lunes, 22 de mayo de 2017

206. Padre Rubén Vargas Ugarte, sacerdote jesuita, historiador, educador, maestro y autoridad universitaria, rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú




El padre Rubén Vargas Ugarte SJ, (Lima 22 de octubre de 1886 - Lima 7 de febrero de 1975) pertenece a la élite de las personalidades de la cultura nacional que han formado la peruanidad con su vida y obra, que en su caso al mantenerse vigente por su obra, persiste en seguirla desarrollando.
Entre los diferentes libros que escribió y publicó, es monumental su Historia General del Perú, fue director de la Biblioteca Nacional (1956 -1962), y está señalado de gran historiador de nuestra historia, de la Compañía de Jesús y de la Iglesia Católica, que cumplió en la enseñanza universitaria desde 1931 en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en 1935 fue elegido decano de Letras, en 1937 fundó el Instituto de Investigaciones Históricas, y fue su Rector de 1947 a 1953, a raíz del fallecimiento del fundador, el padre Jorge Dintilhac SSCC.

En la PUCP, el padre rector Vargas Ugarte tuvo a monseñor Ricardo Durand Flórez SJ, como uno de sus principales colaboradores, quien precisamente fue quien me presentó al padre Vargas Ugarte a fines de 1972 o en el verano de 1973 a petición mía porque quería estudiar historia, algo que no concreté.

Había conocido a monseñor en el último día de un campamento juvenil en la Cruz Blanca en Ancón, que fundó y dirigía, hacia fines de 1972, organizado por antiguos alumnos suyos en el Colegio La Inmaculada. Monseñor se dio cuenta que no tenía nada religioso y me escogió para conversar entre un grupo de los asistentes y cuando le dije que no había definido entre Derecho e Historia, me dijo que tenía que conversar con el padre Rubén Vargas Ugarte SJ, a quien me presentó al día siguiente, convirtiéndose en una persona que influyó en mi vida.



Así fue que conocí al padre Vargas Ugarte y pude tratarlo en su despacho, comprendiendo que en su persona, el sacerdote primaba absolutamente sobre el historiador e imponía respeto desde el saque, lo vi como un venerable anciano, un maestro de todos los maestros, que podía calzar en algún personaje o haber sido descrito por el novelista alemán Herman Hesse, que estaba en esa época de moda en mi generación.

Para mí el padre Vargas Ugarte representaba al sacerdote que después de toda una vida de entrega a nuestro Señor transmitía su sabiduría con una tranquilidad a quien tenía frente a él, me parecía que podíamos encajar como personajes secundarios de la novela de Hesse, Narciso y Goldmundo, situada en una abadía medieval.

El padre Vargas Ugarte era delgado, miraba de frente, no por encima de sus anteojos, en exceso muy serio, aunque siempre lograba hacerlo reír. Lo miraba con absoluta curiosidad, era todo un personaje, me parece que para él me convertía por momentos en un elemento perturbador, porque dejaba de hacer lo que estaba haciendo para clavarme la mirada y yo me hacía que no me daba cuenta de nada, que no era conmigo.

Recuerdo al padre Vargas Ugarte, sentado en su escritorio leyendo libros entre libros muy bien ordenados. A veces entraban otros sacerdotes, a quienes esperaba, me presentaba, gustaba decir que mis abuelos habían sido alumnos de los jesuitas, pero que ni papá y yo no lo habíamos sido, pero que "estaba en nuestra universidad" (Católica) y eso ya era algo bueno para mi vida.

Hablaba de su papá el historiador Nemesio Vargas con una admiración absoluta, era su modelo de historiador y de ser humano, en varias sesiones de conversación que tuvimos me hizo leer en voz alta, delante suyo, pasaje de la Historia del Perú de su padre que es de tiempos republicanos, que está integrada exactamente igual a su Historia General del Perú, de diez tomos. Siempre tengo como libro de consulta a Vargas padre e hijo.

Historiador Nemesio Vargas Valdivieso, padre del historiador Vargas Ugarte.

El padre Vargas Ugarte no comentaba, nada de lo que le leía, ni quería escuchar mi opinión, me hablaba en cambio a cada momento de monseñor Francisco Javier de Luna Pizarro, y así me hizo conocer con admiración al primer presidente del Congreso Constituyente que fundó la República, al día siguiente que dejó el país, el Libertador San Martín, y que unos 22 años después de una fructífera trayectoria política, se retiró para ser Arzobispo de Lima, no aceptando el cargo de Presidente del Consejo de Estado que le correspondía y tampoco lo asumió cuando se le nombró en un momento de absoluta anarquía.

Me hizo leer finalmente después de varias sesiones en voz alta, tres o cuatro discursos, que podían ser homilías o sermones de Misa, de Luna Pizarro y de pronto me examinaba sin previo aviso, era muy severo en sus preguntas y repreguntas, opinaba de lo que le respondía, pero quedó muy contento conmigo, según me dijo monseñor Durand, en esa época. Monseñor tenía un enorme aprecio por el padre Vargas Ugarte y cuando lo visitaba al final de su vida a la Casa de los Jesuitas en Fátima, siempre le comentaba una cita que sacaba de algún libro del padre Vargas Ugarte y se le iluminaban los ojos al escuchar su nombre. Al historiador jesuita ya después de esta etapa lo visitaba con el jesuita, padre Manuel Mosquera Martin, quien fue editorialista del diario La Prensa. Una vez tuvimos una reunión con quien fue el continuador de su obra, y enorme historiador, el padre Armando Nieto Vélez SJ, para que recibiera a un pequeño grupo de amigos míos que tenían vocación religiosa, la reunión fue muy bonita, culminó con una Misa. Es la única vez que lo vi verdaderamente muy contento.

El padre Vargas Ugarte, a quien traté con el mayor respeto, de padre y de a usted, y siempre quedaba a la espera de lo que íbamos a conversar, ya que él marcaba la agenda, todo dependió de sus tiempos y de su ánimo, porque también me podía mandar a leer en silencio. Me enseñó a hacer fichas de investigación bibliográfica, a saber encontrar o ubicar libros en los catálogos de la biblioteca, pero siempre me insistió con energía, tenía su carácter, aunque era un hombre muy tranquilo y de buen corazón, que si optaba por estudiar y leer la historia del Perú, en los tiempos republicanos, tenía que seguir las posiciones políticas de monseñor Luna Pizarro y después del mariscal Ramón Castilla, los demás políticos no le gustaban para nada, con las excepciones de quienes fueron sus aliados o seguidores.

Una vez me di cuenta que el historiador Nemesio Vargas, no señalaba las fuentes de su enorme información, pero no me atreví a tocar el tema con el padre Vargas Ugarte. Me acuerdo que cuando falleció se convirtió en todo un acontecimiento noticioso. En esa época trabajaba en La Crónica, dirigida por Guillermo Thorndike, los fotógrafos, que eran mis amigos, me llevaron a estar en la primera fila del entierro, aunque estaba aturdido por la pena de que nunca más pudiera volver a hablar con él, no es fácil encontrar personas de su talla y que te traten igual a como el padre Vargas Ugarte lo hizo conmigo.

Me parece que antes la gente rendía culto a la inteligencia y a los hombres de la mayor cultura, tanto en vida como en el momento de su fallecimiento, que era el tiempo exacto para el reconocimiento de su obra.

El padre Rubén Vargas Ugarte SJ, fue un autor prolífico, su obra más popular y conocida es su Historia de la Procesión del Señor de los Milagros.

Entre las numerosas obras del historiador Rubén Vargas Ugarte S.J. está su trabajo sobre el mariscal Ramón Castilla.

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