martes, 7 de abril de 2015

82. Oscar Malpartida Green, deportista, campeón de remo y tabla hawaiana



El Viernes Santo de 1994, el famoso deportista Oscar Malpartida Green, se lanzó en paracaídas en Collique y no se abrió. El Chino poseía algo innato, eso que es propio o natural en las personas que las lleva a que sean absolutamente populares desde que son muy jóvenes.

En 1965 cuando cursaba el tercero de media en el Colegio Santa María ya era muy conocido en Lima. En la época final del colegio en San Isidro (me llevaba dos años) organizaba excursiones a la playa de Miraflores de piedras, entrabas al mar con zapatillas, del Ovalo Gutiérrez caminábamos de frente por Santa Cruz y bajabamos por la Asución, subíamos por Balta, a los curas que eran muchachos entre los veintitantos y los treintitantos años, les enseñó a entrar a nadar en mar abierto, ellos eran del medio oeste norteamercano, carecían de esa experiencia en el mar, son cowboys.

Un día casi todos los curas quisieron bañarse en la mar, entonces fuimos en el ómnibus del colegio. A Salvatore lo llevamos mar adentro, Rudy se quedó hasta donde tenía piso, junto con Ralph Newman y otros de los hermanos marianistas.

Cuando el colegio se mudó a Chacarilla, en el verano organizaba campeonatos de fulbito con Salvatore Ligamaro (quien que poco después colgó los hábitos) en los que participaban también los exalumnos, esto marcó un hito en su vida.

Llegó el momento de figurar en los periódicos por su participación en campeonatos de remo o tabla, que ganaba o perdía, generalmente se los robaban, el competía nomás, a veces le concedían como gran cosa el empate.

En 1967, en el verano del año que hizo el quinto de media, los socios del Club Waikiki lo convirtieron en el rey del Luau de ese año y para él fue lo más grande y sensacional que había vivido y me prometió llevarme para el del 68 y entrar conmigo al mar en su tabla, pero esa noche se nos convirtió en la peor pesadilla que nos tocó vivir.

El Club había prohibido el ingreso de un sujeto cincuentón, de origen extranjero, muy rico, por sus continuos escándalos por borracheras, él le atribuyó

la prohibición a Oscar, quien prácticamente se había ido a vivir al Club. La noche del Luau del 68, estaba en la playa con Alfredo, mi amigo de promoción del colegio quien estaba al cuidado del Catering y de los mayordomos de la comida de la gran cena que se sirvió. En verdad que era extraordinaria y probé todo lo que me gustaba. En eso apareció ese hombre acompañado de policías vestidos de civil, quiso entrar, pero su entrada estaba prohibida.

El rey de fines de los años 60 a principios de los años 80. 

No lo habían dejado entrar por la puerta principal, y tampoco por la puerta de la playa y montó en cólera, entonces el policía dijo que venía a detener a Oscar, no lo dejaron pasar. En eso me vio y con pistola en mano se apoderó de mi y de Alfredo. Mantuve la calma, hablaba y hablaba con los policías. Les decía que el Chino era menor de edad y que mi papà les iba hacer pagar caro todo lo que me estaban haciendo, algunos de ellos se fueron, pero quedaron un par muy reacios, que aceptaban todo lo que hacía ese hombre, que en verdad maltrataba a Alfredo, hasta le pegaba. En eso grite auxilio y me separé de ellos, en eso apareció gente de la playa, sobre todo parejas de gente muy joven.

El hombre, lo único que hizo fue disparar a matar, mató e hirió personas, yo seguía corriendo de retorno a la puerta del Club, pero todo no era más que segundos y en eso tropecé con Oscar, a propósito lo empujé con los brazos, caímos al suelo y solamente escuchábamos el sonido de las balas, mientras yo prometía a Dios nunca más entrar al mar, si nos salvábamos. El Chino decía promete tu por los dos, no prometo nada. En eso ese se suicidò y acabò todo.

No nos pasó nada, nunca más se realizó una fiesta del Luau, yo cumplí mi promesa y a pesar de eso y que ya no lo podía seguir, no se rompió nuestra amistad, todo lo contrario. Mi amigo Pedro Beltrán Ballén cuidó que no figuraran para nada nuestros nombres.

Y llegó el momento en que se hizo famoso, casi una estrella de los años setenta. Viajó por toda las costa peruana, no hubo playa en la que no se bañara y corriera su olas en su tabla, a veces se iba solo, a veces con Karim, con Fernando o conmigo, muchas veces los cuatro, lo acompañàbamos.
Recorrió todas las playas del mundo, no le gustó Sudafrica, ni Brasil, ni Hawai, amaba California, pero su habitat en el extranjero fue Australia, iba y venía. Encontró el paraíso de los tablistas:"KINA" o Queen A, o Queen Ana.

En todas partes participó en campeonatos y si ganaba no le gustaba nada màs en este esta vida que entrar al mar ya campeón con su tabla seguido de todos los competidores, y todos en el agua celebrándolo por ser el campeón.

Para él sin publicidad alguna hizo cometa, en lo inicios de los años ochenta. En los arenales, un carro, generalmente un jeep, lo jalaba y él metido en una enorme cometa volaba. Después hizo parapente y a los 41 años se animó a aprender a lanzarse en paracaídas.

Se casó con Susy, tuvieron dos hijos, Kina es campeona y famosa. Y se casó con Andrea en Matucana, matrimonio del que fui testigo, aunque su divorcio no estaba finalizado. Oscar fue un hombre que lo tuvo todo para ser feliz y ¿qué será la felicidad? me dijo el Jueves Santo en Punta Hermoza de madrugada sentados frente al mar después de cenar con Sussy, sus hijos, y Doris que estaba acompañada con dos de sus nietos. Sin duda ninguna, Oscar gozó la vida, como muy pocos han logrado hacerlo.

Nunca te puedes imaginar que unas muy pocas horas después de ver salir al sol, que nos brindó un lindo amanecer en la playa, este ser, mi amigo, ya no va seguir caminando en esta tierra.
Verlo caer como un paquete a Oscar, correr a pedir ayuda, esperar a que el fiscal ordene el levantamiento del cuerpo, acompañarlo a la morgue, a su velatorio en el Hospital de Policía y finalmente estar al lado del padre Robert Heil SM, quien lo llevó a la Iglesia Santa María Reina del Ovalo Gutierrez y le hizo una preciosa Misa de cuerpo presente. Pero muchos de los que decían que eran sus amigos y siguen diciéndolo, no fueron, aunque la Iglesia se llenó.

Con Oscar éramos totalmente diferentes, nada parecía que pudiera unirnos, será por eso que fuimos amigos desde yo tenía cuatro años, nuestras abuelas eran amigas, dos años después tuve un accidente y se mudó a mi cuarto para acompañarme, en serio, llevó su maleta, la abriò sacó su pijama, se calateò , se la puso y se metió a mi cama. Me obligó a levantarme.

Después nuestros padres pertenecieron a un mismo grupo de amigos que iban de cacería y de pesca. Después ambos trabajamos para Pedro Beltrán Ballén, hasta que falleció. Y cuando Pedro fue director de La Prensa, el Chino trabajó en la oficina de dirección del periódico. También es cierto que la vida nos juntaba, él se casó con la sobrina de Doris Gibson, quien es mi amiga más entrañable y querida en esta vida.

El "Chino" patinando con Susy.


El Chino lo tuvo todo y a su pregunta ¿qué será la felicidad? la contesté unas horas antes que muriera, sin saber que ya decirle: "ser el delfín volador", un cuento que a él le encantaba y que lo conocimos por el papá del fotógrafo Amador García Yanque, héroe de Uchuraccay.

Mi amigo Amador, quien nació en una comunidad campesina de Lucanas, Ayacucho, tenía la bella costumbre de hacerse amigo de mis amigos y además se convirtió en su fotógrafo. Cuando Amador se casó, el Chino lo invitó a almorzar con toda su familia. Amadeo, como le decíamos, escogió un restaurante muy sencillo, para el Chino, en el jirón Carabaya, al costado de las Galerías Boza, fue con su futura esposa y otros familiares, entre ellos su papá.

En medio del almuerzo, el papá de Amadeo, pidió la palabra para agradecer al famoso amigo de su hijo por su invitaión y decirle que era su hincha del Chino, quien no podía creerlo. El señor García lo había visto en los campeonatos que ganó o perdió y le contó una historia de su pueblo sobre el gran delfín volador, que de tanto nadar y nadar como nadie podía hacerlo, el sol maravillado mandó al viento a enseñarle a volar y así el delfín se convirtió en un volador que iba por los aires y el mar como nadie podía hacerlo, hasta que la luna enamorada se lo llevó para siempre a vivir con ella al delfín volador y lo convirtió en una estrella del firmamento, la que acompaña el amanecer.


81. Inkarri, el mito del Inca Rey o Atahualpa, quien volverá de su montaña donde recupera fuerzas para reordenar el mundo andino.

Atahualpa, dibujo de Guamán Poma de Ayala.

En la época del velasquismo (1968-1975), todo lo andino o serrano fue puesto por sobre todo lo demás. El mito de Inkarri lo encabezó y la realidad es que el mundo andino impactó profundamente a mi generación, existió es cierto, una contra reacción de admirar todo lo extranjero, que ahora domina todo en exceso, pero sin hacerme problemas quise tener la experiencia de caminarme (lo hice sin problema alguno), casi toda la sierra peruana desde Piura, que se decía tenía la comunidad campesina de mayor extensión del país hasta realizar la peregrinación al monumental Templo de Wiracocha, Cusco, antes de la época del terrorismo.

Un día con Russell Wensjoe Mantilla anclamos en 1974 en Lucma, Vilcabamba, Cusco, el pueblo de las ruinas incas Choquequirao, que está detrás de Machu Picchu. Es la tierra de los Incas de Vilcabamba, de la resistencia a la conquista española. Para que dudar la afirmación de mi pata del alma, que Wiracocha y su enviado Inkarri, nos habían traído al más bello lugar del mundo.

Lucma, Vilcabamba, la iglesia tiene su propio jardín pegadita, al lado derecho, se ve mi casa entre 1974 y 1980.

Los conflictos campesinos y la guerrilla de los años sesenta lograron que Lucma quedara olvidada del mundo, muy débil el río pasa cerca del pequeñísimo pueblo y cruzando el Vilcabamba, delante suyo a buena distancia en forma imponente, estaba lo que sería la enorme casa hacienda pintada de rosado, que se decía era un manicomio para millonarios.

En Lucma al lado de la Iglesia, pegada a ella, estaba una linda casa también de piedra, que con la ayuda de mi amigo, el hermano Julio Corazao Gieseke SM, de familia cusqueña, primero por dos años pudimos arrendarla y posteriormente por cincuenta años. Pedro Beltrán Ballén me prestó el equivalente a quince mil dólares y el contrato de arrendamiento lo integró a su empresa de hoteles y restaurantes. 

El dormitorio de abajo fue para mí, puse la plata, aunque mi compañera Dalmacia "Inés" Mikulicic García tomó posesión antes que yo, ella realizaba su trabajo político en una localidad más arriba, en San Jerónimo de Andahuaylas, pero bajaba con facilidad y prefirió tener todas sus cosas personales en la casa. El dormitorio tenía una ventana a la calle, estrecha, su pista era para el paso de un carro, veías solamente el color blanco de las casas del pueblo. Por allí escapamos en auto en marcha, de un juicio popular y de los petardos de dinamita que nos arrojó Sendero Luminoso.

En Lucma, al costado de la Iglesia, Dalma instaló su taller de tintes, poseía un enorme lavadero, era uno de los anexos de propiedad de la casa en la Plaza de Armas. Ahí guardábamos nuestras bicicletas, que íbamos con ellas a todas partes en este paraíso en que todo era verde lleno de flores de colores fuertes.

Convinimos con el Flaco Wensjoe que le tocaba el cuarto de arriba, que era enorme, las otras tres habitaciones estaban deterioradas. Pronto arreglamos una para los amigos y ya después las otras dos cuando lo convertimos en hostal. El operador de turismo en el Cusco asociado a la empresa de Beltrán Ballén, la que estaba asociado Oscar "Chino", Malpartida, era quien llevaba a los gringos.
El problema es que vivía en Lima y Wensjoe caminaba por toda la sierra, tuvimos que contratar dos guardianes, así fue como se me infiltraron los senderistas.

El Flaco estaba convencido que después de preparar sus brebajes, una mezcla salvaje, Inkarri se le presentaba, bueno también veía a Wiracocha. Y lo trajo especialmente de Lima al Chino Malpartida, el rey de la tabla hawaiana, para compartir sus experiencias, pero que en realidad por más campeón que fuera, para brebajes era simplemente un seguidor del Flaco Ros, así le decíamos. El Chino estaba entusiasmado en compartir la experiencia esotérica que tenía nuestro amigo. No creo en esas cosas, si eran felices y la felicidad que transmitían nos llenaba de alegría, estaba todo perfecto.

Choquequirao, residencia de los Incas de Vilcabamba, la resistencia a la conquista española. 

Subimos de día a las ruinas de Choquequirao, que estaban todas tapadas por la maleza, pero lo hacíamos a cualquier hora, especialmente de madrugada para ver el amanecer, es maravilloso. Nuestro punto de reunión era una estructura muy amplia a la que habíamos quitado el matorral. Nos acompañaron Dalma, la novia del Chino de esa época, y con otras dos parejas de amigos.
El Flaco Ros antes hizo un ritual, estaba con su guitarra cantaba, su chica de esa época poseía una linda voz: "Inkarri volverá y volverá, volverá. Wiracocha permite que nos visite esta noche y si quieres ven tú también, sabes que yo sé que eres Dios y te amo con todo mi corazón".

Todos habíamos tomado un poco del brebaje más licor, repetíamos lo que cantaba, estaba muy bien entonado, fue un gran músico y compositor.

Habíamos prendido un fuego, teníamos una especie horno y una parrilla para cocinar carne que habíamos traído del Cusco y calentar choclos, papas y arroz que estaba ya cocido. Estábamos todos enamorados de nuestras chicas, momento precioso de vida en la maravillosa ceja de selva peruana.

En eso el Chino conducido por el Flaco Ros bajaron por unas graditas, hasta que se sentaron en una parte de la montaña, todos bajábamos a espiarlos, también nos sentábamos con ellos. Se tenía un dominio de todo el lugar, se sentía la fuerza de la naturaleza, de día se tenía una vista de todo el lugar pero de noche no se veía nada. Tomaron un elixir especial, prendieron sus cigarrillos e iniciaron ambos la invocación y en plena meditación, de ya varios minutos, se desplomaron, se cayeron para abajo, nada más que un par de metros. Si no nos lo cuentan, no lo habríamos sabido.

El Flaco Ros, quien poseyó una imaginación poderosa y excesivamente colorida, que lo convirtió en vida en un verdadero narrador de cuentos, fue un artista, se nos mostró a todos lleno de felicidad, sonriente mostrando los dientes, con el rostro iluminado y con los ojos enormes, nos dijo que:Wiracocha les mostró a Inkarri y que en verdad este era Atahualpa y no Túpac Amaru II.

En Lima. el inca de Vilcabamba Sayyritupac con el virrey.

Matrimonio del Inca de Vilcabamba inca Sayyritupac.

El Chino estaba totalmente desconcertado, algo asustado porque pensó que se iba hasta abajo, en libre caída, aunque con el rostro también iluminado, había visto las luces más lindas, provenientes de dos seres que se movían en el cielo, pero se le metió en la cabeza que: "Ese loco de Wensjoe", casi lo mata y fueron perdiendo la amistad. A pesar que la experiencia no la olvidó nunca, señalándola de bella, siempre me decía: "como pude ser amigo de ese loco, casi me mata". Era su opinión, pero fue al entierro del Flaco. 

En eso, esa noche nos quedamos todos sorprendidos, aunque había luna llena, era oscura finalmente, y en eso vimos impactados como una especie de continuas lluvias de estrellas cayeron sobre nosotros, que por lo menos duró unos minutos y es de lo más bello que puedes ver en la vida. Mi amigo Wensjoe, tenía cosas que lo convertían en un ser extraordinario para compartir la vida.

Y ya nos quedamos, el Chino quería bajar de Choquequirao de día y nos amanecinos cantándole a Wiracocha, a Inkarri, a los Incas de la resistencia a la conquista española y al gran Inca de la Resistencia, Sayri Túpac, por quien teníamos admiración total y a quien le hicimos varios tributos o pagos a la tierra, por que fue él señor de toda la región, que nos albergaba. 

Después que murió Dalma, en junio de 1978, ya no quise usar nuestra habitación, prohibí que se cerrara la puerta, prefería quedarme en el Hotel de Turistas del Cusco o usar por un día la gran habitación del segundo piso. Y cuando teníamos huéspedes o pasajeros, gringos millonarios que pagaban muy bien, usaba un ambiente al lado del comedor.

Hasta que un día de 1980, una semana antes del Corpus Cristi, Sendero Luminoso, que ya estaba apoderado del pueblo, por acción de la terrorista Catalina Arianzen. La cambiaron por el terrorista Julio César Mezich para que nos haga juicio popular. La acusación terrorista en mi contra era que había convertido o sometido al pueblo para que sea mi servidumbre. 

Nos escapamos en el inicio de la noche, en carro en marcha, con Eduardo de la Piniella Palao, quien manejó, y Amador García Yanque. Ellos nos acompañaron de Lima para que regresáramos a Lucma y nos lleváramos nuestras cosas, nuestro dinero y nuestros documentos, que quemé con enorme entusiasmo, al igual que en la trama de una película de Holywood.

Al carro en marcha nos tiraron dinamita tras dinamita, los terroristas corriendo detrás de nosotros. No volamos.

Yo vi cuando el terrorista Edmundo Cox Beuzeville, nos lanzó un petardo de dinamita, en eso el Flaco Ros, Eduardo y Amador, tuvieron la misma visión, la mía fue diferente. cuando volvimos a la realidad, el carro seguía en marcha y los terroristas seguían tirándonos dinamita, el Flaco gritaba: "Wiracocha nos salvó quiere que vayamos a la romería del Señor de Qoyllority, que es él". Allí nos escondieron hasta que los terroristas se calmaron luego de que participamos en su festividad y logramos dejar el Cusco sin problemas. A partir de ese momento mis tres amigos me hicieron jurar, una y otra vez, que escribiría siempre sobre ellos, que no los olvidara jamás.

Y pasó el tiempo, doce años, hasta que llegó el Quinto Centenario del Descubrimiento de América y la Agence France Presse realizó un especial continuo de un par de semanas sobre el acontecimiento y yo redacté cuatro artículos y uno de ellos sobre Inkarri, sencillo, que lo he ampliado, porque Inkarri es parte de mi vida con Dalma y con los mejores amigos que se pueda tener en esta vida.

Inkarri.

"El mito peruano "Inkarri, el hombre-dios, que volverá para reordenar el mundo andino destruido por la conquista española de 1533, representa la cosmovisión mesiánica a través del tiempo de quienes fueron los conquistados en el Perú, que los Incas llamaron Tawantinsuyo.

El mito de Inkarri fue descubierto en la década de los años cincuenta por el escritor José María Arguedas (1911-1969), quien es una de las mayores expresiones de la cultura peruana, en sus trabajos etnográficos realizados en los ayllus (comunidades campesinas) de Qoyana, Chaupis, Piscachuriy, Qayau, de la provincia de Puquio, Ayacucho, en el sudeste andino, a unos 400 km de Lima.
Los dos mitos recopilados por Arguedas y otro por su colega Josafat Roel Pineda (1921-1987), en la misma región, se publicaron en 1956 en la revista del Museo Nacional del Perú.

En los siguientes veinte años se descubrieron relatos parecidos en los departamentos peruanos de Lima, Cusco, Puno y Ancash, versiones diferentes de Inkarri, mostrando una extensión territorial que abarcaría a los Andes peruanos de norte a sur.

Por el momento no existe un estudio estadístico del tema y las investigaciones etnográficas parecen haberse limitado a personas mayores. Es en realidad una tradición en vías de extinción que puede ser considerada como la transmisión oral andina de la muerte del último inca, Atahualpa, juzgado y ejecutado por los conquistadores españoles.

La muerte de Atahualpa, dibujo de Guamán Poma de Ayala, que nos presenta la posible interpretación primigenia andina de que le cortaron la cabeza a Atahualpa.
Clásica representación de la ejecución española del inca Atahualpa en el garrote vil.
Inkarri es la unión de la palabra quechua: "inca" (emperador del imperio de los incas) con otra del castellano "rey". De esta forma Incarri resulta en el mismo nivel del monarca europeo Carlos de Habsburgo, emperador de Alemania y rey de Castilla, en cuyo nombre el conquistador Francisco Pizarro, el marqués gobernador, título que tuvo en el Perú, después de conquistar el antiguo Perú o Tawantinsuyo, juzgó y condenó a muerte al último gobernante imperial peruano: Atahualpa. Durante el virreynato, este inca tuvo ese reconocimiento.

Atahualpa el último de los incas aceptó bautizarse, para conservar su cuerpo y no ser condenado a la hoguera por hereje. Sus creencias y las de su pueblo, le otorgaban la divinidad eterna, en tanto fuera momificado y su momia conservada en una urna, convirtiéndose en el oráculo de su familia (panaca), con el derecho a pertenecer al panteón divino del Tawantinsuyo o antiguo Perú.

Sin embargo, siempre existe una salida a todo, la momia, en el supuesto caso de su destrucción, podía ser reemplazada por un ídolo que representara al personaje.

El conquistador Pizarro dispuso entonces la muerte de Atahualpa por el garrote vil, que genera la rotura del cuello. En los mitos de Inkarri, la cabeza está separada del cuerpo.

El asesinato de Atahualpa produjo la lucha por la resistencia a la conquista que fue encarnada por su hermano Manco Inca y por su hijo Sayri Túpac, en Vilcabamba, Cusco, quien finalmente hizo la paz y se bautizó. Su hija única y heredera fue Beatriz Clara Coya, cuyos descendientes recibieron el título de marqueses de Santiago de Oropesa, linea extinguida, cuyos títulos y bienes pasaron a sus parientes españoles, sin sangre imperial inca.

El cadáver de Atahualpa después de su ejecución, fue tomado por todo su pueblo (el antiguo Perú o Tawantinsuyo) sin oposición de los españoles y sepultado en secreto, en algún lugar que no ha sido descubierto, en tanto algún día se logrará la hazaña, de descubrirlo.

La gloria aguarda para el investigador que encuentre su tumba, entre tanto, el mito señala en lineas generales que el cuerpo de Inkarri está creciendo en algún lugar desconocido en el interior de los Andes para recobrar la vida y volver a reordenar el mundo andino, tal igual como era antes de la conquista española.

El mito que introduce esperanzas y anhelos mesiánicos recopilados por los etnógrafos peruanos, hizo que se convirtiera en una cita constante en la vida peruana durante el gobierno nacionalista e izquierdista del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), en el que Inkarri se convirtió en el sello de una dictadura militar que realizó la reforma agraria, nacionalizó empresas norteamericanas y entre otros suprimió el día de la raza, nombre con el que se conmemoró aquí hasta 1967 el descubrimiento de América,

Inkarri convertido en un símbolo del gobierno de Velasco y con un uso indiscriminado, hizo que perdiera interés en la población y que ya no se siguiera investigando en los años siguientes a la finalización del velasquismo.

En 1988 un grupo de artistas peruanos intentó sin éxito, y en medio de una crítica adversa, explicar la violencia terrorista que afecta al Perú, con una muestra pictórica y escultórica, con el mito de Inkarri.
En tanto no se supere la situación pre-industrial del campesinado andino de Perú, Inkarri puede ser nuevamente el sello de una obra de gobierno, como ocurrió en la época de Velasco y adquirir una connotación popular de reivindicaciones nacionalistas que son la contraposición al neoliberalismo que se impone en los actos de gobierno.

Manco Inca, hermano de Atahualpa, inició la resistencia a la conquista española. Fue el primer inca de Vilcabamba, sucedido por sus hijos Sayyritupac, Tito Cusi Yupanqui y Túpac Amaru I.


En la actualidad (1992) el desconocimiento de Inkarri es profundo en Lima, los vendedores ambulantes (migrantes andinos en la capital peruana) que han calcutizado el centro limeño y que están convertidos en los dueños de las veredas, consultados por la AFP sobre Inkarri, creen que tal vez sea una planta medicinal. Pero algún viejo taxista o un antiguo mozo de restaurante, lo relacionan con el general Velasco, la reforma agraria, el campesinado, y como un nombre muy bonito acuñado en una época del pasado reciente del país.

En los mitos, Inkarri aparece como un hombre-dios o un héroe primordial, no es una divinidad por sí misma, la paternidad solar sobre él, es su esencia, y está señalada entre campesinos de Puquio, Ayacucho, en Andamarca, Junín, y en San Pablo, Cusco. 

En la sierra de Lima un relato, lo señaló como hijo de Dios, por consiguiente hermano de Cristo. En Queros, Cusco se lo señaló en un relato sobre los Apus, los dioses de las montañas, que primero crearon al sol y posteriormente a Inkarri y a su esposa Qollari, en condición de primer hombre.

Inkarri, tiene el carácter de ser un ordenador del mundo, con atributos sobre naturales que le permite tener poder sobre el sol, las montañas y con una enorme capacidad para controlar lo existente, y se le otorga también una cualidad fundamental en de dominio el mundo andino, arrear piedras, trasladarlas, subirlas y bajarlas de las montañas, a través de los ríos y de los caminos, puede ordenarlas y fundar una ciudad.

En los mitos de Ayacucho, tanto de Puquio y de Quinua, Inkarri está muerto, la cabeza está separada de su cuerpo, y esta se conserva en algún lugar, pero volverá a juntarse con el cuerpo y así Inkarri volverá. En el campesinado con un algún grado de vinculación urbana, señalan la existencia de un Palacio de Gobierno en el que se conserva la cabeza de Inkarri.

El historiador y maestro universitario, Franklin Pease, quien trabajó en el Museo de Historia, como su subdirector, cuando este fue dirigido por José María Arguedas, el descubridor del mito de Inkarri, ha señalado que al producirse en el Perú "la invasión europea, apreciamos que suceden varios cambios en el mundo y en el pensamiento andino. En primer lugar el sol, dios oficial del Tawantinsuyo, ha sido derrotado por el Dios cristiano".

José María Arguedas.
Prosigue Pease afirmando que "el mito es la expresión de una imagen de la realidad, que el hombre de una sociedad dada tiene de la realidad en la que vive, y esa imagen es tan real (tan verdadera) como es real (verdadera) esa sociedad. Por ello los textos andinos de Inkarri dejan testimonio de la ruptura ocasionada por la invasión europea, pero justamente fuera de un esquema histórico".

El Dr. Pease ha considerado que el mito de Inkarri surgió en el siglo XVII y que plantea la nueva situación que anuncia el retorno del inca y que presenta las consecuencias de la invasión europea: "Inkarri es el autor del orden y el simultáneamente el fundador tradicional, que al ser vencido, su orden conocido desaparece y se vuelve caos, ha dejado de funcionar, mientras él se está reconstruyendo a sí mismo está también reconstruyendo su mundo, su realidad, que es la andina.

A fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, los extirpadores de idolatrías acabaron con la religión del antiguo Perú, desarrollada en por lo menos durante diez mil años y que en su parte final tuvo como dios del Estado, al sol, señalado como padre del gobernante o inca, en tanto, una divinidad primordial había quedado relegada a un segundo plano por el auge del desarrollo del imperio de los Incas o Tawantinsuyo.

Esta divinidad está representada durante unos tres mil años, continuos, tiene los brazos abiertos y en cada mano porta un báculo, pero también puede tener variantes. Representada de perfil porta un báculo. Llamándosele el dios de los dos báculos. Su imagen más famosa está en la Puerta del Sol en Tiahuanaco. Algunos creen que es la imagen de Wiracocha, dios andino primordial.

El ídolo principal de Wiracocha, que fue trasladado de urgencia, de su templo, ubicado en el camino a Sicuani, al Cusco, por orden del inca Atahualpa cuando fue capturado y apresado por españoles, para la reunión celestial en la tierra, de los dioses del antiguo Perú, para que todos se convirtieran en el gran oráculo que dijera que hacer para salvar salvar al Tawantinsuyo, en lo que es hoy la catedral del Cusco. Allí los ídolos junto con las momias de los ancestros, sesionaron y señalaron su mensaje que nadie recuerda su contenido.

El ídolo de Wiracocha estuvo presente en la recepción de todos los dioses del antiguo Perú, en el Templo del Sol o Corincancha, cuando Hernando Pizarro, hermano del conquistador Francisco Pizarro, llegó al Cusco a despojarlo de todo el oro y la plata, del culto de los dioses, para pagar el rescate por la vida de Atahualpa. Y a pesar que el último gobernante del antiguo Perú, pagó su rescate, lo juzgaron y lo mandaron al garrote y todos los ídolos de los dioses fueron sepultados por los extirpadores de idolatrías y aguardan ser redescubiertos.

La realidad es que el mundo andino entró en caos con la conquista española o invasión europea y con la destructiva actuación de los extirpadores de idolatría junto con los saqueadores de tumbas en busca de oro, destruyeron templos y todos los objetos del culto religioso. Se generó a la fuerza el sincretismo religioso, por el que el santoral religioso católico tomó el lugar y las atribuciones de todas las divinidades del panteón del Tawantinsuyo.

Es un hecho que el mesianismo cristiano es adoptado en varios mitos de Inkarri, en el sentido de que Cristo volverá a establecer el cielo en la tierra para juzgar a vivos y muertos. Todas las interpretaciones sobre Inkarri están referidas a que vuelve Inkarri, quien restablecerá el mundo andino trastocado por la conquista española, que tiene rasgos bíblicos cuando los israelitas esperaban a su mesías.

El mito de Incarri tiene el rasgo cristiano, reflejado en las dos visitas del Papa Juan pablo II a Lima, donde anunció el retorno de Cristo, pero en Lima no deben existir muchos católicos que estén esperando la vuelta de Cristo al mundo.

El mesianismo que se atribuyó a Incarri es claramente cristiano. Los españoles detectaron que los pobladores del Tawantinsuyo esperaban el retorno del dios primordial Wiraocha, puesto a un lado por la religión oficial del estado inca, que reordeno su panteón a favor del sol y de su hijo el inca, un dios-hombre, cabeza de un mundo teocrático, a partir del reinado del inca Pahacutec, hacia el año 1450, poco más de 80 años antes de la conquista española. Los españoles encontraron por lo menos un templo maravilloso a las afueras del Cusco dedicado a Wiracocha, que por su construcción señala que solamente el elegido podía llegar ante su ídolo. La traducción de Dios en quechua, idioma andino, fue establecido por los sacerdotes españoles del siglo XVII en Wiracocha.

Una versión del mito de Incarri, de Quinua, en donde se realizó la Batalla de Ayacucho, en la que el Perú selló su independencia frente al ejército español el 9 de diciembre de 1924, relata que si Inkarri no derrota al Dios de los cristianos, no volverá y si no vuelve los indios tal vez mueran sin llegar a recuperar el mundo andino.

Inkarri no está de moda, no cautiva, ni es sello de ningún gobierno, pero es una historia que siempre cautivará a quienes idealizan el mundo andino, que conserva fragmentos de las tradiciones del antiguo Perú y es un mito de la más antigua tradición oral, recopilado y dado a conocer a los peruanos por la genialidad intelectual de José María Arguedas, antes que entrara en su fase de extinción. Pero es cierto, la momia de Atahualpa, el último inca, sigue enterrada en algún lugar del Perú, al igual que los ídolos del panteón del antiguo Perú.

El cronista Felipe Guamán Poma de Ayala en su Primera Cronica y Buen Gobierno, dedicada al rey Felipe III de España, escrita a principios del siglo XVII, definió el concepto de rey y de inca: "El....rey que entra propietario y legítimo señor porque es inca y rey que ni español ni padre no tiene que entrar porque el inca era propietario y legítimo rey y así lo es el mismo rey (español). Y así fue desarrollándose el mito peruano de Inkarri hasta que llegue su extinción total en la tradición oral andina.

José María Arguedas.

80. Inca Atahualpa o Ticsi Capac (dios entre los señores) o Incarri, el ùltimo gobernante del antiguo Perú o Tawantinsuyo o Imperio de los Incas.


Con ocasión del V Centenario del descubrimiento de América, la Agence France Presse, en la que trabajé, organizó una de artículos a fines al tema, escribí cuatro artículos, uno de ellos titulado: "Los incas no escribieron su historia y el imperio sigue sin descubrirse", sobre Atahualpa.

"Los Incas nunca escribieron su historia y el imperio conquistado por los españoles en 1532, sigue sin descubrirse porque sus instituciones, surgidas en diez mil años de desarrollo cultural en los Andes, sólo fueron interpretadas por los vencedores del encuentro de los dos mundos.

En el tiempo lineal del desarrollo del mundo andino, los incas representan no solamente la parte final del antiguo Perú, sino que irrumpen entre los siglos doce y trece y recién entraron en el dominio de su vigencia histórica hacia la mitad del siglo quince, unos 80 años antes de la conquista española.
Catorce gobernantes, han sido señalados como Incas como un equivalente de emperador, aunque los ocho primeros presentan un carácter mítico y dominaron un peueño territorio: Manco Cápac, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui, Mayta Cápac,

Cápac Yupanqui, Inca Roca, Yahuar Huaca, Huiracocha, Pachacútec, Inca Yupanqui, Túpac Yupanqui, Huayna Cápac, Huáscar y Atahualpa.

En la búsqueda del mundo andino, los investigadores tratan de dejar los términos “imperio” y “conquista”, que no explican este choque de dos culturas distintas. Algunos de ellos ya no llaman “estado” al incario, otros niegan la existencia de ciudades en el mundo andino, y están prefiriendo hablar de “invasión europea”.

¿Quién es el Inca? se pregunta el maestro e historiador peruano Franklin Pease y aún no existe una respuesta concreta que explique a los peruanos el accionar de Atahualpa, el último gobernante del mundo andino, que no presentó lucha a los españoles y se dejó asesinar tras entregarles. El oro y la plata del país.
El estado, que proporcionó trabajo y alimentación a toda su población, no dio respuesta organizada a la presencia española en los Andes y se derrumbó tras la muerte de Atahualpa con la fragilidad de un castillo de naipes. La resistencia y la lucha indígena sería posterior y mostraron que sabían combatir, etapa representada por los Incas de la resistencia de Vilcabamba, Cusco.

La historia oficial escrita a partir de las crónicas españolas del siglo XVI, le niega a Atahualpa su nombre imperial Ticsi Capac (dios entre los señores), lo considera bastardo y un usurpador que debió desencadenar una sangrienta guerra civil y matar al legitimo emperador, su hermano el Inca Huáscar.
Atahualpa tuvo el control total del mundo andino o antiguo Perú cuando el conquistador español Francisco Pizarro y su tropa desembarcaron en el norte peruano. En ese momento no hubo duda alguna del poder del gobernante inca y de la necesidad de requerir de su permiso, después de ser tomado prisionero, para recolectar el tesoro estatal por todo el antiguo Perú, mientras se preparaba su muerte, convertida en necesaria para asegurar el dominio sobre el país.

Las crónicas españolas tuvieron la obligación de justificar la intervención española en un imperio, que señalaron de perfecto, aunque se encontraba en la edad del bronce e igualmente tuvieron la obligación de presentar el asesinato de Atahualpa, como justo y necesario.

La vida en la otra vida para los gobernantes incas, era la de conservar a su familia o panaca a través de su cuerpo momificado junto con el de su esposa principal o coya, convertidos en oráculos, congregados económicamente por el disfrute a perpetuidad de sus posesiones. La descendencia de los incas perteneció a la más alta élite gobernante.

Las nuevas investigaciones otorgan al Inca el papel de ordenador del mundo, mediador entre los hombres y el cosmos, entre los vivos y los muertos, que nunca podía pisar el suelo a riesgo de desencadenar el desorden universal.

Por ello era transportado en litera.

Los Incas llamaban a su país “Tawantinsuyo”, o las cuatro partes del mundo, y su ombligo a “Cusco”, la capital imperial a 1,150 km al sudeste de Lima. Fuera de sus dominios, la cordillera de les Andes y le costa adyacente, el caos.

Una gran red de burócratas administraba el estado, no necesariamente pertenecientes a la élite cusqueña, mientras los “curacas” (caciques) de las sociedades conquistadas mantenían su propio control administrativo.
La “reciprocidad”, convertida en una institución del gobierno estatal, fue el soporte de la política y la economía, pero aún no es desentrañada totalmente, que el historiador Franklin Pease, simplifica en dos palabras: “dar y recibir”, un sistema de alianzas entre el Inca y sus burócratas, entre el estado y los “curacas”.

La etnohistoriadora peruana, María Rostworowski, que plantea la existencia de la propiedad privada en el Tawantinsuyo, señala que al no existir dinero, la riqueza se apoyaba en recursos medibles y contables, mientras la economía se basaba en la posesión de mano de obra, tierras y ganadería (camélidos).

El investigador norteamericano, John Murra, cuyas tesis sobre el sistema económico andino se mantienen irrebatibles, dijo recientemente en Lima que el Tawantinsuyo garantizaba la entrega de bienes de capital, tierra y agua, a toda su población en base al sistema de la reciprocidad.
Los burócratas, la élite cusqueña, los grandes y pequeños “curacas” requerían constantemente intercambiar la riqueza andina para subsistir y, al parecer, sólo el Inca podía garantizar un sistema de alianzas, que incluía desde matrimonios (imperiales) hasta guerras rituales, que terminaban en grandes fiestas.

El arqueólogo norteamericano, John Rowe, de gran influencia en los últimos cincuenta años en las investigaciones peruanas, detectó en la ciudad del Cuzco que la cerámica inca imperial que se expandió por los Andes, coincide con el inicio del reinado del Inca Pachacútec (1430 -1471).
La expansión cusqueña comprobada arqueológicamente se inicia precisamente con el gobierno de Pachacútec, al que se le atribuye !a fundación estatal, quedando sus nueve predecesores en el papel de “curacas” inmersos en te tradición alfarera Killke o inca provincial, cuyo inicio Rowe fecha en 1200.

El rápido paso de la dinastía cusqueña de “curacas” a ordenadores de su mundo, no es aún explicado por los investigadores. La élite cusqueña recordaba, según las crónicas españolas, un período de reyes de sociedades rivales que se peleaban entre sí y los Incas los fueron conquistando uno a uno.
La arqueología señala otro periodo de unificación los Andes en el siglo VI de nuestra era, denominada Wari en Perú y Tiahuanaco en Bolivia. Aunque las nuevas investigaciones las consideran sociedades distintas, la historia clásica las creyó una sola que sentó una tradición que permitió la unificación Inca.

El periodo Inca es la mayor expresión de la civilización andina pero muy breve en la historia precolombina de los Andes, no más de ochenta años de duración, precedido por numerosas culturas que sentaron las bases para la centralización de un proceso milenario de desarrollo social.

Atahualpa fue el último ordenador de su civilización. Su muerte, el 26 de julio de 1532, puso el mundo andino al revés. La reciprocidad y los burócratas estatales desaparecieron, las élites regionales formaron endebles alianzas con los españoles y la población perdió el acceso a la tierra y el agua.
La tradición histórica señala que el cuerpo de Atahualpa fue robado por los antiguos peruanos del Tawantinsuyo, sin que se sepa dónde está enterrado, dando surgimiento al mito andino de “Incarri” (Inca Rey) que volverá cuando su cuerpo termine de crecer del interior de una montaña para volver a ordenar el mundo andino, el mundo ideal que nos legó el antiguo Perú.






79. Augusto Dreyfus, célebre banquero francés

El banquero Augusto Dreyfus nació en el seno de una familia de comerciantes, el 28 de junio de 1827 en la villa de Wissenbourg, departamento de Bajo Rhin, Francia. Hijo de Edouard Dreyfus quien en esa época contaba con 41 años de edad y de Sara Marx de 37 años. Fueron testigos de su nacimiento los comerciantes Samuel Klotz y Moises Dreyfus. Falleció el 25 de mayo de 1897, en París. Los diarios franceses Le Temps, que le fue siempre favorable, La Libre Parole que estimó su fortuna entre 200 y 300 millones de francos y L’Intransigeant que le calificó de muy conocido en el mundo parisino, anunciaron su deceso al día siguiente.

Dreyfus representó al grupo económico francés que financió al Estado Peruano en 1869 y terminó creando a partir de este hecho histórico, su propio imperio económico que según La Libre Parole fue uno de los más grandes propietarios inmobiliarios de París, con inversiones en Londres, Berlín y Viena. En sus tiempos de comerciante en Lima estuvo entre los socios fundadores de la Sociedad Francesa de Beneficencia de Lima y en el momento de su fama económica fue designado su presidente honorario vitalicio por la asamblea general de la institución del 11 de mayo de 1873. Ocho años después se colocó su retrato al lado del fundador Edmond de Lesseps, por el apoyo brindado al desarrollo de la Clínica Maison de Santé.



Augusto Dreyfus Marx.

Los hombres como Dreyfus imponen el respeto por su poder económico y son sumamente apreciados por quienes integran sus respectivos círculos de amigos y de negocios. De ninguna manera son populares entre sus contemporáneos, ni resultan queridos por la posteridad, tampoco la historia los mira con afecto. Ríos de tinta se han gastado en el Perú en contra de este banquero pero seguirá siendo siempre el modelo de todo aquel que busca triunfar económicamente a partir de una vida simple en Lima y desde allí catapultarse a la realización de los más grandes e inimaginables empresas financieras con la intención de crear su propia dinastía.

A pesar de las consideraciones que existen en su contra resaltadas por todos historiadores peruanos, Dreyfus es el ciudadano francés que por su actuación en la vida pública del Perú, tiene su nombre impreso en nuestra historia, sea corno el gran financista del Estado a cambio del guano de las islas; en la emisión y la circulación del billete; en el salitre de Tarapacá; en la construcción del ferrocarril central; en el comercio de exportación e importación; y cuando fundó el Banco Nacional del Perú en 1872, no hubo actividad económica que dejara de serle propuesta y así su influencia debió no haber tenido límites. Dicen que fue decisión suya el de cortar en pedacitos los billetes de un peso para dar vuelto, ante la falta de moneda, en esa época los Bancos privados emitían los billetes peruanos.

Don Augusto Dreyfus formó en 1869 un importantísimo grupo de asociados a los negocios que creó, entre los norteamericanos destacaron don Enrique Meiggs (constructor del ferrocarril central), don Federico Ford (jefe de la Casa Dreyfus Hermanos y después del Banco del Perú) y su concuñado Eduardo C. Dubois que sería su representante personal en el Perú; entre los alemanes don Juan Luis Dammert y don Guillermo Schell quienes hasta 1876 figuraron como jefes de la Casa Dreyfus, pertenecieron también al directorio del Banco del Perú; entre los españoles destacó don Benito Valdeavallano; entre los ecuatorianos don Miceno Espantoso; y entre los polacos el Ing. Ernesto Malinowsky.

Dos peruanos don Dionicio Derteano (presidente del Banco del Perú) y don Guillermo Billinghurst (empresario salitrero de Tarapacá) fueron dos de sus principales aliados. Dreyfus fue militante pierolista y su relación con don Nicolás de Piérola, tuvo esa connotación.

En sus negocios la representación francesa la tuvo reservada únicamente para él, por lo que no nucleó a galos residentes en la capital peruana. Ya después, en 1875 don Gustavo Heudebert, primo político de su segunda esposa, y don Louis de Champeaux representaron a Societé Generale en la Empresa Muelle y Dársena y terminaron representando intereses de Dreyfus.

La famosa de don Pedro Beltrán Espantoso que heredó de sus antepasados Bergman, su tía abuela Sofía Bergman y Rubio fue la primera esposa del banquero francés Augusto Dreyfus, quien tuvo como primer peldaño para convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo la fortuna de doña Sofía.

El documento más antiguo que hemos encontrado de don Augusto Dreyfus de su residencia limeña es el expediente matrimonial que promovió para casarse con Sofía Bermann y Rubio, limeña hija de alemán y de argentina, perteneciente a la alta sociedad capitalina. A ninguno de los dos contrayentes se les exigió prueba o testimonio de terceros sobre la práctica de la religión católica. Deducimos que en opinión del Arzobispado de Lima, ambos novios eran católicos practicantes.

Solamente se presentaron dos testigos de soltería, ambos peruanos y cuyo testimonio fue considerado válido para los dos contrayentes. Uno fue José Eusebio Castañeda, quien conocía al novio ocho años y a la novia quince años, y el otro fue Francisco Avilés, quien dijo conocer diez años al novio y dieciséis años a la novia. Ambos eran peruanos y eran empleados.

Los testimonios nos permiten señalar que Dreyfus por lo menos ya residía en Lima desde 1852 y que los dos testigos al señalar que conocían a la señorita Bergmann desde que era muy joven nos permite señalar que eran empleados de la firma mercantil alemana Templeton y Bergmann. Dado el hecho que los testigos y los novios se conocían del mismo lugar, es una hipótesis interesante señalar que don Augusto Dreyfus había trabajado en la firma mercantil de la familia de su primera esposa.

La suegra de Dreyfus, la señora Bergmann, fue la primera sorprendida en saber que su yerno era uno de los hombres más ricos, porque la Casa Dreyfus había sido hasta 1869, una tienda sin importancia de la calle Correo, administrada por Leon Dreyfus, hermano de Augusto. Cuando murió su hija en París en 1870, llegó a una transacción económica muy rápida con don Augusto Dreyfus, ya después a desgano y presionada por sus hijos le inició un juicio por la mitad de su fortuna, demanda que se perdió en los pasillos judiciales.

Célebre mausoleo de Sofía Bergman de Dreyfus en el cementerio Presbítero Maestro, construido a partir de un acuerdo con la señora Estanislada Rubio de Bergman y el banquero Dreyfus, que no fue reconocido por la familia Bergman.


La Casa Dreyfus Hermanos, históricamente, fue finalmente la sucesora de las diferentes firmas mercantiles de bandera francesa que antes de convertirse en empresas guaneras estuvieron dedicadas a la venta de mercadería importada de Francia (Barroilhet, Dutey; Montané; Sescau; Thomas, Lachambre), sin mayor experiencia previa.

Don Augusto Dreyfus, en gran medida se hizo en el Perú, después de casarse por primera vez, viajó con su esposa a Paris. Ella lo introdujo en el círculo peruano, de las familias ricas peruanas que vivían en Europa o estaban realizando una gira turística. En un principio la gente lo conoció como el esposo de Sofía Bergmann. Este núcleo de personas se ampliaba con familias latinoamericanas y también europeas que antes había residido en América. Una gran parte de ellos en 1869 fueron tenedores de letras de cambio de la Casa Dreyfus Hermanos después de la suscripción del gran contrato guanero por dos millones de libras esterlinas.

En este ambiente social, destacaba don Aquiles Allier, el creador de la era del guano y que en esa época era el poder tras el trono de las Casas Thomas Lachambre et cie. y Casa Sescau et cie. que eran los principales prestamistas del Estado Peruano por sus consignaciones guaneras. Dreyfus privilegió su amistad con Allier y su hija madame Lajara, hasta convertirse en familias unidas por el compadrazgo.

Entre 1868 y 1876, existió en Lima un notable interés por señalar que don Aquiles Allier se encontraba en pleno uso de sus facultades mentales. El 18 de mayo de 1876, El Comercio publicó su deceso en París, antesala del fin de la era del guano, la obra no sobrevivió a su creador y principal mentor. El Estado Peruano no renovó contrato con Dreyfus, este presentó reclamos de adeudos y liquidó de inmediato a la Casa Dreyfus.

Don Augusto Dreyfus, históricamente, representó a un grupo nuevo, el Banco Societé Generale, diferente a la tradicional banca francesa que trabajó con Allier, quien en 1869 bordeando los 80 años de edad se alió a Dreyfus para que garantice el pago de adeudos que el Estado Peruano tenía con los anteriores consignatarios. El interés de Allier fue que la deuda peruana de origen francés quedase en manos de entidades bancarias y financistas franceses.

Los adeudos peruanos a la Casa Sescau et cie. fueron asumidos por la Casa Valdeavallano de bandera española. Este es un momento de acomodo y reacomodo complejo y que no ha sido precisado en su amplitud. Las críticas a Dreyfus llenan los espacios vacíos no investigados.

Tenedores de letras de cambio de la Casa Dreyfus de nacionalidad peruana fueron Bárbara A. de Lajara con más de 30,000 libras esterlinas, Estanislada Rubio de Bergmann, María de la Puente de Marriot, Carmen Luna, Dolores Puente, entre las damas. Pero las familias más ricas como Canevaro, Oyague, Álvarez Calderón, Osma y Candamo también pusieron sus dineros, al igual que los generales Echenique, Torrico y Gonzales Pinillos, entre casi un centenar de peruanos.

Estas personas fueron tenedores de letras de cambio y por eso recibían el pago de un interés trimestral, ninguno de ellos aparece como socio de Dreyfus, hasta el momento no se ha señalado a los socios de la Casa Dreyfus Hermanos en 1869. Sin embargo, se ha gastado tinta infructuosamente para no reconocer los adeudos a don Augusto Dreyfus derivados del primer contrato de 1869 y del segundo de 1880 durante la Guerra con Chile, firmado por su concuñado y apoderado Eduardo C. Du Bois, inscrito a fojas 156v, el 4 de junio de 1880, en el registro público del escribano Claudio José Suárez, que tiene el Protocolo Nro. 928 del Archivo General de la Nación.


Luis González Orbegozo de Dreyfus, quien usó el título de Marquesa de Villa Hermosa, falleció en su residencia de Bellavista, Callao, en 1924.

El Estado Peruano reconoció y pagó la deuda que tenía con Dreyfus a su viuda e hijos, después de la Primera Guerra Mundial. Tanto escándalo, tanto dinero gastado, tanta gente vivió del no pago e hicieron sus carreras políticas para que finalmente se tuviera que cancelar la acreencia, cosas de nuestra tierra que consideramos inexplicables.

Los intereses de don Augusto Dreyfus y sus herederos se confunden en el Perú con los del Banco Societé Generale, que en su origen fue de personas de religión judía, no fue en esa época una entidad de hebreos conversos. Dreyfus con su dinero apoyó a los políticos católicos franceses a través de su esposa Luisa Gonzalez Orbegoso, con quien se casó en 1874 (ella era 20 años menor que él). Entonces, Dreyfus se movió con éxito en dos aguas diferentes, la de su propia sangre y en la que perteneció a su esposa. Finalmente, tuvo la nacionalidad francesa por nacimiento y Francia defendió sus intereses y los de sus herederos.

Don Augusto Dreyfus dejó a su viuda como una de las mujeres más ricas de Francia, quien usó el título de Marquesa de Villa Hermosa, que antes usó en Lima la señora Mauricia Salazar y Cuervo. Su hija Emilia Dreyfus Gonzales Orbegoso se casó con el Visconde de Lyrot; su hijo Edouard Dreyfus Gonzales Orbegoso, fue un hombre de erudición y un famoso pintor en su tiempo, usó el título de Conde del Premio Real, que antes perteneció a la familia Lavalle. Se casó en París el 16 de mayo de 1907 con Arme Helene Alexandrine, perteneciente en su rama alemana a la antigua familia francesa Perigord Talleyrand, que tenían el derecho al título de Duque de Duma; su hijo Louis Dreyfus González Orbegoso, Marqués de Villa Hermosa (título que usaba con su madre) se casó con su concuñada Felice Elizabeth Marie Perigord Talleyrand el 11 de mayo de 1908 en Lausana.

La Marquesa de Villa Hermosa después de recibir el pago de los adeudos que tenía el Estado Peruano con la  familia Dreyfus volvió a Lima en 1923 acompañada de su hija Emilia y del esposo de ésta Rene de Lyrot. Poco tiempo después murió Lyrot y ese mismo año también murió en el Perú la famosa viuda de Dreyfus, a la que alguna vez pintaron Dubois, Carolus, Duran y La Gángora y la esculpieron en bustos suyos Rodin y Batrias.

Los estratos altos de Lima acompañaron en pleno el entierro de la Marquesa de Villa Hermosa, las necrologías publicadas en la capital peruana la señalaron con su título nobiliario, el cortejo fúnebre partió de su casa de Bellavista al cementerio de Lima, donde fue enterrada provisionalmente, posteriormente se trasladaron sus restos al mausoleo familiar de Paris. La enemistad que se le había profesado en el país al marido estaba ya olvidada. La señora Luisa era finalmente la nieta del ex presidente Orbegoso, último Conde de Olmos. Sin embargo, no parece que acabara la polémica sobre Augusto Dreyfus, el inmigrante en el Perú que se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo.


Bóveda de la sede central de París del banco Societé Generale.



miércoles, 1 de abril de 2015

78. R. M. Teresa Bourdat, Madre Fundadora o propulsora de las fundaciones de la congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en el Perú y en 1858 realizó una reforma hospitalaria en Lima

Botica del Hospital Dos de Mayo.

Tomado del libro "Los ciudadanos. Franceses y francesas en la República del Perú", de Fernando Barrantes. Lima, 2009.

Fundadora, Superiora y Primera Visitadora de la congregación francesa Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en el Perú, que tuvo a su cargo, entre 1858 y 1892, el sector que comprendería en la actualidad el Ministerio de Salud y el Ministerio de la Mujer, en tiempos de paz, matizados con revoluciones, epidemias y catástrofes, en medio de la Guerra con España y la Guerra con Chile.

La reverenda madre Teresa Bourdat es la mayor personalidad francesa que ha residido en el Perú, una de las almas más sencillas y bellas que han caminado por nuestro país. Es ella la caminante que hizo camino al andar como muy pocos pueden lograrlo, autora de la reforma hospitalaria de 1858 que desarrolló sin descanso hasta el último suspiro de su vida, participando en la historia de su segunda patria, escribiendo páginas imborrables, cada una más admirable que la otra en su enormidad.

La madre Teresa escogió el 15 de agosto de 1867, la Asunción de la Virgen María, como fecha de fundación de la Clínica Maison de Santé, la primera clínica privada del Perú, que ella dirigió y administró, a pesar de la enormidad de su trabajo, hasta junio de 1870 en que las religiosas de la congregación San José de Cluny asumieron la administración de la Maison de Santé.

En nuestro país tuvo dos enemigos: la corrupción y el anticlericalismo, nunca le dieron tregua, el primero financió al segundo y entonces se convirtió en pasión política. No sabemos hasta que punto la hicieron sufrir, ni la dimensión de la angustia de sus pensamientos, es demasiado visible que no la cuidaron, se murió en el extranjero y probablemente, muy pocos, sabían del misterio que la hizo retomar a su patria, y que nunca fue revelado.

El sentimiento de que la gente buena muere temprano, antes de tiempo, recorrió el país, cuando la noticia del imprevisto e inesperado fallecimiento de la R. M. Bourdat llegó por cable a Lima el 4 de mayo de 1892, nadie sabía que la monja francesa, la madrecita de los enfermos había viajado a Europa y que nunca más volvería a dirigir los hospitales, las casas de misericordia, los asilos, los orfanatos, la alimentación y la entrega de medicinas para los pobres del país.

La R.M. Teresa Bourdat murió en París a los 78 años de edad. Su espíritu la hizo embarcarse el 22 de marzo de 1892. En treinta días de viaje unió al Callao con la capital francesa. El 23 de abril, en la Casa de las Hijas de la Caridad, oró ante la imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa, iniciando así las gestiones que fue a realizar a su patria.

Cuando llegó a Lima el cable de la agencia de noticias francesa Hayas señalando la muerte de la ilustre religiosa, se habló entonces de pasión política de parte del gobierno del coronel Remigio Morales Bermúdez en contra de la madre Visitadora de las Hijas de la Caridad.

Pasión política es la expresión más tenue que se puede emplear en contra de un gobierno que tenía a sus opositores deportados, perseguidos y/o encarcelados, en tanto los miembros del servicio diplomático peruano estaban obligados a seguir los pasos de los enemigos en el extranjero.

La monja francesa era incómoda para el gobierno, demasiado vieja, muchísimo poder, totalmente autónoma y era finalmente un tótem al que no se podía tocar, incluso ella mandaba en el Hospital San Bartolomé (militar). No sabernos la cantidad de agobios que le crearon, sólo podemos decir que se embarcó sin renunciar a su cargo, entonces dejó abierta la posibilidad de su deseo de regresar.

El gobierno del coronel Morales Bermúdez no afrontó la muerte de la madre Bourdat, cuando por todo Lima se corría la voz que había muerto una santa mujer, guardó el más absoluto silencio. Mostró conformidad con la versión de que se había ido a París a traer un nutrido grupo de religiosas para los hospitales y asilos del país.

El problema que se mantuvo sin solución, es que en estos casos, de enormes personalidades, la opinión pública exige fastuosos funerales con presencia del pueblo encabezado por el gobierno. La pasión política descubrió que los estatutos de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima prohibía gastar dinero en rubros que no fueran los de la atención a las necesidades de sus establecimientos (hospitales y asilos). Entonces, ni siquiera se le podía mandar a oficiar una Misa por cuenta de los dineros de las beneficencias.

Entonces por las calles limeñas se habló que la RM. Bourdat nunca había pensado en ella y que jamás tocó un centavo partido por mitad para ella de todo el dinero de las beneficencias, millones de millones, que durante 34 años pasaron por sus manos. La administración que había realizado permitió ahorrar millones y en medio de ese convencimiento popular, como un secreto a voces nadie se cansó de decir que en ese lapso nadie robó un centavo partido por mitad, de los dineros destinados a los pobres.

A la madre Bourdat se la llamó el ángel de los pobres. En 24 horas, el Perú se dio cuenta que había perdido a un ser excepcional, que la Providencia envió hasta las costas peruanas un 2 de febrero de 1858, al frente de 43 religiosas. Ese día, del desembarco de las Hijas de la Caridad en el Callao, nadie podía asegurar que esas mujeres, monjas y extranjeras, tendrían éxito en las tareas que le había encomendado el Estado. Peruano.

En cada ciudad peruana, en donde estuvieron las Hijas de la Caridad, la R.M. Bourdat organizó la Asociación de las Señoras de Caridad de San Vicente de Paul, cada una con su propia directiva, pero todas ellas volcadas a que nada falte en los hospitales, asilos, orfanatos y casas de misericordia. Estas organizaciones, magníficamente vertebradas a las obras de beneficencia, se integraban directamente al trabajo de la madre Teresa.

Las obras de caridad, de las señoras de la alta sociedad, tuvieron su origen en la R.M. Bourdat, y gozaron siempre enorme publicidad hasta que el gobierno militar en 1969, las consideró denigrantes a la dignidad nacional, y dejaron de tener presencia en la vida peruana. Pero en 1892, la dictadura no estaba en condiciones de enfrentar a las mujeres de las familias principales del país.

Se organizaron algunas Misas, ceremonias, rogativas y muchos momentos religiosos dedicados a la R.M. Bourdat. En la Iglesia Santa Teresa, la Beneficencia de Lima y las Hijas de la Caridad encabezaron una Misa digna de la talla de la religiosa, pero se hizo visible que la dictadura, estaba mortificada por estos pequeños recuerdos en homenaje a la madre Teresa.

Don Pedro Candamo, Director (presidente) de la Beneficencia de Lima, decidió, por su cuenta y riesgo, organizar los funerales limeños de la R.M. Bourdat. Aquí podemos encontrar una decisión de Candamo de diferenciarse de la dictadura, a pesar que él había sido uno de los organizadores del Partido Constitucional, cuya bancada lo llevó a presidir tres veces el Senado de la República. Candamo terminó finalmente rompiendo con el militarismo surgido de la Guerra con Chile.

En el caso que pudiéramos escenificar ese momento de las primeras semanas de mayo de 1892, podremos ver a Candamo, solo, absolutamente solo, en tanto su esposa, Teresa Alvarez Calderón de Candamo y sus hijas encabezaban a las damas de la sociedad limeña en la tarea de homenajear a la religiosa francesa.

El viernes 27 de mayo a las 8 y 30 de la noche se celebró la solemne Misa de honras fúnebres de la R.M. Teresa Bourdat, oficiada por monseñor Manuel Tovar en la Iglesia de la Merced. Ese mismo día el gobierno de Morales Bermúdez autorizó a la Beneficencia de Lima a gastar 300 pesos y designó como su representante al ministro de Justicia. No participaron oficialmente el Poder Legislativo, el Poder Judicial, ni los altos mandos militares.

La colonia francesa en pleno estuvo en La Merced y en sus calles adyacentes confundida con un gentío que se dio cita para honrar a la religiosa. Nadie quiso ser parte de la pasión política en contra de una monja que había dedicado su vida al Perú.

El jesuita Antonio Pérez Barbe cuando terminó la Misa pronunció la oración fúnebre de un ser humano al que había admirado profundamente y tuvo que cuidar sus palabras con la finalidad de respetar la forma y estilo de vida a la madre Teresa, por tanto no hizo un retrato o perfil biográfico, ni detalló su obra. Habló durante hora y media. La opinión pública consideró que debió haber hablado más tiempo.

La R.M. Teresa Bourdat quiso pasar después de su muerte a la absoluta anonimidad, nada debía recordarla como un ser individual, ella y sus hermanas, tenían un solo nombre Hijas de la Caridad y un solo apellido San Vicente de Paul. En vida ella prohibió todo tipo de retrato, sea escrito, pictórico, y fotográfico. Nunca se escribió su nombre, fuera de los documentos que tuvo que suscribir. Toda referencia escrita sobre ella tuvo la denominación de Visitadora.

Solamente, en tres momentos hemos encontrado el nombre escrito de la madre Teresa Bourdat, en 1892 el año en el que falleció. En 1913, cuando la Beneficencia de Lima publicó el libro Album Fotográfico y en 1958, cuando se cumplió el centenario de la presencia de las Hijas de la Caridad.


Un convento zarpó de Burdeos

El barco San Vicente de Paul, un convento lanzado al mar en Burdeos con un destino exclusivo; el puerto del Callao, con escala en Valparaíso. La nave cruzó primero el estrecho de Magallanes, después en Chile quedaron cuatro Hijas de la Caridad. Los agentes comerciales de la Casa Montane que habían preparado la travesía en Francia, informaron desde territorio chileno que la hazaña estaba por cumplirse.

44 Hijas de la Caridad, 2 sacerdotes lazaristas y 1 hermano coadjuntor, desembarcaron el 2 de febrero de 1858. El Callao las recibió apoteósicamente cuando las vieron descender de la nave a los botes que los trajeron a tierra. Una multitud vio que el mar había traído un convento al Perú.

El Cónsul General de los Estados Pontificios y Director (presidente) de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, don Aquiles Allier, acompañado de su hija, la señora Bárbara, les dio la bienvenida y ofreció a la madre visitadora sus servicios junto con los de todos franceses residentes en el país, invitándola a iniciar una vida en tierras lejanas a la patria, tal y como él lo hizo, casi cuarenta años antes.

Rodeadas por las principales familias francesas, las Hijas de la Caridad abordaron el tren con destino a Lima. En la antigua estación situada en lo que hoy es la Plaza San Martín, uno de los gentíos más grandes que se pudiera recordar recibió a un verdadero batallón de enfermeras con sus guías espirituales, que también lo fueron de los hospitales.

Las personalidades del país, los socios de la Sociedad de Beneficencia y sus familias vistieron de estricta etiqueta. Las damas de la alta sociedad, esposas, madres, hermanas e hijas de los anteriores, vestidas de negro y con mantilla. Las monjas creyeron que habían llegado a una ciudad de viudas. Las damas estaban ubicadas junto al obispo Orueta encargado del Arzobispado de Lima por el fallecimiento del Arzobispo José Manuel Pasquel. El monseñor estuvo acompañado por los monseñores Orbea y Tordoya, junto con todo el cabildo metropolitano, recibiéndolas al pie del vagón. Junto con el señor Allier presentaron a la madre Visitadora a la esposa del Presidente de la República, doña Francisca Diez Canseco de Castilla.

En procesión recorrieron el jirón de la Unión hasta la Iglesia de la Merced, en donde el futuro Arzobispo de Lima, monseñor Orueta, celebró una Misa de acción de gracias. Luego fueron llevadas provisionalmente a una propiedad de la Beneficencia de Lima, un antiguo convento empleado como casa de huérfanas, que fue especialmente habilitado, perteneciente al conjunto arquitectónico de la Iglesia Santa Teresa.

La R.M. Bourdat convirtió el sitio en el convento Santa Teresa, la casa principal de las Hijas de la Caridad en el Perú, con el tiempo modernizó la casa de huérfanas que le era anexo, se estableció además un local de lactantes, se implementó un comedor y un consultorio médico para pobres.

Por el terremoto de 1940, el lugar quedó muy deteriorado, la iglesia fue demolida. De todo el conjunto persiste el centro educativo llamado Gruta de Lourdes. En cambio la antigua e inicial casa de las Hijas de la Caridad, es lo que se llama hoy El Hueco de la avenida Abancay, un tugurizado centro comercial levantado sobre una excavación que debieron ser los sótanos de un edificio que nunca construyó la Beneficencia de Lima.


Hospitales y Asilos

La Sociedad de Beneficencia Pública de Lima era una institución con una enorme capacidad de gasto. Sus ingresos que en 1846 totalizaron 149,904 pesos ½ real; en 1852 ascendieron a 283,472 pesos y en 1855 totalizaron 303,495 pesos. En ninguno de estos años se realizó alguna obra constructiva de magnitud que implicaran egresos importantes, desde su fundación en 1834, los dineros de la Beneficencia no se distrajeron del sostenimiento de sus establecimientos, construidos en los siglos XVI y XVII.

A partir de 1858 la R.M. Bourdat decidió el destino de los gastos de la Beneficencia de Lima para el sostenimiento de los hospitales San Andrés (hombres), Santa Ana (mujeres), Incurables y el nuevo Hospital de Amentes, construido ese año; la Casa de Huérfanos; los colegios Santa Cruz y Guadalupe (para niñas pobres); el hospicio Ruiz Dávila; el beaterío de Amparadas; con el tiempo fundaría el Hospital de Jauja, para tuberculosos. En 1875, el Hospital Dos de Mayo sucedió al hospital San Andrés. En su época se fundaron varios asilos en la capital, entre ellos el hospicio Manrique en lo que hoy es la Plaza Francia.

El éxito de su trabajo en Lima hizo que otras beneficencias públicas, invitaran a la madre Teresa a hacerse cargo de sus establecimientos, y así las Hijas de la Caridad se trasladaron al Callao, Trujillo, Cajamarca, Arequipa, Puno y Ayacucho. En este momento de expansión la R.M. Bourdat aceptó llevar a las Hijas de la Caridad a Bolivia.

La R.M. Teresa Bourdat nació el 27 de abril de 1814 en Viriville, departamento de Isere en el Delfinado y cuya capital es Grenoble, perteneció a una familia principal y acaudalada de su región que le brindó una educación esmerada. El 1 de diciembre de 1842 profesó en la congregación a la que entregó su vida. En los siguientes siete años fue enfermera en el célebre Hotel Dieu, el hospital más antiguo de París que comparte su historia con las Hijas de la Caridad; en Castellemare, Nápoles dirigió un hospital y después de dos años pasó como superiora a Valencienne, ciudad del departamento Nord, a orillas del río Escalda y fronteriza con Bélgica.

En esta importante ciudad metalúrgica y textil, la madre Teresa pasó los últimos seis años de su vida europea antes de ser designada al Perú como superiora de la casa de Lima y visitadora de los establecimientos de la Beneficencia, a los 43 años de edad. Nadie pensó en Lima que las Hijas de la Caridad iban a realizar cosas portentosas, se creyó que los enfermos y los abandonados iban a tener un mejor trato, ellas significaban la europeización de la Beneficencia, pero no se tuvo mayor criterio sobre lo que sería la actuación de ellas. En ese momento, sólo don Aquiles Allier, tuvo un criterio definido a favor de sus compatriotas, encabezadas por la madre Visitadora, a la que describiría como un espíritu de caridad, es decir, un espíritu del amor de Dios.

En diciembre 1858, cuando culminó el período de Allier en la Beneficencia de Lima, dejó a la congregación francesa Hijas de la Caridad como directora de los hospitales y hospicios de la capital. La dirección equivalía a la administración del conjunto de esos predios y de cada uno de sus ambientes. No existía la posibilidad de un poder alternativo a estas religiosas, ni tampoco se permitieron pequeñas jefaturas con las que ellas tuvieran que compartir el manejo hospitalario.

Los ingresos de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima en 1858 sumaron 326,894 pesos (65,378 libras esterlinas 653,780 francos), de ellos 5 0,000 pesos provinieron del legado de don Mariano Ugarte, quien falleció a mediados de ese año y que se hizo efectivo, porque don Aquiles Allier era el albacea. Los proyectos de esta institución no hacían visualizar ninguna obra de importancia.

Desde el primer momento, la R.M. Teresa Bourdat mostró conocimiento, inteligencia y carácter, con una firmeza muy poco esperada en una monja extranjera recién llegada al país. La suerte de ella fue que un compatriota, don Aquiles Allier, era el único interlocutor válido a quien ella pudo exponer (en su propio idioma) sus propuestas y necesidades y al mismo tiempo pudo igualmente comprender la respuesta de la Beneficencia de Lima a través de Allier. La realidad era que Allier en ese momento era la Beneficencia de Lima. Así ellos realizaron una reforma hospitalaria.

En todos los hospitales de Lima se implantó el uso de catres de fierro y por primera vez se pudo conseguir el aseo de los pabellones. La modernidad había llegado al Perú, antes, tan solo el día anterior a la implementación de la medida, cada enfermo o enferma montaba a partir de su propio lugar o lecho, una covacha, cada una más miserable e inmunda que la de su vecino.

Las enfermas vivían en sus covachas con sus hijas. La madre Teresa encontró 30 niñas y con ellas fundó en el Hospital Santana un dormitorio y taller de costura. En este nosocomio se asfaltaron las salas, se construyó una botica, un laboratorio y una cocina. Al conjunto arquitectónico se le agregó una estructura seria pero elegante para albergar a las Hijas de la Caridad destacadas a ese establecimiento de salud.

En el Hospital San Andrés la reconstrucción abarcó todas sus estructuras por el estado de vetustez y aquellos pacientes que mantenían prácticas inmorales o se opusieron al nuevo orden fueron expulsados al Refugio de Incurables. En el Hospital San Bartolomé (militar) el gobierno realizó las reconstrucciones solicitadas por las Hijas de la Caridad. En los dos nosocomios se edificó el convento o casa de las religiosas.

En los hospitales la R.M. Bourdat encontró 65 hombres y 75 mujeres en los pabellones para enfermos mentales, llamados loqueras por lo que usándose el legado Ugarte se construyó el Hospital de Amentes, también llamado Insanos o antiguo manicomio de Lima, en el Hospicio de la Misericordia, adquirido para tal fin un año antes por la Beneficencia de Lima, ubicado en los Barrios Altos.


¿De dónde salió el dinero?

La Memoria de 1858 de la Beneficencia de Lima señala que: “nunca se gastó tanto”, pero no detalló rubros de ahorro para realizar la reforma hospitalaria emprendida con la sola presencia de las Hijas de la Caridad y desarrollada por su Visitadora. El dinero salió de los ahorros logrados al acabar con las diferentes corruptelas entronizadas desde los tiempos de la colonia.

En primer lugar las religiosas quedaron a cargo de todas las compras y para evitar intermediarios en la adquisición de las medicinas Allier autorizó a la casa principal de la congregación, aquella situada en la calle del Bac en París a comprar directamente los medicamentos en Francia, a los precios que las Hijas de la Caridad obtenían para los hospitales y asilos franceses.

El segundo punto donde estuvo concentrada la corrupción fue en el rubro de los alimentos, la Beneficencia de Lima daba de comer diariamente a unas 1,500 bocas entre enfermos, asilados y empleados. El tercer punto radicó en la ropería (ropa blanca y vestimentas). En lo sucesivo, los ahorros logrados permitieron ampliar el número de beneficiados y mejorar la calidad de los servicios, pero también es cierto que en 1858 la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima pudo realizar grandes obras de infraestructura, ciclo que terminó cuando a partir de 1968 las Hijas de la Caridad dejaron los puestos de dirección y administración de sus establecimientos.

La Pasión Política

La madre Teresa, año a año, hasta sumar 34, cerró toda posibilidad de negociar con las necesidades de los pobres, entre 2 y 3 millones de libras esterlinas pasaron por sus manos. Oficialmente, por acción de don Pedro Candamo, se le reconoció post mortem que había ahorrado cientos de miles al Perú.

¿Cuántos quisieron hasta la desesperación sin límites agarrar con las dos manos los dineros, cuyo gasto disponía la madre Teresa? Ese es el origen y fundamento de la pasión política que mortificó sus últimos días de vida extendida hasta la realización de sus funerales limeños, presididos en solitario por don Pedro Candamo.

En el caso de la R.M. Bourdat, la pasión política llegó a convencerla que después de su muerte terminaba en el Perú la obra de las Hijas de la Caridad, por ello su viaje a Europa al encuentro de su Virgen de la Medalla Milagrosa en la capilla de la calle Bac de París. No creemos cierto que fuera obligada a salir del Perú por ser partidaria de don Nicolás de Piérola, toda la élite de la colonia francesa fue pierolista y nunca, ninguno de ellos, tuvo problema político alguno.


Santa Mujer

En el mes de mayo de 1892, el Perú reconoció que Teresa Bourdat había sido en vida una santa mujer al servicio de los peruanos, primaban en los recuerdos, su abnegación en la Guerra con Chile, cuando el manto del luto se extendía traído por el invasor y la madre Teresa buscaba soluciones para atender con alimentos y medicinas, a los heridos, los enfermos, los huérfanos, los ancianos y a quienes cayeron en la mendicidad.

La muerte de la R.M. Bourdat fue tan inesperada como los nuevos vientos que trajo sobre las Hijas de la Caridad de reconocimiento a su apostolado en el Perú, una congregación que desde sus inicios en Lima formó su seminario de novicias en el convento Santa Teresa con tres señoritas limeñas, entre ellas la famosa madre Carassa hija de don Francisco Carassa la gran personalidad de la Beneficencia de Lima.

Sor Eugenia (Rosalía Castagnet) la superiora de Puno fue nombrada la sucesora de la madre Visitadora, con ella no se cometieron ingratitudes y la pasión política no tocó las puertas de su convento, así la R.M. Bourdat pudo vencer, cuando ya muy pocos la recordaban.