaciones de júbilo de la multitud.

Luego de la bendición y la oración de Juan Pablo II, seguida devotamente por todos los presentes, monseñor German Schmidt hizo uso de la palabra a nombre de los habitantes de los pueblos jóvenes, para presentar al párroco de Villa El Salvador, quien lo saludó en polaco y a un matrimonio que habló en nombre de los pueblos jóvenes.

Cuando Schmidt se refirió al cardenal Landázuri, como el pastor de todos los presentes y como “nuestro querido cardenal de Lima”, la gente prorrumpió en aplausos y vivas, siendo tal vez el primer reconocimiento al Primado de la Iglesia Peruana como el artífice principal del éxito de la visita papal al Perú.

HABLAN LOS POBLADORES.- Un obrero peruano le dijo al Papa: “La clase trabajadora del Perú está agradecida por su visita pastoral y la solidaridad de su pastor con los pobres de la tierra. Tenemos hambre, sufrimos miseria, nos falta trabajo. Estamos enfermos con el corazón roto por el dolor de ver a nuestras esposas gestando con tuberculosis. Nuestros niños mueren, nuestros hijos crecen débiles y sin futuro”.

Agregó: “Creemos en el Dios de la vida. El vivir en tugurios en los cerros y arenales no disminuye nuestra fe. Luchamos la vida contra la muerte. La necesidad nos hizo salir de pueblos lejanos. En los pueblos jóvenes nos unió la lucha por la vida y la defensa de nuestro derechos. Desde los inicios caminamos con la Iglesia y ella camina con nosotros. Nos ayuda a reconocer nuestras necesidades como hermanos de Cristo”.

Dijo también, los trabajadores que habitan en los pueblos jóvenes necesitan del mensaje del Papa amigo para ser orientada y anunciar la “libertad de los pobres y sea el año de la gracia del Señor. Haga realidad las palabras de Jesús, hoy se cumplen las profecías. Tenemos hambre de pan. Lo sentimos a Ud. cercano, sabemos que está comprometido con la causa de la justicia y la defensa del pobre. A Ud. que hace las veces de Jesús le damos nuestra confianza. Somos un pueblo peregrino, Juan Pablo es el camino hacia el reino de Dios”.

Cuando terminó de hablar la gente prorrumpió en aplausos y vivas. Corearon todos: “Cristo ya lo sabe, Juan Pablo está en su corazón”, el Papa sonrió y nuevamente se corearon las consignas de “Juan Pablo, amigo, el pueblo está contigo”. El Papa, emocionado cuando recibió el saludo del matrimonio que había hecho uso de la palabra, los besó y abrazó fraternalmente.

La ceremonia continuó con la lectura del Evangelio según San Marcos, el evangelista discípulo de San Pedro y que escribió las sagradas escrituras en base a las enseñanzas del primero de los Papas. La parte leída se refiere a la escena del sermón de la montaña en la que Cristo multiplicó los panes y dio de comer a los cinco mil seres que escucharon su palabra, con solo cinco panes y dos peces.

HABLA EL PAPA.- Concluida la lectura, el Papa se incorporó para hablar. Se produjo un impactante silencio, era el respeto que tributaba el pueblo a su guía espiritual y que esperaba la respuesta a su petición hecha pública por sus representantes que habían hablado en la ceremonia, unos minutos antes. Luego un aplauso generalizado ante la primera palabra pronunciada por Juan Pablo II.

“Con cuanta ilusión he esperado tener este encuentro con vosotros, queridos habitantes de Villa El Salvador. Desde mi llegada al Perú y aún antes de mi venida, a este pueblo joven, que ya con su nombre nos habla de la cercanía de Cristo, ha ocupado siempre un lugar preferente en el programa de mi viaje, precisamente porque se trataba de los más necesitados”, dijo.

Les manifestó que inspirado en Cristo tenía un sentimiento de compasión hacia los habitantes de todos los pueblos jóvenes, “los abandonados, los enfermos, los ancianos, los que no tienen trabajo, los niños sin pan y sin educación para su futuro”, agregando: “Vengo a visitaros para compartir todo lo que tengo”.

Refiriéndose al clero perteneciente a la arquidiócesis del cardenal Landázuri, les dijo que admiraba y alentaba el trabajo abnegado que hacen y que a ejemplo de Jesús, “están dedicados a vuestro servicio y ayuda, dando testimonio de Cristo, el anunció de la liberación de los pobres, que se identifica con los humildes y les prometió su reino”.

Criticó duramente la brecha creciente en el Perú y por la pasividad e indiferencia existente, junto con el despilfarro de un lado que contrasta con la miseria y la privación del otro. Fue severo con aquellos que a su juicio interpelan las estructuras económicas y no tienen en cuenta los derechos humanos. Pidió a las parejas casadas, que tuvieran siempre el criterio de la paternidad responsable.

Las ofrendas que el Papa recibió en Villa El Salvador, son las más humildes que haya recibido en todo el Perú. Una simbolizó al hambre y consistió en una canasta de comida. La segunda representó al trabajo que consistió en útiles de escritorio. La tercera, la salud, fue un botiquín con un juego de placas de rayos-X sin uso.

La gente insistía que el Papa no se fuera, el “que se quede” retumbaba en todas partes y el Papa comenzó a decir: “Me despido sin despedirme”, con la finalidad que la gente no le conteste con un sonoro “no”, pero sus palabras provistas siempre que dialogaba con la gente de un fino humor, hacía sonreír a todos.

Luego que el cardenal Landázuri se despidió de él a nombre de los presentes, el Papa, haciendo a un lado el protocolo, dialogó con la gente durante ocho minutos improvisando. Hizo un juego de palabras para “agradecerle los agradecimientos” al cardenal. Señaló que había escuchado atentamente a las personas que habían hablado a nombre de Villa El Salvador.

El Papa preguntó: “¿Aquí hay hambre de pan?”. “Sí” respondieron todos y fue entonces que dijo que por el bien del Perú, el pan no puede faltar. El Papa en medio de exclamaciones y vivas de los concurrentes, se retiró del micrófono para recibir el saludo de diversas personas del lugar.

MONSEÑOR BAMBAREN.- Cuando el cardenal Landázuri, presentó al monseñor Bambarén al Papa, el público prorrumpió en aplausos. El actual Obispo de Chimbote, anteriormente fue el Obispo de los pueblos jóvenes de Lima e intervino decisivamente para que los invasores del lugar no fueran desalojados hace unos diez años.

El Papa se retiró en helicóptero, la gente esperó pacientemente que volara sobre ellos, desde donde Juan Pablo impartió la bendición. Poco después de las once de la mañana la zona se convirtió en una gran polvareda, la gente al retornar tranquilamente a sus hogares caminando por los arenales, removía el polvo que por zonas se levantaba como una verdadera paraca.

PRONTO RETORNO SOLICITO EL CARDENAL.- En Villa El Salvador, pocas horas antes que Juan Pablo II diera por concluida su gira pastoral al Perú, el Primado de la Iglesia Peruana pidió al Papa que retorne en otra oportunidad al Perú y reciba nuevamente el calor y el aprecio del Perú.

El cardenal Landázuri formuló su petición en el momento que culminaba su discurso de despedida al Papa en representación de la Iglesia Peruana. La multitud presente prorrumpió de inmediato en exclamaciones de júbilo y en todo el parque Industrial de Villa El Salvador retumbaba: “Que regrese, que regrese”.

Dijo que a nombre de la Iglesia en su calidad de presidente de la Conferencia Episcopal Peruana agradecía la visita de Juan Pablo II al Perú y le aseguró al Pontífice “que la semilla que habéis dejado en el Perú a los hombres que sufren profundizará la fe y la religión católica”.

“Habéis robado el corazón de todos los peruanos”, dijo el Primado no sin antes pedir disculpas porque sus palabras podrían ser consideradas como una irreverencia y la frase de Landázuri sirvió para que el público vitoreara con más entusiasmo al Pontífice.

Finalmente le dijo: “Os alejáis pero vuestra imagen va a quedar en nuestros corazones por habernos mostrado tanto cariño y afecto”. En su breve alocución, Landázuri reveló que el Papa había donado 50 mil dólares para Villa El Salvador, 60 mil dólares para los huérfanos de Ayacucho y 50 mil dólares para el Arzobispado de Piura.

* * * 

Agregado en el 2008 a la crónica de la Misa papal que redacté para el diario Hoy, para mi libro "Crónicas religiosas", Lima 2009.- En la madrugada del martes 6 de febrero, el carro del periódico Hoy nos dejó lo más cerca posible del escenario papal (poco antes de las tres de la mañana) caminamos por lo menos un km. en medio de la oscuridad, sin tener ninguna idea de donde estábamos, guiados siempre por policías. Conformábamos un grupo de compañeros de trabajo continuo desde El Observador: Manuel Michi­lot, Fidel Zavaleta, Margarita Muñoz y Walter Pérez Palomino, solamente nos faltaba Willy Retto, mártir de Uchuraccay, a quien decidimos dedicarle la Misa.

Al final del camino, al fondo, se notaba una luz de lámparas de kerosene que resultó ser un puesto de esteras con varias bancas atendido por señoras de clase media, que vendían café, chocolate caliente y sánguches embolsados en plástico. Allí conformamos un grupo grande de periodistas que nos permitió olvidarnos del frío, estábamos en pleno verano, creo que nadie llevó chompa o casaca.

Pronto la zona se llenó de periodistas extranjeros, algunos especialmente venidos a Lima por el falso rumor de que el Papa iba condenar la Teología de la Liberación. Un español y un argentino difundían que la tacharía de herejía. Nicole Bonet los enfrentó, la apoyé sin duda alguna, hasta que ya era imposible hablar con ellos. Esta debe ser la razón por la que aparece en la crónica un párrafo sobre el tema. Cuando amaneció el calor fue creciendo hasta convertirse en agobiante. Los foráneos que éramos todos, nos preguntábamos sin respuesta, que acaso estábamos conociendo los famosos arenales de Villa El Salvador.

En el momento en que todo se hizo claro, descubrí que estábamos en un enorme descampado que curiosamente se llamaba Parque Industrial, era una zona reservada para ese fin que en la actualidad cumple ya su cometido. Detrás de la zona reservada para invitados especiales y de prensa, había un férreo cordón policial y tal vez una malla metálica, que nos separaba de la multitud. Delante de nosotros, un numeroso grupo de jóvenes que apartados del mundo, cantaban sin cansancio y sin entonación. A buena distancia de ellos y lejísimos para todos, el estrado papal de techo de esteras que parecía una cabaña de un Nacimiento.

El Papa no condenó a la Teología de la Liberación, pero tampoco la apoyó y cuando hacía referencia a la liberación estaba señalada en el marco de salir de la pobreza económica.

Es cierto que el Papa en Villa El Salvador creyó estar frente a una multitud de famélicos a los que había necesidad de darles de comer. Puede ser por la forma en que se desarrolló la Misa lo convenció de ello. El estaba muy lejos de la masa pero también es verdad que la composición social de las dos Misas en el Hipódromo (juventud y familia) fue muy diferente a la de Villa El Salvador y su sensibilidad junto a su capacidad de observación que pude percibir en el Hipódromo, lo hizo comprender que estaba frente a pobres.

Pero también es cierto que desde la Av. Salaverry había sido saludado por una verdadera pared humana que hasta Villa El Salvador presentaba la estratificación social de Lima. En automóvil cerrado desde la Nunciatura hasta el puente Atocongo y a partir de allí en papamóvil.

El cardenal Landázuri en rueda de prensa en diciembre de 1985 en su despacho en el Arzobispado de Lima, respondió a una pregunta que le formulé, que él había tenido que explicarle al Santo Padre, la interrogante: “¿Esta gente qué come?”, refiriéndose a todos los presentes en el cono sur de Lima.

Ya cuando el Papa se retiró en helicóptero se nos permitió retirarnos. La curiosidad innata en Margarita Muñoz la llevó a entrar en un enorme estrado en el que todavía permanecían con sus madres, niños pobres enfermos, con parálisis cerebral, con retardo mental, minusválidos y con síndrome de Down. En el mismo tiempo, una avalancha de mujeres pugnaba por llevarse las flores.

El escenario de los niños era conjunto al estrado papal y uno de los obispos auxiliares de Lima, Germán Schmidt, nos hizo pasar para que conociéramos el lugar donde el Papa había oficiado Misa. El prelado nos presentó un enorme óleo de la Virgen María con rasgos andinos que estaba al lado del altar. Como sucede siempre en estos casos le tocamos los pies, las manos, la frente y el manto. Nos tomamos fotos que nunca vi.

Otro Obispo auxiliar de Lima, monseñor Luciano Metzinger, estaba hablando con periodistas al pie del estrado, por lo que tuvimos que bajar. El, lo que expresaba era que el Papa les había comentado que nunca en su vida había visto tanta gente, pero no se refería exclusivamente a Villa El Salvador, sino que integraba también a las personas que aguardaron su paso por las calles de la capital desde la Nunciatura, en Jesús María, hasta Villa El Salvador. Ya después del puente de Atocongo, la muchedumbre adquirió contornos jamás vistos. Luego, en las redacciones limeñas se atribuía al cardenal Agostino Cassarolli la frase de que el Papa había visto una “verdadera pared humana” en todo el larguísimo e interminable camino.

La Misa en Villa El Salvador, sigue siendo la mayor concentración humana registrada en nuestro país, las estimaciones iban de uno a tres millones de personas. Desde el estrado papal, cuando ya se había retirado el Papa, pudimos ver una gigantesca multitud que se movía como una marea, tanto del descampado como de los cerros, generando polvaredas enormes. Y a veces el viento traía el sonido de las pisadas de los fieles.

272. Misa del Papa Juan Pablo II para la familia, celebrada en el Hipódromo de Monterrico el domingo 3 de febrero de 1985, crónica que me publicó el diario Hoy en el que trabajaba

El Papa con la Virgen de la Evangelización.

La fe, la devoción y el amor por su Iglesia y el Vicario de Cristo, congregó en el atardecer de ayer en torno al altar levantado en Monterrico el mayor número de personas que jamás se haya reunido en el Perú, para participar en una emocionante Misa a favor de la familia y en la que se ordenaron 47 sacerdotes de distintas diócesis y órdenes religiosas que trabajan en el país.

Estamos en la Asamblea del Pueblo de Dios, dijo el Papa amigo, ante un número de fieles imposible de determinar, que no dejaban un solo lugar vacío del hipódromo, e hizo suyo el misticismo del Papa al participar en una Misa oficiada por el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.

Un sacerdote peruano calculó en dos millones los asistentes, motivando de inmediato la réplica de una religiosa extranjera, quien comentó de inmediato que esta cifra podía ser aún mucho mayor, si se tenía en cuenta la multitud presente y si a esto se la comparaba con otros oficios religiosos en los que ha estado presente el Papa, por lo que a su juicio este gentío fue el mayor registrado hasta ahora.

Juan Pablo II, vestido con las ornamentas de su investidura papal, concelebró la Misa con el cardenal Landázuri y una decena de obispos. El sobrio altar tuvo como fondo los cerros que circundan el sur de Lima y estuvo compuesto por un crucifijo de talla colonial perteneciente al convento de Santa Catalina, la Virgen de la Evangelización y el cáliz que utilizaba, Santo Toribio de Mogrovejo.

El pueblo limeño que se volcó a Monterrico, siguió paso a paso la concelebración y al irradiarse la paz que se desprende del Pontífice, dejó de vivarlo, de aplaudirlo, para ser parte de la Misa y asistir a la consagración del cuerpo de Cristo, con una unción de religiosidad que impactaba a los que por el cansancio parecían desfallecer, retomándose nuevas fuerzas.

Los creyentes se impactaron con los dos actos principales de la liturgia: la Consagración y la Comunión. Cuando el Papa levantó la hostia y luego hizo lo mismo con el cáliz, la gente vibró de emoción y muchos no podían contener las lágrimas, para ellos el Cuerpo de Cristo estaba frente a ellos.

Pero la paz, la palabra con la que se identifica a Juan Pablo II llegó a todos cuando el Papa bajó por las estrechas escalinatas del estrado para dar la comunión a un centenar de personas, que se habían preparado en las últimas semanas para comulgar de la propia mano del sucesor de Pedro.

La escena duró casi diez minutos, la figura del Papa dominaba aún más el escenario. Su cuerpo se inclinaba ligeramente hacia delante y la cabeza la tenía un tanto agachada. Su rostro denotaba una tranquilidad especial, única. Su semblante fresco parecía unido a un aire místico inigualado, aún por los más grandes pintores, impactando incluso a los que apenas podían divisarlo.

LA LLEGADA DE PAPA.- La multitud que parecía haberse congregado para escuchar el Sermón de la Montaña, cansada, sudorosa por un sol agobiante, con las ropas húmedas por el agua que les arrojaron los bomberos para refrescarlos, prorrumpieron en exclamaciones cuando por los altoparlantes se dijo: “El Papa está con nosotros, el papamóvil ha ingresado al hipódromo”.

El lema de “Juan Pablo amigo el Perú está contigo” retumbaba como un solo grito de júbilo, junto con un bosque inacabable de banderas que no cesaban de agitarse, conformando un mar humano enfervorizado ante la presencia de su guía espiritual, que iba a oficiar el misterio de la Iglesia Católica, de convertir el pan y el vino en el cuerpo y sangre de Jesucristo.

La gente veía a Juan Pablo II a través de las lunas de su papamóvil, el Pontífice agradecía las muestras de aprecio y cariño levantando ligeramente la mano para bendecir a todos los presentes. Una vez que el vehículo surcó por la pista de carrera del hipódromo, el Papa subió al estrado para dar inicio a la Misa.

Los obispos, llevando puestas sus mitras rodearon en todo instante al Papa. Eran las 4 y 47 de la tarde, el Papa con la mano derecha en alto nuevamente agradeció a los fieles, se apoyó en su báculo que lleva un crucifijo de plata en la punta. Fue el momento en que a nombre de los presentes el Primado de la Iglesia Católica, cardenal Juan Landázuri saludó con un breve discurso al Vicario de Cristo.

Landázuri expresó que las familias limeñas y de muchos otros lugares del país, estaban congregadas conformando una inmensa multitud, por el amor que sienten por su Papa y que aguardaban ansiosamente escuchar a través de su palabra, la voz de Cristo, para que sean el aliento y la esperanza para toda la familia peruana que es el futuro del Perú.

Entonces, el Papa, pidió a los presentes que participen en un Acto de Contrición. “Hermanos, antes de celebrar la Eucaristía, reconozcamos nuestros pecados”. Se leyeron las oraciones en las que participaron el Papa y los fieles, e inmediatamente después, a través de un prolongado silencio, el Sumo Pontífice entró en meditación imitado por los presentes.

LA MISA Y LA ORACION.- La lectura del Evangelio fue seguida por los presentes, hombres y mujeres de toda edad, sin ningún tipo de distinción de clases o de raza. El Papa tenía los ojos cerrados y apoyaba su frente en la cruz de su báculo. Concluida la lectura, Juan Pablo bajó a la segunda plataforma del estrado y los diáconos que iban a ser ordenados comenzaron a subir.

Sentado frente a ellos, el Pontífice preguntó al obispo que los presentaba: “¿Sabe si son dignos?”, la respuesta no demoró: “Doy testimonio”. El Papa oró en voz alta y pidió auxilio a Dios para conferirles la potestad de administrar los sacramentos.

Eran las cinco y treinta de la tarde, el Papa se puso de pie, los diáconos de rodillas y el Vicario de Cristo explicó la lectura del Evangelio según San Juan. Manifestó que Cristo ruega por la humanidad para que el amor de Dios esté entre todos. Sus palabras resonaron cuando expresó esta es la “Asamblea del Pueblo de Dios”, la frase pronunciada conmovió y estremeció a los presentes.

“Yo sucesor de Pedro, junto a mis hermanos ministros, sacerdotes que han recibido el sacramento de la ordenación”, dijo el Papa dirigiéndose a los diáconos, para continuar recordándoles las funciones que reciben con el sacerdocio, entre las que se encuentran el servicio a Dios y al pueblo.

En la ceremonia, se invocó a todos los santos de la Iglesia Católica, los diáconos echados boca abajo, recibieron la bendición del Papa, quien les otorgó la gracia sacerdotal. Y de acuerdo al rito se efectuó la imposición de las manos, como sucede desde el tiempo de los apóstoles.

Uno a uno los diáconos arrodillados, esperaron que el Papa les pusiera las manos sobre sus cabezas, luego los obispos que concelebraron la Misa hicieron lo mismo. Una nueva oración papal que terminó con su proclama: “Ya son sacerdotes nuevos del Señor”. Los diáconos procedieron entonces a ponerse sus casullas y sus estolas de presbíteros.

Nuevamente uno a uno, pero esta vez subieron hasta el nivel del asiento papal, entonces los diáconos se arrodillaron ante Juan Pablo II. El Papa brevemente conversó con ellos, invocó al Espíritu Santo, los bendijo y los felicitó, mientras ponía sus manos sobre sus hombros y les acariciaba paternalmente el rostro.

LAS OFRENDAS.- El Papa se puso de pie, eran las siete de la noche, el coro dirigido por Leopoldo La Rosa, cantaba “Pescador de Hombres”, el público seguía las estrofas más hermosas, todos cantaban “Señor me has mirado a los ojos”. Todos creían que el Papa los había visto, no importaba la distancia, los miles, centenares, docenas de metros.

Juan Pablo recibió las ofrendas de cinco matrimonios católicos, quienes representaron a la familia peruana. Un crucifijo de madera, un manto típico, vino peruano para ser consagrado, un poncho de lino y su sombrero de jipijapa. Los extranjeros residentes en el Perú le ofrecieron un cuadro de plata del Señor de los Milagros y un óbolo económico.

Culminado el acto, el Papa se dirigió al altar para la consagración, el coro entonó “Cantemos al amor de los amores”. En el momento en que el Papa levantó la Hostia, la banda de la Guardia Republicana tocó la Marcha de Banderas para rendir homenaje a Cristo.

Durante la Comunión, medio millón de personas recibió la Hostia consagrada de manos de 1,800 sacerdotes y monjas. A las 7 y 40 el Papa subió a la última plataforma y tomó asiento, la gente lo ovacionó y agitó sus banderitas. Al frente, el coro con sus ponchos formaba la Bandera Peruana y un millar de niños se agrupaban alrededor del estrado portando la bandera del Vaticano.

Juan Pablo II se levantó y dijo: “Oremos”. Un breve silencio y reflexionó en voz alta: “La Eucaristía que hemos recibido, dignifica a los sacerdotes y al pueblo. Dios los bendiga con su misericordia eterna”, el Papa bendijo a los presentes y dijo a la gente que podía ir en paz. La Misa había concluido y todos vitorearon incansablemente al sucesor de Pedro. Concluyendo con el Himno Nacional, cantado por todos los asistentes.


ANTE LA FAMILIA CONDENO EL DIVORCIO Y EL ABORTO.- Juan Pablo II en la homilía que pronunció ayer en la Misa dedicada a la familia en Monterrico, defendió enérgicamente los sacramentos de la Iglesia Católica, condenando el divorcio, el aborto, la anticoncepción y la esterilización en medio de los aplausos y vivas de los fieles, quienes respaldaron sus palabras.

La voz del Papa, firme y grave, pero sin una entonación dura, fue para defender la institución del matrimonio, instando a los cónyuges a cumplir fielmente sus deberes en base a las palabras de Cristo: “Lo que Dios ha unido, el hombre no lo puede desunir”. “Recordad por ello que el cristiano ha de rechazar el divorcio, la unión extrasacramental, la esterilización, la contraconcepción, el aborto que elimina a un ser inocente”, dijo instando a los presentes a que encuentren en el matrimonio el amor indisoluble.

El Sumo Pontífice manifestó que sabía que en el Perú muchísimas familias han entronizado en sus hogares la imagen del Corazón de Jesús, pidiéndoles que renueven la fidelidad en un sincero amor a Cristo, porque “doctrinas perversas amenazan el rebaño”, recordándole a la multitud reunida, el mensaje evangélico.

En su homilía, Juan Pablo II historió la trayectoria del Arzobispado de Lima y dijo que en sus albores fue un foco central para la evangelización del continente. Dijo que durante los siglos XVI y XVII el Arzobispado limeño se extendía por el norte hasta Nicaragua y por el sur hasta Chile y el Río de La Plata.

Nombró a Santo Toribio de Mogrovejo, segundo Arzobispo de Lima y dijo que en esa época en el Perú se efectuó un “admirable esfuerzo misionero, que aún hoy causa asombro porque se pudo superar tantas dificultades, echándose raíces que maduraron en frutos escogidos: Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y Juan Masías”.

También habló del sacerdocio y dirigiéndose a los 47 diáconos que ordenó en la Misa, les dijo que habían sido llamados a servir al pueblo de Dios. Finalmente se dirigió a la jerarquía eclesiástica y a los sacerdotes y religiosas presentes para expresarles: “Vosotros sois la Iglesia de Dios, la sangre de Cristo”.



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Agregado en el 2008 a la crónica de la Misa papal que redacté para el diario Hoy, para mi libro "Crónicas religiosas", Lima 2009: Antes de la Misa de la Familia, en el Hipódromo de Monterrico, la Pelousse, que es el área circundada por la pista de carrera, la transnacional Acrow levantó un gigantesco escenario de varias plataformas, frente a la tribuna de socios, decorado excepcionalmente para la ocasión.

El carro del periódico Hoy pasó todos los controles sin ningún problema, mientras un mar de gente caminaba, cuadras de cuadras. Nos sorprendimos que el automóvil pudiera dejarnos detrás del estrado. En el lugar no habían personas y un par de oficiales de la Guardia Civil nos llevaron a una especie de altillo sin techo, lugar para la prensa, ubicado frente a la tribuna de primera.

Los fieles cantaban, una tras otra canciones religiosas, pero los altoparlantes repitieron varias veces, “esperemos a Juan Pablo II cantando la canción que más le gusta”, siempre se me ocurría que era Amigo que le compuso Roberto Carlos. Lo único claro de la letra que nos llegaba era: “Señor me has mirado a los ojos”, no la conocíamos, pero era bastante pegajosa, ya después supe su nombre: “Pescador de Hombres”. Los fotógrafos no tardaron en bajarse del altillo aduciendo que no podían realizar su trabajo, requerían de movimiento, pronto nos quedamos muy pocos.

Llegó el momento en que los altoparlantes anunciaron la presencia papal. La gente de las enormes tribunas de Monterrico y de los estrados que se levantaron para la ocasión, estallaron en júbilo. El desorden de las exclamaciones llegaron al altillo donde estaba, no tardaron en escucharse las letras del Himno Nacional entremezclados con himnos maria­nos. Cuando la multitud se cansó, un silencio envolvió a todos.

Pasó un momento de tiempo indeterminado, hasta que se pudo notar al papamóvil, que lucía bastante pequeño, era tan solo un puntito blanco. Por primera vez, se pudo ver que a lo largo de la pista de carrera, que en su lado derecho tiene unos 1,200 metros, una multitud compacta agitaba los brazos, muchos con pañuelos blancos.

Todo el escenario, todos los jardines estaban llenos de gente, la multitud llegaba hasta al pie del estrado, salvo un terreno en frente suyo. El estimado aceptado en la época fue de dos millones de personas, pero en todo caso, se consideró que era hasta ese momento el mayor número de fieles que había congregado el Sumo Pontífice.

Con la llegada de Juan Pablo II ya no hubo control sobre el movimiento de la prensa, pude bajar del altillo encaminándome de a pocos hacia el escenario papal. Noté que en la Pelousse, frente al gran estrado, estaba congregada una multitud de invitados de a píe, controlados por la policía para que mantuvieran la distancia, esta era el área libre que se formó.

La seguridad del Vaticano, unos gringos de dos metros, como se les llamó en la época tenían la custodia del contorno inmediato y más cercano al Papa. En cada esquina del estrado había uno apostado, mientras otros estaban en movimiento, al igual que una docena de religiosas y de sacerdotes.

Conforme se desarrollaba el ceremonial, cada vez estaba más cerca del estrado, hasta que uno de esos gringos de dos metros, a cierta distancia se me puso al frente, como no dijo nada, seguí apuntando lo principal del acto, hasta que otros dos, de su mismo cuerpo de seguridad del Vaticano se le acercaron y le hicieron un gesto que veían que llevaba la credencial colgando del cuello. A esos tres no los volví a ver, así que pronto llegué hasta el pie del centro del escenario, tocándolo con la mano cada vez que podía. Era la meta. La perspectiva me permitía al momento de levantar la cabeza y enfocar la mirada hacia arriba tener al frente, el altar y el Papa. A partir de ese momento la multitud desapareció.

Juan Pablo II cada vez que podía, dirigía la mirada, de un lado a otro, se le veía consciente de la gente que lo veía, cuando algo llamaba su atención, detenía la mirada, para comprender que era lo que pasaba. Su rostro era muy serio, imperturbable, la expresión la tenía en los ojos, finalmente me pareció un ser humano. Hasta ese momento solamente me impresionó, la devoción y la bondad, cuando estaba en el altar, oficiando la Misa, nada lo distraía.

El inicio de la Consagración produjo un silencio absoluto. Llegó el instante en que levantó la Hostia. Su rostro adquirió una luz y una belleza mística que otorgó el esplendor al momento sagrado. El Vicario presentaba a Cristo, el Sumo Pontífice nos enseñaba a nuestro Dios. En ese escenario solamente existía Juan Pablo II cuando alzó la hostia y después el cáliz, su figura estaba envuelta en una luz y recién me percaté que se había tocado la Marcha de Banderas cuando callaron los instrumentos.

Poco antes de la Consagración, dos religiosas y un sacerdote se me pusieron al costado, seguramente por el respeto a este momento de la Misa, no me pidieron que me retirara. Cuando acabó la Consagración noté que habían llorado y que estaban tan emocionados que no podían hablar. Ya era el momento de irme pero sucedió que pude hablarles. Les dije que nos encontrábamos viviendo un momento precioso, que estaba orgulloso de la religión que me enseñaron mis padres y que podía comprender ahora el sentimiento que le producía a mi abuela paterna, Rosa Barcelli de Fort, cuando adoraba el Santísimo.

Todo esto los llevó a considerarme amigo de toda la vida, me incorporaron a su grupo. Al final me permitieron ver al Papa cuando abordaba su automóvil que lo llevó de regreso a la Nunciatura y consiguieron que el carro de Hoy saliera del Hipódromo antes que las personalidades invitadas. Ellos habían participado en la decoración del escenario y tenían pleno conocimiento de la logística que envolvió el acto religioso. Creo que ellos trabajaban para la Secretaría de Estado del Vaticano.


271. Papa San Juan Pablo II, primera visita al Perú, homenaje del Estado Peruano realizado el 1 de febrero de 1985 en Palacio de Gobierno, crónica que me publicó el diario Hoy



El Estado Peruano rindió homenaje al Papa Juan Pablo II en el Palacio de Gobierno, a través de los miembros que conforman los poderes públicos y las fuerzas armadas, encabezados por el Presidente Fernando Belaunde, a las cuatro horas y media de haber pisado tierra peruana.

El Salón de la Paz fue el escenario en que se efectuó el ceremonial más imponente que se haya realizado en la casa de gobierno y que congregó a los políticos más connotados del país, quienes hicieron un alto a sus diferencias ideológicas para saludar al Vicario de Cristo.

El Jefe de Estado y el Sumo Pontífice, guía espiritual de la gran mayoría del pueblo peruano, hicieron uso de la palabra y mientras el primero habló a nombre de la Nación Peruana y de su pueblo, el Papa agradeció a las autoridades políticas por el afecto y el cariño que le estaban demostrando.

Unas quinientas personas congregadas alrededor de la mesa de honor, que tuvo al centro al sucesor de Pedro y que estuvo integrada por el Presidente Belaunde y el Primado de la Iglesia Peruana, cardenal Landázuri, fueron los participantes del acto.

Los concurrentes se pusieron de pie y prorrumpieron en aplausos, así saludaron, cuando a las 10:40 de la noche, Juan Pablo II ingresó al Salón de la Paz. El Papa agradecía la simpatía que recibía levantando ligeramente el brazo.

Todos esperaron que el Sumo Pontífice tomara asiento y en ese momento se dio inicio a la ceremonia, luego de un impactante silencio en que la personalidad y el semblante sereno del Papa relucieron entre los presentes.

De acuerdo al protocolo, el Presidente Belaunde hizo uso de la palabra para manifestar que las autoridades del estado de derecho “se han dado cita para rendir homenaje al Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, cuyas huellas han orado nuestro pueblo”, precisó.

Siete minutos duró el discurso presidencial en el que resaltó la decisión papal de visitar las ciudades más importantes de las diversas regiones que componen el país, para llevar el mensaje de Cristo a todo el Perú.

Belaunde hizo una pequeña reseña de cada una de las ciudades que el Papa visitará. La concisa presentación de cada una de las regiones patrias, se unió a una severa crítica al terrorismo cuando se refirió a Ayacucho.

De la zona convulsionada por la subversión dijo que es una inocente víctima de la crueldad y la insania, “que espera su bendición y plegaria, a la que uniremos la nuestra”, para agregar que la calidad de incansable peregrino del Papa despierta la mayor admiración.

Recordando a los antiguos peruanos, dijo que uno de sus legados, la fortaleza de Sacsayhuamán, se convertirá en el más grandioso estrado que se levante en el país para escuchar al Papa, dejando su origen de guerra para convertirse en escenario de paz.

Finalmente en su condición de gobernante católico que le da la bienvenida a nombre del pueblo de su patria, dijo: “Me inclino con fervor y esperanza al Vicario de Cristo para esperar su bendición “.

HABLA EL PAPA.- A las diez y cincuenta de la noche el Papa se dirigió a todas las autoridades gubernamentales y sus primeras palabras fueron para agradecer la invitación que había recibido para visitar al Perú.

“Quiero expresar respeto para todos los presentes, quiero asegurar a todos que la Iglesia siempre se preocupa de la suerte de las naciones, del bien de cada una de ellas, especialmente de una nación como la vuestra que está ligada a la fe católica por su tradición”, sostuvo.

Juan Pablo II, sin un discurso escrito, improvisando como si el castellano fuera su lengua materna y denotando un domino completo sobre el mismo, retribuyó las palabras del Jefe de Estado, cautivando a su auditorio.

Calificó su presencia en Palacio como la de una “alborada de mi presencia en Perú” y agregó que en la casa de gobierno se habían reunido las comunidades que representan al Perú y por las responsabilidades que tienen sobre “la suerte de vuestra patria y el bien común del Perú”.

Previamente, Be­launde le había expresado: “Nos damos cita en el Salón de la Paz para expresarle al Santo Padre que los hombres dedicados al servicio de la nación, hemos abandonado banderas políticas y discrepancias para homenajear a Dios y a su personero, para unirnos en un abrazo de reafirmación de fe y esperanza”.

El Papa en su breve discurso dijo que entendía el significado de la bendición en los pueblos latinoamericanos y que al hacer lo propio con las autoridades peruanas lo hacía con el mayor de los gustos. Con la bendición del Papa, la ceremonia concluyó. Luego, el Presidente pidió a Juan Pablo II que lo acompañara a su residencia privada donde sostuvieron una audiencia a puerta cerrada por espacio de quince minutos.

CON LOS CANDIDATOS.- Antes de la ceremonia, Juan Pablo II ingresó a la casa de gobierno a las diez y treinta en punto. El Presidente, acompañado de los oficiales de su casa militar, salió al encuentro del Papa y lo esperó en la reja de entrada de la puerta principal de Palacio.

Efectuados los honores militares correspondientes y el saludo al emblema nacional, Belaunde, el Papa y el cardenal Landázuri, seguidos de la comitiva papal que es presidida por el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Agostino Cassarolli.

Inmediatamente después de ingresar al interior de Palacio, la señora Violeta Correa de Belaúnde, vestida de negro y llevando mantilla, presentó su saludo al sucesor de Pedro, realizando una genuflexión y besando el anillo pontificio.

Luego, el Papa y el gobernante se dirigieron al Salón Dorado, en donde Belaúnde presentó a sus ministros al Papa y después a los candidatos presidenciales, quienes saludaron al Pontífice.

Alan García, el candidato del Partido Aprista Peruano, fue el primero en saludar al Vicario de Cristo, brevemente intercambia­ron algunas frases. Después hicieron lo mismo otros siete candidatos, quienes en gesto de humildad como todos los presentes besaron el anillo papal.

Saludaron al Sumo Pontífice el candidato de Izquierda Unida, Alfonso Ba­rrantes; el de Convergencia Democrática, Luis Bedoya Reyes; Javier Alva de Acción Popular; Francisco Morales Bermúdez, del Frente de Unidad Nacional. También estuvieron presentes Roger Cáceres, Miguel Campos y Peter Uculmana (no besó el anillo por ser mormón).

Culminado el acto, Belaúnde y el Papa dialogaron por unos minutos para pasar a renglón seguido al Hall de Palacio en donde el Presidente presento a su familia entre quienes se encontraban sus nietos y sobrinos.

Juan Pablo II se retiró de Palacio a las once y quince de la noche por la puerta principal de la residencia. Previamente en los interiores de la misma recibió el saludo a lo largo de los enormes pasillos que la componen de centenares de personas que fueron especialmente invitadas. Los efectivos de seguridad tuvieron que hacer gala de sus recursos porque la gente pugnaba por tocar y besar al Papa.

El Presidente obsequió a nombre de la Nación una estatua de plata maciza de San Martín de Porras, de 80 centímetros de alto, sobre una base también de plata de diez centímetros. Esta es obra del escultor lambayecano Miguel Baca Rosi y cuyo modelo ha sido un conocido periodista nacional.


270. Monseñor Enrique Alvear Urrutia, el obispo de los pobres de Chile


El Papa Francisco lo primero que hizo en Chile ha sido visitar la tumba del Monseñor Enrique Alvear Urrutia, el hombre que amó a Cristo y creyó que es el Dios de la vida, que fue un sacerdote que no le tuvo miedo a quienes desaparecían a sus prójimos para matarlos, que tuvo a los pobres como opción de vida y que convirtió a los familiares de los perseguidos en su propia familia. Alguna vez lo escupieron a monseñor Alvear pero no lo asesinaron, hasta lo detuvieron y lo soltaron en medio de burlas, pero no lo tocaron.

En los años setenta monseñor Alvear ya era un símbolo de la lucha por el respeto a la vida y a los derechos del hombre. se le señalaba como un ser admirado y admirable, generaba respeto, su palabra era increíble porque poseía una forma tan especial de hablar de nuestro Dios y sabía enlazar lo divino con el respeto y el amor entre los hombres, que los seres humanos deben profesarse unos a otros.

Él era el hombre de Dios, en muchos momentos de su patria, pero lo fue sin duda ninguna cuando enfrentó y resolvió el caso de los restos humanos calcinados encontrados en Lonquen, que históricamente se conocen como los Hornos de Lonquen, detenidos desaparecidos del Golpe Militar de 1973.

El general Augusto Pinochet y su dictadura militar, no lo tocaron a Monseñor Alvear en 1978 cuando enfrentó los Hornos de Lonquen. La verdad es el sacerdote que en vida fue un sencillo ser humano pero que su obra lo convirtió en vida en un hombre de talla mundial.

La Iglesia Católica de Chile tuvo en la Vicaría de la Solidaridad del cardenal Raul Silva Henríquez, entonces Arzobispo de Santiago, un trabajo excepcional por los derechos humanos en los tiempos de la dictadura y en religiosos como don Enrique Alvear Urrutia seres humanos ejemplares que pasaron haciendo el bien.

Es posible que Alvear sea santo, como creen que lo es en su tierra, él era un hombre que miraba rápido, muy educado, muy culto, sabía perfectamente el escenario en el que se desenvolvía, por lo que no tenías que irle con rodeos a la hora de hablarle, como que ya sabía que ibas a decirle.

Estuvo en Lima para ver el trabajo de la Comisión Episcopal de Ayuda Social A Refugiados Chilenos, que presidió monseñor Ricardo Durand Flórez en 1973, con quien colaboré en su despacho, y así pude conocer y tratar al gran monseñor Alvear, quien vestía de civil, usaba terno, me sorprendió cuando me invitó a su Misa, que oficiaba en las mañanas, no sabía que era sacerdote. Regresó un par de veces a Lima.

La comisión presidida por monseñor Durand atendió humanitariamente a más de tres mil ciudadanas y ciudadanos chilenos que cruzaron la frontera con lo puesto para salvar la vida por el golpe militar del general Augusto Pinochet, que acabó con la democracia en Chile.

Al padre Alvear quien era profesor de Teología le pereció agradable que en esa época estudiara Derecho en la Católica, él en Santiago cuando fue joven también estudió Derecho en la Católica de su país, le gustaba que le comentara la metodología de estudio, una vez lo llevé a Pando.

Para ser un importante prelado, monseñor Alvear fue Obispo auxiliar de Santiago, aunque se le conocía también como Obispo de Talca, era muy sencillo y cercano en su forma de ser y de tratar a los demás, generalmente los canónigos mantienen en su trato una distancia diferencial con los demás, no era el caso del padre Alvear, de las mejores personas con las que uno puede haber conocido en esta vida.

Monseñor Enrique Alvear Urrutia nació el 29 de enero de 1916 en Cauquenes de Maule, se ordenó sacerdote el 19 de setiembre de 1941, en 1961 fue nombrado Vicario General de Santiago, en 1963 fue consagrado obispo, ejerció como Obispo auxiliar de Talca (1963-1965), Obispo de San Felipe (1965-1974) y finalmente fue Obispo auxiliar de Santiago (1974-1982) y falleció en Santiago el 29 de abril de 1982.

Este es un fragmento de una preciosa homilía de monseñor Alvear que es muy bueno leerlo: Hermanos: Esta reunión, tan hermosa, nos muestra que realmente está Jesucristo caminando con nosotros. Jesucristo está en la Iglesia. Jesucristo vive en la Iglesia. ¿Y qué es lo que dice Cristo a la Iglesia? ‘Iglesia mía, quiero que Tú muestres mi rostro, que muestres Mi preocupación por el Hombre’. Y ésta es la Iglesia aquí reunida. ¡Jesucristo está con nosotros! Él viene a decirnos: ‘No estés triste, yo camino contigo; yo caminé la Cruz contigo primero, para poder decirte: yo conozco lo que es la Cruz; yo conozco lo que es la soledad; yo conozco lo que es llamar y no ser escuchado por nadie; yo conozco lo que tú no conoces, cuando yo en la Cruz tuve que decirle a mi Padre del cielo: ‘Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Nadie ha experimentado la soledad que yo experimenté para comprenderlos a ustedes; para poder caminar siempre con ustedes’”.

A monseñor Alvear se le presenta como el Obispo de los pobres por haber sido su opción de vida sacerdotal y es el Santo Padre que este lunes 15 de enero de 2017, nos trae el recuerdo de un hombre excepcional y lo pone en el primer plano mundial.