sábado, 25 de mayo de 2013

PEDRO BELTRÁN BALLÉN, DIRECTOR DE LA PRENSA

En periodismo se recuerda muy poco al periodista Pedro Beltrán Ballén. Será seguramente de su desinterés por la figuración social que tuvo en vida, a pesar de que era uno de los exponentes más conocidos de su generación, que resultó ser la última que cerró una época, liquidada por el velasquismo, y que se había iniciado con la reconstrucción nacional del desastre que nos significó la guerra con Chile.

Pedro fue una de las personalidades jóvenes de la sociedad de su época, que terminó finalmente con el velasquismo. El le puso empeño y pasión para acabar con el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas que encabezó el general Juan Velasco Alvarado del 3 de octubre de 1968 al 29 de agosto de 1975.

Pedro había ingresado en los años sesenta en el mundo de la minería y era accionista de la empresa minera Volcan, tomando el lugar de su padre don Felipe Beltrán Espantoso, y entre los accionistas estaba Roberto Letts Colmenares, quien era su amigo y después su apoderado; y entre otros accionistas, figuraba su hermano Felipe.

Él poseía un enorme talento para encontrar minas productivas. También realizó inversiones agrícolas, inmobiliarias y le gustó ser dueño, accionista o concesionario de hoteles, restaurantes y bares, por lo que su vida tuvo un toque bohemio.

Sin embargo, Pedro desde muy joven fue directivo del diario La Prensa, en la que trabajó decididamente desde cursaba el quinto de secundaria en el Colegio Santa María, al lado de su tío Pedro Beltrán Espantoso, uno de los tótems del periodismo y del liberalismo en el Perú.

Era natural y esperado que lo sucediera en el cargo a su tío Pedro, pero claro, en su respectivo momento. Antes de tiempo el velasquismo imperante en los años setenta, lo obligó a ser el director de La Prensa, durante dos años y medio, precisamente en uno de los momentos más difíciles para la libertad y el derecho a la propiedad en el Perú.

Pedro era muy sensible y esos años fueron muy difíciles para él. La dictadura lo amenazaba continuamente y lo hizo extraordinariamente, pero era considerado un niño rico en el puesto de su tío, pero logró que las personalidades opositoras a la dictadura velasquista, lo reconocieran el director de La Prensa, entre ellos don Luis Miró Quesada de la Guerra director de El Comercio y Doris Gibson, fundadora de la revista Caretas. 

El general Juan Velasco, entonces gobernante del país desarrollaba el proceso revolucionario de las fuerzas armadas y dispuso en enero de 1972 que don Pedro Beltrán Espantoso, director y propietario de La Prensa, fuera destituido de la dirección de su periódico, porque había infringido el estatuto de la libertad de prensa. Pedro, estaba a cargo del periódico, porque su tío Pedro residía una parte del tiempo en Nueva York. No tenía el nombramiento de subdirector porque ese cargo había sido suprimido cuando se alejó del diario, don Miguel Fort Magot, hacia 1960. Por consideración don Miguel, nadie volvió a ocupar ese cargo en La Prensa.

Pero se podría decir que Pedro lo ejercía y entonces destituido su tío, su familia lo reconoció de inmediato como el sucesor, antes de tiempo.

Un día antes de que se publicara en El Peruano, el decreto de destitución de don Pedro Beltrán Espantoso de la dirección de La Prensa, Pedro estaba almorzando en el Club Villa, no pensaba quedarse mucho tiempo y en el momento en que decidió retornar al centro de Lima, se encontró con un amigo diplomático que había llevado a Villa al funcionario norteamericano Luigi Enaudi, de enorme participación en la vida peruana desde el velasquismo hasta la paz con Ecuador, ya en tiempos del fujimorismo.

El chofer del periódico, no llegaba para recogerlo, pero conversaba con normalidad y es que no podía saber que el velasquismo había cerrado la carretera y que se estaba desarrollando un operativo policial para detenerlo a su salida del club, pero como no salía, entonces los soplones decidieron entrar por él en la creencia de que se había escapado. 

Entonces su amigo, quien siempre para él, paraba en la luna, pero sabía aterrizar a tiempo, y eso era lo importante en la vida, escuchó de casualidad que venían por Pedro. Y no perdió tiempo y le dijo una especie de clave que ya tenían preparada: "Pirulito, corre, vienen por tí", Pirulo era el apodo de su tío Pedro. Y rápidamente su amigo diplomático reaccionó, lo llevó directamente al carro de la embajada norteamericana que estaba en la playa de estacionamiento. Este diplomático, después tuvo uno de los más importantes cargos que se pueden tener en la ONU. 

De esta forma los cuatro: Pedro, el amigo, el diplomático y Mr. Enaudi, salieron sin dificultad alguna, ya que el diplomático de los Estados Unidos se convirtió en un escudo protector.

Las dictaduras a veces tienen límites, destituyeron a don Pedro de La Prensa, pero a su sobrino Pedro ya no lo detuvieron, ni lo deportaron y así pudo suceder a su tío hasta que finalmente el 28 de julio de 1974, se confiscaron los diarios y Pedro se escondió en un modesto segundo piso, departamento que compartía un amigo con su novia, pero consideró siempre que su verdadera salvación fue que cocinaba una señora, la antigua ama de la chica, que permanecía a su servicio. Pedro tenía mucha gracia en sus narraciones, pero gustaba escribir editoriales.

Conocí a Pedro, en setiembre de 1964, en la semana de la celebración de las bodas de plata del Colegio Santa María, yo cursaba el quinto de primaria, y él como ex alumno participó convirtiéndose en la estrella de casi todos los juegos, porque participó en todos, en fútbol les ganó a los curas encabezados los hermanos Marck, Salvatore y Rudy, en natación perdió con George y con Salvatore. El hermano George N. Lytle está por cumplir los 95 años de edad. Y fue finalmente, cuando Juan Luis Cipriani le ganó al padre Robert Heil SM en básquet, que permitió a quien es hoy el cardenal del Perú, convertirse en el héroe de la jornada. 

En esa semana, Pedro con su amigo Alejo, jugó con mi clase que estaba a cargo del hermano Salvatore, de quien se hizo amigo. Y se mostró muy generoso con los que estábamos alrededor suyo, nos convidaba todo en el kiosko. Después con Alejo nos invitaron todos los días a comer al BBQ del Ovalo Gutierrez, anticuchos de lomo o pollo con papas fritas. Creo que el sábado almorzamos en el chifa de la avenida Santa Cruz. Pedro fue siempre muy gastador. En esa semana hemos jugado los juegos de los paseos campestres, a correr en sacos, con una cuchara en la boca, portando papas, limones, huevos. Pedro poseía una enorme imaginación y cuando se jugaba en parejas, me escogía.

Así fue como lo conocí y después cuando me veía en el hipódromo o en algún club pasaba la voz, era muy sencillo y buena gente, sumamente correcto. Una vez fue a la casa de mi abuela paterna acompañando a su tía Miriam (la esposa de su tío Pedro), y a la secretaria de la señora Beltrán. El me dijo que él de niño había estado en la casa y que me conocía desde entonces.

Es curioso, pero un año después cuando estaba en segundo año de secundaria, mi abuela fue a la casa de la señora Miriam, ya que realizaban obras sociales y ese día correspondió la reunión en la casa de la señora Beltrán y fui a recoger a mi abuela. Así pude conocer la famosa casa de don Pedro Beltran en la Av. Emancipación, que fue de propiedad de su abuelo el guanero Espantoso, cuñado del banquero banquero francés Augusto Dreyfus y bisabuelo de Pedro, el decía que esa casa había pertenecido a su tatarabuela Bergman.

Esta mansión, señalada como un ícono de Lima antigua, se mandó destruir por orden del general Velasco, con la única finalidad de no dejar adobe sobre adobe de la casa de don Pedro, el mayor exponente de la oligarquía peruana, según el velasquismo.

La entrada a la casa se realizaba por la puerta del jirón Rufino Torrico, se subía directamente al segundo piso, en el que se decía que estaban los 32 recibos o salas de estar o habitaciones que decían que eran 32 y al escritorio del tío Pedro. Como la reunión de señoras no había acabado, los mayordomos me sentaron en la entrada, yo tenía 14 años y me puse a curiosear y estaba caminando por el pasadizo tratando de contar los ambientes, para saber en verdad si eran 32, cuando vi que en el escritorio del tío Pedro, que tenía la puerta abierta, vi que estaba sentado leyendo el periódico, el sobrino Pedro, mi amigo, y entré a saludarlo, ya pues, no pedí permiso. La interrupción no perturbó al tío Pedro, ni pareció darse cuenta de mi presencia, hasta que dijo: "este muchacho tiene condiciones hay que probarlo en el periódico". Mi abuela dio permiso, me quedé para almorzar ese día con Pedro, el tío Pedro y la señora Miriam. En la tarde fuimos al periódico. Y así fue que cuando estaba en el colegio, a partir de los 14 años de edad y varias semanas de las vacaciones, me iba a practicar a La Prensa y me pusieron de apodo "griego" con el paso de los años fue como me hice amigo en verdad de Pedro, hasta que falleció a principios de los ochenta, radicaba en el extranjero. Una semana antes de fallecer estuvo en Lima y pudimos conversar y revivir una vieja amistad.

Ahora que el velasquismo está en boca de muchos, ante la posibilidad de que el presidente Ollanta Humala adopte el estatismo de izquierda, es una obligación señalar que es experiencia dictatorial que no podemos volver a repetir, por su siembra de odio y por sus fracasos, que no llevaron a nada bueno al Perú y que tal vez todavía, tantos años después no nos recuperamos. Y es cierto que Pedro Beltrán Ballén en un país que le hubiera permitido desarrollar su talento empresarial y que no lo desviara de su camino de vida, cuanto de bien le hubiera hecho a nuestro país. Pero es cierto, su talento lo derivó a la lucha por la libertad y lo logró finalmente con el derrocamiento del general Velasco en 1975 y el retorno de la democracia en 1980, prueba de ello es que su nombre está inscrito en esa lucha como el director de La Prensa, que fue confiscada por el velasquismo para entregarla a los sectores organizados de la población, que nunca se conformaron y así quedaron los diarios durante seis años como propiedad del Estado Peruano, sin pagar un centavo a sus dueños. Este es pues mi recuerdo de mi amigo Pedro Beltrán, quien me introdujo al mundo del periodismo peruano.

Me parece, según mis recuerdos, que Pedro Beltrán Ballén como director de La Prensa fue por su lado sin tener mucho en cuenta a los periodistas, tal vez no confiaba en ellos. Consultaba con su papá, con su tío Pedro y su tía Miriam, que lo tenía por hijo. Pedro no escuchaba mucho al núcleo de periodistas famoso que tenía La Prensa y que realmente era famoso. Le hacían sentir que ellos sabían más que él y que ellos cumplían órdenes del tío Pedro, pero claro el sobrino Pedro era el jefe, los podía botar, y a veces, siempre le llegaban comentarios de que tan solamente era un niño rico, encaminado a ser el nuevo Marianito Prado y eso los enfurecía. Creo que siempre lo vieron como un niño rico, que solamente tomaba Dom Perignon y por eso, para que supieran lo que hablaban y que él lo sabía le puso Perignon a uno de sus hijos. Yo no pude jamás trabajar en La Prensa ya que mi papá y mi abuelo Miguel Fort Magot, quien fue conyuge de mi abuela paterna, lo prohibieron, decían que primero acabara el colegio. Mi abuela le tomó aprecio a Pedro, nadie lo ganaba en educación, le publicaba las obras sociales que realizaba y la ayudó mucho con la Caja de Cooperación Cristiana que fundó. Para mi abuela no había nada de malo que trabajara con Pedro, pero como practicante del periódico. Cuando falleció mi abuela, mi papá decidió que pudiera seguir visitando La Prensa pero sin entrar a planilla, pero le encontré la salida, una empresa minera de la que era accionista Pedro, me pagaba unos cuantos soles. No podía tener signos exteriores de riqueza, era poco, me hubiera gustado pagarme la universidad. Y así fue como seguí andando con Pedro y conocí a toda la gente conocida de Lima con la que trataba Pedro, y sé que antes de ser director, Pedro ya recibía todas las amenazas, que eran imposibles de creer, no se podían cumplir. La soplonería no tiene límites y el creía que del interior del periódico se filtraba información y por eso hizo a Doris Gibson, en su confidente y él se reía con ella de que si ella fuera jovencita, habrían sido Romeo y Julieta. Es cierto que las amenazas, presiones y una serie de maldades que le hizo el velasquismo no lo convirtieron en un tipo temeroso, todo lo contrario, pero en verdad, finalmente lo desestabilizaron emocionalmente y eso lo llevó a morir relativamente joven con todo el futuro que podía tener un tipo tan talentoso y bueno y excesivamente rico sin haber heredado ni a su padre, ni a su tío, ni a su tía Miriam. Su esposa también pertenece a una familia de reconocida fama de dinero. Pedro Beltrán Ballén no solamente tenía para perder La Prensa, sino mucho más, realizando cuentas el periódico fue para él, una cuestión de honor familiar en 1972. Yo lo llevé a Pedro a la casa de Luis Jaime Cisneros, cuando vivió en Borgoño, en Miraflores. Luis Jaime dirigía La Prensa. Le fue muy difícil hablar con Luis Jaime.

Cuando Belaunde devolvió los diarios a sus dueños, no le interesó, tenía que poner plata y sabía que volvían las guerrillas y creía que él iba a ser un blanco en la mira del terrorismo. Él no tenía dudas que con un poco de publicidad se convertía para la opinión pública en el representante de la antigua oligarquía y el enemigo número uno del pueblo. Podría ser que de acuerdo a su talento empresarial, el quiso que asumieron la responsabilidad de desarrollar La Prensa y que fracasarán, para que después regresara, pero él falleció antes de la quiebra, así que no lo llamaron y en el caso de su hermano Felipe, él se fue del país en la época de Belaunde, porque el terrorismo estaba en permanente auge.

FOTO 1



En esta fotografía de izquierda a derecha están sentados don Luis Miró Quesada de la Guerra, entonces director del diario El Comercio y la mítica Doris Gibson, una de las peruanas más importantes del siglo XX fundadora de la revista Caretas, antes lo fue de la revista Oiga. De pie Arturo Salazar Larraín, entonces presidente de la Federación de Periodistas del Perú; Pedro Beltrán Ballén director del diario La Prensa; y don Pedro Tello.

El presidente de la Federación del Periodistas, vinculada al diario La Prensa invitó a los periodistas más connotados de la época a un almuerzo el 17 de mayo de 1974. La cita fue señalada por el oficialismo dictatorial de la época en un acto conspirador y golpista y contrarrevolucionario. El 28 de julio de 1974, los diarios fueron confiscados.

Esta foto es de cuando la contrarrevolución y los principales miembros de la prensa democrática, pero señalada de enemiga por el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, dos meses y unos días antes de la confiscación de la prensa nacional. Arturo Salazar Larraín fue el anfitrión de la cita.

Pedro Beltrán y Doris Gibson, lograron que el Dr. Miró Quesada a sus 93 años de edad aceptar ir a la cita, en una institución vinculada a la competencia, ya que los periodistas de El Comercio participaban en la Asociación Nacional de Periodistas.

En el almuerzo, dos de los más connotados periodistas de La Prensa, Mario Castro Arenas y el anfitrión Arturo Salazar Larraín, quien años después fue director de La Prensa se sentaron respectivamente a la izquierda y a la derecha del Dr. Miró Quesada, quien será seguramente siempre uno de los mayores referentes y también personalidades del periodismo nacional.

En la foto, detrás de la mítica Doris, está Pedro Beltrán, director de La Prensa, quien sucedió a su tío, don Pedro Beltrán Espantoso, porque el general Velasco, amparándose en una interpretación de su propio Estatuto de Prensa, lo destituyó de la dirección del diario del que fue propietario, en febrero de 1972. Eso hacen las dictaduras, realizan todas las las arbitrariedades. amparándose en sus decretos.

Todos sobrevivieron a la dictadura militar, con la excepción de don Luis Miró Quesada, quien falleció a los 95 años de edad el 24 de marzo de 1976, y don Pedro Beltrán Espantoso, quien falleció en Nueva York en 1979 a los 81 años de edad. Poco después de haber visitado Lima. Las intervenciones estatales sea en la prensa peruana sea por dictaduras de izquierda como la del gobierno militar de fines de los sesenta y del setenta o de derecha como la fujimontesinista en la década de los noventa, del siglo pasado, han fracasado y no tengo duda que cualquier intervención gubernamental del futuro, por la tradición histórica del Perú, fracasará absolutamente.


                                                                                         FOTO 2
Esta es la foto que endemonió al general Juan Velasco Alvarado. Su dictadura logró lo imposible el 17 de mayo de 1974, dos meses y días antes de la confiscación de la prensa nacional. En un almuerzo de confraternidad en la Federación de Periodistas del Perú, las familias Miró Quesada (El Comercio) y Beltrán (La Prensa), tras años de años de enemistad política y de rivalidad periodística, públicamente señalaron que estaban unidos por la libertad de prensa. Ya antes se habían estado reuniendo, primero, fue en la casa de Doris Gibson, un precioso dúplex en los altos de las oficinas de la revista Caretas, en el edificio de la esquina de Camaná con Emancipación. Luego se reunieron en la casa de don Luis Miró Quesada de la Guerra, en Javier Prado con Camino Real, y también se reunieron en la casa de Orrantia, San Isidro don Felipe Beltrán Espantoso, teniendo de anfitriona a su esposa, la señora Maricucha Ballén Ayulo de Beltrán. Estas reuniones se hicieron una costumbre promovidas por la inteligencia de Doris y Pedro Beltrán Ballén, quien cuando quería era el hombre más simpático del mundo y sin problema alguno captaba el aprecio, de quien él quería, que lo apreciara. Don Luis Miró Quesada le tomó enorme aprecio, Pedro tenía un poco más del tercio de su vida, que ya eran 93 los años vividos por don Luis.

En la fotografía se puede ver al Dr. Luis Miró Quesada de la Guerra, entre dos periodistas que han sido símbolo de La prensa, Mario Castro Arenas y Arturo Salazar Larrain. La invitación al almuerzo fue realizada por Salazar Larraín, quien entonces presidía a la Federación de Periodistas del Perú, en la que se congregaban los periodistas de La Prensa. Los periodistas de El Comercio, dirigido por don Luis Miró Quesada, estaban afiliados en la Asociación Nacional de Periodistas. Esta reunión pública, como lo fue este almuerzo, finalmente tuvo en la presidencia de honor a don Luis Miro Quesada y este es un hito para que acabada la dictadura militar fuera factible la creación del Colegio de Periodistas, en nuestro país.

Entonces hay que precisar que la reunión se realizó el 7 de mayo de 1974, el entonces Presidente de la Federación de Periodistas del Perú, don Arturo Salazar Larraín invitó a los directores, jefes de redacción y periodistas connotados de la época a un almuerzo de confraternidad.

En la foto de izquierda a derecha se puede apreciar a la mítica Doris Gibson (Caretas), Pedro Beltrán Ballén (director de La Prensa), Pedro del Pino, Arturo Salazar, el Dr. Luis Miró Quesada de la Guerra (director de El Comercio), Mario Castro Arenas, Guido Chirinos, Jorge Castro de los Ríos, y Enrique Escardo (Gente). Frente a Doris Gibson, aunque no se ve sus rostros, están don Pocho Delboy y el Dr. Aurelio Miró Quesada, en cambio se puede apreciar a Enrique Zileri, quien mira a su madre. Todos están mirando a Doris, que en ese momento lleva la conversación. Grande Doris.

Todos sobrevivieron a la dictadura militar, con la excepción de don Luis Miró Quesada, quien falleció a los 95 años de edad el 24 de marzo de 1976, y don Pedro Beltrán Espantoso, quien no asistió al almuerzo por manter su autoexilio en Nueva York, él falleció en 1979 a los 81 años de edad. Las intervenciones estatales sea en la prensa peruana sea por dictaduras de izquierda como la del gobierno militar de fines de los sesenta y del setenta o de derecha como la fujimontesinista en la década de los noventa, del siglo pasado, han fracasado y no tengo duda que cualquier intervención gubernamental del futuro, por la tradición histórica del Perú, fracasará absolutamente.


Maria Rostworowski de Diez Canseco

A principios de 1991 entrevisté a la gran historiadora María Rosworowski Tovar de Diez Canseco. La Agencia France Presse la señaló como la mujer del momento en el Perú. Este artículo fue parte de un dossier llamado Femmes y que fue realizado por el aporte de cada bureau u oficina de la France Presse en todo el mundo, que escogió a la mujer más importante de su respectivo país.


La agencia, publicó el artículo con el número 49 de Femmes en el mes de mayo de 1991. En francés el artículo se tituló: Le Monde Des Andes de Maria Rostworowski; en inglés: Great Grand Mother Unlocks The Secrets of the Incas; y en castellano El Mundo Andino de María Rostworowski.
En ese momento la Dra. Rostoworowski tenía 75 años de edad, nació el 8 de agosto de 1915. Ella es autodidacta y no tiene certificados de estudios, y por eso no tenía ningún reconocimiento universitario, ni estaba premiada. Era una etnohistoriadora y autora prolífica y cada día que pasaba era más y más admirada. En 1953 publicó su primera obra Pachacutec, que fue por muchos años su obra emblemática. Su libro La Historia del Tawantinsuyo publicado en 1988, que es su obra capital estaba ya convertido en un best seller en Lima y ya la Rostoworowski era lo máximo. Este año, María cumple 98 años, el Ministerio de Cultura la acaba de distinguir. Tengo una profunda admiración por esta sencilla mujer, quien es una extraordinaria investigadora, que esperó sin ningún apuro el desarrollo de su propia ancianidad para obtener los honores y reconocimientos por toda una vida de trabajo. Hasta los 80 años no se la podía tratar de historiadora porque no tenía título, recién le llegaron los doctorados honoris causa a partir de 1995, uno tras otro. Este artículo está escrito para tierras lejanas a la patria, donde nunca nadie supo nada de María, la gran Rostowowroski. Bueno en nuestro país, no hemos sido muy generosos con todos los laureles y honores.
Hector Matta fotógrafo de la agencia, le hizo una sesión de fotos.


LIMA (AFP) - Apasionada por el mundo andino, María Rostoworowski de Diez Canseco, una autodidacta que pese a sus 75 años insiste en vivir sumergida en los archivo, a fin de penetrar en la mentalidad de los indios (llamados aquí comuneros)", continua escribiendo la historia del antiguo Perú, una historia muy diferente a la oficial.
De sus investigaciones, María Rostoworowski ha extraído hipótesis que no tienen nada que ver con las teorías tradicionales. Y si bien en ciertos casos sus posiciones son criticadas, nadie pone en duda el valor de trabajo sobre las estructuras andinas del poder, en el mismo tiempo que sus investigaciones se han convertido en útiles imprescindibles para toda investigación de la historia precolombina de Perú.
María Rotworowski, hija de un polaco y de una peruana, nació en Lima, y contra lo que podría esperarse, no posee ningún diploma que certifique que aprendió a leer y escribir. Además, la investigadora que ahora es bisabuela de un niño de diez años, es todo lo contrario del retrato clásico de la persona de edad encerrada en su hogar.
-Sin prejuicios raciales-
La infancia de María Rotoworowski se desarrolló en Francia y su educación estuvo a cargo de una institutriz. Luego hizo estudios en colegios británicos y belgas antes de volver al Perú, a comienzos de la segunda guerra mundial. Su formación europea le permitió acercarse al mundo de la cordillera de los Andes sin haber estudiado la historia oficial y sin haber sido afectada por los prejuicios raciales locales.
El Imperio de los Incas, la civilización que llegaba a su apogeo en el momento en que en los Andes empezó la conquista europea, en el siglo XVI, la apasionaba, por lo que, tras largas investigaciones en los archivos del Perú, María Rostoworoski inició su formación autodidacta de "etno-historiadora".
En 1953, ella publicó su primer libro, "Pachacutec", que es ya considerado un clásico, en el que estudia la vida y obra del jefe inca que hacia mediados del siglo XV, emprendió la expansión territorial del imperio hacia lo que es actualmente Perú, Bolivia, Ecuador, Chile, Argentina y Colombia.
Desde entonces, una docena de obras históricas han nacido de la pluma de María Rostoworoeski, dueña de un estilo ágil y limpio, que permite al lector, gracias a una escritura clara, transportarse fácilmente a las estructuras del estado incaico.
Punto culminante de este esfuerzo ha sido su libro "Historia del Tawantinsuyo" (el estado inca), publicado en 1988, con el que la autora ha puesto punto final a su trabajo de investigación sobre el mundo andino.
La vida de Rostoworowski es una vida interesante, legendaria, en un país católico como el Perú se divorció del padre de su única hija y se volvió a casar por civil y encontró el amor definitivo en su vida, con quien le impulsó a desarrollar su pasión por el mundo andino y sus pobladores. Cuando enviudó fue misionera en un leprosorio en la amazonía y luego aceptó ser agregada cultural de la embajada peruana en España y retomó para siempre sus investigaciones.
-Un único universo el mundo de los Andes-
"En los últimos 20 años no he hecho sino pensar en el mundo andino, en mi trabajo, en los campos y en los valles, con los documentos en la mano. Esta es la {unica manera de renovar las informaciones, ya que si nos limitamos a los archivos estamos haciendo s{olo copiar los que otros han hecho", dice María Rostoworowski.
Uno de los dogmas oficiales del Perú es que la propiedad privada no existía entre los incas, pero la investigadora ha detectado la existencia de tierras que pertenecían al Inca y a la Coya, su esposa, subrayando que el imperio incaico fue un estado que tenía los rasgos propios de la feudalidad.
La mujer de los Andes en el siglo XVI era mucho más liberal que una española que una española de ese mismo periodo, al punto que hubo varias caciques mujeres, llamadas también "capullanas", que ejercieron en poder en el norte del Perú.
En los Andes precolombinos, "la mujer efectuaba los trabajos con su esposo. Sembraba mientras su compañero labraba la tierra". A la llegada de los españoles todas esas costumbres fueron "olvidadas" y la mujer se convirtió en sirvienta o concubina. En la actualidad (1991), la mujer peruana soporta el peso del hogar y debe criar a los hijos, al tiempo que es mantenida al margen de la sociedad.
"Mis colegas, aunque no tengo ningún título universitario, me han aceptado en base a mis trabajos de investigación" afirma María Rostoworowski, que en este sentido recuerda que es miembro de la Academia de Historia del Perú.
La investigadora dice que probablemente ella reunía todas las condiciones para ser puesta al margen por el hecho de ser mujer, autodidacta y por haberse apasionado por los habitantes del mundo andino peruano, pero su determinación por comprender el pensamiento andino le ha permitido superar todos los obstáculos.
Actualmente la etnohistoriadora ha iniciado un nuevo trabajo, en el que intentará mostrar las implicancias del culto religioso precolombino de Pachacamaccon la principal manifestación católica del Perú: la Procesión del Señor de los Milagros, que reúne en Lima, cada mes de octubre, al menos un millón de personas.
Es pues esta legendaria mujer María Rostorowski, una intelectual llena de vida que persiste en seguir surgiendo en el mundo peruano como una de más importantes personalidades.




Maria Rostworowski de Diez Canseco posa entre los óleos que la representan a ella joven y a su esposo

Mi mamá y la Herradura



Mi mamá se preocupaba siempre de que fuéramos felices hasta que crecí y entonces se puso conmigo estricta en todo, igual me escapaba, pero acabé el colegio, la universidad y un montón de cosas, ya no va a cambiar, así es ella, no es lo mismo ser la madre de un niño, que la madre de un hombre, dice. Desde que nacimos cantábamos con ella en el piano y nos llevaba al cine, a todos los cines, de estreno y de barrio, escogía la película, solamente veíamos películas bonitas y ella las conoce todas, se preocupaba de que nos invitaran a todos los santos o fiestas de cumpleaños o matinés como les dicen ahora, pasábamos lindas temporadas en las haciendas que nos invitaban, y siempre mi mamá estaba atenta de que tuviéramos algo lindo que hacer y es que mi mamá se desvivía porque nuestra infancia fuera lo mejor posible de ser vivida a pesar de todos los problemas que surgían cada instante, la vida no es fácil para nadie. Y por eso se nos dio permiso de ver televisión cada vez hasta más tarde, no se hacía problemas, en tanto fuéramos felices. Me parece que ella es feliz cerca al mar y nos llevaba a la playa, bueno, a todas las playas y así nos hizo conocer desde que nacimos todas las playas de Lima, para que escogiéramos cual nos gustaba más, y además nos llevó desde el sur hasta San Andrés en Pisco y hasta el norte a Huacho, en verdad, mi mamá se preocupaba de que tuviéramos en todo momento una infancia feliz, hasta invitaba niños y niñas a la casa para que jugáramos y si era época de playa, escogía siempre La Herradura, y en verdad que es lo más bello que puede existir, si uno mira el pasado limeño ya que ahora es una playa de piedras, sin encanto. En La Herradura, mis padres que van a cumplir 62 años de matrimonio, se metían hasta donde ya no se les veía y así aprendimos no tenerle miedo al mar, porque La Herradura es un mar difícil, de olas grandes que pueden ser inmensas, pero no es mar traicionero, en el que de pronto sus olas, en un instante crecían en una enormidad, pero salías rápido a la arena, que quemaba y quemaba con fuerza extraordinaria, sea para llegar a la orilla o para regresar a las toallas y a veces la corriente era fuerte, te jalaba, no te arrastraba, y también te llevaba hasta la orilla. Así regresabas triunfante de bañarte en el Oceano Pacífico de agua fría casi helada. La parte central de La Herradura era preciosa, la del Samoa extraordinaria, y la playa del Caplina, un barco que se hundió, tuvo momentos de fama y de moda. En La Herradura, mi vieja me hizo debutar en el amor al mar y una vez nos revolcó la ola, mi mamá terminó como a diez metros de donde me dejó el mar en la orilla. Ella era muchacha en aquellos tiempos, volvimos a entrar una y otra vez ese día, sin miedo alguno.

Feliz Día de la Madre.

 1945, Colegio Villa María, Augusta Rodríguez Larraín de Barrantes personificando a la Virgen María.