lunes, 22 de mayo de 2017

193. Alexander Solzhenitzyn, Premio Nobel de Literatura 1970




Escritor ruso de la verdad, de la justicia, del derecho a pensar, del vivir en libertad y transitar, del cumplimiento de los derechos humanos, convirtiéndose en uno de los más grandes luchadores en contra del comunismo, escribiendo y publicando sus acciones inhumanas, junto con la corrupción que lo envolvió. Solzhenitzyn triunfó. Pero antes, fue detenido y expulsado de su patria el 12 de febrero de 1974, y por eso escribí cuatro artículos ese mes, llenos de vitalidad, de una fuerza enorme, frontales, tenía 21 años. Los publicó La Prensa, tres en editorial, con mi seudónimo Felipe San Diego, en mi columna "...del cristal con el que se mira, y el otro en mi página Periscopio del Dominical, con mi seudónimo César Martín.

Solzhenitzyn (1919 -2008) fue detenido y expulsado de la Unión Soviética, nombre de Rusia, durante su época comunista. Los jerarcas soviéticos no se atrevieron a mandarlo a un campo de concentración, a un manicomio, a torturarlo, a matarlo, era el mayor enemigo que tenían y lo deportaron a Alemania y él se asiló en Estados Unidos. El novelista, regresó 20 años después a Moscú, para establecerse definitivamente en Rusia después del derrumbe del comunismo y así fue que pudo fallecer en su país a los 89 años de edad, en el 2008.

El maestro de la literatura rusa contemporánea, cuando fue prisionero en el Gulag.

I


Otro Triunfo De La Barbarie, artículo publicado el lunes 25 de febrero 1974, en mi columna "...del cristal con que se mira", firmado con mi seudónimo Felipe San Diego.
"Por la causa de la verdad y de la justicia, por creer que los hombres tienen derecho a pensar y a distinguirse de las máquinas, otro hombre vivirá desterrado; sin patria, sin pueblo, sin Nación, sin identidad.

Importa menos que sea un Premio Nobel de literatura, que sus libros alcancen difusión universal, que le haya comparado con Dostoyevski, el nombre máximo de las letras rusas; que cinco de las más grandes naciones del planeta, le ofrezcan su nacionalidad. Importa poco que se llame Alexander Isáyevitch Solzhenitzyn.

Lo que en verdad importa son la infamia y la vergüenza. Infamia que recae en un Estado despótico que dice representar al pueblo y gobernar para el pueblo, Vergüenza que de alguna inevitable manera, pasa sobre todos los hombres del planeta, de cualquier lado de sus murallas.
Estamos llegando al final de un siglo que orgullosamente mostramos como el vértice de la ciencia, la tecnología y el progreso. Hemos puesto nuestras huellas en la luna y dominamos el átomo. Pero a cada paso retornamos a las cavernas de la historia, como si fuese un atavismo invencible. Podemos crear órbitas celestes, pero no podemos aprender a respetar los más elementales derechos del hombre. Podemos trasplantar corazones que bombean sangre, pero nos empeñamos a paralizar los cerebros capaces de pensar, discernir, objetar o denunciar.

Solzhenitzyn es un hombre que ama a su pueblo. Lo ha probado en su larga lucha en favor del pueblo soviético (ruso). A la muerte de Stalin, después de haber estado ocho años en campos de concentración, su verdad fue reconocida y aceptada: fue rehabilitado. El pueblo soviético (ruso) podía creer en él.

Hoy también en nombre del pueblo, los gobernantes (dirigentes) del Kremlin, lo declaran "traidor", lo expulsan de Rusia y le niegan la nacionalidad.

¿Cuál ha sido el crimen esta vez? ¿En qué consiste la traición del escritor? ¿Qué nefando crimen se castiga privándolo de la patria?

Ningún tribunal, ninguna autoridad soviética es capaz de explicarlo o justificarlos.

En ocasiones como esta, es inevitable recordar uno de los grandes sarcasmos de nuestra época: aquel famoso documento llamado Declaración Universal de los Derechos Humanos, que acaba de cumplir sus primeros 45 años de existencia (vigencia) sobre el papel. Admitido, firmado, convertido en Ley, por todos los países que integran las Naciones Unidas, fue la esperanza de establecer un código universal de justicia y, por lo menos, de un nivel mínimo de civilización (respeto) entre los seres humanos. Pretendió ser, si se quiere, un límite preciso a la barbarie.

El destierro del escritor exsoviético, muestra hasta qué punto hemos fracasado en materia de Derechos Humanos. Una de las dos naciones tutelares de nuestro siglo, cuyo imperativo ideológico económico y político abarca más de un tercio del planeta, nos ofrece una fulminante lección de absoluto desprecio por el primero y más elemental de los derechos de todo hombre; el derecho a su patria y a su pueblo. Una vez más la barbarie ha triunfado.

Los tiranos no suelen medir en términos de dignidad o de vergüenza, sino en módulos (términos) de conveniencia política. Sus triunfos son provisionales y no comprometen el juicio de la Historia. Lo sabe Solzhenitzyn cuando escribe estas palabras, días antes de su destierro, que su esposa entregó a los periodistas occidentales:

".....Solo por la fuerza se me podrá obligar a cumplir cualquier condena. Después de haber sido arrestado y de haber sacrificado ocho de mis mejores años de mi vida en trabajos forzados al Estado, contrayendo además un cáncer, no estoy dispuesto a trabajar ni media hora más para mis opresores. Solo les dejo la sencilla posibilidad de cubrirse de vergüenza ante la opinión pública: poner rápidamente fin a mi vida por escribir la verdad sobre la historia rusa".


En su despacho.


II

Solzhenitzyn artículo publicado el 15 de febrero de 1971, el 12 había sido arrestado y deportado el Premio Nobel, el artículo se escribió antes de esta fecha y se publicó tres días después, en la página editorial de La prensa en mi columna "....del color con el que se mira" y firmada con mi seudónimo Felipe San Diego.

"Supongo que el lector ya conoce estas frases que han dado varias veces la vuelta al mundo en pocas semanas, despertando admiración por quien las ha dicho y temor por las consecuencias eminentes. Vale la pena repetirlas:

"En nuestro país, la mentira no es solo una categoría moral, sino un pilar del Estado. Al romper con las mentira estamos realizando un acto moral, un acto político, ni algo que pueda ser castigado por la ley penal....Todos deben decidirse a dejar de cooperar con la mentira donde la encuentren, donde les obliguen a hablar, escribir, citar o firmar, o simplemente votar o inclusive leer....".

Como se sabe, esto fue parte de lo que dijo Alexander Solzhenitzyn, a un grupo de Corresponsales extranjeros en Moscú a propósito de la aparición de la aparición en París del ya famoso "Archipiélago de Gulag", considerado por muchos críticos como el suceso editorial del año. Hasta el momento la temida represión -proceso, destierro o encarcelamiento, en alguna de las islas del Archipiélago no ha recaído sobre el Premio Nobel Soviético. Según parece, la presión de la opinión pública occidental es tan fuerte que las autoridades soviéticas no se atreven a mostrarse implacables con el escritor y su denuncia.

¿Qué sabe el ciudadano soviético sobre el dramático caso? Nada o muy poco. El único libro de Solzhenitzyn publicado y autorizado en la URSS es su novela "Un día en la vida de Iván Denissovich" (1962) que contó con el beneplácito del Kruschev. Los estudiantes y maestros universitarios, intelectuales y lectores comunes, solo conocen la verdad oficial, que lo califica de continuo como traidor. Libelista, hombre vil y odioso individuo. Los organismos culturales del Estado y del Partido (en especial la sociedad Znaniye) se ocupan de propagar una imagen detestable del" traidor".

En una reciente conferencia, un grupo de universitarios e intelectuales tuvo oportunidad de dialogar con los oradores. Los diálogos, aunque prudentes, demostraban el desconcierto del ciudadano que no se explican cómo, si los cargos son tan graves no se procesa al "traidor". Las revistas europeas reproducen el diálogo:

- ¿Quién es ese Solzhenitzyn?

- El hijo de un terrateniente de Rostov.

-¿Qué es lo que ha hecho y dónde está ahora?

-Ha escrito un libro vil, que ha sido condenado por la prensa comunista extranjera e inclusive por representantes objetivos de la clase burguesa de otros países.

¿Qué se piensa hacer con él?

-Hay gente que ha pedido que se le aísle completamente y que no se le de pan soviético ni pan del extranjero.

¿Qué mérito literario tiene su libro?

-Ninguno. Es aburrido y está mal escrito. Aunque alguna gente en Rusia y algunos sionistas de fuera, dicen que es un nuevo Dostoievsky.

¿Porque no se le procesa?

En último caso, pensamos que se cumplirá del pueblo.

Se sabe que una emisora de Alemania Federal está transmitiendo directamente, los capítulos del Archipiélago. Pero el propio autor ha declarado que las autoridades soviéticas interfieren las emisiones y piensa que muy poca gente en la Unión Soviética podría conocer su obra. Mientras tanto en los círculos intelectuales de Moscú circula un chiste:

"En el siglo XXI un niño pregunta a su padre "Papa ¿Quien fue Leonid Breshnev? El padre rascándose la cabeza responde al niño: "Me parece que fue un político de los tiempos de Solzhenitsyn."

Exiliado.


III

Hay libertad de Elegir: Manicomio, Cárcel o Exilio, publicado el 17 de febrero de 1974, en el Dominical de La Prensa, en mi página Periscopio, firmada con mi seudónimo César Martín.
"Tiene que provocar angustia en todo hombre libre, la suerte del escritor soviético, la suerte del escritor soviético (ruso), Alexander Solzhenitsyn, ganador del Premio de Literatura, quien acaba de ser detenido y desterrado por la policía de su patria.

Los despachos cablegráficos destacan la singular rudeza con que actuaron los agentes policiales durante la detención. El escritor fue maltratado y su esposa Natalya y su suegra, no fueron tratadas con mayor consideración.

Resulta difícil predecir, hasta donde intenta llegar el gobierno soviético con el caso Solzhenitzyn. En días pasados, la esposa del escritor se negó a recibir una citación de la Fiscalía del Estado. Y el propio literato desafió una segunda orden de comparecencia ante el Fiscal "que estudia su situación".
Solzhenitzyn junto con el científico Andrei Sakharov y la novelista Lydia Chukovskaya, parecen haberse convertido en el símbolo más decidido de la oposición contra el régimen policial imperante en la Unión Soviética.

"No soy siervo, ni esclavo" y "ni aún los máximos jefes tienen el derecho de propiedad sobre o mi familia" había dicho gallardamente hace bien poco el laureado escritor. Y ahora último, exhortó solemnemente a la juventud de su país a negarse a cooperar con la mentira", que es, según recalcó, "pilar del estado" en la URSS.

La hostilidad oficial contra Sozhenitzyn arreció últimamente a raíz de la publicación en Occidente de su libro, el Archipiélago de Gulag, en el que denuncia las atrocidades cometidas en los campamentos de trabajo soviéticos, durante el régimen staliniano.

Desde el hombre que ha sabido mantener una vigorosa y permanente actitud de desafío a las autoridades de su patria tuvo que soportar una virulenta campaña de desprestigio a través de todos los medios de difusión.

El mundo libre apoya al laureado escritor. No está solo en su batalla contra la prepotencia de un régimen que rehúsa tercamente reconocer la vigencia de los derechos humanos.

Camino al exilio en Colonia, Alemania.



IV

La Fogata y la Hormiga, publicada el 21 de febrero de 1974, en la página editorial de La Prensa, en mi columna: "....del cristal con el que se mira." y firmada con mi seudónimo Felipe San Diego.
"Mientras toda la prensa de Europa occidental muestra su indignación por el atropello cometido con Alexander Solzhenitzyn, las izquierdas han enmudecido, los partidos comunistas no intentan responder y prefieren un decoroso silencio. ¿Qué justificación podían encontrar?

Por su parte Alexander Kozyguin, Primer Ministro soviético, no pudo evitar la interpelación de los corresponsales extranjeros acreditados en Moscú. Como se sabe respondió a las agencias informativas escandinavas: "La verdad es que el caso Solzhenitzyn no me interesa. Tengo muchas otras cosas en que pensar....". Sin duda, entre otras cosas, tendrá que pensar como mantener lo más activo posible el Archipiélago Gulag.

En algunos sectores de occidente se afirma que al fin y al cabo, la suerte de Solzhenitzyn ha sido la mejor de todas, se reunirá con su familia, recibirá importantes sumas de dinero como derechos de autor por libros ya publicados y por los que se editen en el futuro, cobrará el importe del Premio Nobel que no le fue entregado, etc., etc. Pero el problema a mi juicio es completamente distinto. ¿Se proponía acaso ser un escritor de éxito en occidente, contratos con editoriales y percibir grandes sumas como derechos? ¿Ansiaba convertirse en novelista Millonarios? Todas las oportunidades que tuvo las dejó pasar...

No resisto aquí la tentación de reproducir aquí uno de los "Cuentos en Miniatura", publicados por Emecé Editores, Buenos Aires, 1969, traducción directa de la edición alemana, titulado "La Fogata y Las Hormigas". Pienso que encontraremos en este breve y bello relato la clave de los actuales sentimientos del escritor expatriado.

'"Tiré al fuego un pequeño tronco podrido sin haber visto que por dentro estaba densamente poblado de hormigas. El tronco empezó a crepitar. De él salieron en masa las hormigas y empezaron a correr desesperadamente, Corrían por arriba y se contraían quemándose en las llamas. Tomé el tronco y lo hice roda hacia un lado. Entonces muchas Hormigas que consiguieron salvarse corrían a la arena sobre las agujas del pino. Pero cosa extraña: no se apartaban de la fogata. Habiendo apenas sobrellevado su horror, ya daban la vuelta, rondaban y una fuerza irresistible, las atraía hacia atrás, hacia la Patria abandonada. Hubo muchas entre ellas que subieron corriendo por el tronquito en llamas y, agitándose sobre él, perecieron allí mismo (Alejandro Solzhenitzyn, Cuentos en Miniatura).

Escrito hace diez años y publicado por primera vez hace ocho años, el pequeño relato parece una premonición. ¿Adivinaba entonces el Premio Nobel que un día sería expulsado de su patria por la violencia y el furor desatado por su testimonio?

A diferencia de las obstinadas hormigas que volvían al hogar para morir, es probable que Solzhenitzyn no pueda regresar jamás a la Unión Soviética: los años que le quedan de vida se consumirán en la tristeza del bárbaro e injusto castigo en la melancólica añoranza de su pueblo y de su patria."

(La Unión Soviética se derrumbó y cayó el comunismo soviético y volvió el país de Solzhenitzyn a llamarse Rusia. Y el Premio Nobel regresó en 1994 a los 75 años de edad, residiendo desde entonces en Moscú en los próximos 14 años, hasta que falleció en 2008, a los 89 años de edad, con el absoluto reconocimiento y admiración de su pueblo).

El presidente de Rusia Dmitri  Medvédev coloca flores en su tumba.

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