lunes, 22 de mayo de 2017

202. José "Pepe" Yactayo Padilla, periodista peruano, editor de televisión, víctima de odios incomprensibles



Este artículo es para Pepe, pensando en la Pasión de Nuestro Señor, escrito en este jueves santo del 2017.

Todos sabemos que lo han matado a Pepe Yactayo y que su cuerpo lo descuartizaron, lo quemaron, y lo fueron dejando por varias partes en zonas rurales, pero a cada momento de todos los días quienes dicen quererlo y que lo hablan señalando de genio de la edición televisiva, lo siguen matando sin piedad ante nuestros ojos.

Me había prometido a mí mismo, no tocar este tema, el de Pepe, que me llena de pena hasta emocionarme. Ahora estoy en este intento de publicarle algo, porque es un periodista, que de verdad nunca dejó de serlo ni pensar como periodista.

Y me duele en el alma que los periodistas de televisión, entre quienes circuló siempre porque ese fue su campo profesional de desarrollo, se interesan en hacer noticia y no encontrar la verdad, confundiéndonos a todos.

Me encuentro que con la excepción de las periodistas Milagros Leyva, Rossana Cueva y otros muy pocos, que lo presentan con el mayor cariño, en cambio la mayoría lo tratan como si fuera el peor enemigo, destruyendo sin piedad su imagen ante todos quienes los vemos por TV. No hay otro camino, no cambio de canal, apago el televisor.

Acaso es posible que en el gremio hemos perdido el sentimiento que se tiene que tener frente a un colega cuando su familia, en especial su madre transita por un verdadero vía crucis.

A Pepe lo recuerdo como el ser humano de la eterna sonrisa en el rostro, que te palmeaba el brazo y podía decirte:"¡Que fue de tu vida! ¿en qué ermita te escondes?" podían ser mil años que no lo veías y que sencillo para acercársete, conversar, intercambiar ideas. Tenía eso de demostrarte que lo que le decías, era importante ser escuchado. Así era él de gentil.

Pepe fue de esas pocas personas que lo tenías frente a frente, te traía un aire fresco, renovador, no te cargaba jamás con negatividad y era como se decía antes buena gente y de a verdad un ser apreciable y apreciado.

Escribo estas línea entre la noche del Miércoles Santo y la madrugada del Jueves Santo, y a pesar de todo lo que se dice de Pepe, quienes dicen ser sus amados colegas, son precisamente ellos, quienes traen la peor oscuridad sobre su vida, que está ya cumplida, a pesar que eso genera interpretaciones mucho más absurdas, de espontáneos en el tema, que me llegan al facebook, cuando para mí en este momento lo acercan a la pasión y muerte de Cristo, nuestro Señor.

Conocí a Pepe de una de las formas más tradicionales que tienen los periodistas para hacerse amigos del momento, es decir los tratas solamente en la cancha de trabajo, cuando estás de comisión periodística en la calle, en una rueda de prensa, en Palacio de Gobierno, en el Palacio Legislativo, en la sede del Jurado Nacional de Elecciones, o en esa época, también en alguna audiencia judicial, casi siempre de juzgamiento de segunda instancia de terroristas, y era noticia de primera plana, si lanzaban amenazas.

No tengo duda que en todos estos lugares de nuestra ciudad, me he encontrado con Pepe, es como se dice entre periodistas, que nosotros hemos caminado todas las calles de Lima.
Entonces lo que me une con Pepe para siempre no es el haber sido compañeros del mismo centro laboral, porque nunca lo fuimos, ni tampoco haber realizado la misma vida social o pertenecer a un grupo amical determinado.

En el ejercicio diario del periodismo se da una forma de amistad que es válida para el momento y también para siempre, en el que estás trabajando tus noticias de tu jornada de trabajo, tienes que caminar con una o varias personas.

Pepe poseía la virtud de ser light en todo, era perseverante, calmado pero de pronto, como si se le subieran mil hormigas, se llenaba de una agilidad, que ponía todo en movimiento, pero por sobre todo nunca dejaba de ser sonriente, lo recuerdo ahorita como un muchacho que desprendía de si, alegría. Muy diferente a mi forma de ser, absolutamente serio e intratable, cuando estoy trabajando, y que no permito que se me saque de la concentración, en cambio Pepe es de esos amigos en los que puedes confiar, que te permite distraerte, tomar las cosas con calma, porque sabes que él está trabajando y llegado el momento se cumple con la tarea del día.

Pepe Yactayo tenía su carácter y se molestaba y reclamaba, algo normal en periodistas que están trabajando, pero en él, me sorprendía en exceso.

Sin embargo, la mayor virtud de Pepe Yactayo es que era un muchacho honrado y correcto, en todo. Por ejemplo si nos tocaba encontrarnos en el Congreso, como ambos éramos informales, nos sentábamos por cualquier lado, en la primera escalera que veíamos, hasta que decidíamos la puerta de que diputado o senador íbamos a tocar para que nos de información que nos salvara el día. Él sabía que nunca acepté un sánguche o una Coca Cola, o un almuerzo, es decir nada de nada de un parlamentario. Y esa se convirtió su regla que pactó conmigo, al igual que otros muy pocos amigos de la época. En Palacio de Gobierno que he tenido por temporadas como fuente fija, cuando aparecía nos sentábamos a charlar de lo que sea, a la espera que saliera un ministro a declarar y es que era muy ameno, a veces cuando los sillones estaban ocupados, nos sentábamos en las gradas de la puerta que dan al Patio de Honor.

Recuerdo a Pepe como un muchacho absolutamente normal y de lo mejor que había en ese momento en el gremio, no sé si en algún momento, en la empresa que trabajaba, no puedo recordar si era un diario o un canal de TV, en que de pronto me contó, como una queja, que lo estaban fastidiando, y de frente le corté la conversación para decirle que encarara a ese sujeto, y que le preguntara si quería con él. Entonces entre los dos quedó implícito sin hablarlo jamás al detalle sobre la opción de vida, que había decidido desarrollar, sin ocultarlo a nadie.

Un día se despidió, ya no volvería a salir a la calle a buscar noticias, se iba a dedicar a la edición de contenidos de TV o algo así y ya va ser muy al azar cada vez que nos hemos encontrado en lo sucesivo y tal vez en este siglo no nos hemos visto, pero no podría afirmarlo contundentemente.
En los años noventa, una vez discrepé ideológicamente de su trabajo, pero sin ofenderlo, aunque no debe haberle gustado, porque se me alejó de inmediato.

El y su trabajo era brillante y mi crítica se centró en que estaba al servicio de intereses que no eran los mejores para el país y en el Canal 4 trabajaba directamente con gente que a mi no me gustaba, cuando en esa televisora trabajaba también muy buenas personas, un gran amigo mío entre ellos.

A mí me demostró, entonces Pepe Yactayo que fue de esas personas que no guardaba nada en su alma en contra de sus prójimos, a pesar de lo que pueda haberle dicho, tal vez en la casa de la publicista Ana Gibson, esposa del periodista Homero Zambrano, ya que cuando lo volví a encontrar, en esa misma casa o en otro lugar, era conmigo el mismo pata de siempre, a sabiendas que podía seguirlo fregando, en cualquier segundo, sobre su trabajo.

Para mi Pepe Yactayo, ha sido un pata de la puta madre, en demasía, pero sin gana alguna tengo que cumplir con la obligación de exclamar que es una tragedia lo que le ha pasado y lo que le sigue pasando a su imagen.

Lo terrible es que él amaba y admiraba todo lo bello, lo que es bueno y magnífico para todo ser humano, que en verdad no es lo que le ha sucedido al final de su vida. Me escarapela pensar en lo que ha sufrido en sus últimos momentos.

La experiencia periodística me indica que la escena de su crimen está montada para dejar establecido, para siempre, que Pepe era gay, y que no quede nunca duda de ello.

Yo me pregunto ¿Alguien que apreció a Pepe en esta vida le importó que fuera o no fuera gay? NO para nada. La única verdad es que Pepe fue un ser que se desarrolló siempre, sin cansancio alguno, como un ser humano y de a verdad que lo hizo delante de todos sus prójimos, entre quienes me encuentro.

Carece de importancia la reiteración televisiva que en la escena del crimen corrió en abundancia la droga y el licor, eso es simplemente para seguir desacreditando la moral de la víctima, ante la opinión pública, con la tesis: "maricón, borracho y drogadicto, frente a ello, el muchacho mata después de ser pervertido por dinero".

Lo concreto es que el presunto asesino, niega haberlo asesinado, solamente lo descuartizó.
Este muchachito, que parece tener mucho menos de la edad señalada en 27 años, es frágil y tímido, y que sin que se precise, se nos presenta por la TV como un trabajador sexual o prostituto o flete o taxiboy, no se le ve para nada capacitado para descuartizar a la víctima en el propio departamento en el que vive y que es de propiedad de su presunta pareja, y me es imposible imaginarlo repartiendo, los restos quemados.

Sin que las cosas cuadren y resulten creíbles, por el momento se puede decir que es un crimen espantoso que atrapa a la opinión pública, en el que más allá de ser un asesinato de connotaciones gay puede ser un asesinato por venganza por un trabajo periodístico del pasado, en el Canal 4 de los años noventa se hicieron reportajes muy complejos.

Presento lo siguiente, no como una posibilidad, sino que recuerdo haberle dicho a Pepe que "Eso no se hace" en relación a un informe periodístico sobre "el matacabros", que quedó en nada, no prosiguió y fue violentamente fuerte en su denuncia.

A un asesino o varios asesinos de gays se le bautizó periodísticamente como "el matacabros" en los años ochenta y noventa en el siglo pasado y en programa de Nicolás Luccar, de los tiempos de la familia Crousillat, Pepe dirigió o editó un reportaje, señalando a dos miembros del ejército, con nombres y apellidos, proporcionados, por dos personas, quienes pudieron salvar la vida y finalmente no fueron descuartizadas. Según la información de la época estos "matacabros", cuyas fotos se presentaron, vivían en el Cuartel de Chorrillos, contactaban a sus víctimas en los Baños Turcos Pardo de Miraflores, socializaban con ellos y de pronto los descuartizan vivos. Lo recuerdo perfectamente porque le llamé la atención, en periodismo, primero prima la prudencia y si entras a algo muy grande, tienes que saber hasta dónde llegas y el momento que te detienes, en caso contrario pasas de largo. Existen hechos que no deben ser tratados periodísticamente jamás, son muy peligrosos. Este es un ejemplo que el tema se dejó para siempre y sin conclusión.

Reitero que esto lo señalo, porque Pepe no era un profesional temeroso, iba de frente, no tenía miedo, y trabajaba nomás.

Por decir, a mucho orgullo para él, debe tener un montón de salvajadas. Periodista que no las tiene, no es periodista.

Nuca he tratado a Pepe en su vida privada, es cierto que era reservado, como cualquiera pueda serlo. Siempre tuvo fama de ser un hombre tranquilo.

Lo único válido es que estamos frente a la vida de un ser humano que fue un hombre de trabajo y un brillante profesional, que está siempre reconocido por eso.

Cada persona tiene la libertad de desarrollar su vida como quiera realizarla, sin perjudicar a nadie y que se sepa, Pepe Yactayo jamás perjudicó a un ser humano y eso es lo valioso que tenemos que rescatar, siempre.

A mí no me interesa, la vida sexual de Pepe, me parece absurdo que se le quiera enrostrar lo más mínimo para que su muerte tenga algún tipo de justificación, olvidándose que es víctima que requiere de justicia inmediata. Nada nunca justificara o podrá justificar un asesinato.

En esta madrugada de Jueves Santo de acuerdo a mis convicciones, Pepe es ya espíritu y está en las manos de la misericordia de nuestro Dios, que sabemos tiene en cuenta todos los sufrimientos de la víctima de este crimen que nos tiene consternados, muertos de pena, y nuestros pensamientos llenos de dolor, no tengan duda, también le llegan, confiemos siempre en El.


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