lunes, 22 de mayo de 2017

201. Raúl Fernández Menacho, periodista peruano


Raúl Fernández fue un tipo formidable y buena gente como nadie, lleno de vida y del mejor ánimo que lo convirtió en el colega ideal para caminar todas las calles de la ciudad y tocar la puerta que te dará la noticia del día, y se nos acaba de morir este jueves 5 de enero de 2017, sin previo aviso.
La noticia llega o cae ahora de improvisto, como una nota de facebook de otro amigo, que tampoco puede salir de la pena y del asombro que lo embarga. Todo es tan rápido que no da tiempo para respirar.

Raúl fue amiguero y popular, pertenece a ese grupo de seres humanos que deberían abundar en esta tierra, porque después de darte efusivamente el saludo de bienvenida y de llevarte obligadamente a que le cuentes como estás y todo lo que sabes de lo que está pasando, él al mismo tiempo no cesaba de hablar, porque de a verdad disfrutaba de la amistad, de todo lo que hacía.

Podías conversar con Raulito, en el lugar que sea, siempre te dejaba bien, con el mejor ánimo, hablaras lo que hablaras, porque era buena gente, de lo mejor, de a verdad que te hacía sentir que era amigo y últimamente le encantaba contar que estaba enamorado, a su edad, era increíble lo feliz que era y como ya no era chiquillo lo he fastidiado sin cansancio.

Raúl replicaba con esa sonrisa que llenaba toda su cara: "Si estoy feliz, el amor se me sale por los ojos, que quieres que te diga, soy feliz".

Pensaré que mi amigo, el gordo Raúl, se despidió de mi la última vez que nos encontramos de casualidad en la esquina de Comandante Espinar y Angamos, un día que no se cuando fue del año pasado, recién estamos en los primeros días de enero. No fue entonces hace mucho.

Hablamos media hora con Raulinho, él estaba esperando la llamada de su chica, no podía ir a ningún sitio para sentarse a conversar, pero está excelentemente bien que dos periodistas que han caminado por toda la ciudad se encuentren por última vez en la calle.

Periodista que no es callejero no es periodista, diría el gordo Raúl, riéndose a carcajadas y logrando que todos se rían, porque ese es el periodista que conocí y que nos hicimos amigos desde la primera comisión periodística que nos tocó realizar en medio de un montón de periodistas.

Entonces es normal que dos periodistas de siempre conversen al paso, en plena calle, en medio de la bulla de microbuses, de sus pasajeros, cobradores, choferes y de gente que sube y baja, que no sé porque miércoles, quieren interrumpirte para preguntarte algo que de ninguna manera sabes la respuesta y es que no comprenden que dos amigos de más de 34 años de amistad, que aunque no lo saben que se están despidiendo para siempre, no tienen más tiempo que hablar de lo que sea, pero que por sobre todo quieren escucharse.

Así se presenta la vida a veces.

No sé si a Raulito lo conocí en Palacio de Gobierno o en el Congreso, pero si me acuerdo que de todas maneras, cuando nos encontrábamos en el Jurado Nacional de Elecciones, subíamos al segundo piso para pedir a su entonces presidente, el Dr. Domingo García Rada, que nos atendiera unos minutos. Así nomás no tienes la oportunidad siempre que los sabios te reciban en su despacho.

No sé por qué en esa última conversación con el gordo Raúl hablamos del Dr. García Rada y de sus famosos hijos los García Belaunde. De allí pasamos a hablar de sus tiempos en que Raúl fue director de El Trome, el diario popular de mayor tiraje y venta del país, pero él quería repetir y repetir que estaba enamorado y en eso su chica lo llamó por teléfono, se acabó la conversación y no lo volví a ver más.

A Raúl Fernández lo recordaré siempre como el periodista, que fue mi colega de cientos de momentos periodísticos, a pesar que nunca trabajamos en la misma redacción, pero coincidíamos en el mismo lugar y es mi amigo, que siempre abría los brazos para saludarme, cuando me veía y así lo visualizo ahorita para señalar que en esta vida fue un profesional de primera línea, honesto y correcto. Gordo de a verdad que se te va a extrañar.

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