lunes, 7 de abril de 2014

26. Edmundo Cruz, periodista


Es un hombre de principios, de una sola línea y por eso un periodista como pocos pueden llegar a serlo y también por eso logra el respeto absoluto de quienes trabajan o han trabajado con él, como es mi caso.

Edmundo es un hombre muy serio y pausado en todo, a la hora de investigar, en el momento de redactar, por sobre todo cuando publica y eso que puede generar un terremoto político, y para nada es parte de él, la vanidad, la figuración, ni tampoco lo mueve la adulación y es que es un hombre muy tranquilo, sonriente, magnífica persona, quien fácilmente se gana el aprecio de quienes lo ven trabajar.

En el diario El Mundo, nos quedábamos escuchándolo, sobre sus investigaciones de la dictadura fujimorista y todos los militares que la conformaban y apoyaban, persona por persona, es decir general por general y por supuesto el capitán Montesinos. Es súmamente reflexivo y es un hombre de izquierda, siempre lo ha sido, nació en Negritos, Piura.

Edmundo ha anunciado su retiro y tenemos que aplaudirlo con absoluto respeto por ser un peruano que ha luchado en contra de la corrupción y de los asesinatos perpetrados por una dictadura.
Edmundo es también un periodista que dignifica el oficio de periodista.

Yo tengo que agradecer a Edmundo y lo haré siempre, que tuviera por amistad la paciencia de explicarme la Ley de Amnistía del Congreso Constituyente que presidió Yoshiyama y que al final de la segunda quincena de junio de 1995 entre gallos y medianoche, a última hora logró aprobar una ley de amnistía.

Y gracias a Edmundo no tuve duda alguna que el único objetivo de esta ley de amnistía fue sacar de los cuarteles militares donde estaban recluidos los miembros de la banda terrorista de ultraderecha autodenominada Grupo Colina, para que siguieran realizando sus chantajes y crímenes.

Y no tengamos dudas que cuando le damos la mano a Edmundo Cruz le estamos dando la mano a un valiente que denunció y enfrentó a terroristas hasta verlos condenados y que ahora están en la cárcel, donde deben estar, tanto los operativos, es decir los asesinos, como sus jefes, encabezados por el exPresidente Fujimori, su asesor Montesinos y su general victorioso Hermoza Ríos.

El periodista Edmundo Cruz es uno de los más importantes periodistas que ha tenido, tiene y tendrá el Perú. Honor al Mérito Edmundo.





27. Samuel Adrianzén, el mundo del teatro y el mundo del periodismo

Mi amigo Sami ha sido distinguido, reconocido, premiado o honrado por el Ministerio de Cultura, en el Día Mundial del Teatro.  Él es tan sencillo en todo y ligero de llevar que me sorprende verlo en fotos con medalla y diploma por toda su vida dedicada al teatro peruano. 

Es cierto que Sami, posee su propio desarrollo periodístico, en el diario La Prensa y en la Revista 7 Días del Perú y El Mundo; y en el diario La República y en su dominical VSD. 


A ello hay que puntualizar que Sami tiene pues toda una vida en el TUC (Teatro de la Universidad Católica), desde sus inicios.Y en los últimos años lo vemos en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), su actual centro de trabajo.

Samuel Adrianzén: "Sami", como le decimos muchos de sus amigos que lo apreciamos, es un hombre de pensamiento claro y preciso.

De frente te dice lo que piensa, pero sabe escuchar en los puntos discrepantes. No cambia de opinión, pero te escucha. Él es así, nadie quiere que cambie de pensamiento. Esa es su forma de ser: transparente y honesto.

Por lo menos, en este camino de la vida que todos transitamos en Lima, puedo señalar a mi amigo, Samuel Adrianzen, realmente como un ser decente, palabra que hace cincuenta años se usaba en nuestra ciudad con enorme frecuencia en las conversaciones de cualquier hogar de todos los estratos sociales.

La decencia en Samuel Adrianzén es parte de su forma de ser, de su propia personalidad, en la forma en que encara su relación con todos los demás seres humanos.

El mejor recuerdo que tengo de Samuel, es cuando nos sentamos juntos en los almuerzos del Club de Periodistas y cambiamos puntos de vista diferentes delante de todos. A veces, llegamos a un punto intermedio entre discutiendo y peleando con buen ánimo.Y es que en verdad, si tu no puedes expresar con toda claridad tu opinión frente a un amigo, ante quien vas a opinar. Supongo que otros prefieren a la nada.

Mi recuerdo entrañable de Sami es que en el segundo semestre de 1985, Samuel fue mi jefe los sábados en el diario La República, él quedaba al frente de la mesa. Nunca dejó de ser pata, ni buena gente, y todos sus gestos eran los de un amigo. Tampoco le fallé, siempre le traje buen trabajo, para un diario que editaba un cuarto de millón de ejemplares.

En este momento, estoy muy contento de que el Estado Peruano, a través del Ministerio de Cultura haya distinguido con medalla y diploma al señor Samuel Adrianzén, junto a otras personas por una vida de trabajo en el teatro peruano o repitiendo como lo diría la señora Clorinda Matto de Turner, un verdadero monumento de la cultura peruana: "El Gran Teatro del Mundo", porque de allí nace y se nutre el diario vivir de la escena nacional con todos los seres que la componen.


En verdad que maravilla poder exclamar: se que han distinguido a un hombre honorable, mi buen amigo Sami.


28. Oscar Avilés, el músico de la peruanidad

NOVENTA AÑOS DE PERUANIDAD son los que ha vivido don Oscar Avilés Arcos, y que culminaron ayer sábado, marcados siempre con su: "Quiero cantarle a mi tierra versos de mi inspiración y decirle a todo el mundo, la quiero de corazón".

Y así lo hemos escuchado y visto toda la vida, sin descanso ninguno de su parte de traernos por radio, por televisión y también en grandes espectáculos, en la Concha Acústica del Campo de Marte y en los últimos años en el Palacio de la Exposición.

Recuerdo que siempre fue famoso, recibía el trato de ser la máxima estrella de la música nacional. Poseía la fama de que la bohemia y las amanecidas, no lo habían cambiado, que su persistencia en la disciplina de vida y el trabajo, le permitían que su arte pareciera eterno, y que para siempre nos acompañaría, en verdad que pena que se nos murió, un sábado 5 abril del 2014.

En el Perú, muchas cosas han cambiado, pero es un hecho cierto, quien es señor, es señor siempre y don Oscar Avilés, no dejó nunca de ser un señor de señores, tal y cual se decía antes. Para todos quienes lo conocieron fue un señor y al mismo tiempo el rey de la jarana, el señor del criollismo, quien posee además la gloriosa fama de haber participado en todas las fiestas de los callejones de Lima.

Una vez don Oscar me dijo que todo era pura leyenda, que él era solamente un músico profesional que vivía de su trabajo, y le dije que las personas como él, son leyendas vivas, que están adornadas con todos los atributos que tienen que tener este tipo de personalidades, sean ciertas o falsas. Me miró extrañado, ya que en verdad, en ese momento en que lo entreviste, no había llegado a los sesenta años de edad y eso de ser una leyenda viva, como que no lo convenció.
Pero el músico Avilés, sin vida de escándalos, logró que la prensa se enfocara en su trabajo, en sus presentaciones, en su obra. Y superó la tragedia de la música nacional que posee el sambenito de que no vende periódicos, tan solamente, permitían publicar notas sueltas, es decir pequeñas.
Al señor Oscar Avilés, lo entrevisté para los diferentes periódicos en los que trabajé, nunca me publicaron más de cuatro o cinco párrafos, de lo que conversamos. Más de una vez me dijo que era un montón, ya que cada palabra estaba en su sitio.

Profesionalmente se inició muy joven, a los 15 años de edad, de cajonero de las grandes estrellas limeñas del pasado. Tiempos de los shows iniciales de las radios. El siempre señaló que fue el cajonero, de lo que sabemos todos, de la única gloria del criollismo que se ha tenido en nuestro país, el dueto de hermanos: "La Limeñita y Ascoy".

En esa época inicial de la vida profesional del maestro Avilés, la señorita Rosita Ascoy, no era la viejita que mi generación conoció, a la que vi varias veces y conversé con ella, por la simple curiosidad de conocerla y para comprender la razón exacta de por qué ella y su hermano, persistían en ser los número uno, cuando era absolutamente visible que en la ancianidad ya no tenían voz. Descubrí en Rosita, una mujer absolutamente sencilla, excesivamente buena y muy dulce, pero muy consciente que ella era la señorita Rosa Ascoy, la única limeñita.

Alguna vez tuve la oportunidad de preguntarle a don Oscar Avilés, si en verdad de joven Rosita Ascoy, era tan buena y tan dulce mujer, como parecía ser en los tiempos finales de cantante. Me dijo que nadie era mejor que ella.

Cuando integró el trío, Los Morochucos, se convirtió en una personalidad del país y es tal vez el gran artífice que la música criolla sea aceptada por los estratos medios y altos, quitándole el manto de bohemia y de callejón que poseía.

En el caso del maestro Avilés, todo pudo haber quedado allí, pero su marinera: Canto A Mi Tierra, le llevó seguramente por el camino de grabar Mi Perú con los Hermanos Zañartu, a principios de los setenta que marcó un redescubrimiento en lo peruano, en la nueva generación, a la que pertenecí.

Es muy fácil pasar de la música costeña a la andina y los setenta están marcados de un absoluto redescubrimiento de la música nacional.

En esa maravillosa década, formó dueto con el Zambo Cavero y así logró expresar la música de la peruanidad como nadie.

Es por eso que Oscar Avilés Arcos representa la música de nuestra patria que se expresa en castellano. Son 75 años cumplidos, de absoluta continuidad en el día a día, salvo sus últimos cuatro meses de enfermedad, de cantar con una fuerza enorme todas las músicas más bellas de la peruanidad.

Y es cierto que en las canciones que compuso, que cantó, o que su guitarra formó parte principal en la realización musical, o de su extraordinario genio de arreglista musical de los más importantes exponente nacionales, de Chabuca Granda a Alicia Maguiña, y en verdad de todos, solamente fluye peruanidad y no existe un pueblo sin música. Y es verdad que el Perú tiene a Oscar Avilés.

Lo conocí, ni se cuándo, en la oficina de mi papá en la avenida Colmena que estaba al costado del Colegio de Ingenieros y que era la sede del Expreso Noroeste. Era un señor que transmitía alegría, que despertaba simpatía por un trato muy amable con todas las personas. Lo recuerdo como un gran conversador siempre atento a lo que le preguntaba el personal de la oficina.
Entre 1939 y 1961, la mejor forma de viajar por la costa norte era en los omnibuses del Noroeste, la alternativa era ir en barco, y don Oscar Avilés se había hecho amigo de mi papá, quien me acaba de decir que no siempre, pero a veces iba a las jaranas, que lo invitaba. Llegó el día en que ya sabía que existían Los Moruchucos, que el señor Avilés era famoso y que esa era la razón, por la que la gente se le acercaba.

El señor Cortez, primera voz de Los Morochucos, hablaba casi nada, pero siempre era muy sonriente y el señor Ego Aguirre, segunda voz y segunda guitarra, del famoso trío, era muy serio, pero le gustaba opinar. En esa época, descubrí a Jesús Vásquez que siempre guardaba silencio, decían que le daba mucho miedo los precipicios de Pasamayo y que estaba rezando. En cambio, Alicia Lizárraga, estaba llena de simpatía, sonreía con enorme facilidad, pero Eloísa Angulo, era quien llamaba la atención de todos, era sumamente habladora, siempre tenía alguien con quien conversar. De ellos me acuerdo, porque los veía en TV y las veces que fui, me los encontré, en una oficina que mi papá les preparaba, y si había alguna demora, a las señoras las invitaba a tomar desayuno a Tubino que estaba al frente y más de alguna vez las acompañé.

Siempre le tuve especial simpatía a don Oscar Avilés y es curioso porque en los últimos años lo encontré en la Sociedad Francesa de Beneficencia, en la Maison de Santé de Lima, asistió a un cumpleaños que se le festejó a mi tío Miguel Fort y lo vi unas tres veces en la presidencia de la institución, y me trató de acuerdo a su forma de ser, sumamente expresivo, no le hice recordar, las veces que lo entrevisté, en el pasado. No recuerdo el año, en el que le cantó al Señor de los Milagros, en el estrado colocado en la puerta de la Clínica Maison de Santé, en homenaje a paso procesional.


Don Oscar era ya una persona mayor, sobre los ochenta años largos, y la Procesión se demora y hay que esperar, y cansa, pero que vitalidad, que fuerza, que espíritu, en el momento de cantarle a la imagen del Señor de los Milagros y su voz, realmente extraordinaria para ese momento, como si todo su arte, que seguía aprendiendo, lo volcó para cantarle a Cristo, y que privilegio de verlo y escucharlo en el mayor esplendor de su arte.