jueves, 12 de febrero de 2015

42. Eduardo de la Piniella Palao, periodista héroe de Uchuraccay

I

En el primer día de clase, enero del 69, Eduardo se sentó en la primera fila, era una mula de grandazo, por eso me di cuenta de su existencia, era un medio gringo que tenía pinta de forajido, que se comportaba como chancón, o por lo menos había leído a "Demián" de Herman Hesse que señala a Emilio Sinclair enseñándote a sentarte frente al profesor para que nunca te pregunte en clase.

En el intermedio de las dos horas del dictado de inglés, estuvimos conversando con un grupo de chicas, nos pareció que nos conocíamos de siempre.

Eduardo se sentó al lado mío, atrás. Y le dijo a quien estuvo sentado antes: "lo siento, él es mi amigo, y nos vamos a sentar juntos durante todo el curso".

La primera clase, terminó, salimos juntos y me siguió al primer piso sin hablar, allí había unos confortables y de frente fui a sentarme, él hizo lo mismo.

Me pareció que estaba bien, no conocía a nadie. Le dije que esperaba a Salvatore Ligamaro, quien además de ser un cura del Colegio Santa María, fue mi profesor en primaria y que estaba en dudas con su vocación y que el padre Robert Heil SM lo había puesto a trabajar en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, en este, su momento de reflexión.

Eduardo puso una cara de horror y exclamó: "¡Eres amigo de un cura!" y me preguntó que para donde iba, ya que el vivía en Arequipa, no conocía a nadie, se alojaba en casa de su abuelita y que había decidido que fuera su amigo, estaba en Lima para jugar en un club de fútbol, que mañana tenía la oportunidad de ir a La Florida, para probarse en Cristal y me invitó a que lo acompañara.



Le conté que me habían jalado de año, cuarto de media, y que mi abuela Rosita no aceptó que se me impusiera ningún tipo de castigo, todo lo contrario me mandó a estudiar al Cultural y por eso Salvatore me había matriculado en el quinto ciclo, pero no sabía cómo es que estaba en el primer ciclo y que seguramente haría laberinto y medio, porque el gringo era bastante cruzado.

Le conté que en el Colegio, le había pegado a dos curas y a uno de ellos dos veces. Salvatore jugaba todos los deportes, era un cowboy de St Louis, Missouri, pero como descendiente de italianos, le encantaba el fútbol.

Estábamos con Eduardo en esas conversaciones excesivamente cordiales, que son usuales entre jóvenes en el inició de su amistad, cuando una voz en inglés me mandó a levantarme para irnos, era Salvatore, tenía un poco más de treinta años, pero parecía menos, y era tan mula de grandazo, como Eduardo.

Sin saludarlo le di la mano y Eduardo también. Salió caminando con nosotros a la avenida Arequipa. No hizo nada para despedirse. Salvatore estaba acostumbrado a exhibir su mal humor. Y le expliqué, que era mi amigo Eduardo y que mañana lo iba a acompañar al Club Cristal para que se probara como jugador.

Salvatore tomó un taxi y nos dejó en mi casa, después de la comida Eduardo se fue, pero a las siete de la mañana, estábamos en el taxi que nos llevaría al Rímac.

Tiempos de las vacaciones de verano, este nuevo amigo solamente pensaba en él, era una locura salir a las siete de la mañana y así llegamos a Cristal, centro de operaciones de Didi, no lo podía creer y quien me lo va creer y Eduardo se desempeñó como pudo en la pichanga.

Didi (Waldir Pereyra) dijo que estaba un poco gordo, que no tenía velocidad, que tenía mucho pelo, que parecía argentino, "Un argentino flaco", no bastaba ser empeñoso, apenas si lo vio.

No es posible tolerar tanta crítica en contra de mi amigo, me fastidió.



Me aparté del gran Didí y me puse a caminar, en eso vi que estaba mi amigo Felix Nakamura, fotografo de La Prensa, cañetano, nacido en la Hacienda Montalbán, y él mismo al verme movió la mano para que vaya donde estaba con varios colegas. Les pedí que ayudaran a mi amigo y fueron todos para hablar con el maestro Didi.

Todos criticaban a Eduardo, todos los fotógrafos presentes jugaron después fulbito con él y todos fueron sus patas. Eduardo no había nacido para ser futbolista profesional sino periodista y quien podría haberse imaginado que es una de las figuras emblemáticas del periodismo nacional.

Eduardo persistió en jugar fútbol, para nada era el tipo de hombre que aceptaba el NO como respuesta, jugó en la segunda división muchos partidos entre el 69 y el 71, y persistió en entrenar en Lince y ya en 1977, cuando nos hicimos amigos de Amador García y de Pedro Sánchez, pasó a jugar casi todos los sábados hasta el final de su vida en el lugar donde jugaban los fotógrafos del periodismo limeño.

Salvatore Ligamaro, dejó a la congregación marianista, se casó con la hermana de uno de sus alumnos. Pedro Beltrán Ballén y Roberto Letts Colmenares, alumnos del padre Heil, en el Colegio Santa María, le consiguieron trabajo en la Cerro de Pasco Cooper Corporation, en la que se desempeñó hasta la expropiación velasquista.

La transnacional, cuya empresa peruana fue nacionalizada le dio trabajo, extraordinariamente bien remunerado, en una enorme empresa siderúrgica en la ciudad de Pittsburg, la sede del acero de los Estados Unidos.

Mientras vivió Salvatore en nuestro país, tuvo en Eduardo, a uno de sus mejores amigos. Eduardo lo llevaba a jugar fútbol a Lince, en donde también entrenaban antiguos alumnos de Salvatore, quien no tardó en tener a Eduardo de ayudante deportivo en La Oroya. Una virtud de Eduardo fue la de armar de nada equipos de fútbol y torneos. Pero por supuesto que Eduardo hizo trabajo político, en su condición de militante izquiedista, en esa época de Vanguardia Revolucionaria, de La Oroya a Cerro de Pasco.

Eduardo de la Piniella entrevistando al presidente Fernando Belaunde.

Salvatore, después de que murió su alumno y amigo Oscar "Chino" Malpartida Sarria, famoso tablista y padre de nuestra campeona Kina, volvió a Lima de visita, con su esposa peruana. Me dijo que en Pittsburg, donde vivía se había publicado lo de Uchuraccay, pero no sabía nada de la muerte de Eduardo y mucho menos que fuera de izquierda. No le gustó eso, pero estaba chocado. Su esposa, me dijo que había visto las fotos terribles de las víctimas. De inmediato, solamente se abrazó con Salvatore, para compartir la enorme emoción de pena que los embargaba.



II

En este terrible verano de 1969, cuando tenía que pasar de cuarto de media a cuarto de media, no quería tratar con nadie que me hiciera recordar que en abril regresaba al colegio y caminé con Eduardo, todos los días, íbamos a la playa, me llevaba a visitar a unas chicas que visitábamos todas las noches, me presentaba como su hermano. Ellas lo apodaron El Principito, porque decían que era igualito al dibujo que ilustra la obra de Saint Exupery, y hasta que murió conservó el apodo, el decía que lo repetía y repetía a través del tiempo para fastidiarlo, era algo que solamente yo sabía. Eduardo en todos sus momentos hablaba de su papá que acababa de fallecer.

Unos días antes que acabara enero, Salvatore Ligamaro, nos pidió que lo acompañáramos a la UNI (Universidad Nacional de Ingeniería), le habían ofrecido trabajo, no le gustaba caminar solo por Lima, tenía miedo que lo asaltaran, hablaba poco castellano, tenía no solamente pinta de gringo, sino que cuando iba al cine, creía el público que era el actor de la película. Y él era todavía un hombre joven que había pasado unos catorce años en el convento. Se mostraba muy tímido, con este tipo de expresiones públicas con las que se encontraba y Eduardo se convertía como en un parachoque que lo protegía. A la gente siempre les decía que en verdad, era un gran artista de cine y que pidieran un autógrafo para que supieran quien era. Se armaban tumultos.

Cuando llegamos a la UNI, nos encontramos de pronto con un amigo mutuo, Russell Wensjoe Mantilla, alumno de esa universidad, un hijo de aviador que estuvo un año destacado en Arequipa y ese año estudió en la misma clase con Eduardo. Su padre el comandante Wensjoe, fue amigo de mi papá, quien lo recuerda con mucho aprecio. El flaco como le decíamos, fue mi amigo que sabía todo lo que me pasaba, me llevaba tres años, pero como yo era menor, cuando íbamos de cacería o de pesca, con nuestros padres, consideraba que era su obligación cuidarme, siempre fue así, hasta que lo mataron en el Hospital Regional de Ayacucho. Otro amigo, Oscar "Chino" Malpartida Sarria, quien después sería tricampeón de Tabla Hawaiana, también acompañaba a su papá. Eduardo fue un par de veces, con ellos. A mi no me llevaron, estaba castigado por la jalada de año.

En esa época el Flaco Wensjoe había convertido a uno de los centros federados de alumnos de la UNI en el lugar en el que desarrollaba su vida, los dirigentes de su partido, visitaban el sitio, a uno de ellos lo llamaban argentino, porque había vivido en Argentina y su forma de hablar, era el de Buenos Aires. A veces se reunían allí, conocía al secretario general, era amigo de uno de mis tíos. Éramos como una decena de jóvenes, el único que estaba en el colegio era yo, algo que era visible, todos eran mayores.

Así transité como un mes de vida universitaria antes de tiempo, hasta que se desarrolló una protesta en contra de la dictadura militar que tenía muy pocos meses. El objetivo fue llegar temprano y la tarea fue poner piedras en la avenida. Era como un regalo del cielo, así decía Eduardo, que no había logrado engancharse en ningún club de fútbol y su vida proyectada para ser futbolista, estaba terminada sin haberla iniciado. Ese día nos fuimos como al mediodía con Eduardo a almorzar a la casa de mi abuela Rosita, quien le había tomado aprecio a mi amigo. Eduardo tuvo la virtud de caer siempre bien, es entre mis amigos, fue el preferido de mi mamá.

Al día siguiente cuando llegue a la UNI en la línea de micros Santa Cruz, me jaló sorpresivamente del brazo Eduardo, quien había llegado primero. Me dijo que no estuviéramos visibles, me exigió que nos escondiéramos, toda la zona estaba no solamente tomada por policías, que habían quitado todas las piedras, puestas el día anterior. En verdad que la avenida estaba limpia y me dijo que era mejor irnos, porque ya no se podía hacer nada, yo quería seguir poniendo piedras, esperamos hasta que apareció un grupo de alumnos, marchando, gritando. Nos unimos a ellos.

Foto Germán Schwarz. Eduardo entrevistando al presidente de Izquierda Unida Alfonso Barrantes.


En eso apareció el rochabús, llovió piedras, cayeron bombas lacrimógenas y desembarcaron de un carro porta-tropas a decenas de policías, cuyo objetivo fue detener alumnos. Después de correr, nos escondimos con Eduardo, hasta que todo estaba tranquilo. No tenía paciencia para esperar, y salí a la avenida. Eduardo ya tenía experiencia, se quedó. En eso se me paralizó el corazón, si es que no quiso saltar por mi boca. Unos treinta policías pasaron a mi lado, llevaban como a diez detenidos, no parecían alumnos.

Uno de los detenidos, reclamó de porque a mí no me llevaban con ellos, y uno de los policías exclamó: "No detenemos niños", bueno ya tenía 16 años, no era un niño. Pero esta aventura a la izquierda se nos acabó, ese día. Eduardo regresó a Arequipa, por decisión de su hermano, para que postulara a la universidad y a mí el partido del flaco Wensjoe, me mandó a acabar el colegio, no me necesitaban para poner piedras en la pista, consideraron que era peligroso si mi familia presentaba queja en contra de ellos.

Con Eduardo, el flaco Wensjoe y mi compañera Dalma Miculicic, hemos caminado juntos por todas partes, de Cajamarca y la sierra de Piura hasta el Santuario del Señor de Qoyllority en el Cusco, camino a Sicuani. Como pasa en todo grupo de amigos, se ampliaba y se achicaba, pero en 1977 se unió Amador García Yanque, quien trajo a Pedro Sánchez Gavidia, ambos fotógrafos. Eduardo pasó a jugar fútbol con ellos todos los sábados en la mañana, dejó de ir para siempre a la segunda división de Lima y así dela mano de Pedro y de Amador, ingresó al mundo del periodismo, trabajó en el periódico de su partido Clase Obrera y de allí pasó al Diario de Marka. Y Eduardo siempre fue leal con los reporteros gráficos, murió con cuatro de sus amigos en Ayacucho, Amador, Pedro, Jorge y Willy.

Russell Wensjoe fue asesinado en el Hospital Regional de Ayacucho, 10 meses y 10 días antes del asesinato de periodistas en Uchuraccay. El dejó sus estudios en la Uni para dedicarse a la música, también cantaba y tuvo dotes de buen actor, interpretó a Cristo, en Jesus Christ Superstar, lo recuerdo en El Olivar de San Isidro, en el esplendor de sus 24 años de edad y quien diría que unos nueve años después, a los dos días de su asesinato acompañaría al papá de mi amigo, junto con Eduardo, Pedro y Amador, a recoger su cuerpo.

Esa mañana en Ayacucho, la radio transmitía una y otra vez: La vida no vale nada" de José Alfredo Jiménez. Canción de los Cristeros mexicanos. Uno de sus versos refiere que gana el que mata....así estaba la situación.. entonces ir a Ayacucho, como fue el caso de Eduardo de Piniella, de regresar para confirmar hechos de la muerte de su amigo, además de la tarea que le encomendó su organización, el Partido Comunista Revolucionario, era arriesgar la vida y así son los héroes, los mártires, los hombres de bien, que nunca serán olvidados.

En el verano del setentayuno, mientras trataba de enrolarse en la segunda división, con éxito, Eduardo se cachueleaba en el enorme tobogán de Miraflores. Ahi estaba en su esplendor juvenil, 21años de edad, atendía a todos, desplegaba su talento innato para tratar con los niños, les daba confianza absoluta, para que no tuvieran miedo, los hacía subir y les enseñaba a tirarse sin temor alguno.

Caminando en fila india a Uchuraccay: Pedro, Eduardo, Willy, Jorge Luis.


Mi papá no quería que mi hermanita subiera y mucho menos que se deslizara. Eduardo lo convenció que no había peligro alguno, mi mamá le dio permiso, y subió y bajó tanta veces Augustita necesito para aprender. Así fue siempre con los niños y con las niñas, su sueño era tener su academia para enseñar a jugar todos los deportes, pero eso ya sería, según él cuando triunfara el socialimo en el Perú. A los amigos se les quiere, se les respeta y en el caso de Eduardo hay que recordarlo, tal y como fue en vida, respetando todos sus ideales, sus esperanzas y sus sueño de transformar el Perú.

En la primera foto, que posiblemente es de Amador, se ve caminando a Uchuraccay, en fila india, primero va Pedro Sánchez, seguido por Eduardo de la Piniella, Willy Retto y Jorge Luis Mendivil; Foto de Pedro Sánchez: Eduardo, entrevistando al entonces Presidente Electo, Fernando Belaunde, quien está acompañado por su esposa Violeta Correa, ingresando a su departamento frente al Golf de San Isidro; Foto Herman Schwarz: Eduardo entrevistando a Alfonso Barrantes, presidente de la Izquierda Unida después de una romería a la tumba de Mariátegui; Eduardo en un partido de la Segunda División en el verano de 1970; Foto de Pedro Sánchez: Eduardo posando para un artículo de fumadores, que fue tomada por Pedro en el Bar Superba, en el que paraban los periodistas del Diario de Marka.

Foto: Antonieta Gamarra. Comuneros de Uchuraccay cargan a uno de los héroes del periodismo peruano.

III

Cada año, en la última semana de enero, se conmemora la tragedia de Uchuraccay, un asesinato de periodistas en la comunidad campesina Uchuraccay a seis horas en carro y también caminando desde Huamanga, Ayacucho. Los asesinaron en su misión de la búsqueda de la verdad. Y en verdad que pena, pasan los años y uno siente la misma pena. En la Santa Misa anual en Santo Domingo, cuando voy, me siento en la misma banca con mi amiga Denis Merino. Toda la Misa Denis me dice: "Que pena tengo" y cada vez que lo expresa, me digo también que pena.

Este año 2015, se están conmemorando 32 años del hecho que estremeció al Perú y que nos presentó como un país en el que se mataba a hachazos a periodistas. Hecho que únicamente benefició a los terroristas de Sendero Luminoso y a nadie más.


Mi amigo Homero Zambrano, enorme periodista, entre lágrimas le preguntó el domingo, el día siguiente del anuncio oficial, en la habitual conferencia dominical del Presidente de la República, Fernando Belaunde Terry: "¿Señor Presidente qué es lo que está pasando en el Perú?". Y es que el Perú de pronto despertó a lo que inicialmente se llamó: "El fenómeno terrorista", un baño de sangre que nos envolvió por diez años más.

Ese día en el salón dorado del Palacio de Gobierno, se guardó un minuto de silencio, por los periodistas asesinados en Ayacucho. Acto encabezado por el Presidente Belaunde, rodeado de periodistas, entre ellos mis amigos don Max Jiménez León, don Julián Bernardino Arrieta y don Alejandro Borboy Echevarría.

Siempre he creído que fueron los militares del Cuartel "Los Cabitos" y que el jefe de ellos fue el general Clemente Noel y Moral, aquel hombre que sin pudor alguno dijo que los campesinos confundieron las cámaras fotográficas con armas.

Foto: Pedro Sánchez: el drama del terrorismo en el Perú.

Siempre he estado convencido que el Presidente Belaunde, no tuvo conocimiento del hecho hasta que se lo comunicó monseñor Augusto Vargas Alzamora, entonces secretario del Episcopado y después cardenal del Perú.

La señora Violeta Correa de Belaúnde, esposa del Presidente, delante de mi amiga Elsa Arana me preguntó una vez, que si yo creía que su esposo y ella tenían las manos manchadas de sangre y le respondí que si yo creyera eso o tuviera la más mínima duda, no podría cubrir periodísticamente las actividades del Presidente Belaunde. Ella solamente exclamó: "Juventud divino tesoro".

Por Uchucarray y todos los desastres que afectaban al Perú, la Iglesia Católica por decisión del señor cardenal Juan Landázuri, mostró al mayor de sus símbolos en nuestro país, el Señor de los Milagros, cuya procesión salió de las Nazarenas extemporáneamente.
Previamente una Comisión Episcopal presidida por el propio cardenal Landázuri, e integrada por los monseñores. Durand Flórez, Dammert, Metzinger, Vargas Alzamora y Schmitz, estudiaron el caso Uchuraccay, y pidieron al cardenal que la procesión saliera a las calles para que nadie tuviera dudas que los periodistas mártires son hijos de la Iglesia Católica. Tuve la suerte de colaborar directamente con esta comisión. Previamente me confesaron conjuntamente los monseñores Dammert, Metzinger y Vargas Alzamora. Casi un tribunal de la inquisición, nunca dejará de sorprenderme que monseñor José Dammert Bellido fuera extremadamente duro conmigo.

Eduardo en un torneo de fulbito.

A Eduardo lo conocí en enero de 1969, en clase, en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, nos formamos a la vida, juntos, a Amador lo conocí un día que fue a tomar fotos a la sede central de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, en el verano de 1977, fue testigo de la novia, en mi matrimonio civil con Dalmacia Miculicic García, a Pedro lo conocí a través de Amador, él me acompañó a recoger los restos de Dalmacia y a investigar las causas de su fallecimiento. Jorge era muy amigo de Carlos "Chino Dominguez", quien lo presentó a Guillermo Thorndike y trabajó siempre con el "Gringo", lo conocí en La Crónica en 1974, cuando me dijo que si podía vender en mi kiosko del periódico, gelatina y otros productos que preparaban en su casa. Le dije que encantado, y nos convertimos en amigos para siempre. Willy y Jorge Luis fueron mis compañeros de trabajo en El Observador. Él publicó un suplemento internacional y colaboraron con él Pedro Sánchez y una amiga entrañable de ellos y también mía: Susana Bedoya quien siempre está presente en todas las causas justas.

Ucharaccay, es pues una historia de enorme dolor, nunca te puedes resignar que tus amigos, no siguieron disfrutando a sus hijos y no pudieron conocer a sus nietos. En La República salí de comisión periodística muchas veces con uno de los hijos del "gordo" Sedano, siempre le decía, no te olvides que tu papá fue mi amigo, y él se quedaba callado, hasta que un día me dijo: "Si lo sé", estábamos caminando por la avenida Colmena, ya de regreso al periódico, no le dije nada, porque de pronto se me cayeron varias lágrimas y es que la pena persiste desde el primer momento y es para siempre una herida que no puede cerrar.
En El Observador, el Dr. Luis Alberto Sánchez, fue el primero quien los señaló de héroes y mártires, pero en verdad, que enorme pena que no estén entre nosotros.

En la foto de la gran Antonieta Gamarra, los campesinos de Ucharaccay entregan a los mártires de Ucharaccay. Esta foto presenta a uno de los héroes del periodismo peruano, cargado por los comuneros. En la otra foto, que es de Manuel Michilot, es del 1 de mayo de 1983, el Señor en el atrio de la catedral de Lima, rodeado por los deudos, familiares, amigos y compañeros de trabajo, de los mártires. Nótese que por el fenómeno de El Niño, la gente está en la Plaza de Armas con sombrillas para protegerse del sol.

Foto: Manuel Michilot. Salida extemporánea de la procesión del Señor de los Milagros por los periodistas mártires de Uchuraccay y los males que aquejaban al Perú: 1 de mayo de 1983.

41. George N. Lytle S.M., peruanista, religioso y educador

UN TRABAJADOR EN EL JARDÍN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN.

Hno. George N. Lytle S.M., en 1966 cuando dirigió el colegio Santa María.


1. COMPAÑÍA DE MARÍA, MARIANISTAS

El hermano George N. Lytle es un ser humano de avanzada espiritualidad. El no cumple años, acumula bondades. Dios fue generoso con él al proveerlo de un cerebro extraordinario, al que sus alumnos siempre rendiremos tributo porque lo puso a nuestro servicio.

George nació en Estados Unidos y vino al Perú antes que la gran mayoría de sus alumnos hubiéramos nacido. Es un peruanista de corazón, de obra, de vida y pertenece a la alta élite de aquellos que han puesto todos los segundos de su existencia a desarrollar a nuestra patria. El, en la educación.

George es solamente George, con él hemos seguido la costumbre de llamar por su nombre a los sabios que nos educan, jamás nadie lo recuerda, de otra forma. No es posible reconocerlo por su cargo, estatus religioso, ni apellido, es George. A nadie se le ocurriría haber dicho me han mandado con el director, solamente diría: “Voy donde George”.

Presentarse ante George, es ya otro tema, tienes que estar pulcro de pies a cabeza y para hablarle, primero hay que organizar el cerebro, porque solamente si fallas, te mirará por encima de sus anteojos.

Pertenece al pequeñísimo grupo de hombres que carecen de un demás o un de menos. No levanta la voz, nada en él resulta ofensivo, no existe la agresividad. Es comprensivo en todo, menos en el saco mal puesto, detesta la corbata desaliñada, en ello es profundamente paternal.

Es un ser humano bueno en todo lo que significa bueno en el ser humano, por eso deslumbra su buena fibra y su agilidad mental. Temas centrales que buscó desarrollar entre sus alumnos, tanto en el cuerpo y como en la mente que son los que visten a tu alma, donde reside el Espíritu Santo.

Digamos que por un hecho circunstancial, George fue tres años seguidos mi profesor, es decir que de abril a diciembre de 1968 a 1970, me tuvo en su clase. El “any question” lo escuché mil veces, nunca nadie preguntó, silencio absoluto.

George es un hombre de oración, lo hace con tranquilidad y reflexión, pero es de mentalidad ganadora, es de los que está allí, empujando a conquistar la victoria. Le encanta la bulla del triunfo, organiza las celebraciones, no es un cartujo.

Ahora con su avanzada espiritualidad, empuña su bastón y se va en las mañanas a Pueblo Libre para seguir cumpliendo su apostolado de servicio al prójimo. Es George, nada lo detiene, sigue avanzando en su camino,  tomado de la mano del Señor. Vaya fe, puede ser inalcanzable, pero es ejemplar.

El colegio tiene su momento para terminar, es un peldaño en la vida compuesta por tantísimos momentos. Los alumnos son ingratos con su profesor. Es que, en líneas generales, olvidan sus rostros, sus nombres, conservan el recuerdo a veces de los malos, de los peores, de los buenos, de los mejores. En ello hay mucho de cómo te trató la vida a la hora que la enfrentaste.

El alumno nunca olvida a su maestro, siempre existe un momento para recordar con enorme aprecio, se escucha con cariño las palabras pronunciadas por otros condiscípulos y es bueno coincidir en los comentarios. A partir de este momento, cuento algunas anécdotas con mi maestro.

En mi quinto de media (somos poquísimos con este privilegio) tuvimos a George por tercer año consecutivo de profesor, con lo que, quiérase o no, me influyó para siempre. Enseñó matemáticas en la sección Letras. Dupliqué mi esfuerzo por aprender, porque sabía que la mitad de mi examen para ingresar a la Católica, era sobre razonamiento matemático. George preparó a toda la clase. Una buena parte pensaba estudiar en la universidad que escogí. En mi caso, sus enseñanzas fueron suficientes, y valieron para Matemáticas Básicas I, y III de Letras en la Católica.

En verano, previo al examen, lo vi tres veces, contento y optimista, con quienes se consideraban ya dentro de la universidad. Conmigo mantenía la seriedad y me decía: “No te preo­cupes, todo te saldrá bien”.

Cuando acabó la temporada de exámenes de todas las universidades, cumplimos el ritual de ir al colegio. Varios, a la antigua nos rapamos a coco, algunos la moda del pelo largo se los impidió. El primero en aparecer y felicitar fue George. Tuvo su tiempo para él, después salieron el padre Jorge Roos, con otros hermanos.

George saludaba, felicitaba y estrechaba manos sonriente. Esperó que me acercara, no lo hice, estábamos en grupo y seguían llegando. De improvisto, cruzó a todos. Con su sonrisa clásica de alegría, en la que muestra todos los dientes, con su derecha apretó con fuerza mi mano extendida, y con su izquierda, me palmeó el brazo seguido, fuerte. Ya sabía que estaba en la universidad, no estaba sorprendido, lo tenía previsto. Acaso no me enseñó matemáticas todo el año, había sido mi entrenador, dijo y lo repitió.

Todos, en pequeños grupos, pasaban al taller del hermano Mark Ross, allí él, con una latita de aceite 3 en 1, te llevaba al lavadero y te echaba unas gotas en la cabeza rapada para que no se oxide nunca el cerebro, quienes no querían, a ellos les lanzaba como carnavales, aceite que guardaba en baldes, para el cuidado de sus herramientas.

George es el Colegio Santa María, su mito viviente, porque le transmitió todo lo que es él, en su condición de ser humano, con las grandezas y limitaciones propias del hombre. El no forjó un mundo perfecto, pero sí lo llevó a tener el más alto prestigio de su tiempo, en todo.

Santa María no ha tenido un profesor que lo supere en espiritualidad e inteligencia, pero es también el hombre más sencillo que puede existir, él no es el sol que obliga a los planetas, satélites y asteroides a girar en torno a su persona. El es solamente Brother George, el maestro.

Lo conocí en 1963 a los diez años de edad, me daba enorme curiosidad, lo observaba de lejos y de cerca, era el profesor que me esperaba en el futuro porque tenía el destino de vivir para siempre en el Perú. Sus aires eran de Roy Rogers, porque conjugaba la formalidad con la informalidad, pero siempre mantenía la seriedad. Acaso habría sido actor de Hollywood antes, en esa época era muy famoso el padre Mojica, quien vivía en el convento de San Francisco, otrora famoso tenor mexicano.

Claro, los niños sacan sus arquetipos del cine y de la televisión, pero ya habiendo ejercido años después el periodismo y que pude tratar con la más alta jerarquía eclesiástica de la Iglesia Peruana puedo afirmar que George es de la talla de Landázuri, Vargas Alzamora, Dammert, Metzinger, Schmidt y el gran Durand Flórez.

Ellos, me dieron el mismo trato que George me otorgó y a ellos me presenté y hable como George me enseñó  a hablarle, pero siempre, es cierto, que la investidura eclesiástica crea una barrera insuperable.

Sin embargo, en 1986, no lo tenía previsto, ni lo consideraba posible porque no es mi estilo, delante del cardenal Landázuri, del núcleo dirigente  de la Iglesia Peruana y del Nuncio Dossena, se me permitió hablar tres veces a solas con el cardenal Joseph Ratzinger, hoy el Papa Benedicto XVI.

Ante lo imprevisto, no se puede organizar nada, tu mente tiene que trabajar en un segundo todo lo que pasó por tu vida y mi único arquetipo primordial era George, y ante el sabio maestro europeo, famoso profesor universitario, automáticamente le hablé como le hablaba a George, con absoluta normalidad y toda la fluidez posible, primando siempre la seriedad y la franqueza.

En primaria, cada vez que me encontraba con George, lo saludaba o él me pasaba la voz: “Hey, pequeño amigo, no soy invisible”. En esa época, George el tótem del colegio, llegaba de Chacarilla a San Isidro con los de cuarto y quinto de media. Lo escuchaba hablando de tiempos y campeonatos de natación con el hermano Leonard Rudy, posee una mentalidad que va en pos del triunfo, permitía que estuviera a su lado y lo escuchara.

En esa época se dispuso que solamente se podía hablar en inglés en el perímetro del colegio. Estaba expresando que George después de clase trabajaba de Roy Rogers, que en algún sitio guardaba a Silver, su caballo, junto con sus ropas de vaquero, pistolas y sombrero, tenía que descubrirlo.

Detrás mío, muy sentado, George me escuchaba, reía de buena gana y mejor ánimo. “Tu inglés, pequeño amigo”, reclamó. A propósito, poco después volvió a sorprenderme, solamente hizo el signo de la victoria con los dedos. A la tercera me mandó al castigo dos horas después de clases, porque no era el único que me había pescado en lo mismo.

Lo encontré a la salida, no quería mirarlo. Dijo:  “Hey, tú, pequeño amigo, eres un suertudo, mañana ya puedes hablar en tu propio idioma, a nadie volveré a castigar tan tontamente”. Me dio la mano y con su izquierda, me palmeó el brazo. Entre amigos no hay rencores, pensé.

Un año después, el hermano a cargo de la clase, era muy buen profesor pero demasiado joven. En clase a veces me abstraía o hablaba, no encontró otro castigo que mandarme a la capilla del colegio. Allí me quedaba hasta que sonaba el primer timbre de salida.

En la capilla, todo estaba en penumbras, puerta cerrada, a veces éramos varios castigados, generalmente me quedaba solo, allí sentado.

Cada vez que alguien entraba, el hermano Mark Ross martillaba con fuerza, la bulla resultaba crispante, así se lo fue a decir el hno. Ralph Newman, excelente profesor y mejor persona, ambos se acercaron a mi banca para decirme que pronto solucionarían todo. A la siguiente vez, en que fui castigado, Mark de pronto dijo: “Mi pequeño amigo, regreso, no permitas que cierren la puerta”. No demoró y volvió a su trabajo de ebanistería, arreglaba una banca. Era todo anaranjado, vaya hombre para bueno.

Cuando se abrió la puerta volvió a martillar, vio que era George, dejó de hacer bulla. George pasó rápido, me miró de reojo. Hizo una genuflexión, se arrodilló, oró. Habló con Mark un par de segundos, salió, ordenó que lo acompañara. El hermano Mark se despidió dándome la mano, dijo: “Pequeño amigo, estás en las mejores manos, puedes ir confiado”.

Me encontraba en el medio de algo que no comprendía, llegamos hasta casi el final del pasadizo que une la capilla con lo que fue mi clase de quinto de primaria. George hizo salir al hermano y lo llevó hasta la puerta del patio.

Escuché a George decir que los niños con mayor imaginación son los más habladores y pueden ser los más inteligentes. Era necesario tener paciencia con ellos, que era norma del colegio, nunca dejar solos a los más pequeños, que el hermano Mark por su bondad lo había estado cuidando y que resultaba inaceptable que se usara la Casa del Señor y de su Santísima Madre como lugar de castigo.

George estaba realmente molesto, irritado, comprendió que no era el director. Me mandó decirle al hermano Mark que trajera al director. Cuando llegó, Mark me hizo entrar a clase, que tomo brevemente a su cargo. George se había comprado un problema, ganó mi admiración para siempre.

Volvió a ser director del colegio entre 1965 y 1967. En el verano del 65, poco después de ocurrida la anécdota señalada en el párrafo anterior, organizó el traslado de San Isidro a Chacarilla. Este período en la dirección de Santa María cerró tal vez su etapa de oro, que en la actualidad puede ser considerada como su era antigua; la época siguiente del gobierno militar podría ser su intermedio y desde entonces su época moderna.

Como director, George tenía la costumbre de revisar todos los días la comida del colegio, a veces llevaba alumnos a los que consultaba si les gustaba y de acuerdo a lo que decían daba la orden final. Era usual que revisara los ómnibus de transporte para los alumnos con los hermanos Mark y Fred.

Una vez le pregunté, sin faltarle el respeto: “¿Por qué eres solamente hermano?”. Su respuesta fue sencillísima: “No necesito más para servir a Dios”, pero repregunté: “¿Los sacerdotes van siempre primero en tu congregación?”, y su respuesta me asombró: “No es importante quién va primero o último, solo tienes que cumplir el objetivo de tu vida, finalmente todos estaremos frente a Dios”.

George, mi maestro en 1968, mostró ser valiente, cruzándose literalmente en mi camino, para alejar a quien tuvo que poner lo más lejos posible, de inmediato. Ese era mucho más grande y fuerte que él. Este es pues, Brother George N. Lytle, un hombre de Dios y a través de El, en el servicio de los peruanos.

2. SEMBLANZA BIOGRÁFICA
Lytle George N. Hermano y educador de la Compañía de María, Marianistas, de la que ha sido su superior en el Perú.

Nació en San Antonio, Texas, Estados Unidos, el 4 de mayo de 1918, hijo de Nelson y Zeline Lytle, familia católica de raigambre tejana, cuyo hogar estuvo conformado por cuatro hijos.

Reside en el Perú desde 1943. Es el undécimo religioso norteamericano de su congregación que llegó a Lima, siendo destinado a enseñar en el Colegio Santa María, poco antes de cumplir los 25 años de edad. En la actualidad realiza su apostolado en la Oficina Regional Marianistas, en el distrito limeño de Pueblo Libre.

El hermano George Lytle cumplió su vocación educativa durante 51 años, en Lima, Callao, Trujillo y en la localidad de Chupaca, en el departamento de Junín. Es uno de los maestros de mayor experiencia en el país. Se jubiló en 1993, a los 75 años de edad.

En sus labores educativas tuvo como especialidad la física, cuyo grado académico le hubiera permitido enseñar en cualquier país del mundo. Sus conocimientos fueron válidos para la enseñanza de la química y de las matemáticas. También enseñó inglés y religión.

En 1937, a los 19 años de edad, respondió a su vocación religiosa, ingresando en el Noviciado de Maryhurst, St. Louis, de la Compañía de María, Marianistas. Realizó sus primeros votos el 25 de agosto de 1938, siguiendo estudios en la Universidad de Dayton, graduándose en 1941 de profesor.

Enseñó dos años en el colegio St. Joseph de Victoria, Texas, pasando  entonces a cumplir su vocación en el Perú, enseñando a partir de 1943 en el Colegio Santa María en su antigua sede de San Isidro, en el que actualmente funciona el colegio marianista María Reina.

El Colegio Santa María inició sus funciones el 14 de marzo de 1939, siendo su primer director el padre Bernard Blemcker quien años después sería el primer capellán del colegio, en su nueva sede en Chacarilla del Estanque. El segundo director fue el padre Albert Mitchel, quien había sido profesor de Historia de los Estados Unidos del hermano George y a quien pasó la posta de la dirección de Santa María.

Es así que en 1948, poco antes de cumplir los 30 años de edad, fue designado director del colegio Santa María, a los cinco años de haber servido en condición de profesor y siete años de haberse graduado.

El gobierno peruano había pedido en 1944 a la Compañía de María, Marianistas, hacerse cargo de la Escuela Normal de Chupaca, localidad próxima a Huancayo. En 1951 fue nombrado su director. En los Andes centrales del Perú, el hermano Lytle vivió los siguientes dos años.

Culminada su labor en la sierra, en la que un tejano vivió dos crudos inviernos, aunque en la altura andina, se dice que se toca con las manos el cielo, se reintegró al Colegio Santa María con la satisfacción de haber cumplido una difícil misión en el Perú profundo.

En los 20 años siguientes fue profesor en Santa María, con un intermedio de dos años en el que siguió un máster de física en la Universidad de San Antonio, Texas. Entre 1965 y 1967 fue director del Colegio Santa María, por segunda vez, consolidando su prestigio de educador en el  país.

El gobierno militar, instaurado en octubre de 1968, inició un proceso nacionalista de transformación económica basado en el proyecto socialista desarrollado en Yugoslavia, y de alianza con la Unión Soviética, marcando una política en contra de la presencia de los Estados Unidos en el Perú.

El proceso gubernamental de expropiación y de estatismo tuvo en la mira a la obra de los marianistas. Inicialmente, en forma absurda se limitó al mínimo la presencia de sus educadores de nacionalidad norteamericana a partir de 1970, afectando así la base central de su prestigio en el Perú.

En 1971 los marianistas lo escogieron y lo nombraron su Superior Regional en el Perú, un cargo que siempre había sido ejercido por sacerdotes, para que empleara su sabiduría, que conlleva la prudencia en salvar una obra que estaba en plena expansión. Superó la etapa con enorme éxito. Cuando su periodo culminó en 1976 había ya terminado la revolución de Velasco y la era anti-norteamericana en el país.

En otro momento sumamente difícil, marcado por la carestía de la vida, la inflación y el terrorismo, los marianistas volvieron a recurrir en el hermano George para que fuera su Superior Provincial de 1983 a 1988, en la que su emoción social le permitió proyectar la obra hacia el futuro.

El hermano George N. Lytle también ha impreso su nombre en dos tradicionales colegios marianistas: San Antonio del Callao y San José Obrero de Trujillo. En el primero fue su director de 1978 a 1982 y del segundo fue director de su sección primaria entre 1989 y 1993.

En 1994 se integró a la Oficina Regional Marianista que en esa época  se llamaba Casa de Estudios Ma­rianistas, en donde permanece en la actualidad. Desde entonces vive en la parroquia Santa María Reina. En el Archivo Regional Marianistas, se señala: “Este año 2008 hemos celebrado sus 90 años de edad y también sus 70 años de Profesión Religiosa en la Compañía de María, en ambas fechas estuvo rodeado por innumerables antiguos alumnos que lo recuerdan y veneran.

Hno. George N. Lytle S.M., en 1966 cuando dirigió el colegio Santa María.


3. LAS OBRAS DE LA COMPAÑIA DE MARIA MARIANISTAS

El sacerdote francés Guillermo José Chaminade, beatificado por el Papa Juan Pablo II, fundó en Burdeos, Francia, en 1817 la Compañía de María, Marianistas, que está extendida en cuatro continentes y cuyo apostolado se desarrolla en 39 países.

A los 122 años de su fundación, en 1939, cuatro  maria­nistas encabezados por el padre Bernard Blencker, proveniente de la provincia de St. Louis, Estados Unidos, vinieron especialmente a Lima para fundar el colegio Santa María. En 1944 ampliaron su apostolado al Callao, en el colegio parroquial San Antonio.

En el segundo semestre aceptaron la invitación del Estado Peruano para administrar la Escuela Normal Rural de Chupaca, en Junín, y la parroquia de Ahuac.

En 1951, los marianistas compraron un terreno de 50,000 mt2 en la que se construyó la nueva sede del colegio San Antonio del Callao en la Av. Guardia Chalaca de Bellavista. En la actualidad su alumnado está conformado por 1,600 alumnos.

En 1953 se inauguró la Iglesia María Reina, cuya construcción se realizó entre 1949 y 1956, fue su fundador el R.P. Albert Mitchel. En la actualidad, la comunidad marianistas de la parroquia está conformada por el párroco R.P. Ralph Doorak; el R.P. Eduardo Arens, teólogo a quien es bueno escuchar el domingo; el R.P. Víctor Müller; y los hermanos Fred Fink y George Lyttle, quienes son notables educadores.

En Trujillo, en 1957, la Compañía de María fundó el colegio San José Obrero. En la actualidad tiene más de mil alumnos.

El padre Mitchel en 1965, destacada personalidad de la época, fundó el colegio parroquial María Reina, empleando el antiguo local del colegio Santa María que quedó desocupado por su traslado a su nueva sede en Chacarilla del Estanque.

En el apostolado marianista se encuentran la parroquia María Madre del Redentor del Callao, cuyo párroco en la actualidad es el padre Jorge Roos. La casa de retiro Santa María, creada en 1984 en Chacarilla del Estanque; el Instituto Chaminade, fundado en 1993; el Centro Hermano Thomas Helm, en el Callao, para niños abandonados y en situación de extrema pobreza; y el Centro Juvenil Padre Albert Mitchel, también en el primer puerto.

En la sierra del departamento de La Libertad, los marianistas han desempeñado una importante labor evangelizadora con el Centro de Formación de Pastoral Rural María Madre de Buen Consejo, creado por el padre Ralph Doorack; la Asociación Chami Radio en Otuzco; y la Asociación Marianista de Acción Social, a iniciativa de los padres Doorak y Víctor Muller.



4. CRONOLOGÍA DE VIDA
1918: El hermano George N. Lytle nació el 4 de mayo en San Antonio, Texas.
1937: Ingreso al Noviciado de Maryhurst de St. Luis.
1938: Primeros votos el 25 de agosto.
1939: Inició sus funciones el Colegio Santa María.
1941: Graduado de profesor en la Universidad Dayton.
1941-1943: Profesor colegio St. Joseph de Victoria, Texas.
1943-1972: Profesor Colegio Santa María.
1948-1950: Director del Colegio Santa María.
1951-1953: Director Escuela Normal de Chupaca, Junín.
1960-1962: Master de física, Universidad San Antonio, Texas.
1965-1967: Director del Colegio Santa María.
1965: Trasladó la sede del Colegio Santa María a Chacarilla del Estanque.
1971-1976: Superior Regional de los Marianistas en el Perú.
1978-1982: Director Colegio San Antonio del Callao.
1983-1988: Superior Provincial de los Marianistas en el Perú.
1989-1993: Director sección primaria Colegio San José Obrero.
1994: Se integró a la parroquia Santa María Reina y a la Oficina Regional Marianista, hasta la fecha.
1997: Escribió el libro “History of the society of Mary in Peru 1939-1981”, que está colocado en internet.


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I. George partió al encuentro de nuestro Dios el 28 de febrero de 2016

 Ha fallecido el hermano George N. Lytle SM a los 97 años de edad, el ex director y el maestro de las primeras 30 promociones del Colegio Santa María, un gran profesor de los diferentes colegios marianistas en el Perú. George es un hombre de Dios, un católico ejemplar, un verdadero ser humano que pasó haciendo el bien. En el 2009 le envié una semblanza que había escrito sobre él, para publicarla en mi libro Crónicas Religiosas, George me llamó por teléfono de inmediato para darme su conformidad y autorización, en verdad que pena. Cada vez que lo encontraba por el Ovalo Gutiérrez, en su silla de ruedas, lo saludaba, me reconocía, lo saludaba y al final le preguntaba: "¿Quien escribió más bonito sobre ti?", y sonriente respondía: "You (tú)".

George.

40. Armando Campo Linares

Armando fue un hombre que se describía a veces con símbolos, le encantaba la simbología. Un tema recurrente en nuestras conversaciones. Tenía en el cuello colgada su cruz y te la mostraba, antes que nada era católico, de Misa, de oración y de leer el Evangelio. Pero por eso mismo decía que era festivo, bohemio y le gustaba todo lo bueno de la vida, que es lo bonito de estar vivo. En verdad que pena, se nos acaba de morir Armando Campos Linares.

Periodista que de frente te trataba de amigo, no era de las personas que te ofrecía la amistad por ofrecerla. En él bastaba que te diera la mano y te mirara a los ojos, ya sabías que estabas frente a un hombre correcto, que sabía el camino por el que transitaban sus amigos y que de enterase, lo ayudaba sin que nadie lo supiera, y si alguien se enteraba se ponía el índice en el centro de la boca cerrada, para decirte que te quedaras callado.

Armando Campos.

Me parece que es más importante, resaltar en Armando, su condición de enorme ser humano, de buen compañero de trabajo, de excelente colega, de ser un periodista siempre talentoso en todo lo que era periodismo, que enorme gusto escucharlo cuando hablaba sobre nuestro oficio y sobre los colegas. En este tema poseíamos enormes coincidencias. Nos sorprendíamos que así fuera y que no discutiéramos cuando se presentaban discrepancias.

Hace un par de años, escribió extraordinariamente de Owen Castillo, entrañable amigo y colega. Que felicidad trae a veces el facebook, que me permitió compartir el artículo de Armando y sumarle un poquito más de apoyo y reconocimiento amical para Owen que los últimos años de su vida no son fáciles y además está enfermo. Me fue excelente verlo a Armando al lado de su colega, amigo y uno de sus maestros en periodismo. Bueno, su maestro Guillermo Thorndike, tenía a Owen entre sus maestros.

En este tema de la amistad se debe señalar a Armando Campos Linares como un fuera de serie. Si pienso en mi amigo que acaba de fallecer puedo visualizarlo, un domingo 15 de febrero de 1985, en mi primer día de trabajo en La República, me parece que estaba en el otro extremo de la redacción. Y me encontraba conversando con Miguel Mantilla, quien era el jefe de informaciones y me estaba explicando la jornada del día. Había llegado muy temprano, no había mucha gente.

Era visible que nos habíamos visto a lo lejos. Y Armando cruzó toda la redacción para darme la bienvenida, hacer comentarios y reírse con Miguelito y tomarme el pelo con todo tipo de bromas.

Este recuerdo es de los que te acompañan toda la vida. No es posible olvidar a quien viene a darte la mano, cuando eres nuevo en tu nuevo centro de trabajo en el que todos decían que tenía en sus filas a la selección del periodismo nacional: Humberto "Chivo" Castillo, Ismael León, Begoña Ibarra, Mario Campos, Albert Brun, Hugo Lévano, Marcos Roncagliolo, Armando Campos, Alfonso La Torre "Alat", Raul Vargas, entre otros, dirigidos por Guillermo Thorndike.

En mi caso, mi trabajo anterior era el diario Hoy, y allí me decían que me quedaría en la banca de suplentes, que la competencia en La República era terrible, que nunca iban a dejar que se me publicara nada, que estaba cometiendo un error y que me iba a suceder lo que siempre pasa con aquellos que se van a probar en un equipo de futbol y no le permiten ni tocar la bola en una pichanga.

El gesto de Armando, fue único, no se repitió en otros, porque ese era el espíritu del periodista Campos Linares. Incluso se apuntó para almorzar ese día con Miguel, Reynaldo Muñoz y su esposa Elizabeth, quienes ya eran mis patas.

Con Armando, en los últimos años nos hemos visto en el Club de Periodistas, una vez después del almuerzo en Los Vitrales, nos fuimos en grupo a una de las pocas tabernas que quedan en Lima, en la esquina de Quilca con Camaná, vetusto santuario alcohólico de los alumnos de Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú cuando estaba ubicada en la Plaza Francia. Igualmente de los alumnos de Periodismo y de Teatro de esta universidad.

Allí hemos estado con Margarita Muñoz, con Piolín Vargas Sifuentes, con Oscar Vargas Romero, Pedro Ortiz y Manuel Vilca entre otros. Fue precisamente Manuel que nos llevó después al glorioso Tipuani, y de allí a su casa en la que había fiesta, cuando salimos de la famosa peña criolla, para embarcarnos, vimos varias peleas callejeras a puño limpio que se desarrollaban en la calle. Es para mí una maravilla recordar ahorita a Armando en esta noche sin precedentes y sin repetición. Yo estaba llegando a los sesenta, no es para nada, los tiempos juveniles.

Y es que no tengo recuerdo de una experiencia similar, si me hubieran dicho que esos dejaban de pelear para robarnos todo lo que teníamos puesto, no tendría duda alguna, que así sería. Tenía la suerte de tener a mi lado al gran periodista Armando Campos Linares, curtido como nadie, cronista de mil combates y de mil hechos de la realidad nacional, quien en su condición de hombre de prensa vigente y con trabajo en un periódico y por su supervivencia en el oficio, era el dueño de la mayor experiencia periodística.

Amigo, le decía, nárrame este kickboxing de la lumpenería, le criticaba que no hiciera radio, verdaderamente podríamos crear la radio-basura y hacernos ricos, bueno era una broma y como se dice verdaderamente se reía con una enormes ganas de reírse o se arrastraba de risa, porque estos son comentarios normales entre periodistas, que nunca se van a hacer ricos, porque está en su linea, no traficar con su trabajo.

Nunca había imaginado Armando, que el fuera responsable de llevarme a ese escenario de delincuentes. Nadie le creería.

Yo le decía para calmarlo, que nadie me creería jamás, esa noche de película. Para nada son mis barrios, claro tampoco los de él. Pero él nunca dejó de ser un reportero de calle, que es el espítu juvenil de un periodista, y en eso me estaba ganando con amplitud, esta jornada que para nada era de competencia, sino que la estábamos pasando bien.

De pronto uno de los muchachos que veía las peleas, se sumó, rompió una botella y fue a defender a un compinche.

En verdad nunca es tarde para aprender y el maestro de periodismo Armando Campos Linares, me enseñó a espectar, en la calle, sobre la media noche, y ya en un taxi, en que en verdad tienes mayor protección, como ya me había adelantado, para ver hechos que ya ahora no son noticia, y que antes eran parte de la antigua crónica para la página policial a la que se llamaba roja: "Las clásica peleas de los delincuentes".


Muchos se dicen periodistas, pero Armando Campos Linares, en verdad era un periodista de a verdad. Esa noche me enseñó a redactar una clásica pelea de delincuentes. Armando lo dominaba todo en un periódico. Escribía muy bonito y al mismo tiempo podía redactar con una fuerza enorme, que es la virtud máxima en la redacción. Y te escribía una pequeña nota o sabanón.
Cuando un amigo se va, trae recuerdos y es extraordinario que de Armando, solamente me trae los mejores. Y hay que escribirlo: Ha sido realmente extraordinario haberlo conocido en esta vida. 

39. Hermasie Paget SSCC, la salvadora de Lima

Para Inés Stagnaro Román de Pacheco


I

Este año el Grupo Inmemoriam de la Madre Hermasie Paget, me ha designado para que pronuncie el discurso de la cemoria que se realiza hoy a las 11 de la mañana, en el Parque de la Salvadora de Lima, en Jacinto Lara, San Isidro, a continuación mi discurso: Hoy, sábado 17 de enero de 2015 es el día que Lima, reserva para conmemorar y honrar anualmente a su "Salvadora" la R.M. Hermasie Paget, de la congregación Sagrados Corazones, de la que fue su madre superiora y quien fuera profesora del Colegio Belén desde 1850, y que por su inspiración, espiritualidad e inteligencia se convirtió en la maestra emblemática de la capital peruana, cuando ya era su directora, que de un inicial pensionado para señoritas lo convirtió en un modelo de colegio católico, que a partir de su obra, se desarrolló en el Perú.



La madre Hermasie Paget nació el 2 de noviembre de 1890 a los 62 años de edad, de ellos cuarenta fueron de plena peruanidad.

Ayer viernes conmemoramos a su compatriota, el almirante francés Abel Bergasse du Petit Thouars, en la plaza que lleva su nombre, frente a su monumento. Ambos fueron señalados por la Providencia para que se convirtieran en un faro de luz que alumbrara a la ciudad después que perdimos la defensa de Lima, en la batalla de San Juan, el 13 de enero de 1881 y que culminó peleándose en el Morro Solar y combatiéndose casa por casa en Chorrillos y en Barranco, que quedaron destruidos; y la batalla de Miraflores, el 15 de enero de 1881, durante la guerra con Chile.

Los dos fueron amigos de niños, la madre Paget era mayor, le llevaba cuatro años. Se reencontraron muchos años después en tierras lejanas a la patria para que desarrollaran conjuntamente, una de las más bellas historias de amor al prójimo, en nombre de la Francia inmortal, de la ayuda humanitaria, de la libertad, la fraternidad y la igualdad, de la abolición de las clases sociales y de la declaración de los derechos del hombre.

El almirante Petit Thouars, dejó el siguiente testimonio: "El asunto fue de lo más sangriento. Los peruanos se defendieron pie a pie en Chorrillos, el incendio mismo no pudo vencer la resistencia de alguno de ellos y en la tarde, toda esta ciudad compuesta de casas de campo de los personajes más ricos era presa de las llamas ante el furor de sus soldados excitados por la bebida que habían encontrado en la abundancia, en fin, por amor al pillaje desarrollado en ellos durante toda la campaña. no puede pues ser dudoso para nadie que si esa gente entrara a Lima, las casas serían destruidas, las mujeres libradas a los últimos ultrajes y todavía puede uno preguntarse, suponiendo que ella fuese ocupada regularmente y como consecuencia de una capitulación, si los oficiales chilenos habrían sido capaces de contener a sus soldados".

Petit Thouars explicó que su actuación en Lima, tuvo: "La finalidad de radicar en fines humanitarios; nuestro objetivo era salvar a nuestros nacionales y sus bienes de un peligro inmediato, preservar a las mujeres y niños de los horrores de un saqueo" y explicó que habló con el dictador peruano, Nicolás de Piérola, en su cuartel general en el baleario de Miraflores, y que estuvo acompañado con el marino inglés Sterling, obteniéndose la conformidad de Piérola para que se retire a la sierra y de no contra atacar a los chilenos durante la ocupación de la capital peruana. En medio de esta conversación, el ejército chileno rompió la tregua pactada, pasando a desarrollarse la Batalla de Miraflores.

Petit Thouars, señala que acabó su conversación con Piérola, con esta pregunta que él gobernante peruano le hizo: ¿Qué piensan de la buena fe de los chilenos? y Petit Thouars y Sterling retornaron a Lima, a riesgo de sus propias vidas, detrás de ellos, está la Batalla de Miraflores, en pleno desarrollo, que estaba previsto que la íbamos a perder y que perdimos. Cuando el gran almirante está ya en lo hoy llamamos el centro de Lima, sin saber el resultado de la batalla, define con el Ministro Plenipotenciario de Francia en el Perú, Edmond Domet de Vorges, quien lo acompañó en su cita con Piérola, otorgar asilo en la legación de Francia y cuando entran a la sede, que era en ese momento el Palacio Torre Tagle, abrieron sus puertas de par en par, para que todo aquel que requiera buscar refugio, ingresara sin tener que dar explicación alguna.

Unas dos mil personas se asilaron en Torre Tagle en la noche del 15 de enero. En tanto, el almirante francés, antes de volver a su nave, no olvidó a quien personalmente él había pedido que salvara su vida, junto a las de todas sus hermanas de los Sagrado Corazones, abordando a la Victorieuse, y que no aceptó, porque no podía dejar a su amado colegio Belén, ni a sus alumnas, pidiéndole a cambio que salvara a Lima y evitando su destrucción. El almirante envió a uno de sus oficiales, con banderas francesas, para que se coloquen en el colegio, convento y en la Iglesia de la Recoleta Belén, que hasta la Independencia había sido de los mercedarios. La Iglesia y su convento, en 1854 logró comprarlo la madre Paget, según apunta el maestro e historiador jesuita, Rubén Vargas Ugarte, en el tomo V de su Historia de la Iglesia.

El fragmento del testimonio del almirante Petit Thouars, pertenece a una carta, fechada el 23 de enero de 1881, que envió al Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, dando cuenta de su actuación en Lima, y que fue publicada en 1980, en la obra "Petit Thouars y de Vorges", del embajador Alberto Wagner de Reyna, quien es una de las personalidades de la intelectualidad peruana del siglo XX, que es parte de su vida de filósofo, historiador y diplomático, la rigurosa investigación en los archivos, en este caso en los de Francia, quien con su enorme prestigio y seriedad que caracterizó su vida, que lo convierten en un autor fundamental para comprender este momento de nuestra historia que hoy nos congrega.

El embajador Wagner de Reyna, estuvo por última vez en Lima en 1999, tuve la oportunidad de conocerlo y de conversar con él, porque fue el representante de la Sociedad Francesa de Beneficencia - Clínicas Maison de Santé en Francia y lo fue hasta que falleció en París en el 2006. Ha sido un colaborador enorme, en este trabajo que realizo desde 1999, que es dirigido por el presidente de la institución, Miguel Fort Barcelli, y que el Grupo In memorian R.M. Hermasie Paget, ha tenido a bien permitirme presentar un fragmento del mismo, ya que está centrado en más de 500 franceses que han residido en nuestro país y que han tenido una vida de servicio a la comunidad en el Perú, el país en el que eligieron vivir.

Sobre el tema, la Sociedad Francesa de Beneficencia - Clínicas Maison de Santé, me ha publicado ya tres libros: Banderas de la Libertad: Militares Franceses en la Independencia del Perú; Daniel A Carrión; y Los Ciudadanos, Franceses y Francesas en la República del Perú, Y tenemos en proceso de edición, el libro Huellas: Una Historia en la Historia, en dos tomos. La madre Paget, como el almirante Petit Thouars, son personalidades centrales de este trabajo.

Es importante señalar que la madre Hemasie y el almirante no estaban solos en Lima, sino rodeados y apoyados por una sólida colonia francesa, conformados por galos residentes en Lima. Ellos son los "nacionales" a quienes Petit Thouars señala en su carta al Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia. Y son quienes cumplieron en tierra sus órdenes, y sin ellos no hubiera sido posible cumplir de parte del marino, la promesa que le hizo a la madre Paget de salvar a Lima de su destrucción por parte del invasor.

El primero de la lista, convertido en su principal colaborador, es el diplomático Edmond Domet de Vorges, quien además era presidente honorario de la Sociedad Francesa de Beneficencia, hecho que lo acercaba a la vida diaria de sus compatriotas que vivían en Lima y el Callao. De Vorges, encabezó al cuerpo diplomático de las potencias extranjeras en las negociaciones con los oficiales chilenos y a vigilar a que cumplieran sus compromisos de respetar la integridad de la ciudad y de sus habitantes.

De Vorges es una de las mayores personalidades extranjeras que han vivido en el Perú, fue un aristócrata francés, cuya familia se distinguió en el servició a la dinastía de los Borbones. Era pues legitimista y partidario del Enrique V, el conde de Chambord, que no tenía mayores seguidores entre los franceses de Lima, era normal que en las calles limeñas, sus compatriotas se cambiaran de vereda para no cruzarlo y alguna vez lo agarraron a bastonazos. Pero frente a la guerra que enfrentaron los peruanos, sus connacionales lo unieron a ellos.

La Sociedad Francesa de Beneficenia, le obsequió una placa de oro, en gratitud a sus servicios. El embajador Wagner de Reyna, llegó a ver esta placa, en la casa de uno de sus descendientes. De acuerdo a un registro de la institución del año 1885, fue por su actuación durante la guerra.

Edmond Domet de Vorges por sus servicios al Santo Padre y a la Iglesia Católica fue nombrado conde romano por el Papa Leon XIII, de quien fue su colaborador en su condición de filósofo tomista, poco antes de cumplir funciones en Lima y durante todo su largo pontificado.

De Vorges propició un renacer en su época, de la obra de Santo Tomás de Aquino. Y ya cumplida sus funciones en Lima, ciudad a la que dejó todavía ocupada por la tropa chilena, fue enviado a Egipto, pero prefirió retirarse de la vida diplomática para desarrollar su apostolado de servir a los pobres, promoviendo la educación católica en las barriadas de París y también en los barrios obreros, su trabajo práctico y filosófico lo convirtió en uno de los inspiradores de la Encíclica Rerum Novarum y en la Doctrina Social de la Iglesia.

Un personaje igualmente trascendente fue don Louis de Champeaux, un ingeniero naval, quien dirigió la construcción del Muelle y Darsena del puerto el Callao, y era su gerente general, fue el comandante de la Guardia Urbana de Lima, formada en base a la Bomba France. El almirante Petit Thouars en la noche del 15 de enero de 1881, volvió a conformarla. El dictador Piérola, había decretado la disolución de la Guardia Urbana, conformada principalmente por los extranjeros residentes en Lima, cuyo nucleo central eran las diferentes compañías de bomberos de Lima y del Callao.

El almirante francés de acuerdo a su estrategia requería conservar el orden en la ciudad. El comando fue entregado al señor Chapeaux, por ser el presidente de la Sociedad Francesa de Beneficencia. Champeaux participó en las negociaciones con los oficiales chilenos para el ingreso de su tropa a Lima, porque en su condición de comandante de la Guardia Urbana de Lima, tenía el control del orden de la ciudad después de haber sofocado los saqueos e incendios que se propiciaron por quienes dejaban la ciudad, en caminados por lo que hoy es la carretera central, rumbo a la sierra.

Una personalidad central de este momento, fue el comandante de la Bomba France, don Bernard Emile Fort Beguerie, bisabuelo del ingeniero Miguel Fort, aquí presente, con su cuerpo de bomberos, en condición de brigadistas a nombre de Francia, participaron en la ayuda humanitaria a los heridos acompañando a las monjas enfermeras de la congregación francesa Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, quienes estaban a cargo de los hospitales de Lima y Callao. En la Clínicas Maison de Santé, que convirtió a su cocina en sala de operaciones, y en los hospitales de sangre que conformó la Sociedad Francesa de Beneficencia, atendieron las religiosas francesas de la congregación San José de Cluny, quienes tenían la administración de la Maison de Santé.

Hechos de la Guardia Urbana de Lima, están publicados por la prensa peruana, por el imprevisto deceso del señor Emilio Fort, en la noche del 23 de octubre de 1884, despúes de haber sofocado un incendio en el que salvó la vida de personas, al frente de los bomberos de la Bomba France, que comandó desde 1870. El sentimiento de pena en Lima fue enorme, toda la ciudad le rindió homenaje. Los discursos fúnebres, expresaron lo mismo "lo vimos", en el momento más difícil de Lima, sirviendo a la ciudad y a sus habitantes. Y es que este fallecimiento se produjo el día en que se cumplía un año de la evacuación de Lima por parte de la tropa chilena.

Petit Thouars, no se escudó en los cañones de la fota francesa y en particular de los de la Victoriuse, sino en la calidad humana de sus compatriotas que conoció en Lima y con los que tuvo amistad, en el tiempo que vivió en la capital peruana. El almirante, según el embajador Wagner de Reyna, arribó a Lima, el 30 de agosto de 1879, esa es la fecha que consigna su documentación. Y que nos traslada a una fecha emblemática en la historia que protagoniza la madre Paget. El primero de setiembre, publicó el diario El Comercio que Petit Thoars se presentó en Palacio de Gobierno, que fue recibido por el VicePresidente, general La Puerta, porque el Presidente Mariano Ignacio Prado, se encontraba dirigiendo la campaña del sur.

El almirante Petit Thouars, permaneció en el Perú hasta el 10 de mayo de 1880. En este tiempo, de casi diez meses, se integró a la colonia francesa y participó en sus actividades, entre ellas la Misa por el alma de los franceses y francesas que fallecieron en nuestro país que anualmente realizaba la Sociedad Francesa de Beneficencia en su Iglesia Notre Dame de Guadalupe (Nuestra Señora de Guadalupe), una bella iglesia colonial, demolida por la obra de construcción del Palacio de Justicia. También visitó el frente peruano de batalla en el sur, llevando medicina de la Cruz Roja.

La división naval francesa en el Pacífico, al mando de Petit Thoaurs, estuvo conformada por La Victoriuse, comandada por el capitán Wytz, la Decrese, comandada por el capitán Clevalier, la Chasseur comandada por el capitán Fluriols y la Hugon con el capitán Galachi. Del Callao, enrumbó la Victorieuse a las islas Marquezas, en las que recibió la orden de retornar a Francia, su mando había concluido. Su reemplazo ya enrumbaba en la nave Troimphante. El marino francés va a Chile, y arriba a Valparaíso, el 22 de diciembre de 1880.

En esta historia es natural que el almirante francés estuviera en Lima, un 30 de agosto el día de Santa Rosa, es absolutamente normal que la madre Paget, lo introdujera en el culto de la santa limeña, en el tiempo que residió en la capital y que conformara en la Iglesia del Colegio Belén, una guardia permanente en el altar a Santa Rosa, no debe extrañarnos que el señor Alberto Jochamowitz, uno de los animadores de la intelectualidad de su tiempo, en su libro Homenaje a Francia, publicado en 1947, señalara ya como la confirmación de una antigua tradición limeña, de un milagro de Santa Rosa de Lima.

El señor Jochamowitz, confirmó la tradición limeña de la razón por la que volvió el almirante francés, en la documentación del Colegio Belén. Entre los documentos de la madre Paget se encuentra, una declaración de móviles del almirante Petit Thouars, para retornar a la capital del Perú, soñó con Lima, soñó con Santa Rosa, y soñó con el Colegio Belén.

Petit Thouars se justificó ante el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, en carta fechada el 8 de enero de 1880, al día siguiente de su arribo al Callao, cambiando sus órdenes de retorno a Francia por las de regreso al Perú: "Si cuando tomé la decisión de remontarme al Callao temí un un momento que V:E: pudiera considerar que yo había cedido a un exceso de celo, las horas que he pasado en el teatro de los acontecimientos me producen ya el convencimiento que la presencia en él, del comandante en jefe de la División del Pacífico es indispensable en las actuales circunstancias".

El almirante Petit Thouars, nació el 23 de marzo de 1832, en el castillo Bordeux les Rohes, en Lorent, Francia, falleció a los 58 años de edad el 25 de mayo de 1890, cuando se desempeñaba al mando de la flota francesa en el Mediterráneo. Perteneció a una familia aristocrática, que remonta sus orígenes al siglo XII, como sucesores de la familia Thouars, que en el transcurso del tiempo, se convirtió en un apellido compuesto: Petit Thouars, que obtuvo prestigio en la marina de guerra francesa. Al extinguirse la línea masculina de este apellido fue continuado por los Ambert.

Su tío, hermano de su madre, el almirante Abel Ambert du Petit Thouars, uno de los más famosos marinos franceses, al no tener descendencia lo declaró el continuador de su estirpe y fuera él quien continuara la tradición familiar y siguiendo la costumbre, antepuso el apellido paterno Bergasse, al de Petit Thouars y en la marina francesa, hizo una brillante carrera, aunque tuvo momentos de infortunio, que fortalecieron su carácter. Siendo muy joven en la guerra de Crimea, en el sitio a Sebastopol fue herido de gravedad, se restableció, pero fue nuevamente herido perdiendo un ojo. Años después en la guerra Franco-Prusiana, estuvo entre los que fueron capturados por los alemanes, entre ellos el emperador Napoleón III.

La heroína de nuestra historia la madre Paget, nació el 2 de agosto, en Sombocour, Francia y falleció en Lima el 2 de noviembre de 1890, unos meses después de la muerte de Petit Thouars. Ambos fallecimientos motivaron a la prensa nacional a dedicarles, el espacio correspondiente para resaltar sus vidas. No se resaltó el paso de ambos por la historia peruana durante la guerra con Chile. El desastre como se llamaba a esta guerra, estaba como silenciada.

Es en 1924, cuando se preparaba el plebiscito de Tacna y Aricacon el arbitraje de los Estados Unidos, para la reincorporación a la patria, cuando el general francés Paul Clement, volvió a ser jefe del estado mayor del Ejército, el gobierno del Presidente Augusto B Leguía, preparó los homenajes al almirante Abel Bergasse du Petit Thouars, inaugurándose su monumento el 24 de diciembre de 1924 y colocándose una placa recordatoria de la madre Paget, llamándola la "Salvadora de Lima".

Asistente privilegiado fue el comandante del cuerpo general de bomberos y comandante de la Bomba France, don Eugenio Fontanes, ciudadano y bombero francés, quien en su larga vida peruana, fue vicepresidente de la Sociedad Francesa de Beneficencia, y perteneció en su juventud a la Guardia Urbana de Lima, que en tierra cumplió las órdenes del almirante Petit Thouars.

En este homenaje a la madre Paget, la "Salvadora de Lima", tenemos que tener presente y rendir homenaje al Ejército Peruano que combatió en las batalla de San Juan y de Miraflores, a los jóvenes peruanos de las comunidades campesinas y a todos los pobladores de la ciudad de Lima, que conformaron la Reserva Nacional. En ambas batallas murió no solamente lo mejor de la juventud de la capital sino también de todo el país. En opinión del diplomático francés, Edmond Domet de Vorges, la destrucción de Lima, hubiera llevado al Perú, a degradarlo y convertirlo en uno de los países más pobres del mundo, sin posibilidades de recuperación.

En esta preciosa historia que le pertenece al Perú en su relación con la Francia inmortal, encabezada por el almirante Petit Thouars y la madre Paget, que desde siempre son sus depositarias las alumnas y ex alumnas del Colegio Belén, en la que la religiosa francesa pide a un compatriota, quien es un antiguo amigo, y además un almirante de Francia, que le prometa que no permitirá la destrucción de Lima, promesa que obtiene y promesa que se cumplió, que al mismo tiempo en la Iglesia del Colegio Belén, estuvo una custodia permanente al altar de Santa Rosa, para que se pueda cumplir ya como un milagro, se inscribe entre las más importantes tradiciones limeñas, que no se olvidará, mientras Lima sea una ciudad agradecida y conserve su historia.

No hay que olvidar que a Petit Thouars también la ciudad de Lima, le rinde homenaje el 14 de julio, día nacional de Francia en la Plaza Francia, en la que una placa recuerda la gesta de la madre Paget. En el Callao, en el Castillo del Real Felipe en el Salón de la Mujer, se encuentra un retrato de esta insigne religiosa francesa, la madre del Colegio Belén, al lado de la heroica señora, Antonia Moreno de Cáceres, la esposa del mariscal Andrés A. Cáceres, el héroe de la resistencia al invasor.

Lima, como ya se señaló permaneció ocupada desde el 17 de enero de 1881 hasta el 23 de octubre de 1883. La Procesión del Señor de los Milagros, no salió a las calles, durante este tiempo. Permaneció en las Nazarenas, escondido para que no sea robado por el invasor. Como todos sabemos en octubre hay milagros. Una vez que abandonó para siempre el invasor a la capital peruana, todas las campanas de las iglesias de Lima acompañaron la alegría de los limeños y hasta que nuevamente se abrió paso la imagen del Señor, para el culto colectivo del agradecimiento a Dios.



II

Semblanza que escribí de la madre Hermasie Piaget y publicada en mi libro “Crónicas religiosas”, pp. 222-223.

Hermasie Paget SSCC, la salvadora de Lima y su gesta de 1881

La R.M. Hermasie Paget fue una religiosa francesa con una capacidad de servicio al prójimo sin límites, escogió una vida sencilla, vistiendo los hábitos de los Sagrados Corazones. Nada especial, ni grandioso planteó para su futuro, quiso estar acompañada para siempre de su crucifijo y su rosario. La Providencia le reservó un rol protagónico en la historia de Lima, como una luz en medio de la oscuridad.

La “Salvadora de Lima” se llama en nuestro país a esta religiosa francesa adoradora perpetua de la Eucaristía, porque es la madre del Colegio Belén que intercedió ante el almirante francés Abel Bergasse du Petit Thouars para que la capital peruana no fuera destruida en enero de 1881 como consecuencia de la derrota de las batallas de la defensa de Lima. La historia de ambos es la de una gran amistad y de una profunda fe en la religión católica, que los unió en la creencia de poder actuar y conseguir sus propósitos mediante la oración, es por eso que esta religiosa no es personaje de libro de historia sino de tradición limeña que mantiene vivo su recuerdo a través del tiempo. ¿Será posible convertirla en personalidad de la Historia del Perú?

Las religiosas y alumnas de los colegios de la congregación Sagrados Corazones son las depositarias de su legado. En el distrito limeño de San Isidro un parque está dedicado a su memoria en el que existe un hermoso monumento que la honra, todo blanco, rememorando sus virtudes. En el Callao, en el Castillo del Real Felipe en el Salón de la Mujer se encuentra su retrato al lado de la heroica señora Antonia Moreno de Cáceres, la esposa del mariscal Andrés A. Cáceres, el héroe de la resistencia al invasor. Cada cierto tiempo la Municipalidad de Lima la rememora, habiendo colocado en tres oportunidades placas recordatorias que la reconocen oficialmente como la Salvadora de Lima, mientras que su nombre ha quedado para siempre unido al de Petit Thouars.

El Perú afrontaba la declaración de guerra de Chile desde el 3 de abril de 1879 y el Presidente de la República, general Mariano Ignacio Prado Ochoa, se encontraba en el sur dirigiendo las operaciones bélicas. Petit Thouars fue recibido en Palacio de Gobierno por el gabinete ministerial a principios de setiembre, según publicó El Comercio.

El marino francés quedó en Lima un tiempo, se vinculó a la colonia francesa residente en la capital y participó en sus diferentes actividades. Estuvo con todos, el 9 de noviembre, en la Misa de honras por los galos fallecidos en el Perú, oficiado en la Iglesia Guadalupe de la Sociedad Francesa de Beneficencia. También llamada Notre Dame de Guadalupe.

La tradición de Lima y de la colonia francesa señala que entre el marino y la madre Paget existía una gran amistad de infancia que restablecieron muchísimos años después cuando se vuelven a reencontrar en la capital peruana. El es comandante en jefe de la flota francesa en el Pacífico y ella la madre superiora de la congregación de los Sagrados Corazones en Lima, la mejor profesora del país. Bergasse du Petit Thouars arribó por primera vez a la capital el 30 de agosto de 1879, fiesta de Santa Rosa.

Petit Thouars visitó con frecuencia el colegio Belén y es en su iglesia colonial donde encontró paz, orando frente a su extraordinario y bello altar. En ese recinto sagrado se aproximó a la devoción de Santa Rosa de Lima y en donde adoptó finalmente las resoluciones que marcaron para siempre su vigencia en el Perú.
Petit Thouars permaneció en el Perú hasta mayo de 1880 en que partió al sur. En esta travesía llevó medicinas, equipos hospitalarios y médicos enviados por la Cruz Roja Peruana (llamadas Ambulancias Civiles) para el Ejército Peruano, y enrumbó a las islas Marquesas para asegurar la presencia francesa en el lugar. En Lima dejó a los buques Decres y Hussard en el Callao, para proteger los bienes de sus compatriotas.

El almirante, desde las Marquesas, enrumba a Francia de acuerdo a sus órdenes, dando por terminada su presencia en el Pacífico, paso previo y natural va a Valparaíso para cargarse de provisiones. Una vez en Chile optó por enviar al Callao a la nave francesa Dayot para socorrer con alimentos a las familias de sus compatriotas empobrecidas por la guerra, en lugar de tenerlos como una reserva para su travesía.
Mientras la madre Paget instaló un oratorio permanente a Santa Rosa, en la iglesia del Colegio Belén, pidiéndole que cumpla su profesía de que Lima no sería destruida. Es así que, en este mismo tiempo, de acuerdo a la tradición, el almirante Petit Thouars tuvo en La Victorieusse, un sueño en el que Santa Rosa, le pidió que salvara Lima de su inminente destrucción.

Petit Thouars regresa a Lima, modificando sus órdenes oficiales, desistiendo cruzar en ese momento Tierra de Fuego, para alcanzar el Atlántico y enrumba a La Victoriusse al Callao. Llega el 7 de enero con la finalidad de que la religiosa, su amiga de infancia, Hermasie Paget salve la vida, ante la posibilidad de la destrucción de la capital peruana por el ejército invasor, protegida en la nave insignia de Francia en el Pacífico. Solo tenía que subir a bordo, nada más. Muchos otros subieron a las naves francesas.

Ninguna duda sobre las oraciones y rezos que estaba realizando la religiosa francesa debe haber tenido cuando el 7 de enero de 1881 arribó Petit Thouars al Callao. La madre Paget sabe que los esposos, hijos, hermanos, padres y abuelos de sus alumnas de toda la vida van a pelear en la defensa de la ciudad, todos ellos llevaban preparándose desde el inicio de la guerra el 3 de abril de 1879. Y que ellas no tenían otra opción que quedarse en sus casas, esperando a los acontecimientos.

El marino fue a visitar a su compatriota para ofrecerle la seguridad de la nave La Victoriusse. Intercambian ideas religiosas y ella solicitará y conseguirá un compromiso solemne, de evitar la destrucción de Lima. Lo cumplió.

La madre Paget y su comunidad permanecieron en su convento afrontando el mismo peligro de la capital peruana y correspondiéndole escribir una de las historias más hermosas que puedan existir entre una maestra y sus alumnas, a las que había educado desde 1850. Fiel a los lazos de la enseñanza abrió las puertas del Colegio Belén por ser propiedad de franceses y poseer inmunidad ante la invasión, y asiló a las alumnas con sus madres, y a las ex alumnas con sus hijos, madres y hermanas políticas. Se estima que por lo menos cien familias peruanas quedaron protegidas por la bandera de Francia, en ese lugar, hasta la desocupación de Lima, el 23 de octubre de 1883.

Otros lugares en los que la fraterna bandera de Francia asiló a peruanos y peruanas fueron la Legación de Francia en el Perú, que en la época funcionaba en el palacio Torre Tagle, la Clínica Maison de Santé, y en los pontones del Muelle y Dárcena del Callao de propiedad del Banco Societé Generale. Y el Colegio Bresler, de propiedad de madame Isabel Bresler, que lo convirtió en el Hospital de Sangre Santa Isabel, un anexo de la Clínica Maison de Santé para atender a los heridos del Perú de las batallas de San Juan y de Miraflores.

La madre Paget que el 28 de julio de 1877 recibió el Diploma de Oro como la mejor Maestra de la República, concedido por la Municipalidad de Lima, nació el 2 de agosto de 1828 en Sombacour, Francia, y tras profesar en 1848, arribó al Callao el 15 de febrero de 1850, siendo nombrada maestra de Pensionado, cargo equivalente al de directora del Colegio Belén, que había sido fundado por la madre Cleonisa Du Cornier. En 1854 fue nombrada superiora de su congregación y en 1880 visitadora de las casas de los Sagrados Corazones en América del Sur. Fundó colegios en Ica, Arequipa y La Paz.

Cuando la madre Hermasie falleció el 2 de noviembre de 1890, unos meses después del fallecimiento del almirante Petit Thouars, se la reconoció como una de las personalidades de Lima por el protagonismo que había cumplido en la decisión del comandante en jefe de la flota francesa en el Pacífico de no permitir la destrucción de la capital peruana durante la Guerra del Pacífico, después de las batallas de San Juan y la de Miraflores. Ella era pues la “Salvadora de Lima”.

La madre Paget es la propulsora de la enseñanza escolar católica, cuando en el Perú se asumió como una moda, después de la Independencia, la educación laica, que según el Prócer y Arzobispo de Lima, monseñor Francisco Javier de Luna Pizarro, se había convertido en pagana.

La madre Paget logró que el colegio Belén se convirtiera en el modelo a seguir de la educación privada en nuestro país, que quedó principalmente a cargo de diferentes congregaciones y órdenes religiosas, a las que ella en vida ayudó a establecerse en nuestro país.

La rama femenina de los Sagrados Corazones en sus colegios de educación inicial, han tenido en sus aulas a importantes personalidades del Perú, pero la congregación recuerda con especial cariño que los cardenales Juan Landázuri y Augusto Vargas Alzamora, fueron sus alumnos.