lunes, 22 de mayo de 2017

187. Montecarlo: Hagan Juego, Señores


Montecarlo es mi artículo de otros tiempos de los casinos, que han cambiado, ahora todo se está filmando, pero la tradición es la misma, este artículo se publicó el 1 de julio de 1973, en el suplemento dominical del diario La Prensa, firmado con mi seudónimo César Martín.

"El juego en Montecarlo siempre ha sido la pasión desenfrenada de hombres y de mujeres de toda condición social y económica, a quienes la ilusión del enriquecimiento por el azar, los han llevado hasta el principado de Mónaco en el Mediterráneo en busca de fortuna.

Montecarlo tiene la palma, entre los numerosos casinos que funcionan diariamente en las playas de moda de la Costa Azul, puesto que las hay en Cannes, Niza, Mentou, y también Corfú (Grecia) pero es Montecarlo donde acuden en mayor número los jugadores, desde hace más de un siglo, cuando Louis Blanc, acompañado de su hermano mellizo fundó el casino monegasco.

Desde entonces no ha cesado el desfile de personalidades de todo el mundo, en las salas de juego de Montecarlo.

Entre los jugadores célebres se conoce a Andrés Citroen, quien sus días de racha regalaba de propina automóviles a los empleados. Eran también muy conocidos Sacha Guitry (director de cine), el cirujano Voronoff, Lady Derby, uno de los tíos del zar de Rusia, la marajesa de Jaipur, Wallace Spencer, uno de los reyes del petróleo en Texas y el napolitano Polefranco, desconocido para los fisonomistas.

Todos los casinos sin excepción disponen de un enorme ejército de crupiers, de inspectores, de gorilas, y de fisonomistas que controlan a los jugadores y particularmente vigilan a los tramposos. Se recuerda que una vez fueron detenidos (en privado) en Montecarlo, tres tramposo de craps (pase inglés) los que habían sustituido los dados del casino, por unos dados cargados de plomo.

Este grupo había logrado amasar una fortuna trampeando en los casinos de Las Vegas, de Tanger, de Macao y de Bad kissigen (Alemania), pero se equivocaron al creer que en Montecarlo podrían desafiar a los fisonomistas, pues subestimaban los extraordinarios servicios técnicos del casino, por lo que apenas comenzaron a jugar con los dados cargados de plomo, fueron descubiertos y arrestados siendo entregados a las autoridades que los condenaron a varios años de prisión.

Célebre largometraje francés de Sacha Guitry, Le roman d´un tricheur (La historia de un tramposo), sobre la vida de los jugadores de casino.

Estos tres jugadores tramposos Jason Lee, Aris Shaker, Philip Aggio permitieron desmantelar a toda la banda de tahúres o tramposos internacionales, por lo que más tarde fueron indultados por "una decisión discreta" del príncipe Raniero III.

Sir Basil Sajaroff, el famoso millonario griego, amante toda la vida y efímero esposo de la duquesa de Marchena, que fumaba un cigarro tras otro, tuvo el capricho de alquilar todo un piso del Hotel Paría de Montecarlo o sea 30 habitaciones. Desde su ventana contemplaba al gentío que ingresaba al casino, pues Sajaroff se deleitaba viendo a los pasajeros de los hoteles y casinos, recordándole, tal vez que en su juventud fue mensajero de un hotel en Constantinopla, y que había nacido en el barrio griego de Muglia, punto de partida de su extraordinaria fortuna que amasó comerciando armas, trabajando por cuenta de Sir Hiram Maxim, inventor de la ametralladora.

Sajaroff (1849-1938) fue confidente de todos los ministros de guerra de su época, fue ennoblecido por el rey de Inglaterra y en Francia fue promovido a Gran oficial de la Legión de Honor, convirtiéndose poco después de la Primera Guerra Mundial en el primer accionista de la Societé des Bains de Mer (empresa que explota el casino de Mónaco). El comerciante de armas, reemplazó a Blanc, al poner a disposición del príncipe Luis, unos150 millones de francos oro, muy parecida a la alianza del príncipe Raniero con el naviero griego Onasis.

Sir Basil suprimió las numerosas pensiones que acordara el fundador Blanc a jugadores arruinados.
En 1873 un tal Leister se suicidó de un balazo en plena sala de juego ante la indiferencia de los jugadores. Poco tiempo después, Felix Koniels, un ruso, se suicidó disparándose un tiro en la sien ante la ruleta, Como si nada, los camilleros lo evacuaron y una dama ocupó el asiento, aún caliente, continuando con el juego.

Sala de Juego.

El más célebre crupier de los casinos, cuyo nombre fue conocido en el mundo entero, fue Dorival. Era el único hombre que a voluntad, daba el número que quería en la ruleta, era una especie de mago-brujo que ordenaba a la bola de marfil, el casillero donde debía detenerse. Dorival antes de ingresar a Montecarlo había sido crupier en Bélgica y en Francia.

A su iniciativa fue que se implantó en el casino de Bains de Mer la costumbre de nunca discutir con los jugadores cuando dos personas reclaman su apuesta en el mismo número, debiendo pagarse a las dos antes que dejar descontentos a los clientes, quienes a partir de esos momentos son mantenidos en estrecha vigilancia por los fisonomistas. Si uno de ellos intentase repetir sus trampas, entonces aparecen los invisibles inspectores que se reservan el derecho expulsión de cualquier jugador, sin darle explicaciones.

Dorival es el creador y fundador de los equipos de fisonomistas encargados de identificar a los jugadores y a cualquier persona que ingresa al casino. Sus cualidades le permiten identificar a los jugadores del casino, su recuerdo es hasta de 100,000 jugadores, con una posibilidad de error de 0.01 por ciento.

Por otra parte el arsenal de los tramposos se ha modernizado con la técnica. Es así que se logró en las partidas de baccarat del casino de Dawville, donde gracias a las ondas ultracortas, un cómplice colocado detrás del banquero daba, por radio las indicaciones del punto, pero el servicio técnico creado por Dorival, que ha previsto todos los ataques clásicos, los neutraliza, puesto que los archivos secretos de Montecarlo -únicos en el mundo- tienen previstos todos los métodos para forzar el azar.



De los 600 crupiers que laboran en Montecarlo, la mayoría son monagescos, pero también hay varios italianos, chinos, cubanos, argentinos, norteamericanos y un coreano, tal como relata Sacha Guitry en su novela y largometraje: "Romance de un Tramposo".

Los tramposos siempre han demostrado en el juego, poseer un gran talento e ingenio que en cualquier profesión los hubiera hecho célebres por su poder de reflexión.

Una vez llegó un desconocido al Casino de Montecarlo, que ofrecía diez mil dólares para sacar una fotocopia de la página de registro de entradas -en privado- del años 1953-1954.

La persona que buscaban era el senador John F. Kennedy candidato a la presidencia de los estados unidos. El interesado posiblemente le interesaba poseer una prueba contra el opositor de Nixon y frustrar su candidatura ante la Liga Femenina que combatía que el juego y el azar.

La tentativa de poseer una prueba de Kennedy fue realizada también en los casinos de Palm beach, de Cannes y de San remo, sin resultado. Sin embargo era sabido que los Kennedy, padre e hijo, habían frecuentado como muchos otros políticos, los casinos de la Costa Azul.



Muy distinto fue con Churchill quien antes de la guerra, pasó unas vacaciones en casa de unos amigos en Cap Ferrat. Una noche llegó al Casino, fumando su clásico puro y pidió una plaza en la mesa del "ferrocarril" y lo limpiaron. Fastidiado se bebió tres botellas de champagne y se fue a jugar a la ruleta, donde perdió todo lo que le quedaba en los bolsillos.

Al partir dijo a uno de los mensajeros: "Ya volveré a recuperar mi plata dentro de unos días....".A los tres días estallaba la Segunda Guerra Mundial y no se le vio a Churchill en más de quince años. Una noche de más o menos 1955, retornó a la Costa Azul y de nuevo volvió a jugar en la Costa Azul.

Churchill se sentó frente a una de las mesas, pidió una botella de champagne y comenzó a tallar frente a lady Docker y el coronel Dodge. En una hora había ganado dos millones de francos.
Levantándose y haciendo una V con los dedos se dirigió sonriente al bar de su hotel. Churchill volvió todavía algunas veces más al casino, pero entonces jugó moderadamente.

Entre los perdedores célebres figuran el inventor del décimo de la lotería, quien en una temporada perdió cien millones de francos. Otro notable jugador fue Badut Pachá, rico algodonero egipcio que perdió en una tarde cien mil francos que era el importe por día del mantenimiento de su yate con sus treinta marineros abordo.



El último rey de Egipto, Farouk fue también otro de los perdedores habituales, pero tenía la precaución de llevar millones de francos en su yate anclado en la rada. Cuando quería llamaba a su valet albanés para que le trajera dinero.

El napolitano Gaelo, encargado por los americanos de imprimir dólares, perdió más de 200 millones de francos, hasta quedar arruinado. También eran asiduos jugadores el Li Khan, Enrico Mantegna, quien perdió 75 millones y abandonó el casino dejando en el hotel a su mujer, sus valijas y sus notas sin pagar. Un petrolero venezolano también perdió millones en la ruleta.

En cambio un italiano colocó una vez el máximo de apuesta sobre un pleno, cobrando tres millones y medio y dejando 100 mil francos volvió a repetir y ganar.

Onasis el armador griego también ha visitado y paseado por el casino de Montecarlo pero atinadamente ha preferido comprar acciones de la Sovieté de Baines de Mer, de la que sigue siendo copartícipe.

En 1959 anunciaron que un inglés Tony Thompson había inventado una cajita registradora automática, para ganar en la ruleta. Era una especie de maquinita calculadora.

La televisión inglesa fletó un avión especial en honor del joven inventor, creyéndose que con su método se acabaría y moriría el juego de la ruleta pero debió retornar sin éxito, pues su maquinita fue bloqueada al ingresar al salón de juego y su inventor no pudo usarla.

La mesa del Baccarat del casino de Montecarlo fue inventada en 1924. Lograr ubicarse junto a ella es un verdadero triunfo.


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