viernes, 3 de octubre de 2014

35. ANA GIBSON, CREATIVA DE IMAGEN, RELACIONISTA PÚBLICA

Ana Gibson con su familia.


Anita Gibson, amiga entrañable, provista de una enorme fuerza vital que contagiaba todo lo que tocaba, dueña de una vida llena de éxitos profesionales, quien estuvo casada con el periodista Homero Zambrano Lazo, y cuya característica era su enorme sonrisa, que jamás perdía, hablara lo que hablara, sucediera lo que sucediera y cuando entraba a lo más serio que pudiera ser un tema, soltaba una pequeña carcajada y decía, mirando a los ojos: "Fijate, lo que sucede es que......".

Ana, siempre llena de vida, se nos murió el pasado sábado.

Pasaron cuatro días y Miguel Mantilla, me pone en la noche del miércoles un mensaje en el facebook, preguntándome por la muerte de Ana.

Y no se nada, nada de nada y pienso, pero, solamente me viene a la mente que Ana y Homero son de lo mejor que conocí en esta vida y que suerte la mía, que me tuvieran siempre de amigo.

En verdad que he sido lechero, porque ambos, incluso, cuando se separaron, me siguieron considerando como uno de los mejores amigos que tenían.

No me quedó otro camino que llamar a su casa, con la esperanza de un malentendido, de ninguna manera quería cantar a Alberto Cortez, porque amigos de la talla de Ana Gibson, no están para nada al alcance de la mano.

Y en eso me contesta Mocha, la hija de Ana, quien me señala que seguramente ya sabía lo que había pasado y en verdad que no tenía la menor idea de nada. Pensaba, mientras la escuchaba, que su mamá no me había contado nada y que tampoco me había avisado, con una tercera persona de su enfermedad. Mocha entre las cosas que me dijo es que su mamá siempre le hablaba de mí, pero claro, si éramos amigo de a verdad, y como sucede siempre entre los amigos, se habla de los amigos.

Recuerdo la alegría de sus grandes invitaciones, a través de los años, en especial los años nuevos, las reuniones de toque a toque, en los tiempos del toque de queda y en una memorable de carnavales, Justo Linares fue disfrazado de sacerdote y su esposa Juanita, de geisha, haciendo honor a la protagonista de la telenovela mexicana: "El pecado de Oyuki".
Ana tuvo la virtud y la generosidad de ser una amiga que compartía la alegría con sus amigos y para ellos fue siempre la amiga más espléndida en las atenciones sobre las atenciones que brindó en su casa. Y quien no va a estar halagado y agradecido de tanta amabilidad llena de cariño y afecto.

Y era tan visible que hasta se podía tocar el amor de Ana por sus dos hijas, Mocha y Marianita, la razón de su vida, todo era para ellas y después para sus nietos. Ana con toda su gran posición, cuidó a su madre, encantadora señora, (mi amiga que me llamaba por mi apellido), durante años, hasta el final, sin despegarse de ella.

Y no se como hacía Ana, para trabajar las 24 horas del día, de ir de allá para acá, sin que su pensamiento dejara un segundo de estar pendiente de su mamá. Ana mi amiga, me enseñó eso, que todo se puede hacer sin descuidar nada.

Homero aportó a su enamoramiento, noviazgo y matrimonio con Ana a sus amigos periodistas Alejandro "Jano" Borboy, Justo Linares, Miguel Mantilla, Max Jiménez León, Julio Antonio Higashi López, Bernardino Julian Arrieta y Reynaldo Muñoz.

Siempre Homerito fue muy reservado en todo, se casó con Ana y nadie sabía. Se dice que Justo Linares lo publicó en 90 segundos, pero todo seguía siendo un rumor, hasta que me llamó para que conversáramos, en el canal 9, donde él trabajaba. Y así me contó sobre su boda y me pidió,en mi condición de ser su pata del alma, que le organizara su almuerzo de matrimonio en mi casa, solamente para sus amigos con sus esposas.

La invitación fue preciosa, e inolvidable. Los periodistas les hicimos el cortejo, por el que pasaron los recién casados, de periódicos enrrollados como si fueran espadas.
Mi amistad con Ana fue a través de Homero, y así en los últimos treinta años aprendimos a contarnos nuestras cosas personales, de aquellas tan tontas que no se las puedes decir a nadie, porque se reirían sin parar, hasta aquellas que puedes cargar sobre la espalda sobre toda la vida.

Mi amiga Ana me enseñó a que nada de lo que hayas hecho en esta vida te puede dar verguenza y Ana cuando creía conveniente invitaba amigos y amigas, y llevaba la conversación a que pudiera expresar, situaciones y hechos de vida, que antes me hubiera sido imposible expresarlos.

Yo no creo que los amigos se vayan, todo lo que se aprendió de ellos en esta vida, persiste con uno, y uno camina con sus amigos, por siempre.

Ana Gibson, sin duda ninguna, fue una de las mejores especialistas o profesionales en imagen para instituciones privadas y públicas, y también de muchas personas. Ella trabajaba las 24 horas, no tenía tiempo para hacerse fama de creativa. Trabajó con casi todos los gobiernos y con políticos. Labor estrictamente profesional.

A través del tiempo, Ana Gibson, le consiguió trabajo a cientos de cientos de personas, entre ellos muchísimos periodistas.

A veces la gente no queda contenta y Ana era tan fuerte que esas personas dejaban de existir en su conversación. No comentaba, no decía nada. Pero también se daba el caso que más de uno quiso su posición, y no dudaron en traicionarla, y después salían a hablar de ella, sin problema ninguno y con mucha maldad. La vida es muy difícil y puedo decir que a ella no le importaba, porque tenía absoluta tranquilidad de espíritu y sobre todo porque sabía quién era ella, y de su enorme capacidad profesional.

Ana no guardaba nada en contra de nadie en su corazón, solamente desplegaba cariño a quienes la apreciaban. Siempre estaba en movimiento, a veces decía que manejaba tanto que se sentía una chofer interprovincial, pero también era una caminante incansable en Miraflores, su meta era la visita del Santísimo en Fátima, ella decía que se llenaba de paz. Así caminando nos hemos encontrado un montón de veces, alguna vez me decía que había estado pensando en Homerito y sin que le preguntara nada, expresaba ya visité el Santísimo.


Ana fue una mujer instruida, culta y con un importante rasgo de erudición, sabía mucho de pintura y pintores nacionales, en tanto su lectura la centró en autores latinoamericanos.
En este momento, escribo sobre la noticia de mi amiga que ha fallecido, que le encantaba lo que escribía, y estoy absolutamente emocionado. Se me cae una que otra lágrima, no es posible detener eso, pero no tengo pena en el corazón, ni mi espíritu está dolido, ni el estómago me duele, ni la cabeza me fastidia, porque estoy contento de escribir sobre la vida plenamente desarrollada en todos los sentidos de mi amiga Ana Gibson.

34. FRITZ DUBOIS, DIRECTOR DE EL COMERCIO

El Comercio está de luto, se les murió su director, Fritz Dubois. La muerte de Fritz es muy sorpresiva y no le permitirá que pueda lucir su enorme inteligencia en el principal diario peruano, si es que no es realmente el único.

Recuerdo a Fritz, con enorme aprecio y amistad de Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú, hijo de marino en plena dictadura militar, que tenía una clara tendencia a la bohemia y a que cada quien viva como quisiera vivir.

Una vez nos fuimos a ver a los hippies criollos de la Plaza San Martín, no podía creer que existieran, estaban a dos cuadras de donde estudiábamos Letras, le llevaba un año, coincidimos en un curso electivo. No podía dejar de reírse cuando vio a los hippies, sentados en los portales vendiendo sus trabajos de cuero.

Fritz poseía y era parte de su personalidad, su espíritu crítico y sarcástico, que le permitía darle vuelta y comentar todo lo que le llamaba la atención, logrando que te rieras con facilidad, nada parecía molestarlo, todo le parecía fácil y bonito. Todavía no había terminado de crecer, en esos tiempos siempre parecía que seguía creciendo, y Fritz, alumno del lingüista, Luis Jaime Cisneros, estaba convencido que se dedicaría a escribir para toda la vida, previo paso por literatura.

Cuando hemos hablado con Luis Jaime en su oficina de Letras en la Plaza Francia, tal vez con Ricardo también y alguno otro alumno, Fritz no le repreguntaba al maestro para que enriqueciera las ideas y siguiera con la conversación, le señalaba la contradicción que encontraba en lo que estaba escuchando, a mi no me incomodaba, porque pensaba que era su inteligencia la que le permitía ver las cosas, como los demás no las veían.

En mi último semestre en la Plaza Francia, con Fritz andábamos sentados en cualquier parte de los dos patios de Letras. Tenía una enorme facilidad para tratar con las personas, socializaba con los de mi promoción, sin problema alguno, pero cuando alguien no le gustaba, se quedaba callado. Se hizo amigo de la "Tía Tomaza", la más linda y querida borracha y mendiga que existió jamás en Lima. Es la tía de los alumnos de Letras, de los tiempos de la Plaza Francia.

En estos tiempos que son hasta que viajó, nos recorrimos todas las tabernas del centro Lima, con un montón de gente, y que en los años 70, los bares eran un montón, en el centro capitalino.

Siempre era fácil encontrarlo en el parque con sus amigos de barrio, en algún momento se independizó y se tomó un cuarto en una pensión de Barranco.

Se fue a Europa y vivió en Londres, al menos eso me dijo cuando regresó absolutamente formal y nos encontramos de paso. No lo reconocí, claro que sabía quién era, pero es que nada en él recordaba el pasado, era ya un partidario acérrimo del sistema y del liberalismo.

Después lo encontré en una conferencia de prensa del ministro de Economía, yo iba por la Agence France Presse, el ya era funcionario del Ministerio, lo fue durante casi todo el gobierno del ingeniero Alberto Fujimori. Seguimos tratándonos como los mejores amigos, incluso me llevó a que conociera el nuevo local del Ministerio de Economía, que dejó su enorme sede en la avenida Abancay y se mudó al jirón Lampa.

El era parte de un gobierno que para mi era una dictadura y hemos hablamos de don Pedro Beltrán Espantoso, el introductor del liberalismo moderno, quien consideró siempre que el liberalismo va de la mano con la democracia. Quedamos en reunirnos, pero no se concretó.
En estos tiempos, parece normal que la gente se encuentre en su camino, pare un momento y hable una hora, y hasta la próxima vez que se coincida, que yo defino: "Amigos al paso", pero de a verdad que intercambias información. Y es sumamente agradable renovar los lazos de simpatía con las personas. Con Fritz nos pasó algo así.

Me parece que cada día, porque lo seguí muy de cerca por TV, que Fritz persistió en seguir desarrollando su inteligencia, y se fue haciendo cada vez más conocido por la opinión pública, obteniendo ya el trato de ser uno de los economistas más importantes del país, pero también se fue convirtiendo en un comentarista, absolutamente ubicado en la derecha política, muy centrado de la realidad nacional y que valía la pena escuchar.

No lo vi nunca fujimorista, porque planteaba democracia con convicción, aunque está señalado de serlo, aunque cada quien tiene el derecho de ser lo que quiera ser. Y en este auge de su prestigio, fue editorialista de El Comercio, su editor de la edición central del fin de semana y hasta que llegó a la liga mayor del periodismo nacional, cuando fue nombrado director del diario Perú 21 y en octubre del año pasado alcanzó la consagración, al ser contratado para dirigir el diario El Comercio.


En mucho más de 130 años, por primera vez un miembro de la familia Miro Quesada, no dirigía al decano de la prensa nacional. La vida de Fritz, ha tenido su momento difícil y dramático, perdió su brazo, venció la enfermedad y tiró para adelante y eso siempre me admiró demasiado en su persona. Fritz muere en la cúspide, seguramente tenía para más y seguir entregando su inteligencia al Perú.

Fritz Dubois Freund.

33. JULIO RAMÓN RIBEYRO, POETA

El poeta Reynaldo Naranjo García, nos condujo ayer viernes en una cruzada literaria por las calles del viejo Miraflores para reencontrarnos con el escritor Julio Ramón Ribeyro, para conocer todo lo que le fue personal y que sobrevive al cuidado de una de sus cuñadas.

Julio Ramón Ribeyro.

Caminamos y caminamos con César de los Heros, Justo Linares, Jorge Sandoval Córdova, Edgardo Noriega y con el mejor de todos los cronistas peruanos, Humberto "Chivo" Castillo Anselmi.

En eso que caminábamos, alguien dijo algo sobre un asilo y me pareció extremadamente gracioso, escuchar que nos habían dado asueto en el asilo y en eso algún caminante nos miró extrañado, puede ser que creyera después de oírnos comentar la palabra asilo, que nos habíamos escapado.

Hasta que alguien corrigió que no habíamos salido de una casa para viejos, sino que el poeta nos estaba llevando a un asilo, para que decidiéramos, si nos quedábamos o regresábamos a Canevaro.

En medio de esos comentarios que se entrecruzan o suman unos 500 años de periodismo nacional, definitivamente un poco menos, pero vale la exageración y como le decía Homero Zambrano, "Justito Linares del Perú", un amigo que siempre resalta entre los amigos, realizó una propuesta genial a lectores que nunca se cansarán de leer.

Justo, hizo honor a su nombre, en este primer tramo del camino, y justamente optó por llevarnos a una antigua librería limeña, de venta de libros de por lo menos de segunda mano, que está en José Gálvez, a unos metros de la Bajada Balta. Antes, se ubicó en Camaná, poco antes de llegar a Quilca, en un segundo ambiente, absolutamente popular y concurrido en el pasado. Como también lo es ahora, después de haber superado la muerte de su dueño.

Y después de un breve descanso en el oasis, volvimos a la excursión, entramos a la Bajada Balta y volteamos a Benavides, cuya cuadra empinada, parecía inacabable, ya me la había creido, que estaba en busca de un asilo, y así enrumbamos por la derecha hasta 28 de julio.
Y el poeta Naranjo, después que nos hizo caminar y caminar en la búsqueda del Santo Grial, es decir las reliquias del gran Julio Ramón Ribeyro, y de hacernos entrar a dos tradicionales quintas miraflorinas, nos hizo descubrir que el lugar existe, pero que ya no vive allí la cuñada de Julio Ramón, sino que el lugar pertenece a una empresa.

En tanta linda quinta se aloja una empresa, no pues, no es posible. Y estamos a la espera de nueva información que obtenga el poeta, para volverlo a acompañar en cruzada para ver y admirar las reliquias de Ribeyro.


Y ya que se trata de Julio Ramón, no hay que olvidar la exposición fotográfica de Herman Schwars sobre Ribeyro, en La Casa de la Literatura, antigua sede de la estación de Desamparados, a la espalda de Palacio de Gobierno.

El poeta Reynaldo Naranjo, entre César Calvo y Manuel Scorza.
Continuará...

32. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Conmoción: murió quien nunca va a morir: Gabriel García Márquez. Leí Cien Años de Soledad, cuando estaba en cuarto de media, tenía 15 años y era tan fácil de leer, que podías captar todos los mensajes del autor y esa escena del hijo que muere y su sangre recorre todo lo que tiene que recorrer hasta llegar a los pies de su madre, me impacto y me gustó, en verdad que me admiré y pensé que el cordón umbilical nunca se corta. Y que decir de aquel que tuvo cien hijos y estaba convencido que su descendencia existiría por siempre y de pronto le mataron a todos los hijos, puedes tan fácilmente comprender que las dinastías no son eternas, que ese tipo de sueños, son ilusiones que no son parte de la realidad humana y de su propia historia, y el último nació con cola.

Ese es el genio inmortal de un escritor, solamente leí una vez Cien Años de Soledad, en 1968, después he revisado algunas páginas y leído párrafos sueltos, pero en un ejercicio de memoria en el 2014, puedo recordar un par de ideas, que persisto en traer rápidamente a la mente.

Seguramente Cien Años de Soledad es la mayor obra literaria de América Latina, pero que bella obra: El Amor En Los Tiempos del Cólera, la leí de corrido, sin descanso ninguno, hasta acabarla y es que en el fondo existe un amor, antiguo muy antiguo, que en verdad se puede concretar, más allá de la tercera edad; Me encantó: La Aventura de Miguel Litín, clandestino en Chile, situada en los tiempos del dictador Augusto Pinochet. Y que decir del arte desplegado en El General En Su Laberinto, en el que García Márquez te acerca al Libertador Bolívar como nadie.

Y por acabar con una virginidad, el hacendado Santiago Nazar, fue asesinado a los 21 años de edad, por los hermanos de la víctima. Ella al llegar ya desflorada al lecho nupcial, el marido la devolvió a su casa y denunció a su amante. Todo quedó como "La Crónica De Una Muerte Anunciada".

Y en "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada", un cuento, más que una novela, en que la cándida tiene que mantener a la deslamada y así es que la abuela la prostituye y tendrá que usar cadenas para que no escape. Lo menos que se puede decir de extraordinaria su colección de cuentos: "Los Funerales De Mamá Grande" la propietaria de Macondo, María del Rosario Castañeda y Montero.

Y dejo para el final, la obra que más me gustó de García Márquez, "El Coronel No Tiene Quien Le Escriba", absolutamente idealista, llena de un absoluto desamor al dinero, de la defensa de derechos, limitada a una pensión. Acompañada de una ilusión colocada en un gallo de pelea. Esta es una obra de 1961, de sus tiempos de Prensa Latina, de antes de la fama y el Premio Nobel.

Gabriel García Marquez, llamado universalmente GABO, es un escritor con el que puede identificar cualquier latinoamericano y allí su grandeza que sin duda, lo convierte en inmortal, a pesar que se murió en el jueves santo del 2014.

Gabriel García Márquez.

31. ISMAEL LEÓN, PERIODISTA

Adios Compañero. Ismael León Arias en vida fue un socialista, un hombre democrático y de bien, un amigo, un compañero de trabajo, un periodista, y un maestro en todo el sentido de la palabra. Era muy difícil que tuviéramos la misma opinión, ambos somos muy críticos de la realidad nacional, e Ismael ha sido uno de mis mejores amigos en esta vida. Y me entero por el fb del Colegio de Periodistas de Lima que ha fallecido, hace un minuto y me pongo a escribir y me emociona haberlo conocido y de las muchas veces, que hemos tenido una charla agradable y amena.

Hemos compartido amigos en común. Manuel Vilca acaba de enviarme un mensaje: "se nos fue manito, manito, ptm". Y al mensaje de Manuel, yo señaló que Ismael es fue un pata de la ptm.
Ismael usaba como palabra continua: hermanito, hermanito", para saludar, para entrar a fondo en la conversación. Conocí a Ismael en 1974, en La Crónica de Guillermo Thorndike. El trabajaba en en ese diario, (me ha corregido, Rony Guerra, antes había puesto Correo. Y él participaba de las comidas semanales que preparaba con mi compañera Dalma Miculicic y desde esa época fue pata conmigo, Trabajamos en La República de Thorndike. Hemos compartido conversaciones de primera linea en la casa de Enrique Paredes y de Begoña Ibarra. Coincidimos en El Mundo, en la mesa de edición junto con Carlos Castro Cruzado y tuvimos de jefa a Toly (Blanca Rosales), quien era la editora general, y convertimos a este semanario en un diario.

Para un periodista, nada puede ser más importante que convertir una publicación para el fin de semana en un diario, porque el diarismo es en verdad la sangre del periodismo. Mi participación duró 9 meses y fue un trabajo que incluyó amanecidas, teníamos que esperar a que naciera el periódico de cada día.

Una vez nos tocó una balacera, en Santa Cruz, Miraflores, Ismaél me llevaba a mi casa, ya por la Iglesia Santa María, vivimos como un carro era perseguido a balazos por otros dos. Salvamos de milagro.

De Ismael se podrá decir siempre que fue un un verdadero colega, generoso, que compartía sus conocimientos, sumamente amable y cuando pasaba por un momento difícil soltaba la sonrisa y expresaba un "ya pues hermanito".

Buen corazón el de Ismael. Cuando me encontraba con Ismael, se hizo costumbre decirle: "Estoy pensando esto......Dime lo que sabes" y pasar de inmediato a conversar, a intercambiar pensamientos, ideas.......nada de celos de su parte, porque sabía que lo iba a escribir.

Insisto, Ismael en esta vida fue un periodista generoso y que sabía reir. Eso es un montón para nuestro medio. Recién se me cae una lágrima por el recuerdo de un amigo.

En los momentos previos a que Ismael León, (ya nombrado por el entonces presidente electo Alan García, julio de 1985), asumiera la dirección del diario La Crónica, lo acompañé en diversas reuniones a las que asistió. Su lugarteniente en esos días fue nuestro amigo Marcos Roncagliolo, y lo acompañábamos por donde iba. Ismael como siempre trataba a todos igual. Nada lo cambiaba en su forma de ser. No se envanecía.

En el diario El Mundo, pidió cerrar la página del fallecimiento del Presidente de Francia, Francois Miterrand. De pronto se acercó a mi escritorio para enseñarme en un papel en el que había escrito, el titular a toda página : "ADIOS COMPAÑERO". Me hizo reir, porque de inmediato le dije estaba loco y él se rió a carcajadas. El periódico, no daba para un titular así. Yo te apoyo", le dije.

Ismael León es pues un hombre de una sola linea. No cambió nunca y eso es admirable y hay que recalcarlo por siempre.

Cuando el Colegio de Periodistas de Lima, hace unos meses lo homenajeó, escribí lo siguiente sobre mi amigo:

II


HONOR AL MERITO: El periodista, Ismael León Arias, maestro de maestros y amigo entre los amigos, ha sido homenajeado y distinguido por el Colegio de Periodistas de Lima por su enorme trayectoria de vida en su realización de PERIODISMO en el que imprime su pasión de transmitir lo que ve y siente en el día a día en nuestro Perú, mostrando siempre sus ideales, ya sea escribiendo, conversando o simplemente viviendo. He tenido el privilegio de trabajar con él en los diarios La República y El Mundo. Absolutamente sencillo, accesible, amical con todos y en esto también es maestro. Estoy muy contento por el homenaje a Ismael León, muy pocos en el gremio tienen su trayectoria y su nivel profesional y se les puede señalar como miembro de la primera fila del periodismo nacional. Es una obligación señalar que siempre lo he leído y persistiré siempre en seguir leyendolo, porque se aprende.

Ismael León Arias.

30. Humberto "Chivo" Castillo Anselmi, Periodista

Humberto Castillo en la reunión de los "pulpines" del periodismo del 2 de febrero de 2015.
Humberto Castillo, mucho más conocido como "Chivo", es el periodista representativo del gremio periodístico peruano, es un ser privilegiado por una sensibilidad, que le es innata, un don que nadie superó en el segundo a segundo de poner en el papel lo que vio, lo que escuchó, lo que captaron sus sentidos, para realizar la crónica insuperable, una tras otra a través del tiempo.

El "Chivo" es el reportero de calle por excelencia, que vive y transmite al lector el diario vivir de lo más importante que ocurrió en el día, porque él camina y camina para traer a la redacción la noticia de cada día. Se inició en Trujillo, en el diario Noticias... ¿Y qué hacías, Chivito? y su respuesta es: "Calle". Así de simple.
Brilló siempre, nadie le hizo sombra y si lo hicieron, nunca falta en esta vida, quedó en el olvido por maldad, no se recuerda. Todos, sin excepción, concuerdan que careció de competencia en las diferentes redacciones a las que perteneció.

En verdad no sería posible que alguien le dispute su lugar y la preferencia que se le tiene en el periodismo peruano, y del afecto con el que se le trata, del aprecio que se le reserva, del respeto y la admiración que se le tiene.


Humberto es un hombre honorable, que destaca por sobre todo en su honradez y en la limpieza de su trabajo. Hemos cubierto juntos un montón de comisiones. Él iba por un periódico yo iba por otro. En La República, varios éramos parte de su comitiva, a mucha honra. Nos mandaban a un montón de periodistas al mismo lugar. Puede existir alguna duda ¿quién escribía? y la respuesta es el "Chivo" era el que escribía. Ha sido pues mi amigo de comisiones periodísticas.

El "Chivo" en la calle es uno más, nada lo diferencia de otro mortal, los años que fueron pasando lo hicieron mayor y su pelo se volvió blanco, convirtiéndose en una característica fundamental de su aspecto físico.

Entonces alguna despistada o un despistado con pinta de tonto, expresaba que le habían dicho que el mejor periodista era uno de pelo blanco y a boca de jarro te repetían a la oreja: "Dime, tú tienes que saber que si ese señor de allí, es el mejor periodista, porque me han dicho que...." Una vez que les decías que sí, se le pegaban como chicle y esto es de los años noventa del siglo anterior.

A veces, de comisión periodística el "Chivo" luce su lapicero y su papel que porta en la mano, ya está preparado, en cualquier momento tendrá que usarlo, también le ha pasado que saca precipitadamente sus utensilios de trabajo, en el momento que tiene que anotar y eso es ya un alboroto personal para él.



En el diario Hoy, Humberto estuvo solamente en etapa de preparación antes que saliera a la calle. Llegó con Owen Castillo, el poeta Reynaldo Naranjo, Pedro Franco y Enrique Paredes, ellos fueron los primeros que sumaron todos que proveníamos de El Observador. Unos cuantos días en que todos almorzábamos en un garaje. También se comía y se brindaba por brindar.

En el diario La República, en el que trabajé de la segunda quincena de 1985 al 15 de enero de 1986, me tocó pertenecer al mismo grupo de redactores de política que Humberto. En ese momento tenía espacio propio, una oficina cerrada, que con un enorme vidrio que iba de pared a pared. Por eso la llamaban: "La Pecera", yo reemplace a Miguel Mantilla quien había pasado a ser jefe de informaciones.
En la pecera estaban el "Chivito", Ismael León, Marcos "Rolo" Roncagliolo, Reynaldo Muñoz, Efrain Rúa, Víctor Robles, y Roberto Mejía Alarcón.

El Chivo escribía sus notas una tras otra, no se metía con nadie, era pata con todos participaba en las conversaciones, es bastante crítico de todo, pero también es cierto que nada le hace mala sangre.
Muy raras veces, pero como que se sumaron como una veintena en el casi el año en el que trabajé en La República, Humberto se quedaba a conversar con el grupo de periodistas que se reunían en torno a Ismael León, entre los que me encontraba. Siempre el "Chivo" era el centro, cuando estaba presente. Todos lo habían leído, lo que publicó en la mañana, el periódico. Todos lo alababan.

El "Chivo", por lo menos se escribía tres artículos diarios, pero generalmente le firmaban una nota, las demás quedaban integradas al diario, sin autor. Pero el entusiasmo era mayor, cuando se enteraban que aquella nota que había gustado sin firma era también de Humberto. El grupo de Ismael era fijo Marcos "Rolo" Roncagliolo, Alat (Alfonso La Torre), a veces Mario Campos y se podían integrar el poeta Reynaldo Naranjo, Owen Castillo, Enrique Paredes y tantos otros.

Unos tres meses antes que renunciara a La República, se dispuso que la pecera tuviera otros fines, se decían que nadie nos controlaba, que hacíamos mucha bulla, y que se requería trabajar más, entre otros.. entonces nos mandaron al fondo de la redacción, a las ventanas que daban al jirón Camaná.

Humberto escogió sentarse al extremo derecho, dando la espalda a la calle y a su derecha la pared, me dijo que me quede con el que estaba a su lado y ubicó a Reynaldo Muñoz al lado mío. Al fondo, al otro extremo, nos había quedado la mesa de la redacción, que antes había estado practicamente al lado nuestro. Entonces así pude ver y observar a Humberto mientras tipeaba sus crónicas periodísticas.
El Chivo, a diferencia de todos entregaba su trabajo antes del almuerzo, los demás primero almorzábamos y después redactábamos, yo generalmente regresaba temprano, entonces mientras hacía tiempo, Humberto estaba redactando al lado mío, no hacía pausa, tipeaba de frente sin respiro.

Entre nota y nota hacía respiro y conversaba cualquier tema del día o comentaba algo trascendente de lo que le había pasado en la calle.

En eso que lo estaba viendo tipear sin descanso, centrando sus ojos en la carilla y sus manos recorrían el teclado de la máquina de escribir. Me vino como ahorita la misma imagen, cuando de niño iba a La Prensa y me quedaba a veces en la dirección al cuidado de Úrsula, la guapa secretaria de don Pedro Beltrán.
Siempre me escapa de la mirada de Ursula Petersen, tomaba impulso corriendo para deslizarme en el piso como si estuviera patinando. Me gustaba hacerlo en el descanso de las escaleras, chocaba en contra de la pared y me tiraba al piso, como si estuviera jugando a las estatuas.

Salían de la redacción fastidiados y me devolvían con Ursula, Pero una vez me dijeron si sabía del letrero que decía: "Hombres trabajando". Dije que sí, y me dijeron si quería ver a un genio trabajando, lógicamente que estaba de acuerdo y me enseñaron a un periodista que escribía de memoria y para mí que es el "Chivo", que estaba tecleando en su máquina de escribir. No tengo con quien confirmarlo, pero dejé de hacer bulla para que el genio, como ellos decían, pudiera trabajar tranquilo.

Y así en La República vi escribir en su máquina a Humberto sin que nada lo perturbe hasta que un día Humberto me pregunta si estaba bien que su nota tuviera 12 carillas, no tenía otra respuesta que sí. En eso rápidamente se escribió siete carillas y me comentó que estaba bien ese número para ese tema, le dije sí. En eso me dijo, que ya tenía diez carilla para no sé qué tema. Y le dije "Basta Humberto, estás maleando la plaza. Y ya pasamos a reírnos, con ganas de reirnos.

AMIGO

Todos lo tratamos amicalmente, así es como se le trata al "Chivo" y eso le encanta, nada de distancias, porque él de frente te tutea. Su forma de ser es saludar con ganas de saludar, de hacer gestos con la cara, pero parece que le aburre saludar a un montón de golpe y ya extiende la mano, la excepción a la regla es si te da una palmada en el brazo.

Humberto "Chivo" Castillo

Le gusta estar rodeado de periodistas, es entonces pez que está en el agua, pero siempre es así, alguien dice: "Y el Chivo...", y es que Humberto ya se fue a su casa caminando sin dar cuenta a nadie.

No hace mucho, Humberto nos dijo que jamás escribe sobre llantos, no le gusta, no lo hace, lo evita. Adjetivar con la palabra llanto, mucho menos. Incluir en una frase:"lágrimas", peor aún.

Humberto por lo general, es un hombre sonriente, pero es al mismo tiempo excesivamente serio. Expresó entonces con fuerza, con su usual cara de fastidio, medio que cierra el ojo derecho y hace una mueca con la boca, que abre para hablar, que eso, que se estaba hablando, no le gustaba para nada y ya con el rostro que pone cuando discute con seriedad dijo que él lleno de orgullo, puede afirmar (o escribir) que derramó una o más lágrimas por su madre y también una o más lágrimas por su esposa, cuando fallecieron.

La cara de Humberto no daba para una palabra más, cortó así el tema. Claro que nos dejó mudos, por supuesto que estábamos de acuerdo con él. No le coreamos "Chivo", "Chivo", "Chivo", como lo hicieron más de doscientos periodistas el 29 de setiembre del 2012, cuando el Club de Periodistas del Perú, le entregó: La Pluma de Oro. Nunca vi tanto periodista junto, como ese día.

DADLES DE COMER

Con Humberto me tocó cubrir la visita del Papa San Juan Pablo II a Villa El Salvador, en febrero de 1985. El por La República y yo por Hoy. Nunca se ha reunido tanta gente el Perú. El Santo Padre en su primera visita al Perú se constituyó en un fenómeno de movilización de masas sin precedente y que no se ha repetido, siempre en auge.

Es por excelencia, está la comisión entre todas las comisiones periodísticas.

Villa El Salvador, la famosa ciudad autogestionaria, bastión de la Teología de la Liberación, que en verdad era ya un distrito limeño en el extremo sur de la capital, persistía en seguir siendo una barriada muy pobre cuya población carecía mayoritariamente de luz eléctrica y sus casitas para el Papa eran de cartón.
San Juan Pablo II le preguntó al cardenal Juan Landázuri: "¿Esta gente qué come?" El cardenal le explicó como pudo. Esta pregunta la hizo mientras recorría el papamóvil la autopista, repleta de gente, de San Juan de Miraflores, Villa María del Triunfo hasta llegar al Parque Industrial de Villa El Salvador que en ese momento era un enorme descampado, igualmente abarrotado de seres humanos repleto de gente. Este terreno inmenso, daba a un enorme cerro, en el que ya no cabía un alma más.

Los periodistas amanecimos en Villa El Salvador, estábamos separados por un doble alambrado de los fieles que sumaban un millón, dos millones, tres millones de seres humanos, pero en verdad todo Lima había salido de sus casas, porque San Juan Pablo II estaba en camino desde la Nunciatura Apostólica, en la avenida Salaverry un camino de kilómetros de kilómetros. Y casi todos salieron a verlo pasar y también a despedirlo porque era su última Misa en la capital.

Una pared humana había acompañado al Papa, pero en Villa El Salvador, su encuentro con los pueblos jóvenes o pobres de Lima. Era su reunión con los desposeídos, con los pobres de la tierra.
"DADLES DE COMER": Son las tres palabras que acuñó, el genio periodístico de Humberto Castillo. El maestro vio, escuchó y sintió eso. Y así encabezó su crónica, teniendo detrás suyo a millones de peruanos, que estaban entre los pobres de los pobres del mundo que solamente habían salido de sus casas para ver de lejos y escuchar al Vicario de Cristo.

Han pasado treinta años, de esa comisión, la más importante que puede existir. Y no dejo de admirarme. Humberto estaba ubicado entre la periodista francesa Nicole Bonnet y yo. A mi lado, mis patas del alma, la periodista Margarita Muñoz Padilla y Waltercito Pérez Palomino, secretario de la redacción de Hoy. En verdad que me interesaba ver las actitudes, los gestos y lo que apuntaba el "Chivo".

Antes del amanecer, me había estado peleando con una veintena de periodistas extranjeros que estaban en contra de la Teologìa de la Liberación y expresaban que el Papa la iba a prohibir. No lo hizo, les gané. Hasta la visita a Lima del cardenal Ratzinger (Papa Benedicto XVI) yo estaba a favor, cambió mi criterio favorable por uno negativo, aunque respetuoso.

Me encontraba antes de las seis de la mañana en un combate frontal junto a Nicole Bonnet a favor de la Teología de la Liberación. Cuando de pronto Humberto, me sacó del lugar en que la gente estaba tomando café, me dijo que yo estaba para más, que perder el tiempo discutiendo con esa gente. Y ya formamos grupo.

Llegó el Papa, la gente enloqueció, deliró, exclamó todo lo que les salía del cuerpo y en la práctica era un bello rugido de bienvenida que resultaba inacabable.

Y así pasó el tiempo, antes de la nueve de la mañana había acabado todo. Nada en especial mostró Humberto, se empinaba, apuntaba alguna palabra. Solamente me preguntó sobre el Evangelio. No hizo comentario alguno y tampoco permitió que hablara, algo que es imposible. Y cuando el Papa se fue en helicóptero, nos dejaron irnos. Humberto volteó a ver a la muchedumbre y exclamó: "Nunca vi tanta gente", se fue caminando y perdí el rastro de mi amigo.

Con Margarita siempre recordamos que por nuestra curiosidad fuimos a ver el altar, a tocar todo. Y en eso el aire, el viento, o lo que en verdad sea, nos traía el sonido de las pisadas de los millones de fieles. El cerro, que tenía un color multicolor, por la ropa de las personas, parecía que tuviera movimiento.
Bueno, en verdad el Papa nunca dijo exactamente: "Dadles de Comer", la frase se la puso el gran "Chivo" Castillo en la boca de San Juan Pablo II. Nadie lo desmitió. La frase es maravillosa, absolutamente inspirada.

El Santo Padre exclamó, emocionado: "Por el bien del Perú no puede faltar el pan". La Iglesia Peruana encabezada por el cardenal Landázuri hizo suya la demanda papal del "Dar de Comer" de Humberto, y en verdad que la Iglesia Católica se preparó, lo tomó como una tarea a cargo de monseñor Ricardo Durand Flórez, de la profecía papal y cuando se produjo el Fujischockl, dos ajustes económicos en el segundo semestre de 1990. Monseñor Durand dio de comer a dos millones de peruanos. La Conferencia Episcopal Peruana premió a fines de 1985, a Humberto Castillo, por su crónica de Villa El Salvador y el Papa.
Vida de periodista.

La vida de periodista no es fácil para nada, es dura, es de una exigencia desmedida por trabajo, siempre nuevo que tiene que llenar los periódicos, es mal pagada, y los hombres honrados como Humberto, van y vienen en micro, cuando no caminan por todas las calles que tienen que transitar. Eso hace querible al Chivo, no como un estandarte, que uno puede lucirlo, y llevarlo por todos lados, sino que se convierte en el amigo y colega, que es un referente o ejemplo del oficio que nos une, al que dedicamos la vida. También puede ser considerado un paradigma.

El "Chivo" antes de acabar el colegio tenía como meta ser sociólogo, ingresó a la universidad, estudió Letras. ¿Te ganó el periodismo? Humberto no piensa, toma su tiempo para acomodarse y para que todos lo escuchen, solamente exclama: "Si".

CHIVO

¿Por qué te dicen Chivo?

"Así me pusieron en Lima, así me dicen en Lima, yo que se, no me interesa" dijo un Humberto sonriente, porque se está generando comentarios a su alrededor y prima la voz de Justo Linares, el "Chivo", me ordena, con voz de mando, que no escuche, a su amigo Justo Linares.

Justo reitera su opinión: "Su papá es de Cascas y a los de Cascas se les dice de cariño "Chivo". Humberto expresa que nada tiene que ver con eso, pero habla con cariño de Cascas, a sus pobladores se les llama "casquinos" y que está a dos horas en carro de Trujillo.

TRUJILLANO
Humberto Castillo Anselmi, es trujillano de corazón, porque es nacido en Huamachuco, un 21 de diciembre, aunque casi toda su vida ha transcurrido en la capital, desde 1958, año en el que ingresó a trabajar a La Prensa, el diario dirigido por su propietario, don Pedro Beltrán Espantoso, el totem del liberalismo en el Perú.

Trujillo es la ciudad de la eterna primavera y de su marinera, orgullosa de su cultura, de sus círculos intelectuales y que es la tierra de los Cupisnique, de los Mochica y de los Chimú, que reúnen más tres mil años de peruanidad, y en la que se luce con esplendor sus huacas del Sol y de la Luna y la ciudad de barro más grande del mundo: Chan Chan. Ahí, en Trujillo, Humberto aprendió a caminar, a estudiar, a leer y escribir, y por sobre todo a ser periodista.

La primaria la estudió en el Centro Escolar 241, que es llamado el "Centro Viejo". Humberto precisa este detalle de su vida. La secundaria la hizo en el Colegio Nacional San Juan. Y llegó el momento de publicar y lo hizo en la Revista del Colegio San Juan que editó con su amigo y compañero de estudios Hugo Sánchez Ferré. Entrevistó al novelista Ciro Alegría y al futbolista Fedor Larios de los Diablos Rojos de Chiclín, entre otros.

Humberto recuerda que debutó en periodismo en el diario "La Nación" de Trujillo, de propiedad de la familia Larco Hoyle. Remarcó que era un tabloide, tipo Ultima Hora y él que hacía: "Calle", en eso su amigo Sanchez Ferré, quien estudiaba medicina en Lima, entró a trabajar a La Prensa y le consiguió que reemplazara al corresponsal de Trujillo, quien había renunciado.

Y así fue que se convirtió en el corresponsal nombrado de la Prensa en Trujillo, cuando estudiaba Letras en la Universidad Nacional de Trujillo.

Y ya era hora que Humberto se fuera a vivir a Lima y se convirtiera en el gran "Chivo" Castillo del periodismo peruano. El entonces director de informaciones de La Prensa fue a Trujillo y le expresó la invitación que cualquier corresponsal esperaría infructuosamente.

El Chivo dice que le dijo Grados: ¿Porque no vas a Lima?, no lo expresa, pero seguramente estaba pensando para qué, cuando le llegó la oferta de trabajo, que cualquier hombre joven estaba esperando.
Pero, el "Chivo" es el "Chivo", no podía trasladarse a Lima, por más buena que era la oferta, estaba estudiando en la universidad. Grados le dijo que eso no era problema, se hacía el traslado a San Marcos y todo arreglado.

LA PRENSA

En el mismo día que Humberto ingresó a trabajar a La Prensa, también lo hizo Guillermo Thorndike, quien fue a la página Sociales, a la que transformó, imprimiendo sus crónicas, recuerda el "Chivo".
¿Beltrán te leía?

Humberto, con voz baja expresa un tímido: "No sé", le pregunto: ¿Se dice que él leía todo el periódico? "No sé, tal vez me leyó, que puedo decir, cuando él se quedaba al cierre, él veía mi trabajo. Yo era cronista parlamentario, podía entregar mi trabajo a la una de la mañana o a las dos. La primera página era trabajo de Grados, se hacían cambios de portada con mi trabajo. Si estaba Beltrán, él aprobaba los cambios, pero no sé si los leía antes de imprimirse" afirma.

El "Chivo" en el Cusco cuando trabajaba en La Prensa.


Le replicó que al día siguiente lo leería y ya sabía de quien era. Justo Linares, me dice que no dejo hablar y entonces de esto ya ha pasado como un año, en otro viernes de reunión amical de los llamados pulpines del periodismo peruano, nos cuenta una anécdota con Beltrán.

El "Chivo" ya era coordinador de política y una noche, seguramente temprano, el director y propietario Beltrán lo busca en la redacción para decirle que quiere conversar con él. Varios le dijimos al mismo tiempo: "Uy Chivo... ¿Qué pasó?...Con plena tranquilidad, nos narró Humberto, que nada en particular, quería conversar sobre el trabajo y el cierre del periódico.

Le preguntamos si don Pedro, lo llamó por su nombre o por su apodo. Con cara de cansado el "Chivo" nos dice, que lo llamó "Humberto".

Pero a él se le presentó la urgencia de ir al baño y dejó al poderoso Beltrán esperándolo. No se movió, lo aguardó, conversaron y después lo convidó a cenar a su casa. Humberto expresa que eran otros tiempos, el director de La Prensa y ya ex Primer Ministro, era saludado por la gente en la calle, a veces gente muy humilde, que sabía quién era, que le decía: "Buenas Noches don Pedro".

La cena en la famosa casa Beltrán, fue frugal, don Pedro Beltrán seguramente estaba en esos días a dieta por el colesterol. Todo sancochado, pollo, papa, arroz. El "Chivo": Sentencia: "Beltrán sabía de periodismo, no escribía, pero sabía".

Pero es Alfonso Grados Bertorini, a quien nunca tuteó, porque no le salía tutearlo, el gran periodista que Humberto Castillo ha conocido en esta vida. "Él era el director de informaciones, Mario Miglio, fue su segundo, después lo reemplazó. En mi época en La Prensa, Pedro Felipe Cortázar era el jefe de informaciones y su segundo fue Pepe Velasquez. El jefe de deportes era el ingeniero Federico de la Rosa Cademartori.

Y Humberto decidió un día irse a Correo, de Raul Villarán, por una única razón, le pagaban 2 mil soles mensuales, mil cuatrocientos soles más que en La Prensa. Y sucedió que en el anecdotario de la vida de otro grande del periodismo nacional Owen Castillo, optó por tirar una máquina de escribir de la redacción de Correo a la avenida Wilson. El Chivo que estaba presente, renuncio por "Vergüenza" a Owen lo botaron, y él regresó a La Prensa, todo bien hasta que el gerente el Dr. Alfredo Allende, dijo que quien se iba ya no regresaba al periódico.

Su camino entonces fue regresar a Correo, Humberto realizó una serie de crónicas, cada una de ellas es un clásico en el periodismo peruano. Para el periodista Homero Zambrano, la mejor de todas las crónicas que él había leído, fue siempre, el artículo de Humberto, sobre el general Charles D Gaulle, Presidente de Francia de visita a Lima.

Le pregunté alguna vez a Albert Brun, si cuando fue director regional de la Agence France Presse, con sede en Lima, era verdad que le había querido dar trabajo, por esta nota al "Chivo" y la respuesta de Albert fue: "Yo lo quise mandarlo a Francia, a París, pero el "Chivo" terco, r con r que no. A cada propuesta mía me ponía un pero. Se quedó".

En La Crónica dirigida por Guillermo Thorndike, Humberto caminó por donde tuvo que caminar, más arriba de Andahuaylas, a una comunidad campesina, previamente le taparon los ojos, para entrevistar a Julio César Mezzich, para el "Chivo" ya era guerrillero y después fue a Huayanay, en Huancavelica, el campesinado mató al capataz y clamaron: "Todos a una como en Fuente Ovejuna", sonado caso judicial de fines del velasquismo.

Luego vinieron los tiempos del Diario de Marka, su crónica de Uchuraccay y su semblanza de su amigo Eduardo de la Piniella, entrevistando a su viuda, a su madre, a sus hermanos y cuñadas, en la avenida Garzón en Jesús María, la casa de Lima, de la mamá de este héroe del periodismo peruano.

En los tiempos del "Chivo" en el diario La República, están sus crónicas diarias de la vida limeña, de la vida política, de la vida nacional. Su famoso "Dadles de Comer" de San Pablo II. Tiene además la única crónica que se hizo, del caminar o andar en la Plaza de Armas de Lima, del cardenal Joseph Ratzinger, quien después fue elegido Papa Bendicto XVI. Esta comisión me tocó cubrirla junto con el Chivo. La France Presse, decidió publicar tan solamente unas lineas y me quedé con toda la información en la cabeza.
Humberto persistió en el tiempo en el periodismo y trabajó en la mesa de edición del diario El Sol. Jorge Sandoval, lo recuerda estudiando junto con él, los curriculums de todos aquellos quienes se presentaron a postular por un trabajo, después realizaron la ronda de entrevistas y lograron que se contratara a un grupo valioso de gente joven, que está dando muy buenos resultados para el periodismo.

Recuerdo que Humberto seguía vigente, realizando las crónicas de las elecciones presidenciales que ganó el Presidente Alejandro Toledo. Había regresado a La República, en la que culminó su carrera periódistica.
El Chivo trabajó con periodistas de los años cincuenta, de los años sesenta, de los años setenta, de los años ochenta y de los años noventa del periodismo nacional del siglo XX, cruzó el milenio y persistió en el dos mil y por unos años. Una longevidad, diaria en el oficio que nadie ha tenido de cronista, de reportero de calle, de ser simplemente un periodista y sus colegas lo señalamos como el mejor.

II

En marzo del 2014, el Colegio de Periodistas de Lima, incorporó a Humberto "Chivo" Castillo Anselmi, como su miembro honorario, ya que en su momento no se afilió, como muchos otros y ahora la ley no lo permite, sin cumplir una serie de requisitos. A modo de homenaje junto a otros colegas fue distinguido, con su respectivo diploma.

Escribí estas líneas en mi facebook:

El cronista peruano de la segunda mitad del siglo XX es Humberto "Chivo" Castillo Anselmi, en verdad va a la par con Jorge "El Cumpa" Donayre, y ese es ya un tema para debatir sobre crónicas y cronistas. La redacción del Chivo me es más cercana y seguramente la he imitado.

En el diario La Crónica de Thorndike, el ingeniero Federico de la Rosa, una vez de visita a la redacción de ese diario, le dijo al "Gringo" que me ponga a escribir y lo hizo. Recuerdo que Humberto varias veces revisaba de buena gana mis carillas, carecía de la misma paciencia con otros.

Humberto es un clásico del periodismo peruano y releerlo es extraordinario. Y periodista que no admira y respeta al Chivo, no es un periodista que lee al mejor, porque de esa redacción que brotó instantáneamente de su cerebro, puede leerse en la colección de los diarios La Prensa, Correo, La Crónica, El Diairo de Marka, La República y El Sol, de la Biblioteca Nacional.

Que alegría me da señalar que el Chivo es un genio. Y lo es mil veces o tantas veces le han publicado en esta vida.

Excelentemente bien el Colegio de Periodistas de Lima y su decano Max Obregón Rossi, que han homenajeado a dos grandes: Ismael León Arias y Humberto Castillo Anselmi. Humberto cubrió la Misa Villa en Salvador de San Juan Pablo II, y yo estaba allí a su lado y no lo dijo el Santo Padre, pero el enorme Chivo Castillo le puso en la boca al Santo Padre: "Dadles de Comer" y es absolutamente cierto, le encantó a quien es nuevo santo católico y lo premió públicamente la Conferencia Episcopal Peruana presidida por el cardenal Juan Landázuri.

A Humberto Castillo he tenido la suerte de tratarlo en La Crónica de Thorndike, entre 1974-75, un sueño periodístico que duró muy poco, lo acompañé a Apurímac para que entreviste al médico Julio César Mezzich, quien mostró una postura de guerrillero guevarista, después se sumó a los terroristas de Sendero Luminoso, se le atribuyó la toma de Ayacucho y no se volvió a saber de él.

Nuestro gran Chivo Castillo es cronista del mayor nivel, e inigualado en el mundo andino. En ese año y meses que duró La Crónica, mi compañera Dalmacia Mikulicic García, creó una especie de cocina, que permitía se cocinara una tarde a la semana, hasta las últimas consecuencias y el Chivo, que es alegoso y que se acalora innecesariamente, criticó como se había preparado a un cabrito en la cocina, pero no quería agraviar a mi chica y a las señoras que la acompañaban, entonces solamente nos hizo reír a carcajadas a todos, porque había gente, venían de otros periódicos, además asistían aquellos que dan vueltas por las redacciones, al exclamar: "cabritos son los de mi tierra". A la semana siguiente el Chivo, se trajo de Trujillo un cabrito de leche, lo preparó, lo cocinó y verdaderamente triunfó en la cocina.


Así es Humberto, hombre para sencillo, así es nuestro amigo. 

Humberto Castillo Anselmi.

29. ENRIQUE ZILERI GIBSON

LIMA, 24 DE AGOSTO DEL 2014

Enrique Zileri deportado por la dictadura de Velasco en julio de 1969.

Enrique Zileri, un hombre decente, mito e ícono del periodismo peruano, quien no le dio tregua a las dictaduras de Odría, Velasco, Morales Bermúdez y Fujimori, ha fallecido a los 82 años de edad.

Enrique convirtió a la revista Caretas, fundada por su madre, la gran Doris Gibson, en el ejercicio continuo de un periodismo independiente a los diarios La Prensa, El Comercio y La Crónica, que siguió desarrollando hasta la actualidad, pero ya frente al Grupo El Comercio.

El periodismo realizado por Enrique desde mediados de los años 50, es admirable, me impactara siempre su linea frontal en contra de Vladimiro Montesinos, asesor del expresidente Alberto Fujimori, el capitan expulsado del ejército y que cogoberno el Perú, sin que nadie lo eligiera y creó la más grande red de corrupción a partir del Estado Peruano. 

Honra a sus hijos, nietos y a Caretas, el ejercicio del periodismo ejercido por Enrique, quien no hace mucho enviudó de la fotografa Daphne Dougall de Zileri, madre de sus hijos y es a Marco (director de Caretas), Doménica, Diana, Druscila y Sebastián, a quienes corresponde seguir la huella trazada por Doris y Enrique. En la foto, grafica el homenaje del Club de Periodista a Enrique y a Caretas. 

Enrique acompañado de Daphne y de Marco, y rodeado por periodistas, recibió la Pluma de Oro, el máximo galardón del Club, hace unos años. Y a pesar de todos sus lauros y enorme trayectoria, Enrique ha sido siempre uno de los periodistas más sencillos que han existido.



II.

Homenaje a Enrique Zileri realizado por el Colegio de Periodistas de Lima realizado en el pasado mes de junio. Excepcionalmente sencillo y espontaneo, con ese cálido nivel que te dejan las más hermosas reuniones de periodistas que se han desarrollado, ha sido la característica central que marcó esta noche del viernes, el homenaje del Colegio de Periodistas de Lima, a Enrique Zileri Gibson y su revista Caretas.

Zileri es miembro de la primera fila del periodismo peruano de todos los tiempos.
En todo momento se tuvo presente su linea periodística de la defensa por la democracia, la libertad y los derechos humanos. No se puede olvidar las persecuciones dictatoriales, deportaciones, exilios y las clausuras de Caretas.


El gran periodista está delicado de salud y por eso fue representado en el homenaje por sus hijos Sebastián y Marco, quienes compartieron sus vivencias de familia, en la que sus padres, Enrique y Daphne, y la abuela, la mítica Doris Gibson, son protagonistas.


En su intervención Sebastián Zileri, en un momento quiso poner énfasis en su admiración a su papá y se apoyó en una foto que lo muestra mirando a Enrique, cuando él tenía 9 años de edad, en Pucallpa.
Y narró anécdotas, de toda su vida junto a su padre, entrañables todas, pero fue visible que los presentes, se encantaron con las de su tiempo de niño, cuando la dictadura del general Juan Velasco Alvarado, perseguía a sus opositores, en una señaló su angustia, cuando su hermana menor en una bodega, describió la fachada de la casa en la que se escondía su padre, ahora se dice cuando "pasó a la clandestinidad".


Y en otro recuerdo, Sebastián nos narró, que él estaba convencido de que su papá podía ser detenido por la policía, en cualquier momento, para que sea exiliado del país, y no tuvo otra ocurrencia que ponerle al tubo de escape, de los cinco o seis carros policiales que estacionaron de pronto frente a su casa, limones, huevos y papas.


Su única finalidad, que su viejo, tuviera más tiempo de poderse escapar.


Enrique Zileri.

Marco Zileri, sin dejar de lado las vivencias familiares, nos presentó el pensamiento de su padre sobre el periodismo como un reto del futuro inmediato cuando es ya notorio que la gente está leyendo cada vez menos.

En este homenaje a Zileri, dos de los más apreciados y queridos periodistas de nuestro gremio, Jorge Sandoval Cordova y Jose Luis "Piolín" Vargas Sifuentes, de larga e importante trayectoria periodística, unieron sus recuerdos de su paso por la revista Caretas, que en sus vida resulta breve, pero nos hicieron comprender que ha sido trascendente.


Jorge nos brindó una clase magistral, de la forma en que se preparaba a los nuevos periodistas a fines de los años sesenta. Primero al archivo para leer toda la edición de Caretas. Este es un viejo secreto para aprender el estilo de redacción de la publicación en la que se está trabajando, de la forma más natural posible.


El periodista Sandoval Córdova, nos fue presentando, con detalle didáctico, generando un ambiente emotivo, absolutamente entrañable, los pocos años de la vida profesional que le tocó vivir con Enrique Zileri de director, y de su alma mater la revista Caretas.


Tiempos difíciles, los del golpe militar de Velasco, y la persecución de Zileri y de Caretas. Incluso, la incautación de ediciones completas de la revista.


Entre periodistas, Humberto "Chivo" Castillo, es nuestro colega ícono, emblemático y genialmente Jorge lo pintó de cuerpo entero ante todos, en una comisión a Talara, a la que lo envió Caretas. Epoca de la efusividad velazquista, en la que los trabajadores petroleros lo cargaron en hombros al Chivo, creyéndolo una de las personalidades de la revolución de esos años.


El periodista Vargas Sifuentes,con su alegría y su buen humor, nos contó su trabajo en Caretas, genial en su presentación de la sección Cartas, sus entrevistas y aquella que hizo a las secretarias de los ministros militares, en la postrimerías de la dictadura de los años setenta.


Esta ha sido una noche, que tiene el sello de CLASICA para el periodismo peruano, de aquellas que ocurre una vez cada tiempo. Absolutamente informal en la que solamente se quiso escuchar momentos testimoniales de vida de un peruano ilustre que sigue marcando época en la lucha por la democracia.


Siempre se hacen homenajes, siempre se recuerda las vidas que merecen ser realzadas, pero pocas veces se genera un ánimo de atención que genera emotividad, alegría, y con momentos en que valía la risa y también soltar la carcajada.


Bien por el Colegio de Periodistas de Lima y su decano Max Obregón Rossi, que en una noche fría, húmeda con llovisna en Lima, le han otorgado un cálido homenaje a Enrique Zileri Gibson y Caretas.


En la foto de izquierda a derecha se puede apreciar a la mítica Doris Gibson (Caretas), Pedro Beltrán Ballén (director de La Prensa), Pedro del Pino, Arturo Salazar, el Dr. Luis Miró Quesada de la Guerra (director de El Comercio), Mario Castro Arenas, Guido Chirinos, Jorge Castro de los Ríos, y Enrique Escardo (director de Gente). Frente a Doris Gibson, aunque no se ve sus rostros, están Alfonso “Pocho” Delboy y el Dr. Aurelio Miró Quesada, en cambio se puede apreciar a Enrique Zileri, quien mira a su madre.

Marco, hijo del periodista Enrique Zileri Gibson, a quien muchos periodistas consideran que es el mejor periodista peruano de la mitad del siglo XX a la fecha, por ser un símbolo de la lucha por la democracia y la libertad de expresión en el Perú, en el momento en que agradeció a nombre de su familia y de la Revista Caretas, por el homenaje a su padre, que le brindó ayer miércoles, en sesión solemne el Colegio de Periodistas de Lima y que presidió el decano, Max Obregón Rossi.