lunes, 19 de marzo de 2018

297. Alfonso "Pocho" Delboy Morales, periodista de La Prensa, uno de los referentes más importantes del periodismo peruano en toda su historia, quien ocupó todos los puestos en el diarismo nacional y que participó en todas las batallas grandes y pequeñas para alcanzar el ejercicio de la libertad de expresión, que unido a su carácter afable y de bien, lo convirtió en una persona querida, respetada, apreciada y apreciable en el gremio periodístico


Pocho Delboy un hombre de la derecha liberal a su pluma brillante y talentosa le imprimió inteligencia, cultura, corrección y honestidad, por eso su trabajo perteneció siempre a la primera línea de lo que se publicó en Lima en los años cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y ochenta, tiempos de dura competencia entre colegas y medios, en los que nadie presentaba duda que en nuestro país se ejercía y se realizaba periodismo de a verdad.

El nivel de instrucción y cultural de Alfonso Delboy era de excelencia, lo he visto conversando de igual en los temas en los que eran maestros el Dr. Luis Alberto Sánchez, el Dr. Jorge Basadre, el Dr. Carlos Alberto Seguín, con el arqueólogo Toribio Mejía Xesspe, entre otros tótems de nuestra cultura y de a verdad que el señor Delboy Morales te hacía sentir orgulloso de ser periodista, y en este momento de recordar su vida.

Sin embargo, frente a su nivel cultural que se preciaba de seguirlo desarrollando sin cansancio alguno, en verdad que le era propio e innato su sencillez, su buen humor, sus ganas de conversar, de ser colega que lo presentaba genial ante todos, entonces no se convirtió, como tantos otros improvisados, en un soberbio intelectual que le apesta todo.

Él era el dueño de lo que antes se llamaba "don de gentes", ya que entre él y sus colegas no existía diferencia alguna, él era: "Pocho no más, ya que el Señor está en los cielos". 

En la foto de aquel viernes en que la redacción de La Prensa fue a festejar al bar restaurante del jirón Puno los 70 años de fundación del periódico, foto que guardó Lucho Guerrero y que está al centro el Dr. Alfredo Allende, vemos a Pocho Delboy a la izquierda y Pancho Perleche, ya perteneciente a otra generación de periodista, que le pasa el brazo por el hombro con el cigarro prendido y es que los periodistas trataban a Pocho, en ese momento uno de los directivos de la empresa, como su pata.
El señor Delboy fue siempre para mí, el modelo de periodista a seguir y del que tenía que aprender entre todos los periodistas y eso que los conocí a todos.

No tengo dudas que la redacción de Pocho estaba bendecida por los dioses, dueño de una versatilidad única, escribió sobre todos los temas, en mis tiempos que transitaba de niño a adolescente leía todos los domingos en 7 Días del Perú y del Mundo de La Prensa, sus dos páginas de cine que firmaba como Ton y Jerry, me encantaba como se burlaba de los Dráculas de actores ingleses y de pronto recomendó "La Danza de los Vampiros", de Roman Polanski, un clásico.

Frente a ese estilo de redacción prístino y fluido que podía atrapar la lectura de los más jóvenes de una familia, nadie pudo igualarlo en la expresión de su convicción y frontalidad, sin concesiones que desarrolló en la última etapa de su vida en Expreso y en Extra, con el seudónimo: "Gerónimo Gerónimo", es decir dos veces un jefe indio apache que no iba nunca a la conciliación.

Cuando todos ya iban pensando en la jubilación, eso no existió jamás en su mente, él de siempre fue uno de los más importantes maestros de los maestros del periodismo, era al mismo tiempo corresponsal de publicaciones extranjeras para las que escribía todas las bondades de nuestro país, y en la televisión persistió siempre desde los años cincuenta en ser un comentarista de la política, absolutamente muy reflexivo.

Almuerzo de los 70 años de la fundación del diario La Prensa, uno de los invitados de honor, el historiador Jorge Basadre, atendido por Pedro Beltrán Ballén, director del diario y por el periodista Alfonso Delboy, quien cumplía funciones en la administración de la empresa. 

En este 2018 se cumple el centenario del nacimiento de mi entrañable amigo y maestro Alfonso Delboy Morales y también los 30 años de su fallecimiento que fue en el día D de un año bisiesto, es decir el 29 de febrero de 1988, que la televisión y la radio comunicaron al país, porque a sus 69 años, se encontraba plenamente vigente.

Es curioso que en ese año bisiesto de 1988 fallecieron también los tres más grandes, emblemáticos e importantes periodistas que tuvo La Prensa: Federico la Rosa-Toro en noviembre y Miguel Yi Carrillo en mayo. 

Es cierto que los tres estaban capacitados para redactar la noticia de la primera plana, el editorial del día, la nota internacional y cultural del momento y el reportaje central de 7 Días, cuando era el dominical y después cuando en 1970 se convirtió en una publicación independiente dirigida por Delboy, con la colaboración de sus amigos La Rosa y Yi quienes a pesar de sus obligaciones en el periódico, no lo dejaron solo.

La Prensa tuvo muchos periodistas de la primera línea, sus cuatro directores de informaciones: Alfonso Grados Bertorini, Mario Miglio, Pedro Felipe Cortázar y Pablo Truel Uribe, y su mítico jefe de informaciones de día: Jaime Marroquín Gámez, sus redactores: Álvaro Belaunde, Nelvar Carreteros, Eduardo Deza, y Hugo "Chino" Cuadros.

La Prensa fue el primer diario del país que tuvo un plantel femenino de periodistas: Violeta Correa Miller, quien después fue esposa del Presidente Fernando Belaunde, Elsa Arana Freire, María Tellería Solari, y Carmela Garcés, quien se fue a fundar Correo y regresó hacia 1970.
Don Pedro Beltrán, dueño y director de La Prensa con todos ellos en los años cincuenta revolucionó el periodismo y lo siguió desarrollando en los años sesenta, hasta la toma y confiscación velasquista del sábado 29 de julio de 1974. 

La Prensa hizo del periodismo nacional absolutamente moderno y le dio estabilidad laboral a quien quería ser periodista de verdad y era talentoso, conformó también una plana de editorialistas que se hizo famosa en su tiempo encabezada por Juan Zegarra Russo, Federico Prieto Celli y Arturo Salazar Larraín, que le fue siempre muy cercana.

Don Pedro Beltrán de todas las personas vinculadas a La Prensa tenía toda la confianza y trato amical con el Dr. Alfredo Allende, su apoderado y administrador de las empresas propietarias de La Prensa, y de Última Hora, y con su editor el ingeniero Federico La Rosa, de quien se consideraba amigo y en el diario era el único con quien se tuteaba.

El director de La Prensa le tenía un enorme cariño a Miguel Yi, a quien llamaba Miguelito y es por eso que en el periódico todos hablaban de Miguelito aunque no le tuvieran mucha confianza y ya por su edad le dijeran señor.

Beltrán consideraba que la persona más valiosa que tenía en La Prensa era "Pocho Delboy", decía que era "valioso" lo considera un periodista completo con la absoluta capacidad de redactar desde su propia independencia de criterio, algo que respetaba y que no era usual en el periódico, el tema que le proponía su director.

Un día, antes que se autoexiliara en julio de 1972, lo llamó a su oficina para conversar unos veinte minutos y le pidió por favor que escribiera sobre el tema que le había indicado, unas decenas de minutos después, don Pedro aprobaba el editorial del día siguiente. 

Desde ese momento para mi Pocho pasó a ser lo máximo en periodismo.

En enero de 1972, la dictadura del general Juan Velasco dispuso destituir a Beltrán de director de La Prensa por no haber cumplido con el Estatuto de la Libertad de Prensa. La dirección del diario fue entregada por don Pedro, a su sobrino Pedro Beltrán Ballén y nombró una especie de consejo de administración de las dos empresas, La Prensa y Ultima Hora, integrada por el Dr. Allende y los periodistas Pedro Felipe Cortazar, Alfonso Delboy, Federico La Rosa-Toro, y Carmela Garcés, quien era amiga de don Pedro y también de Víctor Raul Haya de la Torre, fundador del Apra, además el esposo de Carmela, el intelectual Carlos Tossi, había sido su secretario particular y seguía siendo un colaborador muy cercano.

El día de la confiscación velasquista de La Prensa, Pocho Delboy se retiró del periódico para no volver, la excepción que confirmó su regla, fue cuando falleció don Pedro en el verano de 1979 y se le hizo un homenaje de cuerpo presente en la sede del diario, que la izquierda llamó: "La Cueva de Baquíjano".

Pocho Delboy convirtió a 7 Días del Perú y del Mundo en una publicación independiente al diario La Prensa en 1970, dejando de ser el dominical del diario. La foto nos muestra a Pocho de director con la plana de la redacción de la revista. En la primera fila Miguel Yi Carrillo con los brazos cruzados y detrás suyo Luis Rey de Castro, de cuclillas el gran fotógrafo Félix Nakamura, detrás suyo Alfonso Delboy y Mario Castro Arenas, quien tiene a su lado a Carmen Devescovi Ramos y María Ángela Salas, detrás de ellas a Regina Seoane y junto a ella Zizi Ghenea. 


MI AMIGO, MI MAESTRO POCHO DELBOY

En las vacaciones escolares de medio año de 1965, año en que cursé primero de media, don Pedro Beltrán quien se consideraba mi padrino de confirmación, decidió que el ingeniero La Rosa y Elsa Arana me enseñaran a redactar, porque estaba convencido que podía escribirle un artículo sobre "Los Luises, reyes y moneda de Francia". Lo hice, no tengo copia.

Una mañana estaba sentado en 7Días y me dejaban hablar y opinar hasta que de pronto, Elsa llamó a “Tom y Jerry”, a quien le dijo que lo leía todos los domingos y con alguna vergüenza le estreché la mano a Alfonso "Pocho" Delboy, quien no ocultó que estaba en extremo halagado que un chiquillo de 12 años, lo leyera.

Desde ese momento hasta la última vez que lo vi Pocho tuvo siempre conmigo un trato preferente, lo recuerdo recibiéndome en el escritorio de su casa en Miraflores, cuando iba a visitarlo, generalmente hablábamos de política y cuando nos encontrábamos por el azar en alguna reunión le gustaba que le dijera que nos fuimos juntos de La Prensa, el día de la toma, con María Tellería, Carmela Garcés, Álvaro Belaunde, Julia Delgado, y Pedro Felipe Cortázar, quien se despidió de su hijo Pedro Cortázar Balta, periodista que se quedó en el diario.

Con el correr del tiempo, el señor Delboy una y otra vez fue la persona más generosa en sus comentarios sobre mi trabajo, dejó ya de sorprenderme cuando me rebotaba lo que decía de mí, pero me halagaba en extremo.

Finalmente fue cuando la Agence France Presse me contrató en agosto de 1986 fue que pudimos ya tratarnos de a igual como colegas, porque el usaba la conexión del cable de la agencia para transmitir sus artículos principalmente a la revista Visión de México y decidió desde que me vio que yo los tipeara y transmitiera, a pesar que la empresa en esa época tenía dos digitadores.

Pocho me entregaba su artículo en la mano, como un favor especial de colega a colega. No confiaba en nadie más, esolo repetía a quien lo escuchara. No era parte mi trabajo, tipear los artículos de Pocho y transmitirlos a México, pero me llenaba de orgullo que un periodista de su talla, tan bueno conmigo en La Prensa, tantos años después me encomendara su trabajo, convencido que no iba a existir ningún tipo de error. Su redacción y estilo eran de primera, el trabajo de un maestro, entonces también aprendí.

Delboy se incorporó a la dirigencia de la APEP (Asociación de la prensa extranjera en el Perú, que presidió Daniel Sire, el gerente en la época de France Presse.

De lunes a viernes era usual ver a Pocho en France Presse, cuatro cuadras más abajo quedaba Expreso y Extra, donde trabajaba. Un montón de veces hemos almorzado con Sire y el periodista francés Albert Brun en el sétimo piso del edificio donde estaba la agencia, en el funcionaba un excelente restaurante.

Pocho a veces jalaba su silla y se sentaba a conversar conmigo, pero nuestra última conversación la tengo siempre presente, era un sábado por la tarde, me hablaba en tanto le tipeaba y le transmití su artículo sobre la participación peruana en la Guerra de Las Malvinas en el que incluyó una entrevista al ex Presidente Fernando Belaunde Terry.

Cuando recuerdo esa tarde, no me pude imaginar que don Alfonso Delboy Morales, se iba a morir en las siguientes horas, recuerdo que me dijo que no me agremiara, que no me colegiara, que solamente iba a perder el tiempo y que me dedicara a escribir, recomendación que cumplí.

Pero antes le dije que como podía decirme eso si él era uno de los campeones del gremialismo que lo llevó a estar entre los fundadores de la Federación de Periodistas del Perú en 1950, que incluso presidió en tiempos de la dictadura de Odría. Me respondió "por eso mismo, tú dedícate a escribir".
Pero lo que siempre tengo presente es su consejo de que no basta tratar de realizar el mejor trabajo posible y lograrlo, sino que este tiene que ser entregado con puntualidad, mucho antes de la hora del cierre, porque la edición cierra y si no entregaste, ya no será publicado. 

Una semanas después del fallecimiento de Pocho, el ingeniero Federico La Rosa, quien tuvo la costumbre de reunir periodistas en su casa a almorzar, le hizo una invitación a Alfonso Grados Bertorini, quien en la época era embajador en Argentina.

En un momento de la reunión de periodistas, en el precioso patio colonial del solar de su familia, situado en el jirón Ancash a media cuadra de la residencia presidencial, Federico hizo un brindis con pisco por el hermano, por el amigo, por el mejor compañero de labores que un periodista pudo haber tenido en el ejercicio de su profesión, y un tanto emocionado exclamó: "Por Pocho" y todos los presentes gritamos: "Por Pocho". 
 
Los setenta años de la Prensa, la redacción lo conmemoró en un bar restaurante del jirón Puno, de izquierda a derecha: Alfonso "Pocho" Delboy, Francisco "Pancho" Perleche, Ernesto Bustamante Luis Guerrero Uchuya, el Dr. Alfredo Allende, atrás, Jorge Castro de los Ríos (de bigotes), Horacio Rengifo, Néstor Byrne, Oscar Cabrera Luces y hermano, Luis Ladrón de Guevara, y Wilfredo Montoya.


296. María Tellería Solari, periodista de La Prensa y una escritora ícono de cuentos fantásticos, cuya inteligencia superior plasmó en sus columnas editorial sobre la realidad nacional principalmente sobre la educación y la democracia en el Perú


María Tellería Solari (Lima 1926 - Lima 1996), está entre las personas más buenas que han caminado en Lima haciendo el bien, pero al mismo tiempo fue una mujer de mucha energía militante de la derecha liberal, quedándose en los principios lejos de la vida partidaria.

María formó parte de la generación de periodistas del diario La Prensa que realizó una verdadera revolución periodística en nuestro país en la década de los cincuenta, y que prosiguieron desarrollándola en los años sesenta, dirigidos por don Pedro Beltrán, en la Cueva de Baquíjano como la izquierda llamó a la sede central de los diarios La Prensa y Ultima Hora, situada en el jirón de la Unión, calle Baquíjano, entre Puno y Emancipación.

La periodista Tellería culminada su relación con La Prensa, publicó sus columnas sobre la realidad nacional en Expreso, tiempos de terrorismo, hiperinflación y finalmente alcanzó los tiempos del neoliberalismo. 

En su condición de escritora de ciencia ficción colaboró con una columna "Humor a todo color" en la revista Lo Insólito de fines de los años setenta, en ese medio también publicó su antigua compañera de labores en La Prensa, la entrañable Zizi Ghnea, la famosa autora de una las páginas más leídas en la historia periodística de nuestro país: "Extraño Muy Extraño".

La doctora Tellería como se la llamaba con el mayor respeto, aunque era mujer amiguera, simpatiquísima y habladora, quien escribió como si fuera parte del olimpo de los dioses, era muy sencilla, le gustaba andar por la calle y en su casa te atendía con todo el aprecio que se puede prodigar a los amigos, profesionalmente fue la gran editorialista mujer en La Prensa, que publicó al igual que los hombres, con el Dr. Luis Alberto Sánchez, el Dr. Carlos Alberto Seguín, Toribio Mejía Xesspe, Augusto Salazar Bondy, Enrique Chirinos Soto, Juan Zegarra Russo, Alfonso "Pocho" Delboy, Federico Prieto Celli, Mario Miglio, José María de Romaña, el jesuita Manuel Mosquera, Alfonso Grados Bertorini, Pedro Felipe Cortázar y Arturo Salazar Larraín, entre otros. 

María Tellería compartió honores hacia 1970 cuando se incorporó a la página editorial de La Prensa, la gran periodista Carmela D´brot.

El propio Beltrán señalaba su admiración por María, con un reconocimiento continuo a sus columnas editoriales, él mismo la trataba de doctora, obligando a quienes no le tenían confianza otorgarle el mismo trato y cuando hablaba de ella la señalaba con cariño la "Beltranista número uno" porque lo acompañó de corazón en su intento de forjar un partido Liberal en nuestro país con el Dr. Pedro Roselló Truel, a principios de los años sesenta.

María siempre fue una mujer llena de ideas que sabía plasmarlas en el papel: "Cuando las palabras de un idioma no bastan para expresar lo que se desea es sin duda porque sus valores a expresar son distintos de los tradicionales y conocidos".

María Tellería en la La Prensa dio cátedra sobre un tema irresuelto "la educación nacional" por su inteligencia superior y conocimiento del tema, enfrentando ideológicamente a la reforma educativa que estaba siendo realizada por la dictadura del general Juan Velasco, que la llevó al hecho de ser maltratada y después ninguneada por los velasquistas quienes se burlaron de sus ideas liberales pero por su carácter de no dejarse vencer y su temple de no ceder y tirar para adelante, no mellaron sus fuerzas persistiendo en sus convicciones, mostrándola siempre como una mujer admirable.

A María la conocí de toda mi vida, ella siempre gustaba decir que me había cargado en sus tiempos de secretaria, después cuando me encontraba en la dirección de La Prensa me exigía que la acompañara a dar su vuelta por todo el diario, visitaba las oficinas, la mejor era la de Mary Nickson quien fue la secretaria de Miriam Kropp de Beltrán, una americana que llevaba la agenda de actividades y las obras de caridad de la esposa del dueño del diario, era poco simpática, pero inteligente, culta e instruida, como era muy amiga de María nos atendía muy bien, a la hora que fuera sus dos secretarias nos preparaban un lonchecito con verdaderas delicias. 

En el día de la toma y confiscación velasquista de La Prensa, el sábado 29 de julio de 1974, me tocó estar al lado de María Tellería Solari, quien inició en solitario una defensa de los ideales de La Prensa, parecía que estaba hablando solita pero en verdad se estaba peleando con una colega, antes muy amigas, a partir de ese día nunca más volvieron a mirarse.


María que iba siempre a más, era fuerte, fue discutiendo con una y con otro, no hicieron distinción de su condición de género quienes se acababan de pasar al velasquismo y hasta que le comenzaron a faltar el respeto a la doctora Tellería, entre otros le dijeron que se había iniciado de secretaria en La Prensa y que se había hecho periodista de la nada, y que ella trabajaba en editorial que ni servía para envolver basura, ya que el periódico se vendía por sus verdaderos periodistas que salían a la calle y no por los editorialistas que sentados en sus escritorios escribían las ideas de Beltrán, un sirviente del imperialismo yanki".

Entonces me metí en la pelea, dispuesto hasta a patear gente, si era necesario, tenía 21 años y entre todos del periódico prefería a María, era el menor de todos, y comprendí de inmediato que no nos querían, nos detestaban que era la palabra que usó siempre María, ella consideraba que era suficiente que le guardaran respeto a Beltrán y les concedía el derecho de no querer a los beltranistas.

Esa mañana había mucho PIP y todo no pasó de un laberinto de gritos llenos de ofensas, hubo gente que nunca me perdonó, pero como el velasquismo pasó rápidamente de moda, así como cambiaron de bando decidieron denostarlo para siempre.

Lo único cierto es que no existió una ceremonia oficial de la toma y confiscación de La Prensa, la excepción que confirmó la regla de si hubo en cada uno de los periódicos de Lima, incluidos los de propiedad del Estado Peruano, La Crónica y El Peruano, igualmente Expreso que se había convertido en una cooperativa de trabajadores y fue la sede de los Mastines de Velasco. 

El gran periodista Pedro Felipe Cortázar, autor de la extraordinaria Serie Documental del Perú, brindó la nota emotiva al despedirse de su hijo Pedro Cortázar Balta, periodista de La Prensa, el padre parecía que dejaba a su heredero en el campo de batalla. Pedro Felipe quien había sido director de informaciones, cumplía funciones administrativas en el directorio de la empresa desde la enfermedad y posterior fallecimiento del apoderado Dr. Aldredo Allende.

Era el momento en que por fin nos dejaron salir, porque conformamos un grupo pequeño que generaba discordia y queríamos irnos, ya nada teníamos que hacer allí, encabezados por María en el jirón de la Unión frente al periódico exclamamos vivas por don Pedro Beltrán y por La Prensa, en eso se situó frente a nosotros un grupo de obreros que daban vivas a Velasco, la revolución, la clase obrera y la confiscación de diarios. la vida se puso de inmediato en sumamente peligrosa. 

Les dije que teníamos frente a nosotros a una columna de la guardia obrera de la CGTP que decididamente encaminamos al diario El Comercio, los convencimos que no había nada en ese local en el que estaban gritando, aceptamos sus gracias y que nos trataran de compañeros.

El destino de ellos era La Prensa supuestamente entregada a las Comunidades Laborales, pero lo último que podíamos aceptar era que dejáramos La Prensa con exclamaciones a favor de la revolución velasquista.

Cruzamos Puno y seguimos caminando hasta la Plaza San Martín hasta llegar a la agencia internacional americana UPI, que estaba al costado del cine Metro, para hablar por teléfono con Beltrán, primero le pasé el teléfono a Carmela Garcés, después a Pocho Delboy y seguidamente a Álvaro Belaunde, es que María quiso hablar al final para narrarle al detalle la toma a quienes había enfrentado, entre llantos traidores. Beltrán le recordó que su decisión había sido pedirles a todos que se quedaran cuidando a La Prensa.

María entonces una mujer que siempre se mostraba fuerte, pasó a llorar como una Magdalena, ella no podía cumplir esa decisión, prefería morirse. De allí nos dirigimos a la Agence France Presse, para decirle a Albert Brun quien era amigo de todos, que Beltrán estaba esperando su llamada para darle una entrevista.

Caminamos hasta Tacna para quedarnos en el lindo departamento de Carmela Garcés, frente a Las Nazarenas, allí nos quedamos a almorzar y en eso comenzó a llegar un montón de gente que consideraba que el Perú había dado un salto al vacío y que sentenciaba el final del general Velasco.

María Tellería siempre estuvo vigente y es una de las amistades que tuve en La Prensa que tuve la suerte de no perder nunca como la de Elsa Arana Freire, Miguelito Yi Carrillo, Pedro Shiguemoto y el ingeniero Federico La Rosa Toro.

Llegó el día en que María enfermó para morir, estuvo internada en el Hospital del Empleado, se me hizo la costumbre de visitarla dos veces al día, allí estaba con su hermano, sus sobrinos, y las amigas y los amigos de toda la vida de la Cueva de Baquíjano.

Las enfermeras, creían que era el hijo de María, ella no lo negaba, les decía que me dijeran a mí las indicaciones, que siempre eran en esos pasillos largos que parecen que no tienen fin del Hospital del Empleado. María murió en una tarde de sol, su velorio fue en el anochecer. Me parece que es tal y como debe ser.

Entre las publicaciones de María Tellería está su Discurso de Promoción, un monólogo que publicó en 1968, (ella se reía, reconocía que era muy habladora) y entre sus narraciones de ciencia ficción, que mantendrá su nombre siempre vigente está: "La apoteosis de la maestra".

En Estados Unidos, la tienen presente como fue en el Berkshire Festival of Women Writers de 2012. En nuestro país todo pasa al olvido pero María Tellería Solari, sigue vigente entre quienes la hemos conocido y todos los fanáticos que congrega la ciencia ficción, incluso más allá de las fronteras de nuestro país.


María Tellería Solari fue la gran editorialista mujer del diario La Prensa, dirigida por don Pedro Beltrán Espantoso.

295. Jesús Scollo, uno de los ases de la fotografía peruana


El fotógrafo, maestro Jesús Scollo, dueño de una de las más longevas, fructíferas y brillantes trayectorias en el periodismo peruano ha fallecido el domingo 25 de febrero a los 90 años de edad, dejando el mejor de los recuerdos entre quienes hemos tenido el privilegio de salir de comisión periodística con él.

El periodismo escrito es un binomio indisoluble o indestructible: Redactor-Fotógrafo, estoy entre quienes han salido a la calle con Scollo. 

El maestro Scollo fue primero reportero gráfico y después jefe de fotografía del mejor diario que jamás haya existido en nuestro país: La Prensa, de don Pedro Beltrán Espantoso, que revolucionó en la década de los cincuenta el periodismo nacional, un hito que tiene que volver a repetirse evidentemente con otras personas.

Jesús Scollo poseía anécdotas periodísticas que nadie tenía, pero también era su forma de narrarlas, de cuando fue de comisión a provincias con Humberto "Chivo" Castillo y también con Owen Castllo, quienes regresaban siempre con grandes reportajes, plumas que vestían sus fotos, al igual que Elsa Arana y Begoña Ibarra. 

Salir de comisión con Scollo no era fácil, a él le gustaba leer y releer lo que sus fotos ilustraba. Era muy ágil, ya mayor lo vi correr como si fuera un chiquillo.

A mí me encantó siempre escucharlo, te contaba al detalle de tal terremoto, de tal huayco, de tal carrera hípica y como la gente amaba a Pamplona, pero Parsing la ganó, de tal partido de fútbol, tenía una mil anécdota de la "sombra· de Alianza Lima y de cómo llegó a Ranrahirca, de cómo fue el fusilamiento de Pichuzo, famoso por haber asesinado a un niño, cuya estatua acababa de ver en el Museo de la Policía en la Prefectura, que en verdad me había impactado negativamente, eran mis tiempos escolares. 

Poseía Jesús una memoria fabulosa, detallista junto a una enorme capacidad para atrapar oyentes, entre quienes me encontré siempre y era muy buena gente, excelente persona.
De mi parte solamente tengo agradecimiento cuando lo traté en La Prensa y es curioso porque en Visión Peruana salimos de comisión juntos varias veces.

En La República me había pasado lo mismo con Félix Nakamura y casi de inmediato con Jesús Scollo, cuando se los recordaba, sonreían, como diciéndome, así es la vida, eran mis tiempos en que me decían "Marcelino Pan y Vino", porque los fotógrafos de La Prensa decían que me parecía al actor español Pablito Calvo.

De todas las anécdotas que pude recordar, le gustó a Jesús Scollo de que en la Misa, velorio y entierro del padre Rubén Vargas Ugarte SJ, uno de nuestros más grandes historiadores y ex rector de la Católica, a quien conocí y traté en los últimos años de su vida, fue asì que uno de los maestros de la fotografía peruana me permitió que andara junto a él como si fuera su ayudante, entonces estuve en la primera fila y no me perdí de nada, de lo contrario habría tenido un lugar en el fondo.

Scollo es el fotógrafo que más me ha impactado en el trabajo de calle. Trabajé con él en Visión Peruana, entre otros nos tocó la estatificación de la banca que fue tumultuosa, con mitin opositor de Vargas Llosa encaminado a la candidatura presidencial y al Premio Nobel, tumultos callejeros y en el interior de los bancos. El antiguo y famoso jefe de fotografía de La Prensa, al lado mío de reportero gráfico, como si tuviera 25 años.

En el mitin su lente captó en una de las ventanas del Hotel Bolívar al director de El Comercio, Dr. Aurelio Miró Quesada con uno de sus hijos políticos, entramos al Banco Wiese antes que lo hiciera la tropa de asalto, estuvimos en primera fila cuando sus funcionarios y trabajadores rechazaron el ingreso de la policía y se hizo amigo del banquero Francisco Pardo Mesones que se instaló en su oficina con su colchón. 

No niego que me encantaba ver las fotos y los contactos fotográficos de Jesús Scollo, mi compañero de trabajo, de lo que habíamos vivido unas horas antes.

La comisión periodística más difícil que he tenido y que él me animó a hacerla, porque quería tomar las fotos, fue la exposición de una serie de pinturas de propiedad de la Tercera Orden Franciscana, oleos enormes atribuidos al maestro de los maestros, Pedro Pablo Rubens, obras pertenecientes a su taller y también a discípulos suyos, que acababan de ser restaurados.

Me dijo: "No hay acceso a eso todos los días, tu puedes escribir y yo le tomo las fotos, eso es para siempre, nuestro trabajo va a quedar, tienes que hacer el intento". Me tuve que preparar sobre Rubens y sus discípulos.

Las fotos de Scollo una maravilla, los colores que belleza. Había captado el arte de Rubens, en todo su esplendor, su taller y sus discípulos que impregnaron la corte de los Austria en Bélgica, tiempos de la infanta Isabel Clara Eugenia y de su sobrino Fernando el cardenal infante, gobernadores de Flandes.

En este recuerdo de Jesús Scollo acompaño las dos fotos que se publicaron en mi artículo sobre Rubens en Lima de Visión Peruana, y que he escaneado.

Con la partida al encuentro de nuestro Dios de Jesús Scollo Cuervo, se va extinguiendo la época de oro del periodismo peruano y una generación de hombres de prensa que no ha sido superada.

Óleo atribuido a Rubens, foto de Jesús Scollo, tomada de la revista Visión Peruana.

Óleo atribuido a Rubens, foto de Jesús Scollo, tomada de la revista Visión Peruana.



294. Alejandro Sakuda, periodista peruano


Uno de los grandes maestros del periodismo peruano que unió talento y decencia, Alejandro Sakuda Moroma ha fallecido a los 79 años de edad este miércoles enlutando al gremio nacional, dejándonos el inmenso recuerdo de una persona de bien, trabajadora y laboriosa a quien nunca veías perdiendo el tiempo, ni tonteando, ni promoviendo conflicto en los diferentes centros de trabajo a los que perteneció, caracterizados por su enorme cantidad de personas de diferente pensamiento.
Alejandro era de poco hablar, de mirada firme y serena que se engrandecía en la mesa de edición, antes ya se había leído todo lo que estaba encaminado para ser publicado, previamente tenía en su mente todo lo que era noticia y que era publicable.

El periodista Sakuda es recordado como un hombre correcto, honorable, que siendo director de diario persistía en seguir escribiendo, cubriendo si era necesario la noticia en Lima o en el extranjero y un gestor de la vida diaria de un periódico, una cualidad difícil de encontrar en un hombre de prensa que se dedicó a serlo siempre.

Sakuda como jefe, tuvo siempre muy buen trato con quienes tuvo a su cargo, muy tranquilo en su forma de ser pocas veces me dijo verbalmente mi comisión de trabajo, se suponía que ya estaba escrita en el cuadro de Comisiones que roda redacción bien puesta se precia tener. A nadie le gusta que le cambien el trabajo delate de todos, menos aún que le agreguen más chamba.

Me sorprendía entonces y me agradaba su convencimiento de que iba a regresar no con lo que todos creían que podía traer, eso estaba por descontado, ya que para eso me mandaba, pero él quería sorprenderse con lo que iba a redactar, entonces daba algún detalle que debía tenerse en cuenta. "Ya disparate", era su orden.

Alejandro Sakuda nunca perdió el tiempo hablándome de la opinión que tuvo sobre mi trabajo, me parece que era igual con todos, a él le interesaba que todos trabajaran lo mejor posible, su propia jefatura dependía de eso, pero tiempo después cuando ya no trabajaba con él y tenía reuniones con los que eran mis jefes, los gerentes franceses de la Agence France Presse, les remarcaban que yo había trabajado con él. ¿Qué puedo decir? ¿Qué puedo expresar? Si lo dejara en que buen pata fue Alejandro, sería válido, pero era un fuera de serie, un ser humano de esos con los que es extraordinario encontrarte en esta vida.

Trabajar con Alejandro no era fácil, él estaba en condiciones de hacer tu trabajo, seguramente mejor, me parece que no se hacía problemas, era pragmático, si no le gustaba lo que le presentaste no te publicaba.

A Alejandro le conté varias veces que cuando me fui a trabajar con él a La República, él era el jefe de redacción, a cargo de la selección nacional de periodismo, tiraba un cuarto de millón de ejemplares, todos me decían que no vaya, que no me iban a publicar nada y la verdad es que Alejandro Sakuda no me dejó en la banca de suplentes. Cuando lo veía, le decía que pesado que soy, ya te lo conté mil veces, te lo vuelvo a contar y cuando escuchaba que no me dejó en la banca de suplente, reía mostrando los dientes.

Sakuda era un hombre que enseñaba a los demás trabajando, su estilo de laborar me pareció siempre extraordinario. Nunca perdía el tiempo, siempre estaba haciendo algo útil, cuando tenía que escribir, escribía en su máquina de escribir, cuando tenía que corregir, corregía, fijando los ojos detrás de la carilla, centrándolos en sus anteojos, de pronto lo veía sentado con un diagramador, o con varios diagramadores, él mismo escogía las fotos, lo observaba viendo con detenimiento los contactos fotográficos con el ojo o lupa.

Alejandro Sakuda estudió en la famosa Escuela de Periodismo de la Universidad Católica, de la Dra. Matilde Pérez Palacio, ya en este milenio fue presidente de la Asociación de Graduados y Egresados de la PUCP, hizo una notable gestión, me afilié en ella porque me encontré con él en Pando, el campus universitario. Seguramente me reclamó sonriendo. Publicó una magnífica revista.

La vida periodística de Alejandro es importante, trascendente, se inició en El Diario un periódico satélite de La Prensa de don Pedro Beltrán, tótem del liberalismo peruano, que no duró mucho pero que a él le significó iniciar su larga y fructífera colaboración en el diarismo nacional con Guillermo "Gringo" Thorndike.

El siguiente paso de Alejandro en el periodismo nacional es en Correo del magnate pesquero Luis Banquero Rossi, encontrándolo a Alejandro con los genios Raul "Gordo" Villarán y el "Gringo" Thorndike. Sakuda llevó su orden, su laboriosidad, su disciplina, su seriedad y sonrisa, frente a la bohemia de Villarán y la del propio "Gringo".

Es en La Crónica de fines de julio de 1974 a fines de julio de 1975, tiempos finales del velasquismo, en que lo vi a Sakuda en su cualidad de periodista que sabía imponer su orden y disciplina, cuando este periódico dirigido por Thorndike se convirtió en un diario excepcional, de ensueño, de culto con su revista Variedades.

En ese tiempo todos los que se dieron cuenta de mi existencia, me trataban como el chiquillo que andaba con su enamoradita por todos lados, no me tomaban muy en serio para nada, pero allí estaba en la dirección. Nunca antes había visto a Sakuda, desde el saque me cayó genial, me recordaba a todos a quienes había conocido en La Prensa, era absolutamente serio, el único que no perdía un segundo del tiempo, que trabajaba en todo lo que tenía que trabajarse, me volví muy cercano a Alejandro.

La dictadura velasquista fue un gobierno de prédica campesina y no sé cómo me convertí en el que sabía todo lo que pasaba en el campesinado, que era publicable.

Entonces terminé viajando a la sierra con periodistas experimentados, y unas tres veces con el mejor de todos, una leyenda viva, Humberto "Chivo" Castillo, pero era Alejandro Sakuda quien me preparaba en la forma y fondo de mis preguntas para los campesinos y comuneros, lo mío no se iba a publicar, los grandes reportajes no eran para mí, bueno me publicó uno que otro, si no que el objetivo de Alejandro era que conociera el tema para cuando me tocara trabajar notas de provincias, agregar declaraciones, hechos y hasta descripción de paisajes, me enseñó así a formar y poseer mi propio background" para la redacción de noticias.

Cuando se acabó la experiencia de La Crónica, el veto le cayó a Alejandro como a muchos otros periodistas que vincularon su nombre a la etapa velasquista. La única verdad es que La Crónica no fue un diario confiscado, sino que cayó en poder del Estado por la expropiación del Banco Popular y siguió así hasta que cerró sus puertas en los años 90.

En todo caso, Alejandro dejó el periodismo hasta que el Gringo lo fue a buscar en 1981 a su granja de pollos para que lo acompañe en la fundación de La República como jefe de informaciones, diario que marcó época desde su saque inicial.

La República es el periodo más conocido de la vida periodística de don Alejandro Sakuda, todos los temas de la vida nacional pasaron por sus manos. Tres años después a fines de 1984, me mandó llamar para ofrecerme trabajo en La República, no le importó que le dijera que tenía dos impases con el "Gringo" que nunca superé, y le señalé algo muy tonto de que si se acordaba de mi de La Crónica, eso estaba por sobre entendido, me dijo que no tenía en ese momento importancia ese periódico, que las cosas eran muy diferentes.

En La República, en los once meses que Sakuda fue mi jefe, siempre tuvo un trato distante pero preferente conmigo, la verdad es que me hizo trabajar a dar lo máximo que podía dar, así fue que me llegó a publicar tres cuadernillos, sin que estuviera previsto, salidos de la noticia diaria.
Ya cuando era director de La República y yo trabajaba en Agence France Prresse, nos encontramos en un restaurante del centro de Lima y es una de las pocas veces que hemos conversado largo, ya cuando estaba despidiéndome le dije que el cardenal Juan Landázuri se jubilaba y le pedí que le hiciera el más grande homenaje que se hubiera hecho jamás.

La República podía hacerlo, estaba en condiciones, el cardenal le tenía enorme simpatía. Y fue un éxito de reconocimiento ciudadano que ninguna personalidad de nuestro país lo ha tenido, ni antes, ni después.

Alejandro tuvo la enorme capacidad de hacer que las cosas buenas, se publicaran, el periodismo no es publicar todo lo malo. Así fue que agradecer en vida, la vida de servicio a todos nosotros, de parte de un ser excepcional como el gran cardenal del Perú, dijera al final del homenaje a Plaza llena. "Adiós". Y vendiera periódicos y puso a todos los diarios atrás del que Alejandro dirigía.

Sobre Sakuda periodista desde principios de los años sesenta podríamos escribir y escribir, lo que me contaba mi amigo Homero Zambrano de Correo, además de lo que lo vi trabajar junto con tantos amigos en La Crónica y en La República, y lo que me cuenta mi amigo Jorge Sandoval de la última experiencia periodística del maestro en el diario El Mundo, un diario que quiso ser de servicio a la comunidad. Sin ninguna duda el mayor logro de Alejandro son sus hijos y el amor de Charo, a quienes les deja su valioso trabajo en el periodismo peruano.

Alejandro Sakuda fue presidente del Club de Periodistas del Perú.
  
Alejandro Sakuda cuando presidió la Asociación de Egresados y Graduados de la Pontificia Universidad Católica del Perú.


293. Raul Dreyfus, periodista peruano, una vida dedicada al deporte nacional



El periodista Raul Dreyfus trabajó siempre para las páginas deportivas. Se inició en el diario La Crónica en los años 50 y luego trabajó en Última Hora. Muchos años también trabajó en la radio con Alfonso "Pocho" Rospigliosi, en su famoso programa "Ovación en la radio". 

El pasado 16 de febrero del 2018, en casa de la periodista Celinda Barreto, nos reunimos para el apretón de manos de amigos, el abrazo tradicional y de estilo, desearle todas las felicidades del mundo, darle los parabienes y decirle la enorme alegría que nos brinda la amistad que nos otorga Raulito (Raul Dreyfus) por sus 92 años de edad, cumplidos, muchos de ellos ejerciendo el periodismo nacional.

Raul es un muchachón lleno de vida, lo vemos y nos trata lleno de jovialidad, la amistad es así, absolutamente natural, por supuesto que es un maestro de maestros y un señor de señores, absolutamente serio y al mismo tiempo risueño que ríe con ganas de reírse.

En la foto todos periodistas, todavía nos falta un montón para que el grupete congregado en torno a Raulito, ayer viernes gracias a Celinda, sume los mil años de vida profesional. 

En verdad que fue un lindo momento, excepcional, cálido, humano, con sus aires de bohemia muy bien acompañados con su copa de pisco, llenos de vida por los nuevos retos que presenta la vida sin dejar las nostalgias por los tiempos que se fueron, pero la verdad es que el futuro nos pertenece.

De izquierda a derecha: sentados, el dueño del santo, Raul Dreyfus, Domingo Tamariz, Celinda Barreto. De pie Fernando Barrantes, César de los Heros, poeta Reynaldo Naranjo García, Jorge Sandoval Córdova y Justo Linares.

292. Rolando Ángeles, uno de los ases de la fotografía peruana


El fotógrafo peruano Rolando Ángeles Jaimes (1938 - 2008), en su primera etapa de reportero gráfico se convirtió en el gran fotógrafo del diario Correo de los años 60-70. Esa era su carta de presentación cuando lo conocí en 1974 en La Crónica dirigida por su amigo Guillermo Throndike, y había aceptado su invitación a trabajar con el Gringo dejando el diario en el que había mostrado su talento. En esa época tuve la oportunidad de que nos mandaran a provincias, Andahuaylas y Huancavelica, por el tema de tomas de tierras de parte de las comunidades campesinas y después nuevamente a Huancavelica por el caso Huayanay. Yo iba de comparsa del gran Humberto "Chivo" Castillo, seguramente el mejor cronista peruano de la segunda mitad del siglo XX.

También viajé en julio de 1975 con Rolando Ángeles al Cusco, para el congreso de juventudes campesinas, promovida por el propio general Juan Velasco, que se convirtió en un acontecimiento extraordinario e irrepetible, ningún otro gobierno volvió a promover un encuentro de tal magnitud. El redactor principal fue el periodista Carlos Miano.

Nos reencontramos con Rolando diez años después en La República en 1985, también dirigida por Guillermo Throndike. Ángeles era el jefe de fotografía, ya conocía su característica que era que hablaba nada o lo suficiente, ideal compañero de trabajo, para mí, señalado a veces de que no paro de hablar, cuando se lo remarcaba sonreía tal y como se le ve en la foto.

Con Rolando realice la comisión periodística de mi vida, subimos al Barco Pachitea y subimos al Barco Mantaro, chatarra comprada como barcos italianos maravillosos para la Corporación Peruana de Vapores, en el segundo belaundismo. La escalerita para subir a bordo era estrecha y larguísima, que cuando la mirabas de abajo para arriba, desde la lancha a motor que nos llevó, parecía que no tenía fin. Su extremo superior como que desaparecía antes de alcanzar la borda. No te invitaba a subir para nada.

La escalera estaba pintada de negro, de esas que no miras para abajo cuando estás subiendo porque te mareas y te caes para abajo, es decir al mar de Grau o el Océano Pacífico. La escalerita, le dije a Rolando, es suficiente como para subir a algo tan alto como al entonces Ministerio de Educación del Parque Universitario, entonces sube tú primero, que si me caigo sobre ti nos ahogamos los dos en el bar. Rolando solamente dijo: "Síganme los valientes".

En realidad subimos a abordo dos veces, ya que los barcos eran igualitos, es decir gemelos, vimos, comprobamos y probamos a todos que eran chatarras. Alejandro Sakuda, entonces jefe de Redacción de La República, nos publicó un cuadernillo que contenía nuestro trabajo. Las fotos de Rolando fueron contundentes. Se anuló la compra.

En La República una vez con Rolando nos mandaron a Chiclayo, a la Base Aérea para un homenaje al Héroe Quiñones. Cumplida la ceremonia, nos enteramos que un colegio se estaba incendiando. Nos salimos de la Base, tomamos un taxi y llegamos a tiempo. Rolando tomó sus fotos y corrimos a la Base para que no nos deje el avión. La portada de La República era suya, producto del azar pero era su arte, su empeño, saber correr y llegar antes que el avión de la FAP para a Lima. Rolando ese día de trabajo, como otros miles que tuvo en esta vida, es que el buen secreto de todo fotógrafo que es periodista es amar a su trabajo.

Cuando La República se deshizo de casi toda su plana profesional de periodistas por problemas entre sus accionistas a principios de los años noventa, pasó a trabajar a otros medios de comunicación como El Comercio, Todo Sport y Expreso, por lo que Rolando Ángeles estuvo vigente en el periodismo nacional durante 45 años, hasta el final de su vida causada por un accidente.

Rolando encarna por excelencia el inicio y el desarrollo de los fotones en el periodismo peruano que introdujo en nuestro país el periodista Guillermo Thorndike.

En su relación con sus colegas fue un excelente compañero de trabajo, uno de los grandes fotógrafos peruanos y muy buena persona, se le recuerda siempre con aprecio.



291. Emmeline Pankhurst, la sufragista inglesa que simboliza la lucha por las reivindicaciones de la mujer


La inglesa Emmeline Pankhurst (1868-1928) es de las más importantes dirigentes mujeres que han existido y que la fuerza de su palabra la convirtió en la mujer de su tiempo: "Tenemos que liberar a la mitad de la raza humana, las mujeres, para que ellas puedan ayudar a que la otra mitad sea libre". Su influencia en occidente y de allí a todo el mundo es trascendente. El arresto público y la cárcel por la defensa las ideas dejaron de ser una ignominia para las mujeres, cuando la gran feminista las afrontó y siguió adelante sin detenerse. Pankhurst, organizó partido: Women's Social and Political Union, para la lucha por el sufragio de las mujeres, sus seguidoras eran llamadas sufragistas y la fuerza de la lucha desplegada hizo temblar al imperio británico. Ella sentenció no estamos aquí en nuestro esfuerzo por convertirnos en forjadoras de leyes. Pankrust fue la madre de tres hijas dirigentes feministas que colaboraron con ella, pero después cada una tomó su propio camino. La lucha política de Pankhurst se convirtió en una la defensa intransigente de las ideas sin importarle arrestos y la cárcel. En 1918 consiguió con las sufragistas el triunfo del voto para la mujer en Gran Bretaña. Está considerada entre las cien personalidades más importantes del siglo XX.