viernes, 20 de julio de 2018

320. Padre Pedro Arrupe SJ, un hombre de Dios, sobreviviente de la bomba atómica de Hiroshima y socorrista de sus víctimas, propósito general de la Compañía de Jesús, cuyo proceso de beatificación ha sido iniciado




El Padre Pedro Arrupe y Gondra SJ (Bilbao 1906 - Roma 1991), cuya vida de opción por los pobres influyó en la segunda mitad del siglo XX y persiste en ser vigente a través del tiempo, cuando ahora por fin su santidad de vida será investigada para que pueda ser venerada en los altares de la Iglesia Católica.

La noticia de la beatificación del padre Arrupe la han lanzado al mundo todas las agencias internacionales de noticias y es que está entre los más grandes e importantes sacerdotes que ha tenido la catolicidad, que fue padre conciliar de Vaticano II, con una prédica que el amor a Cristo nos hace iguales entre todos con los mismos derechos.

Y es que el anuncio ha sido realizado el 11 de julio del 2018, el padre general de los jesuitas, Arturo Sosa, al final de un encuentro con trescientos laicos y jesuitas en Bilbao, puntualizando que “Estamos todavía en el inicio del proceso, pero el cardenal vicario de Roma, Angelo de Donatis, ha dado el visto bueno a que la diócesis de Roma abra el proceso”. Roma la diócesis del Papa, es la que tendrá a cargo la beatificaciòn.

El padre Arrupe, testigo presencial o el hombre a quien Dios escogió para que le caiga la bomba atómica y sea su testigo ante el mundo entero en vida enseñó a enfrentar a todas las injusticias que agobian a la humanidad para acabarlas, siempre con el Evangelio en la mano.

El padre Arrupe enseñó a los jesuitas: "Nuestra Compañía no puede responder a las graves urgencias del apostolado de nuestro tiempo si no modifica su práctica de la pobreza. Los compañeros de Jesús no podrán oír “el clamor de los pobres”, si no adquieren una experiencia personal más directa de las miserias y estrecheces de los pobres."

La innata bondad, religiosidad, inspiración e inteligencia le permitieron desarrollar su apostolado en Japón, primero en la parroquia de la prefectura de Yokohama a partir de 1938 y fue detenido y encarcelado, en el inicio de la segunda guerra mundial, el 8 de diciembre de 1941, celebración de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y sus captores comprenden que es un hombre de bien y lo ponen en libertad. Su superior lo designó maestro de novicios en el convento de los jesuitas construido en la colina Natgasuka de Hiroshima y allí le cayó la Bomba Atómica al padre Arrupe en el momento que celebraba la Eucaristía. La explosión lo arrojó al suelo y será el hombre de Dios que dirá para admiración de todos quienes lo hemos conocido: "Yo viví la bomba atómica". El noviciado jesuita lo convirtió de inmediato en un hospital, a un grupo de los novicios los mando a buscar ayuda humana y material entre alimentos, medicinas, sábanas, entre otros, con los demás fue a ayudar a todo aquel pudo sobrevivir el fuego de la radiación atómica.

El padre Arrupe fue el 28º Propósito General de la Compañía de Jesús, elegido el 22 de mayo de 1965, inclinando para siempre a la mayor congregación religiosa de la Iglesia Católica, la Compañía de Jesús al servicio de los pobres.

En Hiroshima.


Entrevista con el Padre Arrupe en Lima

El padre Arrupe hizo una visita de carácter privado a Lima en el segundo semestre de 1986, que hizo que la agencia UPI transmitiera un muy buen despacho noticioso, que está publicado por La Industria de Trujillo, en cambio la Agence France Presse en la que trabajaba no publicó nada, porque le había pedido a monseñor Augusto Vargas Alzamora SJ, entonces secretario general de la Conferencia Episcopal Peruana y encargado de la prensa de la Iglesia, que me permitiera conversar con el padre Arrupe, conocía su historia desde niño y quería conocerlo, prometiéndole que nunca iba a contar a nadie sobre nuestra conversación si esta se producía.

Monseñor Vargas Alzamora siempre decía que la mejor entrevista es la que no se publica, tal vez por eso me consiguió una reunión de saludo en el Colegio Inmaculada después de la Misa de las ocho de la mañana.

Me presentaron al padre Arrupe después que ofició la Misa, monseñor Ricardo Durand Flórez SJ, obispo del Callao, monseñor Fernando Vargas, arzobispo de Arequipa y el padre Felipe Mc Gregor SJ ex rector de la Universidad Católica, rector del Colegio La Inmaculada.

Estaba frente a un hombre que había superado un derrame cerebral y que treinta años antes le había caído encima la bomba atómica, me encontraba entre admirado y emocionado, cuando monseñor Durand se retiró, también hice lo mismo, me era absolutamente suficiente el saludo, escucharlo, resolver muy rápido sus dos o tres preguntas y cuando estaba para salir del colegio, el padre Mc Gregor me llamó para que regresara.

Conversé horas con el padre Arrupe, desayuné, almorcé y tomé lonche, delante suyo, la comida en las personas jóvenes, me enseñaba es fundamental para la vida, puntualizando la escasez absoluta de todo en tiempos de guerra frente a la abundancia y desperdicio de todo durante la paz.

Conversamos siempre en presencia del padre Mc Gregor, salvo cuando decidió entrar a la confianza amical entre ambos, teniendo como único testigo a Cristo, a modo de ejercicio ignaciano, hablándole de lo que hacía en la vida diaria, me enseñó que tenía que aprender a dejarme llevar por Dios, la vida en comunidad no es para todos.

Siempre que recuerdo al Padre Arrupe siento alrededor mío como que una briza refrescante me envuelve y me da enorme alegría haberlo conocido con la oportunidad de conversar permitiéndome pensar como ya lo había hecho unas semanas antes con el cardenal Joseph Ratzinger, quien unos 20 años después fue el elegido Papa Benedicto XVI.

Esta es la primera vez que escribo sobre la conversación que tuve con el padre Arrupe, aunque siempre la recuerdo, sin entrar en detalles. En un artículo sin firma publicado por la revista Visión Peruana, inmediatamente después de la visita a Lima del padre Arrupe, sobre la sucesión del cardenal Juan Landázuri, hice referencia a la visita del "papa negro" para reflexionar entre los candidatos jesuitas: Bambarén, Vargas Ruiz de Somocurcio y Vargas Alzamora.

Ese era un tema del que no hablamos, para que no existieran malos entendidos, lo mandé al anonimato, no lo firmé, aunque los religiosos con los que trataba en esa época, siempre lo supieron y nunca hablamos del tema pero lo he incluido en mi libro Crónicas Religiosas, Lima 2009.

La visita a Lima del Padre Arrupe fue parte de un viaje a la América del Sur, que no tuvo mayor publicidad, de este hombre sonriente que le cayó la bomba atómica solamente pensó en ayudar a su prójimo con todas sus fuerzas, sin descanso alguno para la absoluta admiración de quienes nos acercamos un poquito a su vida.



319. Jorge Rodríguez Larraín Pendergast, cardiólogo peruano, cumplió una vida de servicio al Perú durante durante 70 años, fue miembro de la Academia Nacional de Medicina, médico de las clínicas Maison de Santé, Italiana e Internacional y director de la Sanidad de las Fuerzas Policiales, que incluyó al Hospital de Policía, y fue alcalde de Miraflores entre el 1 de enero de 1981 y 1 de enero de 1984




El Dr. Jorge Rodríguez Larraín Pendergast, nació en Lima 1924, en la casa de sus padres en la Bajada Balta, Miraflores, Emilio Rodrìguez Larraín e Isabel Pendergast Price, y falleció en Lima el viernes 9 de febrero de 2018.

Mèdico admirable y admirado, miembro de la Academia Nacional de Medicina, padre de familia ejemplar, con su esposa Lucila conformaron un precioso hogar, hijo excepcional que cuidó a sus padres hasta el último segundo de vida, fue el menor de 17 hermanos, los mayores tenían edad más que suficiente para ser sus madres o padres, tiempos en los que todo se hacía alrededor y exclusivamente en familia, se veneraba al papá y se adoraba a la madre que cuidaba que todo estuviera reluciente y resultara perfecto.

El devolvió con creces todo el cariño que le dieron desde que nació por que era parte de su forma de ser, de su bondad, y por su sabiduría que unió a su ciencia médica, lo convirtió entre todos en el familiar predilecto.

Mi tío Jorge, hermano de mi abuelo Augusto, cuidó la salud de su padres, de sus hermanos. Cuando mi abuelito entró en el proceso final de su vida, él se encargó de todo, ya después le di las gracias, me dijo que era su deber con su hermano.
Mi tía Emilia antes de fallecer me contó, para que algún día lo escriba que para ella fue el hijo que Dios le dio, entre sus anécdotas, estaba la última que le acababa de pasar, de pronto se despertó en la Clínica Americana, después de ser operada, no sabía donde estaba y cuando comenzaba a tener una sensación de angustia, se dio cuenta que su hermano estaba a su lado, teniéndola de la mano y que si ella hubiera tenido hijos, tal vez no la hubieran cuidado como Jorge lo hizo siempre con ella y sus hermanas.

Mi tío Coco, era un poquito mayor que mi madre, su sobrina con quien se trataba como si fueran hermanos, le salvó la vida en 1963 y así curiosamente pudo vivir exactamente cincuenta años y un mes más. Me acuerdo que mi casa se lleno con todos los RL, hasta trajeron a la abuelita Isabel, en ese momento comprendí que no estaban bien las cosas. Y de pronto mi mamá superó la crisis, porque el tío Coco había detectado el problema y lo solucionó.

INICIOS PROFESIONALES EN LIMA DEl DR. RODRIGUEZ LARRAIN

En el año 2,000 me ayudó en mi trabajo sobre la historia de la Sociedad Francesa de Beneficencia, me concedió una entrevista en la que tomé su testimonio de su trabajo profesional en la clínica entre los años 1954-1966, que está presentada en mi libro Huellas: Una historia en la historia, capítulo VII Médicos y Maestros de la Maidon de Santé y la parte de mi tío Coco está titulada: Una actividad cientìfica constante, pg 604-605. Tomo I, que presento a continuación:

"En 1954 se incorporò al cuerpo mèdico de la Clìnica Maison de Santé, el cardiólogp, Dr. Jorge Rodríguez Larraín Pendergast, después de haberse perfeccionado profesionalmente en el Medical Center Michael Reese de Chicago, y de ahí pasó al Instituto de Cardiología de México, antes de retornar al Perú.

El Dr. Rodríguez Larraín colaboró con su testimonio para esta parte de la historia de la Maison de Santé que culminó cuando fue arrendada por once años a una empresa privada a partir de 1967 y que motivó la renuncia a la dirección médica del Dr. Jorge Hacker Fort, que las religiosas que las religiosas de la congregación francesa San José de Cluny se retiraran después de 96 años de servicio a la clínica, pero también desencadenó la renuncia de una buena parte del cuerpo médico, entre ellos del propio Dr. Rodríguez Larraín.

"Puedo dar fe que la Maison de Santé, entre 1954 y 1966, vivió una actividad constante de la mano con la ciencia. Existió tanto en sus directivos presididos por don Emilio Fort magot y después por su8 hermano Alfredo, como en director de la Clínica, Jorge Haaker, interés en realizar reuniones científicas y congresos en el propio local institucional.

El prestigio de la Maison de Santé hacía posible este tipo de actividades y al mismo tiempo el alto nivel de su cuerpo médico permitía que alcanzara el mayor éxito posible", dijo el Dr. Rodríguez Larraín.

Luego indicó: Cada vez que alguna personalidad médica visitaba Lima era invitada a dictar una conferencia en la Maison de Santé, lo que hizo que su cuerpo médico tuiera un constante acercamiento tanto con el avance de la ciencia y también con quienes la impulsaban sin necesidad de tener que salir del país; en nuestro caso de la propia clínica.

Sobre las diferentes clínicas privadas de la época, señaló que eran tres la de mayor importancia: la Americana, la Maison de Santé y la Internacional que era nueva. Estas tres eran súmamente prestigiadas y destacaban en relación a las demás.

En la Maison de Santé por primera vez se empleó el Vectocardiógrafo, que permitía ver las formas de las articulaciones, la activación del músculo cardiaco y a través de sus vectores se podía ver si había un infarto. El Dr. Rodríguez Larraín durante doce años fue el cardiólogo de la Maison de Santé junto con los doctores Oswaldo Gutiérrez y Herbert Buyhrich Gómez Sánchez.

Sobre el cuerpo médico dijo este era de primer nivel y muy bien equipado. Operaban los doctores Aurelio Diaz Ufano, Francisco Villa García y Arnaldo Muñoz Armestar, estaban también Guillermo Leon Galiese, manuel Gonzalez del Riego, el radiólogo Víctor Gianoni, el laboratorista Luis Saldaña y en el banco de Sangre estaba Carlos Muñoz barata, entre muchos otros de gran prestigio y renombre.

Uno de los hechos que daba mayor prestigio a la Maison de Santé era que las madres de San José de Cluny la administraban. Esto según su criterio, era muy importante, porque implicaba una seriedad encomiable en todo el manejo del nosocomio". 

El Dr. Rodríguez Larraín con su esposa Lucila y su madre.


 ENTREVISTA EN EL OBSERVADOR

En 1983 entreviste a mi tío Jorge Rodríguez Larraín Pendergast, en su condición de alcalde Miraflores para el diario El Observador. La entrevista le encantó al tío y a todos sus hermanos y hermanas, me invitaron a almorzar a Tarata, casa de las tías de mi mamá, antes no se tomaban fotos, como es la moda actual.

ENTREVISTA


A continuación la entrevista que le hice Al Dr. Jorge Rodriguez Larraín, publicada el martes 21 de junio de 1983:

"MIRAFLORES DISMINUYE DEFICIT PRESUPUESTAL
Miraflores, con vertiginoso y espectacular crecimiento es uno de los puntos claves de Lima, donde confluyen importantes intereses económicos, por lo que la gestión municipal se encuentra sobre el tapete del debate público cada vez que estos intereses encuentran algún tipo de obstáculo para su desarrollo.

El centro comercial de Miraflores es el más importante de la capital. Miles de establecimientos comerciales se han instalado en los últimos años, principalmente en el cercado del distrito.

Miraflores está convertido en uno de los lugares preferidos por los inversionistas, que pueden instalar cualquier tipo de negocio, dada la afluencia de público que va de compras a Miraflores. Existe un promedio de 150 mil personas por día.

Por las características del distrito la gestión municipal es una de las más complicadas y difíciles del país, porque no sólo hay que tener contento al vecino sino también al inversionista.

Miraflores tiene más de 250 mil habitantes y ha dejado de ser un tranquilo distrito en que vivían plácidamente industriales, terratenientes, y los diferentes estratos de la clase media. Inclusive en Santa Cruz "el otro Miraflores" decenas de restaurantes y peñas criollas se han afincado, con lo que hasta altas horas de la noche hay un ir y deambular de centenares de automóviles, cualquier día de la semana.
Con sus hermanas Billie Rodríguez Larraín y Augusta R.L. de Alfageme.



GESTION MUNICIPAL

El Alcalde Jorge Rodríguez Larrain afirma que, en base al manejo gerencial de la ciudad, ha logrado equilibrar el presupuesto, ordenar las finanzas municipales y gastar e invertir de acuerdo a los recursos del Concejo, habiendo superado con éxito la grave crisis económico-financiero en la que estavba sumido Miraflores en diciembre de 1980.

Informó que de acuerdo a un moderno sistema de cómputos, se ha podido fiscalizar el correcto ingreso de las rentas municipales, asegurando que la economía distrital esté saneada, superando su presupuesto para 1983 los 4,800 millones de soles.

MIRAFLORES EN 1980; TRES AÑOS ANTES DE LA GESTION DE RODRIGUEZ LARRAIN.

En la memoria del antecesor en el cargo de Rodríguez Larrain, el exalcalde Luis Dorich, se señala que en los dos últimos años se sucedieron más de 10 alcaldes y que por estos cambios la estructura municipal servía más para la ventaja del orden personal y que, la falta de recursos convertía a Miraflores en uno de los distritos más pobres de Lima.

El síndico de gastos de 1980, Luis Schiantarelli, expresa en la memoria de Dorich que los gastos municipales superaban en ese año los mil cien millones de soles y que los ingresos apenas si bordeaban los 530 millones, afirmando la grave falencia por la que se encontraba el distrito.

EQUILIBRIO PRESUPUESTAL

Rodríguez Larrain Pendergast manifiesta que al hacerse cargo del distrito, los empleados y obreros se encontraban en huelga reclamando el pago de sus remuneraciones del mes anterior, "por lo que tuvimos que comenzar 1981, presupuestando 13 meses e iniciando con un déficit de apertura de 1,483 millones de soles, que significaba más del 50 % del total del Presupuesto que nos aprobó Lima", dijo.

A continuación dijo: "El total de ingresos no alcazaba siquiera para cubrir las planillas y, efectuando medidas de racionalización en el gasto, de ordenamiento administrativo y la mejora en la captación de los recursos, se logró cerrar el ejercicio presupuestal sin un déficit importante".

El Alcalde de Miraflores señaló que: "Nuestro déficit de apertura en 1982, sobrepasaba un poco los 364 millones de soles y no se nos asignó por parte de Lima partidas de estudio para proyectos y ejecución de obras. Sinembargo un adecuado manejo administrativo nos permitió solicitar y conseguir una ampliación presupuestal y la apertura de las partidas de inversión, lo que ameritó la felicitación del Concejo Distrital".


OBRAS PUBLICAS

El Alcalde Rodriguez Larrain dice que, a pesar de la grave crisis económica que vive el país, la actual administración del distrito, puede presentar al vecindario un importante conjunto de obras, también se ha superado satisfactoriamente el problema de la acumuñlación de basura, que en un tiempo parecía que no iba a encontrar solución alguna.

Rodríguez Larrain afirma que el 80% de las pistas miraflorinas se encontraban deterioradas en enero de 1981, fecha en la que asumió el cargo, por lo que la reparación de pistas ha sido una de las tareas centrales de su gestión, habiendo logrado hasta la fecha la rehabilitación de un total de 135 mil metros cuadrados. Otro tanto ha sucedido con las veredas.

También se ha habilitado 143 mil metros cuadrados de áreas verdes, embelleciérndose los parques Raimondi, Carbonera de Turner, Francisco de Zela y Luis Fernán Cisneros.

Sumanete satisfecho, el alcalde miraflorino expresa que Miraflores es un distrito limpio, en el que no hay acumulación de basura, por el recojo diario que efctuan 12 camiones recolectores y 218 obreros.

En relación a la COSTA VERDE, en los dos últimos dos años se ha reparado 12,400 mt2 de pistas que va desde la zona de la Bajada de Armendáriz hasta el ingreso al cuartel San Martín, al tiempo que se ha novelado 570 mil mt2 de zona de playa, que permite a los vecinos estacionar sus vehículos.

Se ha logrado además la rehabilitación y escombramiento de la HUACA JULIANA, que en julio próximo se incorporará al circuito turístico de la capital del Perú. (AHORA, en el 2012, la Huaca es uno de los mayores actrativos de Lima).

Entre otras otras obras se ha reaconodicionado y rehabilitado el Centro Comunal Santa Cruz, en el que funciona una cuna maternal para 50 niños, un programa para la madre y el menor, se da asistencia odontológica y se da educación a las personas adultas.

Municipalidad de Miraflores.

LAS RENTAS MUNICIPALES

La principales rentas del distrito provienen del impuesto predial que pagan unas 26 mil personas, que al ser nuevamente administrado por el Concejo ha producido la recaudación de 300 millones de soles durante el primer trimestre del presente año y los ingresos por alumbrado y baja policía, que pagan más de 40 mil vecinos y cuya cobranza la efectúa ElectroLima.
Al respecto Rodriguez Larrain informa que en los dos años y medio de su gestión, este sistema de cobranzas por parte de ElectroLima, afecta a la economía municipal, porque hasta el momento no se realiza una liquidación y solo se da cuenta una cantidad que es fijada por la empresa estatal y el Concejo Provincial.
En relación a la industria de la construcción, dijo que ya no es una importante fuente de ingresos municipales, porque la recesión ha afectado a este sector empresarial y ha dismunido notablemente el rito de construcción de Miraflores.

LOS BINGOS

Una de las más discutadas disposiciones de Rodriguez Larrain ha sido la clausura de los Bingos, que funcionaban sin reglamento y sin que el dinero del público tuviera garantía alguna. En 1980 en los Bingos se jugaron más de mil millones de soles.

El Alcalde de Miraflores, Jorge Rodríguez Larrain Pendergast, considera que muchas de las críticas a su gestión provienen a partir de su actuación frente a los Bingos y que son promovidas por los intereses que han resultado perjudicados. Corresponderá al vecindario efectuar la evaluación correspondiente de su alcalde y comparar su gestión con las anteriores". 


COLABORABA CON MI TRABAJO PERIODISTICO

Con mi tío Coco más allá de la relación familiar que todos hemos tenido con él, en sus tiempos que se dedicó a la política, aproveché esa circunstancia para que me declarara sobre diversos temas, no grandes entrevistas que no me gusta hacerlas, ya lo había hecho cuando fue Alcalde de Miraflores, sino que le tomaba su opinión sobre hechos puntuales, no necesariamente ponía su nombre, solamente sus ideas, a él le encantaba colaborar conmigo para mi trabajo en la agencia internacional de noticias Agence France Presse ponía a su planteamiento, la covertura de analistas, observadores, etc. Otros colaboradores como él eran la señora Violeta Correa de Belaunde y el Dr. Roberto Ramírez del Villar, que ya lo he señalado antes. El lo sabía y era muy buena gente. A veces hemos conversado bastante, para que le publicara una opinión en la que no salía su nombre. Buena gente el tío Coco.


En la casa de sus padres, el Dr. Rodríguez Larraín, su esposa Lucila, Augusta R.L. de Barrantes, su madre Isabel de Rodríguez Larraín, Enrique Rodríguez Larraín y el niño Alejandro Alfageme R.L.

318. Begoña Ibarra, periodista de La Prensa cronista y reportera por excelencia que hizo de su columna Testimonio, viviendo la noticia en primera persona, su sello personal, creando así su propio estilo en el periodismo peruano que la tiene entre sus más importantes representantes



AGUR NIRE LAGUN BEGOÑA (ADIOS MI AMIGA BEGOÑA)

Falleció la gran periodista Begoña Ibarra en Holanda teniendo a su lado lo más preciado de su vida, su hija y sus nietas, ya muy delicada, recientemente viajó para tener una mejor calidad de vida. Begoña ha sido mi amiga de toda la vida, hace unos días publiqué en mi facebook su semblanza, antes una pequeña oración a nuestro Dios.

Begoña de sangre vasca, trabajó en los diarios La Prensa y La República y en la revista Visión Peruana, publicó en La Tortuga, Latina, Alamar, La Hoja, y Tennis.

A continuación una semblanza de Begoña escrita por un amigo, al final de su vida: 

Begoña Ibarra, es una periodista que va de frente en la presentación del ser humano, tal y como lo percibe su sensibilidad, señalando su lucha de vida, puntualizando sus convicciones, y reafirmándose en los sentimientos de estar vivos con el derecho a tener un sitio propio en nuestro país.

El estilo de Begoña Ibarra es emotivo, ligero, fluido, pero puede ser duro y cortante. si considera que así debe presentar su trabajo que es muy fácil de leer, allí radicó su éxito, convirtiendo temas que están al acceso de todos, en una enorme primicia, porque fue la primera en verlos, sentirlos, redactarlos y comunicarlos.

En el periodismo peruano a partir de 1974, con más de una década de experiencia presentó temas inéditos, vistos como tabú para ser abordados por una mujer sobre los diferentes abusos a seres humanos, incluida la violación sexual y el asesinato, junto con las condiciones de vida de los desposeídos, sociales, económicas y de trabajo.

En los inicios, su crónica Lavanderas de Río, con los sonidos y silencios de las mujeres en su trabajo unido al murmullo de la corriente del agua, fue publicada a mediados de los años sesenta en la revista 7 Días del Perú y del Mundo, cuando era el dominical de La Prensa, el mejor diario que se ha publicado en el Perú.
La crónica llamó la atención del director, don Pedro Beltrán quien la llamó a conversar para conocerla y tenerla así entre lo principal de su plana periodística. El artículo había movido sus recuerdos de niño en su hacienda Montalván. Años después Beltrán se puso muy contento cuando Begoña lo visitó en la Clínica Americana, en el momento final de su vida. 

En el 2015, con 54 años de vida en el periodismo nacional, Begoña realizó un reportaje que es de colección, un homenaje a una peruana ilustre que estaba por cumplir el centenario de vida, la historiadora Maria Rostworowski de Diez Canseco, la genial autora de la Historia del Tawantinsuyo. 

Begoña aceptó el reto, era consciente que no es fácil para nada presentar 100 años de vida de uno de los seres más ilustres de la peruanidad en tres o cuatro carillas, para ello tienes que llenarte de información, que va de leer y de conversar con personas que conocían al personaje para pasar de inmediato a redactar antes que cierre la edición de Altamar de Armida Testino, en cuya revista La Tortuga publicó en los años ochenta.

En la excepcional crónica del 2015, luce oficio, talento, cultura y mostró que su redacción se mantiene joven, lúcida y reluciente como desde ese lejanísimo Lavanderas de Río hasta su crónica María Rostoworowski, pasando por ese artículo de Caral y de Ruth Shady que se perdió para siempre sin publicarse que fue entregado en julio de 1995 a La República, pero Guillermo "Gringo" Throndike, nuevamente había dejado de ser su director y por eso Begoña quedó nuevamente fuera de ese diario sin opción a publicar.

Begoña tiene una máxima: "Periodista que no ha sido botado de su trabajo, no es periodista" y es la defensa a la expresión, a la libertad, a la lucha gremial y el derecho al trabajo y a su estabilidad, es la constitución de su marca periodística. De haber sido blandengue habría perdurado en las redacciones y no habría sufrido los vetos que le generaron años de años sin trabajo, pero sería Begoña y su pluma habría sido intrascendente.

Begoña después de estudiar en el Colegio Villa María y dos años en Suiza, se inició a los 21 años en periodismo en 1961 en la página sociales de La Prensa. Un tiempo después pasó a trabajar en una página de modas, hasta que Elsa Arana directora de 7 Días le dio la oportunidad de trabajar la noticia.

En la sede del Colegio de Periodistas de Lima, se exhibe una foto de Begoña sentada en la ladera de un cerro limeño, cubriendo una invasión de pobladores, fechada en 1965 y de la autoría del gran Carlos "Chino" Domínguez. En esos tiempos también su trabajo estuvo acompañado de fotos de Felix Nakamura, y de Jesús Scollo. Con el Chino y con Félix se reencontró en La República y con el Chino y con el maestro Scollo en Visión Peruana.

La vida en el periodismo nacional es así de continuos reencuentros, Begoña se apartó de La Prensa cuando se casó con el diplomático Alvaro de Soto, actual embajador peruano en Francia y quien ha sido subsecretario general de la ONU) en esa época Alvaro estaba destacado en Europa y dejó La Prensa para radicar en el viejo mundo.

En el Colegio de Periodistas: el poeta Reynaldo Naranjo, Begoña Ibarra, Fernando Barrantes, Antonieta "China" Gamarra e Isabel Chabuca Bautista.

Los años maravillosos en los que sus amigos se alojaban en su casa, desarrollando con Alvaro una vida de intelectuales, entre sus recuerdos está el día en que todos juntos fueron a escuchar una conferencia sobre filosofía del embajador, Alberto Wagner de Reyna. 

A Begoña no le interesó en Lima seguir desarrollando una vida intelectual intensa como lo hizo en Europa, el periodismo es la marca de su vida y como nos pasa a todos, solo los momentos en familia pueden superar a estar entre los colegas, ella siempre dice que siempre serán momentos entrañables cuando después del trabajo se iba a conversar a esos Bar-Restaurantes como se llamaron las viejas tabernas del centro limeño, allí aprendió a jugar cachito (dados), siempre delante de todos asegura que ella les ganaba a todos. 

En su vida llegó el momento en que se separó de Alvaro, quedando ambos como amigos para siempre y regresó Begoña al periodismo pero ya con la intención de desarrollarse en su condición de ser humano en su trato con su prójimo, con una visión socialista que le permite comprender la necesidad de organización de la población, de servicio y de utilidad a la colectividad.

Begoña es fundamentalmente católica, por eso no militó en la bohemia pero conoció a todos sus integrantes, hasta escribió sobre varios de ellos, fundamentalmente le interesó formar su hogar con el periodista Enrique Paredes Paz con quien compartió sus mismas ideas políticas desde mediados de los años setenta.

A ambos les gustaba que su casa estuviera siempre llena con las familias amigas de su barrio Los Crisantemos, alguna vez afectado por un coche bomba, que rompió la tranquilidad casi bucólica que tenía. Las reuniones de barrio, las organizaba con sus amigas Griselda, Mirtha y Rochi, a las que se sumaba Teresa, eran muy bonitas.

Grupo de periodistas: Isabel "Chabuca" Bautista, César de Los Heros, el poeta Reynaldo Naranjo, Mario Saavedra Pinón, Humberto Martínez Morosini y Begoña.

Begoña tiene la virtud de ser Begoña siempre, no se disfraza, se presenta tal como es, cuando le tocó entrevistar al Presidente de la República o conversar con los niños a los que encontró sometidos en esclavitud en el Callao.

Señala siempre como su mejor amiga en esta vida a la periodista Elsa Arana y guarda los mejores recuerdos por Doris Gibson, la fundadora de Caretas, le admira el talento y la trayectoria que lograron en su vida. Su carácter es especial, es de las personas que trata con simpatía a las personas que conoce y les brinda su amistad. Ella considera que en periodismo todos son sus amigos, pero es verdad siempre es saludada con el mayor cariño.

Begoña ha decidido irse para siempre a Holanda con su hija Itzia, los viajes son largos y aunque la va a visitar con frecuencia, en esta oportunidad, ya no piensa regresar, ahora todo se publica y está comentado.

A Begoña la conocí en La Prensa en agosto de 1965, don Pedro Beltrán, quien se consideraba mi padrino de Confirmación, después de una conversación en su casa, decidió que Elsa Arana me enseñara a redactar, quería que le hiciera un trabajo, no una composición escolar, sobre Los Luises, reyes y monedas de Francia, es que nunca antes nadie le había presentado la diferencia, mucho menos explicado, creyendo siempre que era una exquisitez suya.

Mi amiga Begoña me decía "el niño", le reclamaba diciéndole que no era ningún niño, pero aunque no le agradaba la idea ya había decidido que sería mi amiga para siempre. Begoña se casó y dejó La Prensa, pero siempre la encontraba, cuando regresó al periódico fue en los tiempos del proceso revolucionario, con su famosa columna Testimonio publicada en editorial y en una oportunidad que había regresado acompañando a dos personas que ella entrevistó, pude ver el aprecio con la que la trataba el mítico editor, ingeniero Federico La Rosa,.Todos los periodistas mayores la trataron profesionalmente de igual, lo he visto. El más distante fue siempre Federico. 

En el verano de 1984, Enrique Paredes fue mi jefe en el diario Hoy, ya nos conocíamos pero nos hicimos muy amigos de inmediato. Una tarde después del trabajo, Enrique invitó a todos a su casa, su esposa estaba de comisión en Ayacucho, fue un grupo grande. Lo curioso fue que estaba en Lima y cuando ella entró a su casa, le dijo: "Te he traído a tu amigo el griego" que era como me decían en La Prensa.

Grupo de periodistas. Begoña Ibarra de pie en el centro de la foto.

La amistad a partir de ese momento fue lineal con ambos, que pasaron a estar entre mis mejores amigos en esta vida.

Con Begoña he tenido oportunidad de trabajar en La República y en la revista Visiòn Peruana. Es la mejor compañera de trabajo que se puede tener. Sus reportajes con fotos de Manuel Vilca marcaron época, impactó su crónica en base al testimonio que le dieron las viudas de los periodista mártires de Uchuraccay.

En Visión su trabajo fue versátil y variado, su gran entrevista a Alfonso Barrantes, alcalde de Lima, otra enorme a Manuel Ulloa con su nueva esposa la princesa de Isabel de Yugoeslavia, prima de la reina de Inglaterra, en su departamento en Alvarez Calderón, San Isidro. Consiguió la imposible entrevista al entonces canciller Wagner, hizo reportaje excepcional de la visita del presidente español Felipe Gonzalez, en eso le pidieron que entrevistara a Augusto Ferrando, recuerdo que no estaba convencida de aceptar y en plena entrevista, Ferrando se emocionó y le trajo a su mamá para que la conociera. 

Begoña es muy expresiva y en Visión nos entretenía con sus anécdotas, el grupo era de primera, encabezado por Delfina Becerra y Karina Lama, fue época de huaycos en Chosica, eso es siempre problemático y ella los cubrió, lo más curioso que he escuchado en periodismo le pasó con la famosa actriz cómica Esmeralda Checa, quien le repetía que no la conocía, que nunca la había visto y no quería darle la entrevista, la trataba de chiquilla, de principiante, de jovencita. Bueno, periodismo es también paciencia para lograr el objetivo, y finalmente fue entrevistada, quedando muy contenta.

Begoña Ibarra Diaz Ufano, pertenece al primer grupo de mujeres, cuyo trabajo y entrega profesional muchas veces resultaba que era la primera vez que una mujer lo hacía en el país, permitió con el tiempo que el periodismo se convirtiera en una profesión válida para las peruanas. 


1.  Oración por Begoña

Le pedimos a nuestro Dios por Begoña Ibarra Diaz Ufano, quien acaba de fallecer en Holanda. En vida fue un ser humano de a verdad en todo el sentido de la palabra, madre, hija y hermana ejemplar, entrañable compañera de Enrique Paredes Paz, amiga de sus amigos, profesional valiosa de gran trayectoria, siempre buena y generosa con todos, a los que supo acompañar y colaborar cuando se la necesitó, fue una excepcional colega y compañera de trabajo y que enfrentando con valor una enfermedad que se consideró imposible de vencer. Begoña quiso estar en el final de su vida con su hija y sus nietas, y por eso se fue a radicar a Europa. Te pedimos Cristo, nuestro Señor, que la tengas contigo para siempre.



2. La Virgen de Begoña

Nuestra Señora de Begoña patrona de Euskadi, de Bilbao, del pueblo vasco y de mi amiga de toda la vida, la gran periodista Begoña Ibarra, quien falleció hoy martes, sus padres Eduardo Ibarra y Araceli Diaz Ufano de Ibarra, donaron el vitral de la Virgen de Begoña que esta entre otros vitrales marianos en la Virgen del Pilar de San isidro. El Papa Pìo X declaró canónicamente a la Virgen de Begoña patrona de Bilbao y Euskadi en 1903 y su feiesta es el 11 de octubre.

317. Maria Cristina Nadramia Murphy, periodista, cronista y reportera peruana, dueña de un estilo propio que compitió palmo a palmo en Correo con las famosas periodistas de La Prensa


María Cristina Nadramia pertenece a la redacción fundadora del diario Correo del primer magnate pesquero Luis Banchero Rossi en los años sesenta que entró de frente a competir con El Comercio de la familia Miró Quesada, La Prensa de don Pedro Beltrán y La Crónica del llamado imperio Prado, para ello contrató al genio periodístico, Raul Villarán, periodista de trato muy sencillo, que si le simpatizabas te trataba de amigo, si te leía algo y le gustaba, te convertías en su pata.

Raúl Villarán desarrolló Correo con tres de los más brillantes
periodistas de la segunda mitad del siglo XX, Guillermo Thorndike, Owen Castillo y Humberto "Chico" Castillo y que tuvo como estrella periodística femenina a Carmela Garcés. Todos ellos provenían de La Prensa.

Y es en esta redacción destinada a triunfar debutó muy jovencita María Cristina Nadramia, quien no tardó en brillar, convirtiéndose en una pionera del reporterismo femenino que sale a la calle a buscar noticia, que redacta crónicas en temas reservados para hombres, creando su propio estilo.

Conocí a María Cristina en 1974, antes de la confiscación velasquista de los diarios, en la Federación de Periodistas del Perú, en el almuerzo a don Luis Miró Quesada de la Guerra, director de El Comercio, en su venerable condición de patriarca del periodismo peruano. El Dr. Miró Quesada de 93 años se había opuesto a la Federación que quedó integrada por periodistas de los otros periódicos, en tanto él había promovido la fundación y desarrollo de la Asociación Nacional de Periodistas.

El momento era de crisis total para la libertad de prensa y después de varias reuniones entre el Dr. Miró Quesada y miembros de su familia y la familia Beltrán, dueña de La Prensa, se concretó el homenaje de la Federación al director de El Comercio.

En el momento de sentarse a almorzar, no tenía sitio y junto con mi amigo Marco comenzamos a picar en el lugar en que los mayordomos servían los platos, la comida del Hotel Bolívar, que había mandado traer desconfiando del Antipasto Gaga que estaba preparando Guido Monteverde, entonces María Cristina de pronto me llevó a su sitio y me hizo un lugar en donde ella estaba sentada junto a mi amigo Miguelito Yi Carrillo. A partir de ese momento, tengo a María Cristina, entre mis mejores y entrañables amigos.

En La Prensa existía diferencia en el trato de los periodistas hombres con las mujeres, incluso ellas tenían en el descanso de la escalera su propia oficina, pero María Cristina se trataba de a igual con los periodistas hombres, ella era también la única periodista mujer, con excepción de la mítica Doris Gibson que estaba en la mesa de honor y fue la artífice de la reconciliación entre los Beltrán y los Miró Quesada.

En una tarde de octubre del 2015, mi amiga me pasó la voz pasó la voz en la calle Schell de Miraflores, a la altura de Ripley, tal vez no nos veíamos hace por lo menos veinte años, tiempos en que la amistad mutua con Homero Zambrano y su esposa Ana Gibson nos hizo coincidir muchas veces en su casa, nuestro fortuito encuentro fue para ambos una sorpresa para agradable que nos llevó a conversar hasta pasada la media noche, en una cafetería en la que todo el mundo gritó los tres goles, pero nosotros persistimos en nuestra charla, única e irrepetible, como son siempre los encuentros entre amigos.

María Cristina es una pionera del reporterismo femenino, no es la primera mujer que salió a la calle en busca de noticia, pero es la única que en los años sesenta que la trajo, cada vez que pudo a su redacción, la primera de primera, es decir el titular de la portada del diario Correo, del que fue fundadora.

Ella está señalada de periodista de la primera línea del gremio como se decía antes o periodista de nota como se decía mucho más antes.

María Cristina es siempre vital y cuando está llena de alegría se convierte en una conversadora genial, que puede tratar todos los temas y que de a verdad que no sientes que están pasando las horas.

En el reporterismo, nunca coincidimos con María Cristina, ella se inició en los años sesenta, muy jovencita en Correo, con el famoso periodista Raul Villarán, en sus tiempos de fundador y de director gerente de ese diario, en mi caso, me hice reportero en 1982, después de haber pasado por la página editorial e inactuales (dominical).

Entonces no es el trabajo pasado lo que nos une porque no lo hemos tenido, sino una serie de amigas y de amigos en común, por quienes tenemos el mayor aprecio, gente con la que uno ha coincidido en periodismo, y también con la suerte de haber compartido la misma redacción, por suerte algunos todavía persisten en esta vida.

En la conversación, larga y amena, ella recordó algunos de sus trabajos famosos de los años sesenta, se sorprendía agradablemente que le dijera que los había leído cuando fueron publicados, entre ellos su reportaje sobre los burdeles de Lima, y el de los masajistas ciegos. 

María Cristina es de a verdad, esos seres humanos que siempre te deja excelentemente bien después que los tratas.

En Octubre del 2017, un grupo de periodistas se reunió en mi casa por el Día del Periodista y tuvimos la suerte que estuviera en Lima, trayéndonos su alegría a la reunión.

María Cristina en la foto primera de la derecha, con un grupo de periodistas. 1 de octubre de 2017.

316. Madre Cristina Werly, san José de Cluny, religiosa francesa, última superiora de la clínica Maison de Santé

Madre Cristina Werly.

Con la madre Cristina Werly, de la congregación San José de Cluny, quien fue la última madre superiora de la Clínica Maison de Santé en 1968.
La entrevista me la concedió en el convento de su congregación en Chosica, en julio de 1999. En la foto aparecemos brindando con Inca Kola una vez que terminó la conversación de varias horas. 

La madre Cristina, es una religiosa francesa, que a los 18 años de edad fue enviada a Lima en 1938 y que falleció en Chosica en 2008. 

La religiosa francesa sirvió de monja-efermera en la Maison de Santé, trabajando en Farmacia y después a cargo del segundo piso. Durante 30 años solamente salió una vez a la calle, a comprar a la botica del frente un remedio que se había acabado. Observó siempre la clausura absoluta en los 30 años que estuvo en la clínica.

La madre Cristina me concedió su testimonio de vida y la tradición oral de la congregación San José de Cluny que inició su apostolado en Lima en julio de 1870 para hacerse cargo de la administración de la Clínica Maison de Santé, la primera clínica privada fundada en el Perú, de propiedad de la Sociedad Francesa de Beneficencia.

La religiosa francesa colaboró de esta forma para otorgar su valioso testimonio sobre la Sociedad Francesa de Beneficencia y su clínica, en su condición de depositaria de la tradición oral de la congregación San José de Cluny y de su propia experiencia como monja enfermera de la Clínica entre 1938 y 1968. 

La madre Cristina, de origen alsaciano y de apellido germánico, que resaltó con mucho orgullo en la etapa de su vida en que pude conocerla, muestró profunda preocupación por las necesidades de los sectores populares, especialmente por el pueblo de Chosica al que ha estado vinculada desde que dejó la Maison de Santé y al que quiere profundamente.

El testimonio de la madre Cristina Werly lo presenté así en mi libro "Los Ciudadanos: franceses y francesas en la Repúbica del Perú", Lima, 2006, pp. 107-108: “la Clínica Maison de Santé se inició con las Hijas de la Caridad, ellas no podían trabajar en un hospital que cobrara a sus pacientes, después estuvieron mis hermanas, con la madre Mechtilde Fabie, una santa mujer. Claro que las Hijas de la Caridad nos entregaron la Clínica, ellas nos esperaron y cuando se fueron nos dijeron adiós. La madre Mechtilde fue la segunda superiora en 1872. Luego llegó el doctor Flórez (Ricardo) que es el abuelito de monseñor Durand (Ricardo), quien trajo a Carrión (Daniel A.) para que ayudara a mis hermanas, le arreglaron un cuarto en el tercer piso, para que viviera, porque era de provincias (Pasco), que sepa no era pobre, no tenía a su mamá en Lima, y con mis hermanas estaba mejor ellas decían eso".

Carrión “ayudaba a las hermanas con los pacientes, en la farmacia, en la Clínica siempre había algo que hacer, no le temía al trabajo. Nunca descansaba. Carrión era muy flaquito, las hermanas se preocupaban por que comiera, ellas decían que si no lo miraban comer no comía. La madre Mechtilde por la guerra racionaba la comida, ella le decía que le servía completo, que flaquito no la iba a ayudar, pero así era”.

La madre Cristina no sabe cuánto tiempo estuvo Carrión en la Maison de Santé, “mis hermanas me contaron que siempre estuvo con ellas y cuando se enfermó, la madre Mechtilde lo acomodó en el segundo piso. No voy a hablar de su enfermedad, las hermanas atendíamos a los pacientes, no hablamos de enfermedades. En la Clínica había siempre trabajo y uno tiene que seguir que más le puedo decir, que siempre estuvo con nosotras. Así lo decían mis hermanas”.

En la Guerra con Chile, después de las batallas de San Juan y de Miraflores, el testimonio de la madre Cristina fue el siguiente: “todas las sábanas se cortaron para hacer vendas, nos mandaban más sábanas y a las hermanas les daba pena hacerlas trazos. La comida era poca, se daba un décimo de huevo por persona. La Clínica no era rica, era pobre y no lo entendían las personas que buscaban refugio y alimento, había hambre, los que vinieron fueron franceses pobres y sin buena posición".

“A los soldados se les llevaba a la puerta de la cocina, allí los operaban con el cuchillo, no había calmantes, los bomberos franceses los sujetaban, debió ser terrible para las hermanas, pero cuando se está sirviendo ya no se siente. No sé cuántos soldados, eran muchísimos pacientes. Las hermanas, unas santas mujeres, no descansaban, los pacientes estaban por todas partes. No sé si había que caminar entre los pacientes, había que lavar, había que limpiar era de nunca acabar Los bomberos franceses cargaban a los pacientes, ellos los traían a la clínica. La madre Mechtilde estaba al frente de las hermanas, se convirtió la cocina en una sala de operaciones por el agua caliente para lavar a los pacientes y lavar las vendas, porque ya no había sábanas que cortar. Todo había que lavarlo con agua hervida. Después fue el problema de la comida. Los bomberos franceses la traían y la madre Mechtilde la repartía".

Fernando Barrantes entrevistando a la madre Cristina.

315. Aquiles Allier, ciudadano francés que arribó al Perú con la expedición libertadora de Don José de San Martín, dedicado al comercio, fundó la era del guano en 1840 y fue el primer presidente de la Sociedad Francesa de Beneficencia en 1860


Carlota Mercedes y Emilia Teoboalda Lajara y Allier, las nietas de don Aquilés Allier cuyas litografías fueron publicadas en el primer número de la revista El Americano, publicado en París, como representantes de la belleza latinoamericana. Este tipo de reportajes en su primera plana estuvo por primera y única vez reservada a mujeres, confirmando la importancia del señor Allier en Francia en los años finales de su vida.

Aquiles Allier de Pons, fue el fundador de la colonia francesa en el Perú y primer Presidente de la Sociedad Francesa de Beneficencia, quien integró el estrato social y económico que emergió de la Independencia como el nuevo poder del país, pero que no tardó en confluir sus intereses con la antigua aristocracia colonial, que tuvo a don Aquiles como uno de los suyos a pesar de la inexistencia de una alianza matrimonial. Allier no creyó en que las familias se formaban a partir del lavado de los linajes con el mejor jabón de Castilla, es decir títulos nobiliarios abolidos, sino a partir de la inteligencia, el talento y la erudición.

Don Aquiles Allier hizo celebrar en París el 28 de julio de 1870 el cincuentenario de la Independencia del Perú, un año., antes de la fecha, porque se trasladaba a Ginebra a pasar el verano y no sabía si Dios le iba a dar vida suficiente para retomar a la capital francesa, que ya vivía los vientos que anunciaban el inicio de la guerra franco prusiana. Allier reconoció haber estado presente en Lima el 28 de julio de 1821. Su papel no era militar, tampoco el de comerciante, representaba a los franceses residentes en Valparaíso y Buenos Aires, comprometidos con las banderas de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Un parisien en Lima, caminando en 1821 por las viejas calles virreynales con decenas de tapadas observándolo, soltando sus pequeñas risas, alejándose de su paso más rápido que su vista, mientras otras lo cruzaban, para desaparecer al instante, hasta ser abordado de improviso y sin ningún previo aviso. Su alma aventurera vivía los mejores y más interesantes momentos de su vida, pero ya estaba enamorado de la joven y preciosa señora Manuela, la dueña de la posada en la que se alojaba.

El espíritu jacobino lo envolvía en ese 1821, en que no había llegado para hacer la América, ni ganar dinero aunque sea en montos diminutos, estaba en Lima para vincular a la masonería a la ciudad luz. Entonces podríamos verlo como un liberal masón, en un momento histórico en que todos eran liberales masones y don Aquiles Allier pudo sentar las bases de una serie de amistades sin ninguna cercanía del vil metal. Allier retornó a Valparaíso y no tardó en regresar a la capital peruana con un cargamento de mercadería, que no pudo colocar, no había dinero en el país.

En este tiempo sin negocios, ni transacciones comerciales estrechó la amistad con monseñor Francisco Javier de Luna Pizarro, Faustino Sánchez Carrión. Francisco Javier Mariátegui. el vizconde de San Donás y los futuros mariscales José de la Riva Agüero, Agustín Gamarra, y Mariano Necochea, entre otros. Sin embargo, quien se convirtió en la pieza fundamental a partir de la que armó su fortuna, fue don Juan José de Sarratea, aquel que había aprovisionado a la Expedición Libertadora, un comerciante argentino, amigo de don José de San Martín. Sarratea rápidamente se había convertido en el factotum del comercio limeño, él invertía el dinero de sus compatriotas, tenía pues algún capital disponible. Allier en el verano de 1822 le pidió que le financiara una expedición a Guayaquil llevando la mercadería que no había podido vender en Lima. Sarratea aceptó financiar a Allier, pero también le entregó mercadería de su propiedad. Al mismo tiempo los militares franceses le entregaron sus pequeños capitales que don Aquiles usó para adquirir otro lote de mercancía. Así se fue a Guayaquil, rápidamente regresó con onzas de oro. En abril de 1822 partió con un nuevo cargamento asociado con Sarratea que lo llevó a Guayaquil, Panamá y Centro América. Don Aquiles volvió con onzas de oro. Era ya un hombre independiente. En 1823 llegó hasta México.

En febrero de 1824, ante la desocupación de Lima ordenada por el Libertador Simón Bolívar, optó por seguir a la tropa comandada por Necochea. Pasta ese momento Allier había sido un comerciante de temporada en Lima, pero tal vez pensó que el ejército realista pudiera fusilarlo. Cabalgó hasta Chan- cay al lado de Bruix, Giroust, Soyer, y Paillardelle Le tocó vivir los arrestos de Brandsen y de Raulet. No sabemos como Allier llegó a tener asiento en la mesa de la casa de la Magdalena de Bolívar. Antes don Aquiles aprovisionó al Libertador de los uniformes que necesitaba para el ejército de la nueva república de Bolivia.

Allier asistía a la casa de Bolívar con la señora Manuela. Esta era una relación pública, ella una antigua patriota separada de su esposo (un argentino, amigo de San Martín y uno de los enlaces que tuvo en el Perú antes de la Expedición Libertadora). El caso de los Allier estuvo extendido en Lima, la larga Guerra de la Independencia produjo situaciones sociales nuevas que rompió muchos matrimonios. Manuela Núñez Gago y Barriga, hija de un fondero español natural de Salamanca y de arequipeña de enorme parentela, fue una mujer de negocios con rúbrica propia, tuvo un momento social importante en la breve época de Manolita Saenz, la compañera de Bolívar, después debió enfrentar la dureza de la sociedad limeña.

El comercio francés en Lima en los primeros años de la República era casi insignificante, dependía absolutamente de firmas mercantiles de compatriotas establecidas en Buenos Aires y Valparaíso, que les enviaba mercadería que no habían podido vender. En esas condiciones resultaba imposible que algún galo pudiera desarrollarse en la capital peruana. Los cónsules ingleses previeron equivocadamente el fracaso de la presencia francesa en el Perú. No comprendieron los primeros negocios de Allier, quien por su experiencia adquirida en las expediciones comerciales que emprendió conocía los mercados de los diferentes puertos del Pacífico y pudo así discernir que mercadería se recibía para su venta en Lima o su envío a diferentes puertos latinoamericanos, y sin ninguna pérdida de tiempo se rechazaba la que calificaba sin interés, reembarcándola como devolución. El éxito de estas operaciones le permitieron obtener nuevas onzas de oro, vitales para realizar diferentes inversiones en el país, pudo salvar de la quiebra a sus compatriotas y otros comerciantes que se le asociaron, pero finalmente consiguió encontrar trabajo en otros puertos para aquellos franceses que no se aclimataban en nuestro país, sin proponerlo creo una pequeña red de amigos en diferentes países.

En esta época de l.os primeros años de la República, Allier ocupó el lugar de un intermediario para vendedores de mercadería francesa, este monopolio por lo menos fue suyo hasta la era del guano, ello le permitió no arriesgar grandes capitales que podía emplear en la minería y la agricultura, al mismo tiempo nucleó un interesante grupo de personas que trabajaban para él. En cambio las firmas mercantiles de bandera francesa se limitaron a tener establecimientos magníficamente bien surtidos, aprovisionaban a algunos tenderos, vendían pasajes y colocaban a consignación carga en las bodegas de barcos franceses. Existieron algunos importadores independientes, pero no pasaron de dueños de tienda. El resultado fue que ninguna empresa de bandera francesa pudo desarrollarse económicamente y sus dueños no tuvieron interés en persistir en esos negocios.

Los tenderos o dueños de pequeños establecimientos de los portales de la Plaza de Armas, de las calles Judíos y Bodegones, y del jirón de la Unión que tuvieron la capacidad para convertirse en funcionarios de los negocios promovidos por Allier pasaron a ser la élite de la colonia francesa y se enriquecieron en la era del guano, curiosamente nunca se desprendieron de sus tiendas, para las que contrataron administradores. La suerte fue que Aher, compadre de todos ellos no fracasó y les garantizó siempre la recepción de sus utilidades trimestrales en el caso de tenencia de letras de cambio y de dividendos anuales en los diferentes negocios. Entonces. los que quisieron, pudieron vender sus bienes limeños y retornar a la patria con la seguridad que algún dinerillo constante recibirían de las empresas de don Aquiles.

Todos ellos: Allier, las firmas mercantiles y los tenderos, eran abastecedores de vendedores al detalle o por unidad, igualmente tenderos pero mucho más modestos en sus pretensiones comerciales, sus pequeños negocios colindaban con las grandes empresas del país. También podían ser dueños de puestos, y cajoneros (cajones se llamó a cada puesto de ventas del mercadillo que circundaba la fachada de-l Palacio de Gobierno de Lima). Las formas de venta fueron muy variadas y las oportunidades peruanas bastante escasas para ellos, franceses de este tiempo fueron Hipólito Panais, Dumas, Galland, Ferrere, Montand, Lirie, Archardt, Arebant, David, Piquet, Delbos, Mante, Recon, Lenert, Lafferrere, Daliphard, Darrieux, Ablon, Lelamus, Desclaux, Gilloire, Cabarus, Pallard, Gaussins, Faure, Lambarede y Pierre Gosse.

La posición de Allier en el comercio peruano se reflejó en dos propiedades inmuebles. En Lima hizo del antiguo convento Santo Tomás un mercadillo de vendedores de mercadería francesa, después de muchísimos años hacia 1860, según Manuel Atanasio Fuentes, se había venido a menos. En cambio la denominada casaAllier persistió durante todo el siglo XIX en ser el másrvalioso predio del Callao. Cuatro de sus almacenes le otorgaban a don Aquiles en 1876 mil libras esterlinas de renta anual. Los otros tres almacenes estaban destinados a empresas francesas, cuyo monto de arriendo era parte del aporte societario de Allier. El segundo piso estaba destinado a oficinas. Ese año la casa Allier pagó por los números 4 al 26 de la calle Muelle 185.76 soles de impuestos semestrales, en tanto el Hotel Maury con su anexo en la Plaza de Armas pagó 120 soles semestrales. En el Callao la tasa de impuestos prediales era menor que en Lima. La casa Allier pagaba el doble de lo pagado por el segundo predio más importante del puerto.

Cincuenta años antes, el último momento del gobierno del Libertador Bolívar, don Aquiles Allier, vio la prisión y deportación de Luna Pizarro, Necochea, Raulet, Sarratea, Mariátegui y otros.

Al año siguiente, Luna Pizarro era presidente del Senado, Necochea y Raulet estuvieron reintegrados al Ejército y Mariátegui era el ministro de Relaciones Exteriores. En lo sucesivo hasta su quiebra por la fábrica de seda, Sarratea era ya parte de los negocios de Allier. Dos años después Luna Pizarro y Necochea volvían al exilio, al ser derrocado el mariscal La Mar.

Don Aquiles Allier amigo del presidente Agustín Gamarra, sea por convicción o por pedido del coronel Soyer, aceptó ser apoderado del mariscal Riva Agüero. Cuando los dos militares peruanos rompieron su alianza política, Allier persistió en ser apoderado de Riva Agüero. El comerciante francés se sumó al igual que el coronel Soyer al gobierno de Orbegoso resultante de la alianza entre Luna Pizarro y Riva Agüero. El nuevo gobernante en la época de Bolívar había protegido a la esposa de Brandsen y al propio militar le dio refugio en una de sus haciendas. En esta época, Allier pudo obtener contratos para la fabricación de maquinaria en París para la Casa de la Moneda de Lima y también para la de Trujillo. Orbegoso lo designó socio de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, integrando el primer directorio de esta institución. En 1835 dio inicio a los primeros embarques de guano a Londres.

En los tiempos de la Confederación Peruano Boliviana, Allier persistió en sus envíos guaneros a Europa, cumplió su contrato con la Casa de la Moneda dirigida por Necochea, figuró entre los ricos de Lima que quisieron fundar el primer Banco del Perú, proyecto fracasado. El mariscal Santa Cruz, por alguna circunstancia, no tuvo a Allier cerca. No lo confirmó como socio de la Beneficencia de Lima yno le otorgó la Legión de Honor. Enjulio de 1838, cuando las tropas del mariscal Gamarra estaban a las puertas de Lima, los franceses que habían apoyado a Santa Cruz, encabezados por el Cónsul Barrere, los Denuelle y los Nussard, entre otros, vendieron sus cosas y partieron del Perú para siempre. En agosto de ese año Allier se presentó en Lima ante Gamarra, ya proclamado Presidente de la República, aunque demoró casi un año en ser elegido para un segundo mandato.

Llegó el momento de las definiciones, cuando Santa Cruz retomó el control de la capital, mientras Giroust volvía a ser el artillero de las fortalezas del Callao para defender a la Confederación. Allier con el pretexto que el general chileno Bulnes había ocupado las haciendas que arrendaba en Chancay, salió de la capital para defender sus inversiones. A partir de ese momento no ocultó su gamarrismo, patrocinó y fue colaborador del diario Mercurio Peruano que en su última época sólo buscó la elección presidencial de Gamarra, lograda ésta no tardó en cerrar sus puertas para siempre.

Estos primeros 18 años de vida peruana fueron de felicidad, la mujer que él amaba lo idolatraba y con la Restauración encabezada por Gamarra había consolidado su posición social en el Perú, como ningún otro francés podría hacerlo. Allier nunca consideró oportuno hacer pública su vida anterior al 28 de julio de 1821. Los militares franceses que participaron en la Independencia lo tuvieron como par, el propio Allier a pesar de suscribir al Partido Liberal de Luna Pizarro, Sánchez Carrión y Mariátegui, mostró siempre una línea militarista y su única hija se casó muy joven con un brillante oficial. El ánimo de Allier siempre fue el de un oficial bonapartista que había tenido que partir al exilio después de Waterloo. Indistintamente existieron versiones en Lima que señalaron que había sido seminarista, empleado del Arzobispado de París y amanuense de un Obispado francés.

El 29 de julio de 1831 conmemorando el primer aniversario de la revolución de 1830, pudo fundar la colonia francesa en torno a su persona, como un hombre que salía del exilio y en su condición de jefe del partido bonapartista en Lima, tuvo palabras finales a favor de Polonia. En lo sucesivo hasta su retorno definitivo a París en 1861, don Aquiles públicamente y también en los diarios defendió la política interna y externa de Francia. Sorprendió en los sectores instruidos de la capital su defensa de la decisión que llevó al trono a Luis Felipe Igualdad, traicionando a la revolución de 1830 y la sorpresa nunca cesó por la defen sa continua a través del tiempo de este monarca, al extremo que El Comercio le dedicó un editorial en su N°49 del 5 de julio de 1839, criticando la defensa de Allier a un tratado de paz que culminó una agresión naval francesa a terntorio mexicano. Don Aquiles no justificó el conflicto sino el tratado que le puso punto final. El que finalmente ese periódico publicó sin críticas y con explicaciones.

Aher desde un principio fue un francés al que se le exigió en Lima un comportamiento de acuerdo al prestigio de su patria como hijo de la Revolución Francesa dado que había nacido en Embrun (Altos Alpes) en 1790. Los sectores culturales e instruidos del país aceptaron a don Aquiles como una personalidad igual a ellos. Una frivolidad de este grupo fue hacer que Allier se convirtiera en el importador de libros para la Biblioteca Nacional, como una puesta en la práctica de las discusiones etéreas e intenninables sobre antiguas y nuevas publicaciones. El conocimiento y manejo de títulos de librería trae siempre en cualquier momentn una aureola de sabiduría. Allier no era pues un vendedor de especias y tafetanes, sino el ciudadano francés que podía comentar sobre la cultura educativa, escolar, y universitaria. Apoyó y promovió rectores para el Convictorio de San Carlos y la Universidad San Marcós.

Madame Allier se sintió siempre muy cómoda entre intelectuales que no se hicieron problemas por la falta de una bendición a su relación con don Aquiles, quien le había comprado una casa en el jirón Junín N° 357-61, de esta propiedad sólo queda la fachada, que antes fue diferente. Ya después vivieron en la famosa casa La Riva del jirón Tea. Uno de los intelectuales asiduos a la mesa de los Allier, el abogado Miguel del Carpio (mecenas de escritores según don Ricardo Palma) en 1844 retornando de uno de sus eilios trajo la nueva que el esposo de la señora Manuela, Lucas Allende, era ya difunto, según parece había muerto en un hospital de Santiago. Una legión de testigos no tardó en corroborar lo dicho por Del Carpio.

El entonces Arzobispo Electo Francisco Javier de Luna Pizarro procedió a realizar el matrimonio sin ninguna pérdida de tiempo. Es un hecho importante señalar que la viuda firmó siempre como soltera y que su solicitud de viudez la presentó un 25 de setiembre y que la ceremonia matrimonial en la Iglesia del Sagrario se efectuó el 5 de octubre de 1844. En diez días la señora Manuela legitimó su relación con don Aquiles, en secreto y por la amistad de Luna Pizarro, muy incómodo por una situación que no encontraba solución. De acuerdo a su solicitud matrimonial don Aquiles se casó con su consorte.

Desde 1835, cuando viajó a Europa, llevando en secreto guano para establecer su alianza con el capital inglés, pero también portando su contrato para fabricar en París, maquinaria para la Casa de la Moneda, don Aquiles antes muy cercano al ateísmo y sin ninguna práctica católica, salvo las obligadas por convenciones sociales, tuvo un proceso de reconversión o de retorno a la Iglesia Católica, la religión de sus antepasados. La experiencia mariana que tuvo en esa vuelta a París en 1836 fue con el culto de la Virgen de la Medalla Milagrosa que difundía el Arzobispado de París y las Hijas de la Caridad, a partir de visiones de julio de 1830 de Santa Catalina Laboure.

La reconversión de Allier y su retorno a la Iglesia Católica creemos que tiene fecha exacta en el 1 de agosto de 1838, cuando ese día, en ceremonia presidida por Luna Pizarro, entonces obispo auxiliar de Lima, en la Iglesia del Sagrario se bautizó a Isidro Aquiles Rossel Sirot (hijo de don Eugenio Rossel) y a María Isabel Fermina Charon Benavides (hija de don Melchor Charon). Fiesta de franceses en la que don Aquiles fue el padrino, pero nos indica que todavía seguían celebrando los aniversarios de la revolución de 1830.

Este momento de introspección religiosa es paralelo con el contrato que suscribió con José Myers, comerciante de Liverpool, para la comercialización de guano en Inglaterra y sus colonias. Myers en forma experimental aceptó usar guano en sus tierras para observar sus resultados. En 1840 le comunicó el éxito a Allier pidiéndole el envío de grandes cargamentos, suscribiéndose ese año el primer contrato guanero, firmado por el entonces ministro de Hacienda, Ramón Castilla y don Francisco Quirós, quien asumió el arrendamiento de las islas guaneras, en representación de sus socios.

Un poco antes en el verano de ese año, cuando Allier enviaba guano a Europa en una situación de secreto de estado ordenada por el mariscal Gamarra, llenando las bodegas de Myers y de su socio Bland y además las de un socio francés de Burdeos cuyo nombre se mantuvo siempre en reserva, de improviso, Lima se vio interesada por una curiosa orden judicial de arraigo en la capital, con la prohibición de salir de la ciudad, dictada en su contra. Regresó, presumimos de Chincha, no se usó la fuerza pública en su contra porque Allier tenía más fuerza en los ambientes judiciales que los antiguos títulos de Castilla.

En esta época la situación estuvo muy movida, el derrumbe de la Confederación Peruano Boliviana había dejado al país postrado, la era del guano estaba recién naciendo totalmente protegidapor el mariscal Gamara. La gente clamaba porplata al cielo, la iliquidez era casi generalizada y la gente entraba en guerra por unas cuantas onzas de oro, una parte de los antiguos títulos de Castilla no se cansaron de volverse a morir en sus tumbas, cuando sus viudas, hijos y nietos aireaban en los diarios sus pleitos de dinero.

Casa de la Riva, la residencia de don Aquiles Allier en Lima y en la que funcionó el Consulado de los Estados Pontificios en los años en que el señor Allier fue cónsul.

Los Manrique de Lara y Muñoz 

La escandalosa guerra desatada contra Allier por la antigua familia virreynal Manrique de Lara y Muñoz, heredera de los títulos marqués de Lara y conde de Casa Muñoz, tuvo la meta de lograr arrebatarle judicialmente 25,000 pesos a don Aquiles, para ello contrató a don Manuel Lorenzo Vidaurre, fundador de la Corte Suprema del Perú y quedó representada por el magistrado y político gamarrista Andrés María Alvarez, esposo de la mayor de las señoras Manrique de Lara. El debate a página completa en El Comercio acabó con el súbito fallecimiento del famoso oídor y magistrado Vidaurre.

El problema era el incumplimiento de un contrato de arrendamiento de 4,000 pesos anuales de la hacienda Torre Blanca de Chancay, de propiedad de Josefa Muñoz de Soria, última condesa de Casa Muñoz, cuyo segundo esposo el señor Soria era amigo de Allier. La muerte de la condesa trajo inevitablemente problemas familiares por sus hijos Manrique de Lara en contra de los Soria (sus hijos menores), que fueron ventilados en los diarios, por lo que Allier optó por usar un testaferro, el diputado Felipe Revoredo en el contrato que suscribió sobre el arriendo del predio agrícola. Sin embargo, cuando volvió de Europa en 1836 se encontró que Alvarez, también amigo suyo le exigió que a él se le cancelara las anualidades y no a Soria, militar y compadre de Giroust.

Allier no había incumplido el contrato, solamente le había dado una interpretación diferente que nunca nadie pudo suponer en un hijo de la Revolución Francesa. En lugar de entregar el arriendo al apoderado de la familia Manrique de Lara Muñoz, y Soria Muñoz, decidió entregar el dinero al cura de Huacho para que realizara las Misas para difuntos que mandaba las capellanías establecidas en Torre Blanca, desde el siglo XVI. Lo restante había sido depositado en el juzgado respectivo. El escándalo había terminado para Allier, pero la guerra prosiguió entre los miembros de esa familia virreinal.

Isla guanera.
Misa de Difuntos 

La opinión religiosa de Allier sobre la Misa de difuntos se reflejó en la crónica de la fastuosa boda de su nieta Emilia de la Jara y Allier, publicada por El Comercio el 15 de enero de 1875, un pasaje de la misma señaló lo siguiente: “El mundo pone en la piedra de toque de su tránsito de prueba a las almas que deben volver al cielo a completar el número de espíritus que por la rebelión lo abandonaron”. Hasta el final de su vida creyó en las almas del Purgatorio, no solamente no tuvo variante sino que estableció la Misa de difuntos para todos los franceses fallecidos en el Perú, que heredó y continuó la Sociedad Francesa de Beneficencia.

Monseñor Pasquel, antiguo cura de Huacho en la época de la Independencia fue la personalidad que comprendió y encausó la nueva religiosidad de Allier, lo hizo cumplir con el pago de las capellanías de la hacienda Torre Blanca, al igual que otros monseñores utilizó la inteligencia de Allier en la administración de sus bienes personales pero su objetivo central era lograr que lo ayudara a realizar la gran reforma de la Beneficencia de Lima. Ambos trajeron de Francia a las Hijas de la Caridad, en el momento en que Pasquel sucedió en el Arzobispado a Luna Pizarro.

Los monseñores del Arzobispado, Luna Pizarro, Pasquel, Orueta, Orbea, Tordoya y Del Pliego pasaron a ser los amigos más importantes de Aher, primero había abjurado de la masonería, imprimiendo a la élite de la colonia francesa un catolicismo conservador y ya después de su matrimonio, no era pues sorprendente que la cancillería francesa premiara sus servicios en el Perú consiguiéndole en 1855 el Consulado General de Lima de los Estados Pontificios. El introductor de la masonería francesa había pasado por largo proceso de retorno a la religión de sus padres hasta convertirse en el representante papal. 

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Las Hijas de la Caridad 

La designación arzobispal de monseñor Pasquel fue casi conjunta con el cargo diplomático de Allier y el inicio del segundo gobierno del mariscal Ramón Castilla. El sueño de Pasquel de lograr la gran derrota del anticlericalismo en el siglo XIX con la entrega de los hospitales y asilos a las Hijas de la Caridad estaba concretada. En diciembre de 1857, por una interpretación legal de don Miguel del Carpio, en que no se requería la nacionalidad peruana para ser Director (presidente) de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, un francés, Aquiles Allier fue elegido para el cargo, con anuencia de Castilla.

El 2 de febrero de 1858, 44 religiosas de la congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul desembarcaron en el Callao, los monseñores Luna Pizarro y Pasquel no las pudieron ver porque ya habían muerto, pero el amigo francés había cumplido su promesa que les había otorgado en vida, por su parte él cumplió con su Virgen de la Medalla Milagrosa, pagando así el favor que recibió en 1835 que cambió su vida. 


La Reforma Hospitalaria 

La R.M. Teresa Bourdat, Hija de la Caridad emprendió en 1858 la reforma hospitalaria basada en el aseo y el orden en los hospitales y asilos, pero en coordinación con ella, el entonces Director (presidente) de la Beneficencia, don Aquiles Allier fue más allá de lo esperado, reconstruyó cada uno de los hospitales de acuerdo a lo pedido por la madre Bourdat. La tarea incluyó la construcción del Hospital de Amentes o antiguo manicomio de Lima. Nunca se hizo tanto en tan poco tiempo en esta institución.

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La Era del Guano 

En los meses finales de 1841, los peruanos descubrieron que el guano una riqueza despreciada se había convertido en oro en polvo. El convenio secreto entre Gamarra y Allier nunca ha sido develado, el mandatario sabía perfectamente que su gobierno iba a ser el más rico, absurdamente murió peleando en Ingavi, generándose así uno de los peores momentos políticos del país por una anarquía incontrolable que perjudicó finalmente el uso adecuado de la bonanza económica generada por el abono peruano.

Todos los contratos guaneros fueron lesivos a los intereses del Estado Peruano por acción exclusiva de los gobernantes que obligaron a los contratistas a otorgar préstamos sobre ventas futuras del abono. Cada nuevo préstamo arrastraba préstamos anteriores. Cada enorme entrega de dinero no entraba completa a las arcas fiscales porque una parte era el reconocimiento de deudas impagas. Este sistema de adelantos fue creado por Allier para evitar el pago de coimas a cuanto funcionario estatal existía en 1841. Incluso hizo público que a través de emisarios de un miembro del Consejo de Estado le había pedido un quinto de las ganancias. Hecho que recuerda reminiscencias con el quinto real de la conquista.

La era del guano nació pues con un enorme alboroto ciudadano, que para Allier fue entrar a una pesadilla de lo irreal con lo onírico. El llegó a describirse echado en su diván aduciendo dolor de cabeza mientras sus secretarios impedían la entrada a su oficina de medio Lima exigiéndole una parte del negocio. Estuvo de acuerdo con su socio Francisco Quirós de anular el primer contrato guanero siguiendo la orden del mariscal Gamarra, porque el abono pasaba a ser propiedad exclusiva del Estado Peruano. Cuando ya la situación se tranquilizaba porque la Casa Quiros, Allier era la que ofrecía más dinero, surgió el veto inglés y se anuló el segundo contrato, de muy poco tiempo de vida. La cancillería francesa apoyó decididamente a Allier por lo que se suscribió finalmente el contrato decisivo, otorgándose participación a la Casa Gibbs de bandera inglesa.

La Casa Quiros, Allier y Ca. la empresa de bandera peruana aunque mayoritariamente de capitales franceses, tuvo como su principal accionista a don Francisco Quiros yAmpudia con un aporte de 60,000 pesos que representaba el 30% del total de acciones, y Allier quien conservó la firma y la representación pública, tuvo el 23.5% de acciones valorizadas en 47,000 pesos. Ambos tenían la mayoría empresarial.

Los otros dos accionistas fueron empresas europeas, la firma inglesa Myers Bland que no tenía representación en Lima y cuyo apoderado era Allier, con el 15.5% de las acciones valorizadas en 3 1,000 pesos. El capital francés residente en Lima (Soyer, Giroust, Paillardelle, Rossel, Gervais, Maury, entre otros) fue representado por la Casa Dutey, Barroilhet et cie. con el 31% de las acciones que se estimó en 62,000 pesos. El total del aporte societario fue de 200,000 pesos (40,000 libras esterlinas).

Para compensar la presencia de la Casa Gibbs, se asoció al tercer contrato a la Casa Puimirol, Poumaroux et cje., de bandera francesa. Esta empresa al igual que la Casa Dutey, Barroilhet et cie., hasta 1842 no tenía importancia en la vida limeña.

En 1845, Allier hizo pública su decisión de acabar con el monopolio del guano que él representaba, posiblemente se vio enfrentado a la quiebra ante las continuas demandas de dinero del Estado Peruano, embarcado en el pago de sus deudas de la Guerra de la Independencia que se llamó consolidación de la deuda. En 1847, el primer gobierno de Castilla dispuso la quiebra de la Casa Quirós, Allier Ca. y entregó el guano a los capitalistas ingleses de la Casa Gibbs. El Cónsul francés Le Moyne, brazo derecho de Allier logró que la pequeña tienda Montane de bandera francesa fuera la consignataria de guano para Francia. De esta forma don Aquiles persistió en el negocio que había creado y le permitió sin dar su nombre seguir vigente hasta el final de su vida, con participaciones en la Casa Thomas, Lachambre, la Casa Sescau, la Casa Patrone (italiana) y la Casa Dreyfus, entre otras. 


Fundación de la Colonia Francesa 

Entre los franceses que escogieron vivir en el Perú ninguno llegó a tener la posición social y económica de don Aquiles Allier, incluso entre las colonias extranjeras tampoco surgió una personalidad paralela a la suya. La extraordinaria longevidad de su vida, la fortaleza de su ánimo con una inteligencia que le permitió desarrollar una personalidad que supo situarse en los hechos y las cosas que otorgaban vigencia en Lima, le permitió tener más de 50 años continuos de vinculación con el Perú.

En sus inicios en Lima, Allier se mtegró a un núcleo de galos que peleaba en el campo de batalla por la Independencia del Perú, grupo cenado, pequeño, prácticamente imposible de acceder a su centro de actividades porque la vida social y económica la realizan con los estratos altos de Lima y no con otros compatriotas. Ellos fueron absolutamente conscientes de su elitismo y no se les ocurrió fundar instituciones francesas en la capital peruana. Allier tuvo interés y promovió asociaciones que le permitieron participar a él o a las personas de su entorno sin que la nacionalidad fuera un prejuicio. Las circunstancias de su propia vida, de una alta posición en el comercio, hizo natural su trato continuo con cuanto francés desembarcaba en el Callao. La gente lo buscaba con desesperación para que les financiera negocios de todo tipo, así aprendió a caminar por tugurios y callejones, algunos de la Beneficencia de Lima, comprendiendo la importancia de la vivienda en la capital para quien pudiera influenciarla, por lo menos a partir de 1840 tuvo control sobre las propiedades de beneficencia que lo llevó a fundar el Margesí de Bienes de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, como sucede siempre, existió favoritismo, que Allier lo dirigió hacia franceses y trabajadores de excavación y embarque de guano.

El espíritu elitista que por su forma y situación social le permitió recibir en su casa a quienes consideraba que estaban en el nivel de su cultura, la realidad de su propia vida lo llevó a tener un trato cotidiano con personas, mayoritariamente compatriotas, que le buscaban por ayuda, trabajo para comer, un cuarto para dormir, dinero para sus negocios, mucho charlatán, mucho estafador, don Aquiles de una mirada aprendió a conocer a la gente, entonces la vida que nunca se le acababa lo llamaba a regresar definitivamente a Europa, en la búsqueda de la tranquilidad.

Se Entregó la Posta a sí mismo

El 29 de julio de 1831, don Aquiles Allier, fundó la colonia francesa en el Perú con un banquete realizado en el Hotel Francés o Casa de Madame Denuelle. Allier presidió la reunión, por elección de los participantes, cuarenta según la crónica del Mercurio Peruano. Casi treinta años después, el 24 de junio del 1860, unos 300 franceses le confirieron la presidencia de la Sociedad Francesa de Beneficencia. El mismo se entregó la posta. 


El Retorno a París 

En 1860, se conformó la Comisión Mixta Franco- Peruana para que resolviera los diferentes reclamos presentados por ciudadanos franceses al Estado Peruano, casi todos ellos eran de carácter indemnizatorio por presuntos daños y perjuicios. También los hubo en contra de fallos judiciales que se quisieron anular por la vía diplomática. Tres peruanos: Paz Soldán, Zaracondegui y Salmón y tres franceses Rey, Vion y Allier conformaron la Comisión que falló en todos los casos en contra de los reclamantes, ninguno obtuvo un reconocimiento del derecho reclamado. Allier votó con los peruanos en el sentido que los extranjeros, en este caso franceses tenían la obligación de someterse a la justicia peruana, aguardar y respetar sus sentencias. Rey y Vion que mostraron una opinión contraria en 1859, la mantuvieron después de las conclusiones finales. Hasta 1870, Emile Vion, canciller de la Legación de Francia en el Perú siguió apoyando estos reclamos, aunque tuvieran la sanción negativa de la Comisión Mixta.

No existió otra alternativa para Allier que viajar en abril de 1861 a París con el resultado final del trabajo de la Comisión Mixta para la aprobación del Emperador de los Franceses Napoleón III. Don Aquiles consiguió que el Segundo Imperio aceptara el NO a los reclamos individuales de más de treinta de sus súbditos en el Perú.

Don Aquiles Allier había enviudado en 1852, mantuvo a su hija Bárbara como su única heredera. La señora había nacido en el primer matrimonio de madame Allier, por lo que se tuvo que recurrir al Arzobispo Luna Pizarro: En 1854, antes de fallecer, ordenó que el apellido materno de los hijos de la señora Bárbara y de su esposo el coronel Manuel de la Jara fuera cambiado a Allier porque era el de su abuelo. Judicialmente la situación era difícil y muy complicada, se le cruzó un fiscal en el camino por lo que en base a los testimonios de Francisco Javier Mariátegui (Presidente de la Corte Suprema) y Juan José de Sarratea, don Aquiles adoptó a su hija quien decidió no cambiar de apellido manteniendo el nombre y apellido de Bárbara Allende. Este proceso que fue confirmado en París tuvo el propósito de permitir a la señora Bárbara heredar en el futuro los bienes franceses de su padre.

En 1858, el coronel Lajara (en Europa el coronel y su esposa firmaban su apellido Lajara y sus hijos Lajara Allier como apellido compuesto) yerno de Allier pasó a residir en Francia, vinculándose desde ese momento a la compra de armamento francés para el Ejército Peruano. Cuando don Aquiles viajó con su familia en abril de 1861 llevando los acuerdos de la Comisión Mixta, ya tenía decidido no volver al Perú. El mariscal Castilla lo nombró agente económico en Europa, cargo que mantuvo hasta el final de su vida. En 1875 hubo interés en señalar que se encontraba en pleno uso de sus facultades y el 18 de mayo de 1876, el diario El Comercio publicó la noticia de su muerte, sin dar precisiones, lo importante era que Allier no intervendría en la suscripción del nuevo contrato guanero, en el caso que no se renovara el de la Casa Dreyfus. Don Aquiles Allier tenía 86 años de edad cuando falleció en su hotel (residencia palaciega) y en ese año de 1876 se acabó la era del guano, que él había creado en 1840, porque no se pudo volver a suscribir un gran contrato.

Las historias de vidas como las de don Aquiles Allier, tan longevas y tan fructíferas, tiene el final que el propio protagonista decidió tener y publicitar, como lo es el siguiente fragmento de la crónica de la boda de su nieta Emilia en la Iglesia San Agustín de Paris, publicada por El Comercio el 14 de enero de 1875: “En uno de los salones del elegante hotel estaba la mesa del ambigú: excuso decir que competían en ella la delicadeza de los manjares con el primor del servicio. Lujo, abundancia, riqueza. Honraba aquella reunión la venerable persona del señor Allier patriarca de la familia, al ver su diadema de cabellos blancos, recordaba yo las palabras de la Escritura. “La corona del anciano son los hijos de los hUos “. El señor Allier veía a los suyos en torno de su mesa, como los sarmientos de la vid cargados de pámpanos y de melifluos racimos. La señora (Bárbara A.) de la Jara, esbelta, elegante, airosa y comunicativa radiaba de ventura; con ese trato exquisito que es patrimonio de su entendimiento, tenía una palabra oportuna para cada convidado, una memoria para los ausentes y un ramillete de flores de alabanzas para mostrar su gratitud a los amigos que la rodeaban “.

Los Lajara y Allier 

Don Aquiles de Allier, caballero de la Legión de Honor fue el padrino de la boda de su hija Bárbara con don Manuel de la Jara Peña celebrada en la Iglesia del Sagrario en 1843. El matrimonio tuvo varios hijos, de ello hay diferentes pruebas, pero solo hemos podido encontrar la partida bautismal de cuatro de ellos, con la ayuda de la profesora Dra. Laura Gutiérrez del Archivo Arzobispal de Lima. El primogénito nacido en 1844 falleció siendo párvulo, fue apadrinado por don Aquiles.

Los niños Lajara y Allier. al menos tres de ellos fueron bautizados con la mayor pompa posible para la época por ceremonias presididas por el Arzobispo Luna Pizarro quien firmó las respectivas partidas. El mayor de ellos Manuel, apadrinado por sus abuelos maternos en 1846 fue bautizado por su tío abuelo, el presbítero José Núñez Gago, diputado y miembro del Consejo de Estado. En 1851, fue bautizada Carlota Mercedes. Poco después la familia se mudó a la casa La Riva y cambiaron de parroquia, en San Sebastián fue bautizada en 1853 Emilia Teobalda, por el futuro Primer Ministro de Prado y Arzobispo de Lima, Pedro José Tordoya.

Monseñor Luna Pizarro no tuvo ninguna duda que los hijos de la señora Bárbara fueran nietos de su amigo Allier, y ordenó en 1854 que se les cambiara el apellido materno Allende por el de Allier. por ser el de su abuelo. Automáticamente estos niños pasaron a convertirse en los herederos de la mayor fortuna de Lima. En 1849, don Aquiles mandó comprar una hacienda en California, Estados Unidos, para su nieto Manuel. En vida parece que hizo enormes regalos a sus descendientes, aunque por diversos documentos tuvo predilección por Manuel, al que consideraba de mayor inteligencia frente a sus hermanos.

Esta familia en Europa pasó a ser parte de la élite latinoamericana residente en París. Solo la enorme fortuna de Allier permitió que sus nietas Carlota Mercedes y Emilia Teobalda fueran la portada de la publicación francesa El Americano, reservada a las grandes figuras de América. Ellas fueron las únicas mujeres que alcanzaron ese privilegio. La señora Bárbara y sus hijos fueron vistos en Burdeos, Baden Baden, Roma, Viena, Niza. Ella fue benefactora de la Ambulancia Perú, un hospital que atendió gratuitamente a oficiales franceses durante la guerra franco-prusiana y las Comunas.

En 1878, dos años después de la muerte de Allier, su yerno, el coronel Lajara, agregado militar del Perú en Francia fue destituido del cargo supuestamente porque el tapicero, el pandero y el carnicero lo habían llevado a los tribunales franceses para que les pagara lo adeudado. En Lima no se publicó una línea, la señora Bábara no había vendido las propiedades de su padre, seguía siendo con nombre de soltera la dueña de la casa Allier del Callao, la casa La Riva arrendada al colegio Instituto de Lima, de la casa del jirón Junín y de la fábrica del Limoncillo, entre otras. La señora Lajara e hijas fueron benefactoras de la Clínica Maison de Santé durante la Guerra con Chile.

La destitución del coronel Lajara fue un hecho nefasto, ya que en vísperas de la Guerra con Chile se destituyó, sin nombrar sucesor, al único militar con funciones diplomáticas en Europa y que participó en todas las compras de armamento peruano desde 1858. Aún en el caso que Lajara no tuviera dinero para comprar el pan de todos los días, representa una maldad de Goyeneche, botarlo por indigno de representar al Perú. Este jefe de la diplomacia peruana en 1879 mostró todas sus incapacidades y tuvo que ser destituido y reemplazado por don Toribio Sanz, cuando don Nicolás de Piérola tomó el poder.

En tanto, la esposa y los hijos del coronel Lajara eran importantes propietarios en el Perú, una supuesta falencia económica no justificaba su destitución. El problema era su íntima amistad con el banquero Augusto Dreyfus, el mayor enemigo del Presidente Prado. Y su error fue creer que su amigo de toda la vida, destituiría a Goyeneche. Algo de esto existió, pero Lajara no pudo convencer al general Prado que no defendía los intereses de la Casa Dreyfus.

El coronel La Jara murió en París antes de 1885, de acuerdo al Escalafón Militar de ese año que dio de baja a todos los oficiales fallecidos desde 1879. En el caso que la señora Barbara lo hubiera sobrevivido y de tener hijas solteras no reclamaron derecho de pensión.

La familia Lajara yAllier no utilizó a la Legación del Perú en París para sus respectivos trámites hereditarios, quedando a cargo de sus apoderados las tramitaciones peruanas y francesas. El hecho nos indica que la familia tenía intereses en alguna gran empresa europea que cuidó de lo principal de la masa hereditaria, entonces no requirieron para nada a los diplomáticos peruanos.

Homenaje de la Sociedad Francesa de Beneficencia a doña Manuela Núñez Gago de Allier de Pons, al pie de su tumba en el cementerio Presbítero Maestro de Lima en el 2003. La señora Manuela fue en vida esposa de don Aquiles Allier, fundador de la colonia francesa de Lima y Callao, el 29 de julio de 1831 y primer presidente de la Sociedad Francesa de Beneficencia en 1860.