lunes, 22 de mayo de 2017

207. Padre Armando Nieto Velez, sacerdote, historiador, teólogo y educador jesuita

 


La Solemne Misa de Honras Fúnebres del padre Armando Nieto Vélez S.J., en la Iglesia Nuestra Señora de Fátima en Miraflores.

A Iglesia llena, la Misa fue presidida por el Prepósito General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa Abascal SJ, y concelebrada por 74 sacerdotes, mayoritariamente jesuitas, pero también participaron miembros de otras congregaciones religiosas.



El padre Nieto falleció el lunes a los 85 años de edad, fue un excepcional ser humano, un hombre bueno, de los más buenos que han nacido y caminado en el Perú, un verdadero sacerdote de Dios, quien en su trato con sus prójimos mostraba siempre comprensión, sabía escuchar y proponer una respuesta a su semejante, si ese era el caso.

Y que pena cuando un amigo se va, nadie reemplaza a nadie, y vi que amigos míos del pasado, son sus amigos, fue una situación que me gustó mucho y me dio mucho ánimo.

No es usual encontrar a personas en esta vida con la calidad del espíritu de este hombre al servicio de nuestro Dios y es por eso que estaba de a verdad al servicio de cada uno de nosotros que tuvimos la suerte de conocerlo, de conversar con él, de exponerle lo que se pensaba, así nos escuchó y así que pudimos escucharlo, nutriéndonos de su espiritualidad y del respeto por todos los seres humanos que tuvo en el ejercicio de su sacerdocio

La enorme trayectoria de su vida, estuvo presente en su velatorio, y en su Misa de cuerpo presente, por la cantidad de religiosas y religiosos que han ido a despedirlo, a testimoniarle la gratitud por sus enseñanzas y que duda cabe, los influyó en su formación y en la vida religiosa de cada uno.
Hombre para sencillo, nada existió en él que demostrara su influencia en otros seres humanos. En él, la virtud era en ser la tranquilidad personificada, conmigo siempre se mostró sereno, no es fácil hablar conmigo, y como se dice, no tengo filtro, cuando estoy participando en una charla, de absoluta confianza, como siempre fueron las que tuve con este sacerdote jesuita, por eso no guardé jamás, ningún tipo de secreto sobre el tema del que nos tocó hablar. Me escuchaba y opinaba.

El padre Nieto, un intelectual del primer nivel y su vida está señalada en la de haber sido maestro en la Facultad de Teología de Lima, y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, convirtiéndose en un catedrático por excelencia, respetado, apreciado y querido, por quienes hemos sido alumnos suyos en el aula.

En reconocimiento a su nivel académico, del más alto de nuestro tiempo, en vida fue director del Instituto Riva Aguero de la Universidad Católica y presidió la Academia Nacional de Historia.

Sin embargo, en él primaba su vida sacerdotal que ejerció en Fátima, su confesionario era el primero a la izquierda, oficiaba desde hace muchos años, la primera Misa de la mañana, a las siete. Una vez le dije: "Padre que te levantas con los gallos". Respondió: "No hombre, que dices, tengo que dictar clase a las ocho". En los velatorios de Fátima, que están frente al parque, era quien daba la última bendición a los difuntos del día. Le encantaba oficiar matrimonios, en especial los de sus alumnas y alumnos, y por sobre todo bautizar a sus hijos. En vida fue director espiritual de muchas asociaciones católicas. Tenía tiempo para todo, un hombre de Fe.

La Misa de esta tarde de las solemnes honras fúnebres del padre Nieto, ha sido muy emotiva, demasiado bonita, es la Misa de un hombre que realizó y desarrolló todas sus actividades durante 85 años y que a mi me pareciò como la de un hombre lúcido cada segundo en el que vivió.

La homilía o sermón fue la reseña de su vida, a cargo del sacerdote e historiador jesuita, Juan Dejo Bendezú, quien realizó una excepcional caracterización del padre Nieto presentándolo en su condición de ser humano, con el sentimiento de preocupación por su país, por sus compatriotas, en su posición de gran historiador.

Entre los sacerdotes concelebrantes, estuvo monseñor Luis Bambarén Gastelumendi SJ, expresidente de la Conferencia Episcopal Peruana y Obispo emérito de Chimbote, los sacerdotes jesuitas, Juan Carlos Morantes, Carlos Cardó Franco, Adolfo Franco, Edwin Vásquez, Fernando Roca, Emilio Martínez, José Ignacio Mantecón, entre otros sacerdotes, incluso de otras congregaciones, entre los que estuvieron el padre Jaime Beartel Gómez y el padre Gonzalo Len.
En la Misa estuvieron presentes el rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Dr. Marcial Rubio Correa, y la Vicerectora Pepi Patrón, la presidenta de la Academia Nacional de Historia, Dra Margarita Guerra Martiniere, el presidente del Circulo de Estudios Históricos Militares, Gral Herrmann Hamann Carrillo, y el director del Instituto Riva Agüero, Dr. José de la Puente, entre otras personalidades asistentes.

Con el sacerdote jesuita.

Muy emotivo fue el ingreso del féretro conteniendo los restos mortales del padre Armando Nieto a la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, hizo que todos los asistentes prorrumpieran de inmediato en aplausos, que se prolongaron hasta que fue colocado frente al altar. Ovación por una vida fructífera y de servicio.

La Misa fue cantada, recuerdo el Agnus Dei en el momento de la Comunión, que me pareció precioso y Salve Regina, cantado en latín por muchos de los presentes, inmediatamente después que el sacerdote dijo: "Podeis ir en paz" y respondimos: "Demos gracias a Dios", en exceso emotiva.
Pensaba en el padre Nieto, tan ajeno a este tipo de reconocimientos, y que sería lo que podría decir frente a lo sucedido. No se me ocurrió nunca preguntarle, sobre que tipo de reconocimiento le gustaría tener post mortem y en verdad que grandeza espontanea de quienes aprecian su vida y su obra, de hacer que su Misa se inicie con aplausos y acabe igualmente con aplausos.

La procesión fúnebre estuvo conformada por 74 sacerdotes, un hecho que no es usual para un religioso en nuestro país, sobre todo para quien no perteneció a la jerarquía eclesiástica, demostrando que en el clero nacional ha quedado demostrado que dejó una enorme huella que va a perdurar.
Cuando el féretro fue introducido a la carroza fúnebre, todos los sacerdotes presentes, en verdad un montón, espontáneamente, lo ovacionaron. Un hecho, que es de lo mejor, demasiado hermoso, que tus propios pares honren tu vida.

Los restos del padre Nieto han sido cremados y han sido colocados en el Columbario de Fátima, en el lugar reservado a los jesuitas.

Esta tarde vi a muchos amigos, con algunos nos saludamos, conversamos y con otros nos vimos de lejos. Es la parte social que es inevitable, pero en mi caso, como se decía antes, estaba absolutamente "chuncho" y es que cuando un amigo se va, te llenas de pena, pero es una maravilla ver la legión de amigos que tuvo en esta vida y la verdad es que un amigo siempre escoge a su amigo, que honor estar entre todos ellos.



I. Padre Armando Nieto Velez SJ, sacerdote e historiador jesuita, quien ha fallecido a los 85 años, el lunes al mediodía, era en vida un hombre que cuando hablabas con él desprendía únicamente bondad, entonces como que te olvidabas que era tan ser humano como uno, a mí me daba confianza absoluta, nunca me presenté ante este hombre de Dios para hablarle, contarle o pedirle algo, todo fue siempre espontaneo, sin ningún tipo de preparación.

La primera vez que vi al padre Nieto fue en la dirección del diario La Prensa, había el concurrido con el Dr. Denegri, en condición de miembros de la Comisión del Sesquicentenario de la Independencia. Había gestionado la reunión, el jesuita Manuel Mosquera Martin, editorialista del periódico.

El objetivo era comprometer al dueño y director de ese gran diario, don Pedro Beltrán, a quien llamaba tío de cariño, en el trabajo monumental que se hizo, con la publicación de toda la documentación existente.

Después volví a ver al padre Nieto, en la casa del jesuita, Harold Grifith Escardó, quien daba charlas a los alumnos de quinto de media del Colegio Santa María. Se sorprendió al comprobar que todavía era escolar.

Al padre Nieto en enero pasado le pedí permiso, si se llegaba el caso, a mencionarlo y me dijo: "Es parte de mi vida". Y es que tanto él como el padre Grifith tuvieron influencia en quienes participamos en la fundación del Sodalicio de Vida Cristiana y entre quienes se les llama la generación fundadora, por quienes guardaba el mayor aprecio, me habló uno por uno de ellos. Yo le dije: "Hace muchos años que no los veo".

En ese tiempo, de los años setenta, tuve una conversación fundamental con el padre Nieto, en la casa del padre Grifith.

Recuerdo que por un buen tiempo iba a su Misa en Fátima a las siete de la mañana. Me parece que con el paso del tiempo la olvidó o consideró que no era oportuno traerlo al presente, al igual que una segunda conversación en un retiro, no sé si en Chosica o en Cieneguilla, en que me definí definitivamente por Dalma.

Hace unos cinco años le dije que había tenido con él dos conversaciones en el pasado, los jesuitas siempre te escuchan pero a veces no consideran oportuno darte una respuesta de inmediato, ellos saben cuál es el momento adecuado.

Si no hubiera vuelto a ver en esta vida al padre Nieto, mi aprecio y mi respeto habría sido invariable, pero no podría llamarlo mi amigo, ya que él en este tiempo me ha presentado a otras personas como su amigo, cuando de casualidad nos hemos encontrado.

El padre Nieto en vida fue un extraordinario ser humano, maestro de historia de muchos historiadores y alumnos de la Pontificia Universidad Católica del Perú, entre quienes estuve, y en lo personal, mi amigo.

En enero pasado conversamos, un buen rato, caminando en San Isidro, es la última vez que lo vi, lo sorprendente para mi es que quería verme, tenía necesidad de hablar conmigo, estaba absolutamente lúcido, se mostraba en exceso dominante, algo que lo atribuí a sus 85 años de edad, de pronto comprendí que la conversación se había convertido en fundamental para mí, y el sacerdote cuando vio que había logrado su objetivo, me señaló que estaba un poco cansado, y tomó un taxi a Fátima. La despedida fue tan rápida que dije que iba a ir a su Misa diaria de las siete de la mañana. No fui. Es verdad quería volver a hablar con el padre, no encontraba motivo.

Y es que esa conversación, entre dos amigos, fue absolutamente buena y necesaria para mí. El padre Nieto ha sido muy generoso siempre en sus comentarios para conmigo, no es fácil encontrar gente que hable bien de uno, tengo además lindas cartas de felicitación de cada uno de mis cinco libros .Gracias padre Nieto por ofrecerme tu amistad y ahora que estás con nuestro Dios, no te olvides de bendecirnos como siempre.

Cuando un amigo se va, es un momento muy triste, qué duda cabe.

El 24 de octubre de 2011, cuando cumplió 80 años de edad el padre Nieto, escribí sobre el lo siguiente:

El presidente de la Academia Nacional de Historia, R.P. Armando Nieto Vélez S.J., es un sacerdote, un maestro, un amigo, quien está en el absoluto servicio al prójimo a través de su amor a Cristo, el centro de su vida.

Es sacerdote de la Compañía de Jesús, quien es maestro de nuestra historia, la del Perú.
Es limeño de nacimiento, fue estudiante de los jesuitas en el Colegio La Inmaculada y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, de la que ahora, es uno de sus más ilustres miembros, dirigió el Instituto Riva Agüero.



Recuerdo del padre Armando, en condición de testigo, su brillante y extraordinaria homilía en el Te Deum del 28 de julio de 1992, por Fiestas Patrias, que pronunció en la catedral de Lima, cuando por medidas de seguridad extrema la Plaza de Armas, estaba totalmente resguarda por tropas militares y el entonces Presidente de la República, por temor al terrorismo, no fue.

La Homilía de la Paz, así se conoce a la que pronunció el padre Nieto, en medio de la gran oleada terrorista lanzada en julio de ese año en Lima, por la organización terrorista, Sendero Luminoso, que consistió en ataques indiscriminados en contra de la población civil.

El padre Nieto, clamó por la paz a nuestro Dios, condenó a Sendero Luminoso y a su aliado el narcotráfico. La catedral, rodeada por soldados preparados para la guerra, estaba prácticamente vacía.
Solamente asistió el gabinete ministerial representando al gobernante, la más alta jerarquía eclesiástica, encabezada por el Arzobispo Primado Augusto Vargas Alzamora y el cardenal Landázuri, ya jubilado. También varias decenas de periodistas, entre los que estuve. Nadie estaba autorizado para caminar en el centro de la capital peruana.

La voz de esperanza del padre Nieto, llegó a todo el país, en un momento en que el Perú no salía de su asombro por la destrucción de la calle Tarata en Miraflores, por un coche bomba, cargado de dinamita y de anfo (nitrato de amonio), de los terroristas de Sendero Luminoso, cuyo jefe fue apresado en setiembre de ese año y con ello el terrorismo acabó en el Perú. Demoró un año de negociaciones, hasta que se formuló el famoso pedido de paz, que nadie ya se acuerda.

Tuve la oportunidad de estar en el aula del padre Armando, él como maestro y yo junto a un centenar de alumnos, cuando dictó el curso Metodología de la Investigación, en Letras de la Católica, en el primer semestre de 1972.

Armando, como amigo es excepcional, he tenido el privilegio de tener dos conversaciones con él, te permite hablar y hablar y va dirigiendo la conversación, sin que te percates mucho, hasta que finalmente concluye, no te diste cuenta, pero te acaba de dictar una clase magistral, en la tú fuiste escogiendo los temas y para todo tiene una idea en la que desborda su sabiduría. Todos los días oficia Misa a las siete de la mañana en Fátima, en Miraflores.

El Perú en verdad que enorme se muestra cuando en su tierra nace seres humanos de bien como el padre Armando Nieto Vélez S.J.

II. Anuncio de fallecimiento


Falleció este lunes, el sacerdote jesuita Armando Nieto Vélez, un hombre de Dios, un extraordinario ser humano, maestro de historia de muchos historiadores y alumnos de la Pontificia Universidad Católica del Perú, entre quienes estuve, y en lo personal, mi amigo.

En enero pasado conversamos, un buen rato, caminando en San Isidro, hasta que se cansó y tomó su taxi a Fátima. Le dije que iba a ir a su Misa diaria de las siete de la mañana, de todas maneras, no fui.
Y es que esa conversación, entre dos amigos, fue absolutamente buena y necesaria para mi.

Gracias padre Nieto por ofrecerme tu amistad y ahora que estás con nuestro Dios, no te olvides de bendecirnos como siempre. Cuando un amigo se va, es un momento muy triste, qué duda cabe.




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